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Hola, hola ¿cómo estás? Soy Karen Codner, periodista y escritora, te doy la bienvenida al programa #54 de Espiral, tu podcast sobre literatura y creatividad. Hoy voy a reflexionar sobre si es posible hacer un duelo sobre lo intangible, como por ejemplo perder un sueño, una seguridad, una certeza, un cuaderno de escritura quizás. Si sigues escuchando vas a entender a lo que me refiero.

Recuento personal

Desde el último episodio con la entrevista a Andrés Gomberoff he tenido una vida tranquila. Me fui por varios días a la playa y la verdad, ¡lo disfruté tanto!  Quiero agradecer a Felipe Pacheco que me escribió desde México felicitándome por ese capítulo con Andrés y además con sus comentarios en redes, gracias.

Gracias a los nuevos suscriptores de la semana (recuerda es muy fácil inscribirte en mi boletín, lo puedes hacer directo en mi página web www.karencodner.com): Angy de la Mar, Fernanda Auba, Valeska Rivera y Aforismos, son los nuevos suscriptores. Y hablando de boletín, me gustó mucho la reacción que generó el último, el 51, en el que reflexioné sobre perder la información que guardamos en el teléfono, específicamente en el WhatsApp. Si quieres leerlo, lo encuentras en mi página web.

A raíz de esto, un rabino muy sabio me escribió hace unos días sobre lo que me sucedió: “Hola, recuerdo situaciones similares cuando, por ejemplo, le ocurrió a uno de mis hijos que se le cayó el celular al agua. Su angustia fue tremenda, fue como perderlo todo. Estamos tan pendientes y somos tan dependientes de la tecnología, además de la gran cantidad de información que almacenamos que, si la perdemos, es terrible. Y esto es en todas las áreas de nuestros quehaceres. Espero que puedas recuperar tu información, y si no fuera así, será como un nacer de nuevo. Quizás eso es lo que se necesita de tanto en tanto, ojalá sin tanta pena entre cada proceso”. Son sabias las palabras de este rabino, ¿no?

La otra semana me iré al sur de Chile, nada más ni nada menos que a las Torres del Paine con mi cuñada a un retiro de yoga y trekking. Vamos a dormir en domos y espero que ahí pueda recuperarme de verdad. Luego me voy a quedar unos días extras en Puerto Natales con el fin de encerrarme a escribir.

Confieso que dudé mucho si hacer un episodio de mi duelo, porque no sé, de repente, no tengo ganas de hablar sobre cosas tristes. Pero más que un capítulo apenado, es una reflexión de cómo enfrentar la vida cuando te sorprenden los eventos traumáticos. Espero que me entiendas, un día cualquiera me asaltaron y me robaron. La pena es profunda, hay un quiebre ¿se puede seguir igual? Independiente de que no me sucedió nada grave, hay ciertos aspectos que debo sopesar.

Todo comienza obvio, con un buen cuento, imprevisto, iba contenta, eran las nueve de la noche y regresaba de una buena clase del taller de lectura  “Mamma Mía” presencial, habíamos conversado sobre “Tú no eres como otras madres” de Angelika Schrobsdorff. Además ¿te acuerdas que había salido con mi marido a celebrar nuestro aniversario? Ese día volvimos. Por lo tanto, había sido un día feliz. Hasta que llegó un auto blanco… y bueno, el resto es historia ¿o pasado? Tengo que hacer un duelo y me estoy inventando mi forma. Es diferente a cuando se muere alguien cercano o se te quema una casa, esto es algo abstracto, muy anónimo y solitario.

¿Sabías que existe una literatura específica sobre el duelo? Así dicen. Hay muchísimos recuentos, auto ficción y ensayos, además de ficción. Increíbles y preciosos son estos dos libros que escribió Joan Didion “El año del pensamiento mágico” y “Noches azules” en el que relata cómo fue perder a su hija y luego, en menos de un año, a su marido que era su partner y escritor también.

Joan Didion

«El año del pensamiento mágico»

Joan Didion

«Noches azules»

Otro muy lindo es el de Francisco Goldman, se llama “Di su nombre”, su señora murió ahogada en una playa en México. Hay también uno (para los estudiosos del duelo) muy famoso, se llama “Sobre el duelo y el dolor” escrito por Elisabeth Kübler Ross y David Kessler. Este libro lo usé bastante para escribir mi novela “Respirar bajo el agua” y en el invierno chileno escuché un podcast muy entretenido en Radiolab sobre la historia de vida de Kübler que me hizo incluso reír, se llama “The Queen of Dying”. Recuerda que la transcripción y los links estarán a un clic en mi página web.

A comienzos de este año leí un libro magistral sobre el duelo escrito por Chimamanda Ngozi, “Sobre el duelo”. Esto escribí en mi bitácora de lectura: “Lindo, hermoso, lúcido. Me demoré en terminarlo, pero no por su extensión, sino para extender la belleza ante mí. Es la claridad del dolor, de abrirse de por medio de la palabra para comunicar lo sublime del amor de una hija hacia un padre. Se suma mi ignorancia sobre Nigeria y del origen de la autora, las tradiciones del pueblo Igbo. Temporalmente es muy interesante porque arranca en plena pandemia, el padre muere y ella relata cómo vive el duelo a la distancia”. Hasta a mí me impresiona leer lo que escribí. 

Algunas citas sobre el dolor que te quiero compartir y que las escribió las misma Chimamanda Ngozi, es un homenaje a su padre, cito: “La edad no es relevante para el dolor: no se trata de lo viejo que era, sino de cuánto lo queríamos”. Exacto, su padre era un adulto mayor, e igual tenía pena, otra cita que me cautivó: “Parte de la tiranía de la pena es que te priva de recordar las cosas que importan”.

Chimamanda Ngozi
«Sobre el duelo»

Entonces, ahora me pregunto, ¿sobre qué estoy haciendo el duelo?:

  1. Sobre la pérdida de confianza.
  2. De mis escritos, sin valor monetario, pero para mí eran la continuación de un proyecto en curso. Si bien me robaron el computador, el teléfono, mi cartera y mi auto, se llevaron lo que más me duele: un cuaderno con mis notas personales del 2021, una carpeta con dos capítulos de reescritura y mi agenda, a la antigua, en papel.

3. Del Santiago, como ciudad la perdí. La seguridad que sentía desde muy joven, siento que ya no es esa misma metrópoli.


4. Es el duelo de salir de noche y no tener susto. Ahora dudo que vaya a recuperar esa tranquilidad.

5. La inocencia: la maldad sí existe y estuvo ante mis ojos.


Para recuperarme me estoy inventando una serie de estrategias para salir adelante:

  1. Me permito acostarme en mi cama a horas insólitas.
  2. Me arropo y duermo.
  3. Darme masajes.
  4. Permito la tristeza.
  5. Decidí no ir al taller porque hay un tiempo para la pena y otro para la creación.
  6. Cada vez que relato lo que me sucedió digo: “existe gente buena que me ayudó inmediatamente”.
  7. Cocino por gusto.
  8. Estoy con mi familia sin pretender que tengo mucha energía.
  9. La escritura como método terapéutico. Ese mismo día escribí lo que me pasó.
  10. Me acuerdo lo afortunada que soy, que estoy súper bien, y agradezco a D-os, la verdad es que ustedes saben que yo soy muy creyente, agradezco a D-os por haberme protegido. El que quiera puede decir “reaccioné bien”, no se, entregué todo. Agradezco a mis amigos, familiares, que se han preocupado de mi. Agradezco a mis súper amigas que ese viernes me mandaron un canasto enorme con comida, para no tener que preocuparme de cocinar el fin de semana. Es decir, tengo que agradecer y recordar las oportunidades que me ha traído este evento traumático, es parte del duelo, conectarse con el dolor, pero también conectarse con las alegrías, y las oportunidades, es realmente una bendición, sentirse así de querida.

Otro podcast que me hizo pensar es uno Sarah Reah Werner que tituló “El escritor a prueba de balas” y ella habla de que si es posible seguir escribiendo mientras a te han sucedido cosas importantes ¿es factible seguir adelante sin tomar en cuenta los eventos o el estado de ánimo?

        Hay que permitirse la detención, el saber que no somos máquinas (en el futuro la inteligencia artificial no tendrá estos problemas) y sí nos influye lo que nos sucede, tanto en nuestro entorno como personalmente. Somos porosos, como flores que necesitan el agua para sobrevivir. ¿Qué más harías tú para sobrellevar esta pérdida? ¿qué me sugieres?

Lee. Escribe. Crea.

Chaooooo.