Los grafitis y Banksy

Simplemente, un grafitti
Simplemente, un grafiti

    Les escribo desde un pequeño café en Vitacura (Factoría & Co y las campanas de la iglesia suenan, son pasadas las tres  de la tarde,  de este caluroso lunes de octubre), a lo lejos  diviso unos grafitis. Eso me hizo recordar  hace unos días cuando paseaba por el centro de Santiago (pronto les contaré sobre eso) y Banksy se me vino a la cabeza.

Hey, miren a Banksy y después conversamos

    ¿Qué creen? ¿Es arte? ¿ Cuándo lo es? ¿ Te enoja? Quizás debas investigar.

    Por eso te quiero regalar un buen documental. En unas horas más, cuando sea de noche podrás convertir este lunes en uno mágico  (el silencio te invitará a  descubrir otros horizontes) y con unos chocolates, popcorns (cabritas les decimos en Chile) o con el amor de tu vida,  mira Exit through the giftshop.

http://www.youtube.com/watch?v=eH6esq8FB_k

    Y te aseguro que tendrás una lectura propia de este arte callejero.

     Si te quedas con ganas , también anda al  website  de Banksy ( muy original).

Ten una lectura propia.

Mi hijo y yo (en la búsqueda de Piececitos de niño)

   Hace unos días, tuve el privilegio de sentarme a estudiar poesía con mi hijo menor. El sol de esa tarde de domingo ya se ocultaba y el cansancio de mi hijo, crecía.  Digo un privilegio porque por fin, descubrí la magia en versos.

   Sabía que en su clase de lenguaje estaban trabajando con el género lírico (me cuesta la poesía, por lo tanto, ya era un desafío adentrarme en ese camino). 

   Mi hijo y yo. 

    Cogí la Antología de Gabriela Mistral que publicó la RAE hace poco y  elegí Piececitos de niños.

   Con mi hijo fuimos leyéndola, despacio, con ritmo, como si cantáramos una melodía antigua. Él, mi niño, se sorprendió, por fin comprendió lo que era la poesía, lo que los poetas hacen, eso de trabajar con palabras y sentimientos, eso que nos permite vernos. (Yo en ese preciso instante, pensé en esos hogares donde no hay ni siquiera un libro, también me imaginé que mi niño vería de otra forma a esos que viven con menos, mucho menos). 

  Al son de mi voz, sentí cómo mi hijo iba entendiendo el texto, se le fue abriendo un nuevo mundo (y a mí también).  

  Casi cumplía con mi sueño de ser profesora; en el aire flotaban nuevas sensaciones. 

 Le propuse que investigáramos en youtube y ahí encontramos este vídeo. (A pesar de que estaba agotado, fue capaz de seguir en el mundo poético por unos cuantos minutos). 

  Me despido esta noche, con la luna que nos cuida e imagino, que mañana, cuando recorra las calles de mi ciudad pensaré en esos piececitos de niño. Y ¿tú?

Ten una lectura propia.

Había una vez un barril….

   Hace unos días cumplí oficialmente con mi labor de cartera, entregué en su destino la postal que traje con mis manos desde la oficina de correos que hay en Isla Floreana. Una abuela chilena la había escrito para sus nietos, contándoles lo maravillosas que eran las Galápagos y que esperaba, ojalá, algún día conocieran dicho paraíso.

Se deben preguntar, queridos lectores, ¿por qué la abuela chilena utilizó un método tan original de envío? Pues la razón es linda y sencilla: el correo de  Isla Floreana funciona a la antigua basándose en la confianza entre los seres humanos. Así, los visitantes de la oficina de correos (como ven, es un barril en medio de la nada donde los miles de turistas dejan sus cartas) abren una pequeña puerta y dejan sus pensamientos para llevarse otros. Entonces  estás perpetuando una vieja tradición: llevar noticias por mano, eres la responsable de hacer feliz a un desconocido. 

   Hoy, en ese barril, hay cientos de postales que han depositado los visitantes de lugares tan disímiles como Alemania, Chile, Australia, Japón, Rusia y podría seguir. Todos entonces, potenciales carteros. A la usanza del pasado cuando no existían sellos, códigos postales ni menos aviones. 

     Imagínense, el marinero y los incontables balleneros (en esa época eran muy apetecidas las ballenas y también las tortugas) del siglo XIX que dejaban una carta contando  a sus queridos las penurias que habían pasado en alta mar, o de la cantidad de animales extraños que vieron o  de cómo más de alguno logró sortear alguna epidemia. Imagino, yo.  

     Volviendo a la postal de la abuela, mi misión era entregar rápidamente la misiva a los nietos chilenos. La calle con nombre mexicano me sonaba conocida (la mitad de mi niñez la viví en ese barrio) y cuando buscaba el número, noté la gran cantidad de edificios y las pocas casas que iban quedando. La idea era conocer a los destinatarios de la postal, pregunté por ellos y no estaban. Le dije al conserje que por favor, se asegurara de entregar por mano las palabras de la abuela, que había costado mucho, muchísimo traer el mensaje.

La tripulación del Lancaster en 1917

   Como ven los marineros del Lancaster también dejaron postales. Yo, aún espero y con paciencia, que algún día, ya sea este mes, el siguiente y quizá la otra década, alguien de buena voluntad traiga en sus manos mis postales. Con solo o lluvia, con calor o frío, algún día volverán a mí (como este tibio sol que hoy inunda la tarde de viernes en Santiago). 

Ten una lectura propia.

La Underwood de hoy

mc3a1quina-de-escribir-underwoodc2b42     Escribo esta nota en la pantalla de mi Ipad, simulando es una maquina de escribir. Nuestro querido Tom Hanks (el actor, el director) mandó a hacer: la “Hanxs Typewriter”. Chicos, es difícil volver a la universidad, sin el liquid paper hubiera sido imposible sobrevivir. Oh, claro que ha pasado el tiempo (mientras escribo, mi hijo de doce años me pregunta qué es ese ruido). Puede ser que muchos de usted también lo ignoren. 

    En la “Hanxs Typewriter” no existen los tildes, el teclado es en ingles (los del Sur parece que somos invisibles), por eso las faltas ortográficas (disculpas). Se imaginan al escritor Javier Marias tipeando en un teclado gringo? Porque el sigue haciendo sus libros a la antigua.

    Veo mis errores subrayados en rojo, y si bien esta la opción de “delete” ( bendita linea roja), también se puede ir sobre esos errores, presionar con el dedo y como arte de magia, seleccionar la palabra bien escrita. Cuantos dolores de cabeza me habría ahorrado en periodismo con esa función, yo era un horror con la acentuación”. El sonido esta muy fuerte, así que casi lo silencio por completo, como un susurro.

    Este artificio, -de casi creer que estas con una maquina-   me suena a botox, pero del que esta mal puesto. Si lo que deseas es
realmente tipear (como cuando era pequeña y me fascinaba jugar a la secretaria) anda y consigue una Underwood en eBay ( imposible dejar de nombrar a Francis Underwood en “House of Cards” que escribe aun en una de estas maquinitas). Reconozco que hasta este momento yo también quería ser como esos escritores de antano (perdón no existe enie) pero ese sueno romantico se puede quedar enterrado. Mejor me compro la Underwood para decorar mi taller y hacerle un guiño de vez en cuando. 

 

Ha vuelto a llover, que alivio. Ojala todos nos detengamos unos segundo a observar nuestra cordillera. Una lectura propia. 

Ten una lectura propia.

pd: los tildes, las enes, los signos de interrogacion, el teclado no me lo perdono.

La bienvenida

cropped-imagen-lectora1.jpg

   Les doy una gran bienvenida. Espero que nos vayamos conociendo, espero también que sus ganas de leer y de abrirse a nuevos universos, mundos y galaxias sea una realidad. 


   En las últimas semanas he leído a varios mexicanos, Octavio Paz, La Malinche show, Fiesta en la madriguera ( Juan Pablo Villalobos)  Canción de tumba (Julián Herbet) y podría seguir. Son lecturas muy disímiles, Paz jamás decepciona, menos con esa agudeza y buena pluma. Si te quieres reír lee la obra de la Malinche show, si quieres viajar a un universo distinto (que no sea el tuyo, eso espero), sobre el narcotráfico y el submundo, anda a Fiesta en la madriguera, pero sobre todo, si quieres ver cómo desde abajo puedes llegar más arriba, cómo un hijo de una prostituta es capaz de convertirse en escritor, elige Canción de Tumba.  En todos, está la furia del lenguaje y  del fantasma gringo.

   Si seguimos por casa, leí dos novelas que hacen honor a nuestro Mapocho. El río de Alfredo Gómez Morel lo está reeditando por Tajamar, un texto autobiográfico que tendremos que ver cómo lo adapta, después de que fuera publicado por los sesenta. Y el otro, Mapocho, de la Nona Fernández. Son textos muy diferentes, pues el primero nos lleva al submundo de los niños, de los que viven ahí abajo y en el de la Nona Fernández, mezclamos a Pedro de Valdivia, Pinochet y el regreso. Son ríos de muerte.

   Hace poco terminé Los anillos de Saturno de Sebald. Se los digo: difícil. Una lectura que a veces te hace sentirte incómoda, más bien, inculta. ¿Es un libro? ¿un gran ensayo? Considera que es más bien, un compendio de diez ensayos, que tratan sobre el pasado, la historia de occidente, de cómo hemos construido y también, aniquilado. Un texto muy afortunado para los que se preocupan de la ecología, del saber y del conocimiento. Es ficción encubierta. Nuestra cordillera está sin nieve. Agosto, sin blanco, sin frío, sin. 

Ten una lectura propia.