#53 Entrevista al físico chileno Andrés Gomberoff

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Hola, hola ¿cómo estás? Soy Karen Codner, periodista y escritora, te invito a escuchar este capítulo 53 de Espiral, tu podcast sobre literatura y creatividad. ¿Cuál es mi invitación de hoy ? Escuchar una buena entrevista y conocer en profundidad a Andrés Gomberoff, físico y escritor, un hombre que ha marcado un antes y un después en cómo los chilenos, chilenas y ahora también los italianos, se pueden vincular con el mundo de la ciencia. ¿Por qué? Ya lo vas a descubrir. Andrés -en realidad para mí es Andy, lo conozco hace muchísimos años- es mucho más que un científico, diría, un apasionado del saber y de compartirlo, muy amigo de sus amigos y súper querido. ¿Cómo lo corroboré? Antes de conversar con él hace unas semanas atrás, llamé a un amigo en común, Dany, le decimos Dany, y él solo me habló maravillas de Andrés. Si quieres descubrirlo, escucha este capítulo de Espiral.

Recuento personal

Tal como conté en el boletín número 50, hoy cuando estoy grabando este capítulo celebro mi matrimonio, mi aniversario y hace unos días nos fuimos fuera de Santiago con mi marido. Me gustó muchísimo que varios de ustedes me escribieran para felicitarme y Diana, otra amiga que conozco desde la infancia me escribió: “Que entretenida eres Karen para escribir… profunda, amena, invitante, te felicito una vez más por tu energía y pasión y por compartirlo”. Gracias Diana.

La verdad es que estoy un poco débil impactada, no sé, tengo ganas de compartirlo con ustedes, pero anoche al regresar de la segunda sesión de noche de Mama Mía presencial en Rita Roux, en la que revisamos “Tú no eres como otras madres” de Angelika Schrobsdorff, me asaltaron, es difícil explicar lo que viví, me quedé en la calle literalmente, sin nada, estoy bien, muy bien ahora, hay mucha gente buena que me ayudó de inmediato, a esos seres anónimos les doy las gracias. Fueron horas de mucho miedo, temblores y llantos, pero sin la ayuda de esos seres anónimos, de carabineros y seguridad ciudadana, no estaría grabando ahora estas palabras. Gracias, y quizás por eso el audio de hoy día, de esta grabación, no es igual de buena que en otras ocasiones. Pues me prestaron un computador y no estoy ocupando el mismo programa de grabación, pero no los quería dejar pendientes.

Segunda sesión del taller «Mamma Mía»

Vámonos a otra cosa más divertida, más linda, te quiero comprar que Ana María compró el “Cuaderno de escritura” vía web y me contó lo siguiente en un correo electrónico: “Recibí el ´Cuaderno de escritura´ hace unos días atrás. Me ha encantado y he disfrutado leyéndolo. Es didáctico, entretenido, claro. Tiene bastante información y realmente dan ganas de escribir. Me gustan los ejercicios, las sugerencias, los pasos y en general todos los aspectos que tú has considerado esenciales para desarrollar una historia. Es una base sólida sobre la cual afirmarse y ponerse a crear. Gracias por escribirlo y compartirlo con tus seguidores”. Gracias a ti Ana María por confiar en mi. Así se van logrando mis objetivos, pasito a pasito, para poder entregarte contenido de calidad que haga una diferencia. Además me tiene feliz que este “Cuaderno de escritura”está en varias librerías en Santiago, como librería Bross, Qué Leo Providencia, Takk, Catalonia, Lolita y Palmaria, y Qué Leo Los Trapenses también, y espero pronto ponerlo a la venta en plataformas digitales.

Puedes encontrar el «Cuaderno de escritura» en diferentes librerías de Santiago.

Entrevista a Andrés Gomberoff


KC: Hola Andy, ¿cómo estás? 

AG: Muy bien Karen, muchas gracias por invitarme a este podcast. 

KC: Andy ¿qué estabas haciendo antes de conectarte? ¿qué interrumpí de tu día? 

AG: Bueno, yo estaba en mi oficina, yo estoy en Valdivia en este momento, me puse aquí para que se viera el río atrás. Estoy ahora en mi casa, porque en el Instituto donde trabajo, por alguna razón hay problemas de Internet así que para que esto funcionara bien me vine. Y estaba almorzando, almorcé allí y me vine. Yo trabajo en el Centro de Estudios Científicos.

KC: A ver, para que nos cuentes un poco, porque te fuiste hace poco a Valdivia ¿o no? 

AG: Bueno, he estado ligado siempre, de hecho he trabajado siempre aquí en parte, era profesor part-time aquí los últimos seis años, y simultáneamente era profesor de la Universidad Adolfo Ibáñez, pero renuncié para venirme full-time aquíen octubre del año pasado. Así que ahora estoy full-time aquí.


KC: ¿Y te gusta Valdivia? 

AG: Me encanta, es una vida más tranquila, camino para todos lados. Sí, la verdad es que en esta etapa de mi vida me parece un excelente lugar para vivir, lamentablemente estoy solo aquí porque por el momento mi familia está en Santiago, así que tengo que ir harto a Santiago a visitar a mi gente. 


KC: ¿Y cuántos hijos tienes? 

AG: Tengo dos, de veinte y de quince años.

KC: Y el de veinte ¿qué hace? 

AG: Estudia medicina en la Católica.

KC: ¿Y la otra? 

AG: Mi hijo quiere ser psiquiatra como su abuelo, yo soy de una familia de psiquiatras. Y la chica, ella no sé, está en la flor de la adolescencia así que sus intereses aún no son tan claros. 


KC: O sea tu papá es Luis Gomberoff, el Lucho Gomberoff.

AG: Sí, Lucho Gomberoff, psiquiatra.

KC: Una eminencia. 

AG: No sé, bueno, pero si es un psiquiatra psicoanalista igual que su hermano Mario Gomberoff, entonces yo soy de una familia de muchos psicólogos, psiquiatras de distinto tipo. 

KC: ¿Y tú has hecho terapia? 

AG: De toda la vida, por supuesto. Claro, por ahí en mis veinte estuve, iba cuatro veces a la semana a psicoanálisis. 

KC: Ah, te hiciste análisis

AG: Sí, y después en la vida he seguido viendo a mi analista, y todavía la veo una vez a la semana, pero, claro, es esencial para la vida eso.

KC: ¿Y tuviste transferencia? 

AG: Tengo siempre claro, hasta ahora es más fácil en el diván, pero ya después con tanta práctica. 

KC: Y dime una cosa, yo también me he hecho terapia, nunca me hice análisis ortodoxo que se llama, para los que nos están escuchando eso es sentarte en el diván, no mirar a la cara al terapeuta y hacer una especie de corriente de conciencia en el cual te dejan hablar y te van guiando más que nada, las preguntas son para hacerte pensar. ¿Lo dije bien o no? 

AG: Exacto. Sí, sueños y pensamientos ¿cómo dijiste? libres.

KC: Sí, libre asociación. 

AG: Eso, libre asociación era la palabra. Esa es una de las cosas que se me olvidan las palabras, Karen. 

KC: El estrés. Pero no encuentras que nos hace un poco más egocéntricos el análisis, todo tan centrado en el yo. 

AG: Fíjate que al revés, yo creo, porque de algún modo un analista es capaz de romperte un poco el yo, romperte tus creencias, tus seguridades y por lo tanto, creo que es bueno, no solo, al revés de lo que dices, te hace ser más humilde, te ayuda a entender a los que te rodean, es bueno para los que te rodean muchas veces. Yo, bueno, no soy un fanático de estos psicoanálisis como ciencia, pero yo creo que siempre tener una persona a la cual tú le puedes hablar cualquier cosa sin ningún compromiso emocional es una experiencia muy interesante, si esa persona es inteligente y te puede mostrar cuestiones, sorpresas dentro de ti mismo, te permite hacer pensar.

KC: Ahora nunca lo había pensado Andy, que nos hemos beneficiado, uno de los beneficios de la pandemia, porque tenemos que ver las cosas buenas, es justamente esta comunicación inmediata, frontal, pero si estás haciendo un trabajo de análisis es poco factible porque se supone que la gracia del análisis es no ver al terapeuta. Ah, pero puedes también no poner la imagen. 

AG: Claro, tienes que hablar por teléfono. Si, no sé, esas ortodoxias no van mucho conmigo, yo ahora, cuando voy a mi terapeuta la miro a los ojos y he estado por Zoom haciéndolo  y es perfecto. Así que sí, no he ido al diván hace mucho tiempo era una cosa divertida. 

KC: ¿Y a qué edad empezaste con terapia? 

AG: Como a los veinte, veintiuno, no sé por ahí, en mi early twenties. En esa época tenía síntomas, después uno ya no lo necesita, síntomas en el sentido de no poder dormir, de ser muy hipocondriaco, cuestiones que te molestan de ti mismo. Y bueno para eso ayudó, pero para muchas cosas más. 

KC: ¿Pero no es que tuviste una crisis puntual, digamos, no es que tuviste un estado depresivo, angustioso? 

AG: No, si la verdad es que es una cuestión familiar y también es un mito, o sea, yo tenía que saber de qué se trataba esto que la mayor parte de mi familia hacía y yo era la oveja negra de la familia. 

KC: Y tú fuiste al Instituto Hebreo ¿no?

AG: Sí. 

KC: El de Macul. 

AG: De Macul desde primero básico a cuarto medio.

KC: Para los que nos están escuchando, el Instituto Hebreo es uno de los principales colegios judíos en Chile y en sus momentos previos a 1990, porque yo fui la primera generación que me gradué ahí, por eso nos conocemos tanto con Andy que estaba en Macul, en pleno Macul al lado del pedagógico. 

AG: De hecho, estaba cerca del pedagógico porque, para el pedagógico había que cruzar Grecia, pero para la Facultad de Ciencia era la misma entrada. Las palmeras al fondo ahí uno entraba al campus Gómez Millas. Ahí estudié luego yo, así que me salte la pandereta solamente. 

KC: ¿Te gustó tu colegio? 

AG: Sí, básicamente porque me introdujo a mis amigos de toda la vida que mantengo hasta el día de hoy, tengo grandes amigos y es lo más importante, quizás. No sé si como colegio, es difícil determinarlo hubo algunos profesores que me marcaron mucho, que fueron muy importante en mi vida y otros no tanto, pero creo que al final sumando y restando fue mucho lo que me dió el colegio. Y mi hijo también fue el Colegio Hebreo. 

KC: Yo me tomé una libertad y bueno, tengo, tenemos un gran amigo en común acá, esto es muy extraño, estar entrevistando a alguien del cual tenemos un gran amigo en común, y lo llamé por teléfono, porque la información que encontré en los medios o en tu página web, que las, los invito a darse un gusto y ver las cosas maravillosas que haces de cómo acercar la ciencia en términos súper actuales, fáciles, que es una de tus pasiones, digamos, cómo comunicar esto de una manera más lúdica quizás, menos seria. Y este amigo me dijo: «el Andy es la persona más admirable y brillante como amigo y persona que conozco, tiene un nivel de conocimiento, es medio genio» me dijo. «Es muy perceptivo, tiene una obsesión por llevar la ciencia al mundo, es fanático de los Beatles y siempre fue un líder positivo en el colegio, siempre se destacó». «Nos inspiraba, es muy histriónico» – yo tengo todo esto notado y veo los ojitos aquí de Andrés Gomberoff y veo cómo está emocionado – «no le tiene miedo al ridículo, es muy bueno para conversar, se siente judío». Nos contó una anécdota, que está interesante, Andy ¿por qué no te graduaste en la ceremonia oficialmente, con toga y birrete? 

AG: Bueno, primero sí, me emociona un poco que hable tan lindo de mí un amigo que quiero tanto y que admiro tanto yo también, Daniel Wurmann, que es un gran amigo, era compañero de curso del colegio, y hoy día es el gerente de una empresa de robots, espectacular, un gran amigo. Sí, no me gradué porque un grupo de amigos hicimos una protesta porque habían echado a la mejor profesora de matemáticas, a la profesora Krauss ¿cómo se llamaba? 

KC: Ana María. 

AG: La Ana María Krauss. Ella era una gran profesora, no la tuve mucho lamentablemente y la queríamos mucho y no sé realmente por qué la echaron, se decía en esa época que era una cuestión política pero la verdad es que ya ni siquiera recuerdo, pero se decidió. Entonces alguien dijo que por qué no hacíamos una protesta y no fuéramos a la graduación y yo me subía a todas esas micros entonces, y fíjate que fue bonito, no me arrepiento, porque una de las cosas que ocurrió es que esta profesora se recuerda hasta nuestros días, se emociona mucho y la verdad es que lo merece porque era una de las pocas buenas profesoras de matemáticas que había en el Instituto Hebreo en esa época. Así que, si escucha este podcast Ana María, te mando saludos, no la voy a olvidar nunca. Eso, pero después fui a las fiestas de todas maneras, tampoco era para tanto. 

KC: No te perdiste la parte de la fiesta. 

AG: No. 

KC: Y ahí también me contó el Dani, don Daniel Wurmann, que tenías harto éxito con las mujeres cuando tenías pelo y con esos ojitos azules. 

AG: No, no es cierto, de hecho, sin pelo tuve más éxito que con pelo.

KC: Dicen que los pelados son muy seductores. 

AG: Yo en el colegio era bien pavo, bien tímido, mis amigos eran mucho más pololos y fiesteros que yo. Después me metí a estudiar física, imagínate, así que no, yo me puse más fiestero más viejo en realidad, mi parte menos tímida, más seductora, si tú quieres. Pero no, en el colegio no creo, no, jamás fui muy pololo, si de hecho mi primera polola la tuve en el primer año Universidad una cosa así, fui muy tardío.

KC: Fuiste tardío ¿y cómo fue el paso del colegio a la universidad para ti?

AG: Bueno, como muy natural porque nosotros, el campus donde fui a estudiar, nos saltábamos el muro para buscar la pelota de fútbol así que ya lo conocía, en cuarto medio a veces nos íbamos almorzar ahí. 

KC: ¿Dónde Catril?

AG: Bueno, sí, Catril, de hecho, estaba ahí en la entrada de la Facultad de Ciencias. Le decíamos así porque se parecía a un profesor de apellido Catril, era la persona que vendía unos sándwiches y nos los pasaba por encima de la pandereta y él estaba en la entrada de la Facultad de Ciencias, su kiosco. Así que, la Facultad de Ciencias era una cosa muy pequeñita éramos muy pocos alumnos, eso fue extraño pero fue una linda experiencia tener tan cerca a los profesores, pero no fue una experiencia muy carretera como te decía yo, porque éramos pocos, imagínate, éramos tres compañeros. 

KC: No eran pocos, eran nada digamos. 

AG: Sí claro, yo entré solo a física, creo, ese año o con alguien más, no me acuerdo, creo que solo y mi otro compañero era el que había entrado matemática que hizo las dos carreras y los que estaban atrasados entonces, se armaban grupos de a siete, así eran los cursos en la Facultad de Ciencias. Mi experiencia universitaria fue bien única. ¿Tú qué estudiaste? 


KC: Yo estudié periodismo en la Universidad Católica y después hice un magíster en Literatura Comparada en la Adolfo Ibáñez. Y podría seguir estudiando, pero estoy dedicada a otras cosas, digamos. ¡Tú has estudiado mucho!

AG: Así veo.  Bueno, no sé si tanto, ahí exagera el Dani Wurmann.

KC: Le vamos a echar toda la culpa al Dani Wurmann.

AG: Hay que estudiar para poder hacer, especializarse un poco para poder trabajar en cualquier cosa, así son nuestros tiempos. Pero lo bueno es que lo mío es también parte de mi entretenimiento, o sea, la ciencia es una pasión, es una cuestión que normalmente o buena parte del tiempo te causa mucho placer, te entretiene, implica vida social con los colegas, implicaba viajes, cuando se podía, así que eso es lo bueno de lo que yo hago, de hecho, los fines de semana también a veces trabajo y no tengo horarios muy precisos. 

KC: Tú estudiaste en Estados Unidos, ¿no? 

AG: No, hice un postdoc.

KC:¿Qué significa eso? En buen chileno. 

AG: Un postdoctorado, los postdoctorados no son estudios, son contratos cortos como de futbolista, de dos años, las universidades contratan gente joven, o sea que se hayan doctorado recién, sin contrato permanente, sino que por dos años, a veces son por tres y uno no tiene que hacer clases, se dedica a la investigación y muchas veces está a cargo de un profesor más sénior que le dice a uno lo que tiene que hacer. Ese es un postdoc, que son más fáciles de conseguir que los trabajos permanentes, entonces usualmente en ciencia uno hace varios postdoc,con eso engorda su currículum y luego, si tienes suerte, consigue un trabajo permanente. Entonces yo hice dos postdocs en Chile primero, en el mismo Centro de Estudios Científicos que en esa época estaba en Santiago y luego uno en Syracuse en la Universidad de Syracuse, en el Upstate New York. 

KC: ¿Qué te gustó de la vida de Estados Unidos? ¿cómo fue?

AG: Son muy especiales las universidades allí, es una experiencia muy linda porque en Estados Unidos, sobre todo la mezcla de personajes que hay haciendo postdocs, porque son usualmente internacionales, entonces, uno encuentra gente realmente de todo el mundo, de todas las religiones, entonces es un lugar muy interesante. Después cuando pasa el tiempo, la gente se asienta, muchos quieren volver a sus países, entonces el más alto contenido de gente internacional uno lo encuentra allí, fue espectacular, a demás pude conocer bien Estados Unidos porque estuve seis meses en Santa Bárbara, en California y fuimos manejando ida y vuelta, fue una súper linda experiencia, estuve dos años ahí. Eso es un postdoc y después me vine a Valdivia. 

KC: Pero ¿eso fue el año pasado que te fuiste a Valdivia?

AG: No, es que como te contaba, en este instituto he estado varias veces de distinta manera a lo largo de toda mi vida.

KC: ¿Y con quién te fuiste? ¿con alguna pareja, con familia a Estados Unidos? 

AG: Sí, con mi primera esposa, pero no teníamos hijos todavía.

KC: Ya perfecto.

AG: Mi primer hijo nació aquí en Valdivia. 

KC: El médico.

AG: El médico, el estudiante de medicina. 

KC: Andrés, dime una cosa, tú has estado en varias universidades chilenas. 

AG: Sí.

KC: La ciencia es un tema que genera polémica por los bajos presupuestos que se le dan a nivel estatal, por la poca penetración que tiene también en el mundo, digamos, estudiantil y, además, el tema de cómo bajan los presupuestos en las universidades que se dedican a la investigación. Yo esto lo sé, digamos, como una ignorante que soy del tema. ¿Cuál es tu visión? tu visión hoy frente al Chile de hace diez años, que creo que es una buena comparación, 2010 – 2020 y ¿cómo lo ves al 2030? 

AG: Mira, yo soy malo para quejarme públicamente, y ciertamente soy un agradecido del apoyo que se me ha brindado en toda mi carrera, el apoyo estatal, tuve una beca de doctorado del CONICYT, en esa época, hoy día ANID. He tenido muchas becas y apoyos estatales, y tuve proyectos FONDECYT, o sea, he tenido mucho apoyo la verdad. Ahora, falta, claro siempre uno quiere que sea más. Hay muchos problemas, pero la verdad es que yo a veces me no me siento bien quejándome porque, sobre todo hoy cuando hay tantos problemas de todo tipo, financiamiento, casi en todas partes. A ver, la ciencia es muy importante creo yo, por muchas razones, espero que hablemos después un poco de cuáles son estas importancias, qué es la ciencia y cuál es su relación con la cultura, con la tecnología, con la sociedad, pero yo creo que hace falta un poco cambiar la visión y no depender tanto del Estado, eso es lo que yo he tratado de hacer un poco, por eso una de las cosas que he hecho es acercar la ciencia a la gente. La verdad es que no lo siento como una responsabilidad, pero al final me siento bien de hacerlo porque después de que la sociedad me ha apoyado, me parece que dar una mano es bueno, entonces, en ese sentido, yo creo que los científicos podemos hacer mucho más que papers y tenemos que acercarnos más a la sociedad, eso es a lo que quería llegar. Y te quería decir, de modo de conseguir fondos de manera independiente, creo que ese es el futuro, hacer más esfuerzos por conseguir fondos que no sean solo estatales sin dejar de lado que lo estatal es fundamental en esto, pero el Estado se tiene que hacer cargo de tantas cosas que a veces a mí me da un poquito de vergüenza quejarme. Y además los problemas de la ciencia no son solamente de plata, o sea, hay toda una estructura que está un poco anquilosada en el pasado, ahí hay muchas cosas que probablemente se tienen que modernizar, pero bueno. Creo que la ciencia está bien, goza de buena salud, tiene muchos problemas en Chile en este momento, hay muy pocos cargos por ejemplo, hay muy poco trabajo para nuevos científicos, pero bueno, esta es una máquina muy difícil de hacer funcionar. Poque por una parte tienes que formar gente, tienes que llevarlo para afuera, tienes que absorberlo, pero las universidades no son capaces de absorberlos a todos, entonces tiene que haber otro tipo de fuentes laborales para los científicos, como hay en otros países. Muchos científicos trabajando en la industria, en este país hay muy poco de eso. Entonces no depende de decisiones muy unilaterales del Gobierno, hay una máquina que no está bien aceitada. 


KC: ¿Y a ti te da susto que haya una fuga cerebros frente a este campo laboral tan restringido que al final se empiezan a ir más hacia fuera, donde pueden encontrar más ofertas laborales?

AG: No, eso no me da miedo fíjate porque creo que, al revés, es bueno, al menos en un comienzo tener súper buenos científicos en el mundo, chilenos, porque eso produce una red natural para los científicos que están en Chile, produce una proyección a la admiración de jóvenes, hay cosas ahí que son muy buenas hasta cierto punto por supuesto. Argentina está viviendo una situación mucho peor, por ejemplo, yo tengo muchos colegas que están realmente mal en este momento y en Argentina hay muchos científicos de primera línea que están fuera de Argentina, o sea, está lleno de argentinos buenos en ciencia, porque tienen un sistema de educación maravilloso o han tenido históricamente un sistema muy bueno de educación. Eso en Chile por suerte no pasa, hay mucha gente, los trabajos son buenos y las universidades privadas también han ayudado a presionar para que los sueldos mejoren, así que yo creo que la cosa no está tan mal si nos comparamos con otras latitudes, y puede estar mejor sin duda pero viendo la situación que hay hoy día en el mundo, con la pandemia, con la cantidad de gente sin trabajo y con la cantidad de plata que el Estado está gastando, es un poquito difícil ponerse a pedir plata, creo que no es el momento. 

KC: ¿Te preocupa Chile? 

AG: Sí, claro. 

KC: En lo que estamos viviendo, este movimiento, este momento que ha sido un terremoto literalmente para muchos. 

AG: ¿Sabes qué? Me preocupa, me da miedo a veces y en otros momentos me pongo más optimista, sin duda estamos viviendo un momento de incerteza, un momento de cambio y no sabemos a dónde va a caer la pelota finalmente. De repente, vamos a estar en otro Chile probablemente, lo que no sé, es, si va a ser un mejor o peor Chile. Para mí, el miedo inicial, fue cuando Jadue podía ser presidente, con sus comentarios antisemitas, eso me dio mucho miedo. No tanto en realidad, porque era muy improbable que él saliera presidente, pero los comentarios que había alrededor eran complejos, creo que para todos los que somos de la minoría judía en Chile. Pero hoy día fíjate que no estoy con miedo, no es esa la palabra, a uno le preocupa la incertidumbre, pero veo también la posibilidad de un Chile mejor fíjate, después de que pasen todas estas olas, todas estas tonteras, lleguemos a un mejor lugar y que así sea pues. 

KC: “Amén” se dice a veces, ojalá se cumpla.

AG: Sí, lo que pasa es que tampoco era tan bueno el Chile en que estábamos, o sea, si había cosas que tenían que cambiar y bueno. Hay que aprovechar, van a haber muchas oportunidades, hay que ser optimista. 

KC: ¿Sentiste, te has sentido alguna vez, algún comentario antisemita o algún tipo de discriminación por ser judío? 

AG: No fíjate, por suerte. O sea claro comentarios hay muchos, incluso en redes sociales.

KC: Ah, te ha pasado. 

AG: Pocas veces, pero sí me ha pasado, es que no soy de pensarlas mucho, yo bloqueo en redes, no peleo, simplemente bloqueo cualquier comentario. Pero digamos que en estos términos, han sido excepciones, la verdad es que no puedo decir que he tenido un problema importante de cerca. Sobre todo porque yo soy un agradecido de Chile, como familia, mis abuelos maternos llegaron arrancando de los nazis, tengo bisabuelos que murieron en las cámaras de gases, eran alemanes mi familia materna, y ellos consiguieron arrancar gracias a que consiguieron estas visas en el consulado chileno el año 39′, entonces, qué te puedo decir, Chile fue justo lo contrario, fue el lugar en que mi familia encontró paz, todo lo demás han sido detalles. Nunca me había sentido tan amenazado como con Daniel Jadue y las discusiones de gente cercana alrededor, el ninguneo, el hacerte sentir que uno estaba exagerando, eso quizás fue, ha sido el momento para mí más duro con respecto al ser judío en Chile, pero bueno, por suerte. Ahora yo tampoco estoy muy cerca de la comunidad, salvo porque claro, como estudié en el Hebreo tengo todo este grupo de amigos, pero no soy religioso y participo en muy pocas cosas. 

KC: ¿Y crees en Ds*? 

AG: No.

KC: ¿En qué crees? 

AG: No creo, bueno, “es mentira” me diría mi psicoanalista, uno siempre cree porque cada uno tiene una lucha interna en contra. Yo creo que hay en el ser humano una fuerza que nos empuja hacia lo sobrenatural y por lo tanto hay una lucha interna que tengo, yo mismo siento frente a lo sobrenatural que de pronto veo en mí. Claro, el límite extremo es la cuestión neurótica, el toc esto de golpeaar la mesa tres veces, y todas esas cosas son sobrenaturales, ¿no cierto? Pero no, yo intento al menos no creer, pero eso no significa no sentir pasión por la vida, sentir o tratar, porque uno no puede siempre sentir que vale la pena la vida, que de algún modo uno tiene una misión o que hay un sentido de misión en la vida, no sé, esa fuerza creo que es independiente de algún ser superior.

KC: Pero la trascendencia como ser humano ¿es algo importante para ti?

AG: No, yo creo que hay una trascendencia, pero en vida, no creo en la trascendencia universal. 

KC:  No, efectivamente en vida.

AG: Solo en ese sentido te digo, no la trascendencia de ser Paul McCartney, que me habría encantado, pero no fui. La trascendencia en el sentido de tener un gran impacto, que tu vida tenga un gran impacto en la de los demás, pero eso no tiene que ver con religión, eso tiene que ver con el ego ¿no cierto? Bueno, yo ya tengo 52 años, así que el impacto de mi vida en los demás ya no creo que cambie mucho, no ha sido tan importante y no importa. Pero, de todas maneras, creo que hay una trascendencia que va más allá del impacto en el universo, sino que esta cosa que también es bien judía del impacto sobre una persona, sobre tu hijo, y ahí sí siento que hay algo que es un poco religioso de mi parte, pero que no tiene que ver con un ser superior, solo con la pasión por la vida, con el sentimiento de un deber que es inexplicable.

KC: La sabiduría judía que es tan milenaria ¿significa algo para ti? ¿hay algún tipo de sabiduría en ellas que podría ser de importancia para ti? 

AG: No, porque no creo en lo sagrado, pero sí creo mucho en las comunidades, yo pertenezco a varias comunidades y la judía es una de ellas, y de las comunidades uno aprende muchas cosas, entonces, eso no hay que mirarlo en menos. Digamos, las tradiciones judías son una cuestión profundamente humana y que vienen de alguna parte, es la acumulación de experiencias de un pueblo que ha vivido una historia común, creo que eso es muy importante, eso es otro de los deberes que uno tiene, llevar la antorcha con el fuego encendido de una cultura de la que uno es parte, contarle a los hijos, a los amigos que no son judíos, y eso es con respecto a todas las comunidades a las que pertenezco. Soy parte de la comunidad chilena, pertenezco y a la comunidad científica y todas me han entregado mensajes valiosos y profundos. En el caso de la judía es lo más emocional porque es lo más antiguo, que tiene que ver con mis padres, con mis abuelos entonces sí, es tremendamente importante, a pesar de no creer en Ds* en absoluto. 

KC: ¿Pero podríamos decir que la ciencia para ti es como un valor absoluto y algo divino? 

AG: No, es una pasión, como la música, es muy profundo, hermoso y no requiere explicación, o sea, cuando tú miras la naturaleza a tu alrededor te maravillas y si puedes meterte en ella y observarla desde otros lugares es aún mejor. Tenemos una frase en un libro con José Edelstein que dice que la ciencia es leer la naturaleza entre líneas, bueno, esa esa frase resume lo que yo pienso con respecto a la ciencia, es la naturaleza que tú lees entre líneas que puedes mirarla como desaparece. Como si estuvieras leyendo un libro y te metes en una línea, te quedas pensando y sales diez minutos después y sigues leyendo. Esa es la maravilla de los libros, bueno, la ciencia es eso con la naturaleza y te muestra, te multiplica este placer de observar por mil, diez mil, un millón. En ese sentido no es una creencia, es un gusto, también quizás la religión es un gusto muchas veces. 


KC: Sí. Pusiste en tu Instagram una foto comiendo erizos, que yo los encuentro feos, no me gustan y no como por kashrut, cuando comía mariscos nunca me atreví a probarlos porque eran tan feos. Pero pusiste una foto en Instagram que se ven apetitosos.

AG: Y cómo van a ser feos, son bellísimos. Bueno, esas son las cosas que como científico me dan una rebeldía esencial. No podría seguir esas reglas que son, un poco como un toc institucionalizado, para mí, disculpa.

KC: No, pero aquí no hay censura. 

AG: Es una regla que no tiene mucho sentido, te hace sentirte culpable sino las sigues entonces es algo contra lo que lucho cuando me encuentro a mí mismo siguiendo una obsesión sobrenatural, porque me pasa, la saco de mí lo más rápido que pueda.

KC: Podríamos estar hablando mucho sobre eso, mucho pero también podríamos hablar de otros temas, creo que nos alejaríamos de lo que le puede importar a la gente, y aquí va una pregunta mía, y no es porque no me interese hablarlo, digamos, creo que no es el espacio.

AG: No, por supuesto. 

KC: Tú eres científico, haces investigaciones, estás ahora viviendo en Valdivia, pero ¿cuál es tu expertise dentro de todo esto? ¿qué es lo que haces día a día? ¿cómo es? Cuéntanos. 

AG: Bueno, yo soy físico teórico, que es la primera división que se hace muchas veces, aunque cada vez las divisiones son más borrosas. Pero entre los físicos que hacen teorías están los con lápiz y papel y a lo más un computador haciendo cálculos, y los que hacen experimentos. Eso quizás era un problema en Chile, al menos en el pasado ahora no me he metido mucho y creo que ahora está mejor. Cuando yo estudié en los laboratorios en la Facultad de Ciencias eran muy pobres, entonces la física experimental era más difícil de acceder para los estudiantes y yo creo que en realidad en la Facultad de Ciencias hoy día está peor, pero la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas en la Chile hay unos laboratorios buenos, parece. Pero bueno, no es mi tema, la otra física experimental, que está cada día más grande en Chile es la astronomía, pero yo me dedico a las preguntas más esenciales de la naturaleza, esa es el área que me interesa, no es que yo las vaya a responder porque son preguntas que nos están dando vueltas hace siglos, una pregunta es, por ejemplo: ¿cuál es el origen del universo? ahora ¿qué es lo que la ciencia nos puede decir sobre el origen del universo? esa es una pregunta muy difícil, pero lo notable y eso es lo notable de esta lectura entre líneas de la naturaleza, que una pregunta que parece nuevamente esotérica o sobrenatural empieza a mediados del siglo veinte a ser atacada y hoy día tenemos, una historia del universo muy detallada de las que estamos muy seguros desde hace 13.800 millones de años cuando está este Big Bang y desde allí tenemos una seguridad bastante grande, porque se hacen mediciones de distinto tipo y todas las mediciones que tenemos son consistentes con este modelo de universo y eso es increíble. ¿Quién iba a pensar que podíamos medir la antigüedad del universo tal como lo conoce? Pero los primeros segundos, o lo que ocurrió antes del Big Bang, porque en realidad nadie sabe cuánto tiempo tomó eso, sigue siendo un gran misterio y uno de los misterios, lo más importante es que cuando el universo era tan chiquitito, porque esto se estaba expandiendo, era tan tan chiquitito que uno requiere usar la mecánica cuántica que es la teoría de las cosas chicas.Y entonces en el universo naciente necesitamos utilizar las dos grandes estructuras de la física, la relatividad general que es la Teoría de la gravedad y que era mucha materia interactuando gravitacionalmente, y la mecánica cuántica porque toda esa materia está en un espacio muy chiquitito.

KC: Newton y Einstein ¿o no? ¿estoy bien?

AG: No, no, Newton es la gravedad antes de Einstein, Einstein hizo la teoría moderna de la gravitación que es la llamada relatividad general.

KC: ¿y cuántica?

 
AG: Y la mecánica cuántica, esa tiene varios padres también a principios de siglo, más o menos en la misma época: Broglie, Heisenberg, Schödinger y toda esa gente. Esas dos teorías, ya hace cien años se descubrió que eran incompatibles y por lo tanto una de las dos, probablemente la gravedad. La teoría de Einstein parece fallar o requiere algún cambio y entonces todo lo que hacemos en física teórica de mi área apunta a entender qué es lo que falla y cómo podemos salir de este gran acertijo para poder describir cómo se formó el universo, bueno lo más atrás, y además de otras cosas, esa es como la pregunta esencial cómo se forma el universo. Pero hay muchas otras preguntas: ¿por qué, por ejemplo, tiene tres dimensiones el espacio: la altura, el ancho, el largo? ¿por qué no tiene diecisiete? ¿qué tiene de especial el número tres? Uno de los objetos interesantes para poder probar las teorías, son los agujeros negros porque la gravedad es tan fuerte que nada puede salir y se va la materia, la materia se va para adentro, y adentro se junta en dimensiones cada vez más pequeñitas y, por lo tanto, para describir el centro de un agujero negro también se requiere, igual que para el comienzo del universo, estas dos teorías, la teoría de las cosas chicas y las teorías de las cosas pesadas, la gravitación de Einstein o relatividad general y la mecánica cuántica, y ahí hay muchas cosas interesantes que se han descubierto. Hawking hizo grandes avances en esta materia en los agujeros negros, el análisis cuántico de los agujeros negros y es un mundo maravilloso de matemáticas, de lógica y como te digo, desde una belleza magnánime que es lo que trato siempre yo también de demostrar en la así llamada divulgación científica. No sé qué hacer para sacar ese nombre que no me gusta, después podemos hablar de eso, que es la ciencia concebida no como algo útil que es la enfermedad de nuestros tiempos, sino como algo bello.

KC: Ahora mi pregunta es mucho más práctica. A ver cuéntame ¿cómo es un día tuyo? ¿cómo se trabaja en esto? 

AG: Bueno, en este momento estoy trabajando haciendo unos cálculos, uno hace varias cosas, una es leer papers, otra es calcular. Porque lo que pasa es que cuando uno tiene una idea en ciencia, ese momento, el momento de la idea, un momento maravilloso que es muy similar al del artista. Es decir,  tienes una idea, inventaste algo en tu cabeza que antes no existía por pequeñito que sea, no tiene que ser la novena de Beethoven, pero cualquier persona que trabaja en el mundo creativo sabe. Como por ejemplo, hay un momento en que se le ocurre un diálogo, cuando escribes una novela, luego de eso, ese algo tiene que servir, en ciencias la naturaleza es la jueza final, no hay público, hay una jueza que es la naturaleza entonces nosotros sabemos cuál es el final del cálculo, tienes una idea y tienes que ponerte a calcular a ver si las cosas funcionan y esa es la parte latera y larga porque las ideas son maravillosas y puede haber muchas, a veces no. Pero a dónde te lleva esa idea es lo importante y para eso hay que trabajar mucho y muy pesadamente porque son cálculos largos. O sea, tú tienes una idea pero tienes que preguntarte si esto que pensé es verdad ¿qué pasa en la naturaleza? Y uno para eso calcula, modela, se mete en el computador, busca, puedes estar meses con eso. 

KC: ¿Y ese trabajo lo haces solo, o lo haces con tu equipo en el Instituto dónde estás trabajando? 

AG: Ahora estoy solo este último tiempo. 

KC: O sea puede ser un trabajo muy solitario. 

AG: Sí, pero bueno, yo en general he trabajado toda mi vida en, he sido muy social como siempre, que es lo que me gusta, pero a veces uno está solo por distintas razones, es lo que toca. Yo prefiero trabajar con gente y me ha tocado mucho trabajar con gente y eso es muy bonito porque uno se pone en el pizarrón a trabajar con otra persona, mira y hace cálculo. Así que asi funciona el día del científico, si estás en la universidad, normalmente tienes que hacer clases y también hay mucho trabajo administrativo así va.

KC: Pero te retiraste formalmente en las universidades o ¿estás haciendo clases?

AG:  No, no me retiré hace poco, igual siempre a uno le toca hacer clases, yo estoy haciendo ahora también, como me he dedicado a la divulgación científica, doy hartas charlas, trato de pensar en eso. Estoy pasando ahora por un período en que lo dejé un poco para poder dedicarme a la física, porque le robado mucho tiempo a la ciencia. Es muy difícil ser científico de esta manera porque no puedes producir tanto como un científico usual, porque la parte de la divulgación es algo que para mí es tan importante como lo otro y que tiene que ser bueno. Pero lo que me consume mucho tiempo y hay meses que no hago más que eso, cuando estoy escribiendo un libro.

KC: Me gustaría escuchar a tu analista a ver qué nos diría porque me da la sensación de que tienes muchas pasiones y al tener muchas pasiones, y el día tiene 24 horas, digamos, aunque uno sea muy inteligente o muy flojo, corren igual. 

AG: Sí, pero lo que pasa es que este Instituto me permite hacer lo que quiero, lo que quiero es no publicar tantos papers que la universidad me exige, no ganarme los proyectos que mis colegas se ganan, y al mismo tiempo publicar libros que para mí son un desafío intelectual tan importante como lo otro, y bueno eso también tiene un relato y tiene una cuestión que para mí es esencial. No es solamente mostrarle, como algunos dicen, al público lo que hacemos en los laboratorios, no, es una cuestión más profunda y más importante que eso. Efectivamente uno se transforma un poco en un diletante, quizás porque no puede hacer nada perfecto, pero he llegado a la convicción de que hay una cuestión profundamente equivocada en el sistema científico internacional, en esa presión que le ponen a los científicos por publicar, es como exponer al poeta a una presión para publicar que no tiene sentido. Uno no tiene por qué publicar si no tiene nada interesante que decir, y muchas veces uno puede pasar años haciendo algo que no sale nada interesante, pero ahora hay una presión por publicarlo todo, por hacer cuestiones irrelevantes mientras sean publicables, publicar no puede ser tu objetivo, para nadie. 

KC: ¿Por eso te saliste del sistema universitario?

AG: Sí, pero yo me saldría más todavía, por eso te decía antes que creo que los científicos tienen o deberían hacerse más responsable de los recursos económicos que necesitan, eso no significa que tengan que salir a vender huevos, no, pero que de alguna manera haya una conexión más importante con otras áreas del conocimiento, eso además haría que hubiese más interés en invertir en ciencia. 

KC: Hace una semana salió este informe rotundo, catastrófico de la ONU.

AG: Sí.


KC: Sobre el cambio climático, me encantaría saber tu opinión. 

AG: Pero mi opinión es la de cualquier mortal, porque yo realmente estoy lejos de esa área, lo que sí te puedo decir como opinión, como científico, es que esto es un problema muy complejo, o sea, por ejemplo, un eclipse es algo que yo puedo predecir con tres mil años de anticipación y con una precisión de segundos, o sea, puedes hasta buscar, googlear y vas a encontrar que el año 3.527 el 8 de junio a las 12:43 va a haber un eclipse en La Serena, no sé, y vas a saber con precisión.

KC: Y hacemos la reserva del hotel.

AG: Y hacemos la reserva del hotel que, de hecho, yo la hice dos años antes en Coquimbo. Eso ocurre porque se sabe, pero no se sabe si va a estar despejado, si va a haber una aurora boreal, no se sabe y ¿por qué no se sabe? ¿cuál es la diferencia? si las dos son ciencias exactas. Digamos que las ciencias atmosféricas o la astronomía, por el tipo de ecuaciones que gobiernan los fenómenos, es muy interesante. Un tipo de ecuaciones, una ecuación que llaman integrable, pero cuál es la gracia de estas ecuaciones integrales es que, si tú le pegas a la luna un chirlito así y la corres un poco, en 3.000 años más también se va haber corrido un poquito. En cambio, hay otro tipo de ecuaciones que se dice tienen caos, son sistemas caóticos, y en tres mil años se amplificó esa perturbación, es lo que pasa cuando lanzas un dado, aunque trates de lanzarlo igual te sale otro número porque es muy caótico el sistema, por eso parece azar. Entonces el clima es un ejemplo de un sistema caótico, entonces es muy difícil hacer predicciones a largo plazo. Entonces, lo que sin duda es cierto es que el clima está cambiando, o sea, yo creo que de verdad hay que ser muy duro para no creer en el calentamiento global, también creo que hay que ser muy duro para no creer que un factor importante que tiene que ver con los humanos, con lo que hemos estado haciendo y liberando carbono, no sé cuánto, ahí hay un poquito más de debate. Pero lo que sí creo es que hay mucho más debate, son todos estos pronósticos catastróficos que alguna gente hace, en eso no creo, porque es muy difícil pronosticar. O sea, a lo mejor van a ser peor que lo que dicen. 

KC: No, pero tú dijiste que eras positivo. 

AG: Sí, pero de hecho uno puede mirar pronósticos de hace 20 años que decían que Valdivia no debería existir hoy día, habían ya pronósticos hace 20 años de que las ciudades costeras ya no iban a existir. Entonces de nuevo soy optimista, creo que el cambio existe, que es inevitable, que vamos probablemente a empezar a trasladar la agricultura hacia el sur, van a pasar varias cosas de aquí al futuro, van a haber cambios y bueno, esperemos que la tecnología permita que al menos el hombre incida menos, que usemos más energía solar, etcétera, y ya está pasando, así que seamos optimistas. Vamos a tener vinos tintos aquí en Valdivia. 

KC: ¿Te consideras un hombre creativo?

AG: Uy, pero eso es como tirarme flores a mí mismo. Lo que sí me gusta es la creación, es de lo que vivo, la ciencia es pura creatividad, a pesar de que hay gente que tiene la impresión de que es una cuestión rutinaria como una maquinita que muele carne, que le entran datos por un lado y salen teorías por la otra. Así que sí, la ciencia, los mejores científicos son tipos tremendamente creativos, revolucionariamente creativos, esa es la ciencia buena. 

KC: Claro, me imagino que para encontrar la solución a algo y sigues siempre el mismo camino establecido no la encuentras. Entonces, ¿te pasa lo que a todos nos puede pasar, que se te ocurre la solución cuando estabas en la ducha, caminando, escuchando a los Beatles?

AG: Sí pues, no la solución, pero normalmente a uno en esos momentos se le ocurren ideas, el 99% están malas, pero bueno.

KC: ¿Y qué tan lector eres? 

AG: Muy mal lector últimamente, o sea, era muy lector, de hecho, mi profesor más importante en el Instituto Hebreo era el de castellano. 


KC: ¿Quién era? 

AG: Nicolás Künsemüller.

KC: ah, don Nicolás Künsemüller también fue mi profesor.

AG: Nicolás Künsemüller hizo una cuestión que yo llamo «divulgación pornográfica», la educación a través de la pornografía. Perdón, ¿esto es para mayores de edad o no? No no voy a hablar de pornografía, es solamente un término que yo quiero usar por algo que me sorprendió muchísimo de Nicolás Künsemüller. 

KC: Espérame, lo que censuro son los garabatos acá, porque no los soporto, pero tú no hablas con garabatos así que estamos perfecto.

AG: No, sí hablo con garabatos pero soy ubicado o trato de serlo.

KC: Perfecto.

AG: Cuando Nicolás Künsemüller se paraba y se ponía a leer un poema “Verde que te quiero verde” de García Lorca, tú veías en su cara cómo se iba deformando, cómo sentía lo que estaba haciendo y en ese sentido te hablo de pornografía y estaba mirando a una persona teniendo un acto de placer infinito que yo no sentía porque no lo entendía, no entendía que significaba ese poema, pero el solo hecho de observar cómo alguien podía ser tan apasionado con respecto a lo que estaba haciendo me hizo saber que allí había algo que yo tenía que tenía que perseguir. 

KC: ¿Tú crees que el señor Nicolás Künsemüller, que no sé si sigue vivo o no, supo el impacto que tuvo en ti ese simple gesto?

AG: No, sí lo supo alguna vez le dediqué un libro y bueno, no sé si le dije esto que te estoy contando, pero, Nicolás Künsemüller hoy día es director, no sé, tiene algún puesto directivo en el Colegio Kent, está vivo y coleando. Este profesor de castellano fue el que más me impresionó y en esa época leí mucho cuando era chico, de hecho, participé en un taller de literatura de Raúl Zurita cuando tenía 18 años, estaba en primer año de Universidad. Zurita era como Künsemüller también hacía eso, se ponía a leer y él estraba un trance, es como pornografía, es como lo mismo, ¿no cierto? Uno está atraído frente al placer de otro, observándolo, es una cuestión muy rara. 

KC: Pero eres muy perceptivo. 

AG: ¿Por qué?

KC: Eres perceptivo.

AG: Del placer de otro. Bueno, y Raúl hacía eso mismo, a mí me impresionaba mucho. Entonces la lectura, fueron muchas lecturas en esa época de mi vida. Hoy día me empezó a interesar mucho la no ficción, pero no solo como un medio para informarte sino también como un género literario que encuentro muy lindo, importante. Por eso no me gusta la palabra divulgación, porque creo que en los libros de ciencia de no ficción científica no hay solo esto que la gente dice una traducción para todo el mundo, no, hay también reflexiones, hay también historias, hay también cuentos, incluso hay estilo literario o debería haber.

KC: Déjame ver algo que estoy pensando, estoy buscando acá en Word Reference. Claro, si tú buscas “divulgación” dice difusión, propagación, propaganda, publicidad, extensión, generalización, información, pero claro, es como poner en común, fíjate tú. 

AG: Sí, pero cuando tú lees a Truman Capote, ¿tú dirías que él está haciendo difusión?

KC: No, no está haciendo ni publicidad, él te está contando, hablando, comunicando una historia, está ficcionando. 

AG: Sí, pero él no es solamente el instrumento que transporta una historia hacia ti, él es una persona que le metió mucho de él a esa historia, y bueno, de esa manera inventó un género literario de alguna manera. Yo no quiero, obviamente, compararme con Truman Capote, pero lo que sí quiero hacer es pensar que ese es el rumbo, no es enseñarte lo que es un agujero negro porque para eso tienes que estudiar en serio, yo solamente quiero hacer reflexiones, decir cosas que pienso en torno a sujetos científicos, a ideas científicas, historia científica, y espero, de hecho y eso es mi sueño, sería ver que ese género en el futuro tenga un impacto grande, haya gente que se dedique realmente a eso, o sea bueno en inglés ya existe, existe. 

KC: ¿Quiénes serían? 


AG: Bueno, hay libros que ya son clásicos, por ejemplo, de Richard Dawkins «El gen egoísta» es un clásico. 

KC: «The selfish gene«.

AG: Sí, es un gran libro, muy bien escrito. Hay un libro cortito que yo recomiendo infinitamente porque es una delicia, » Longitud» de Dava Sobel, una mujer. Y ahora está esta Wulf, que yo le digo Virginia, pero no es Virginia, es Andrea, Andrea Wulf, la empecé recién a leer «La invención de la naturaleza» que es una biografía de Humboldt. Son libros magníficos que no son divulgación, me parece injusto llamarlos divulgación, creo que hay bastante más en eso. 

Richard Dawkins «El gen egoísta»


KC: En una entrevista en El Mostrador, y aquí estoy leyendo porque es una cita: «Cuando uno está enamorado de algo creo que siente una urgencia infinita por contarlo, es como irte de viaje al lugar más exótico del mundo y llegar de vuelta a casa y no contarle a nadie, esto no puede ser, es extraño que sea así» ¿Tú sigues tan enamorado de la ciencia como en esa cita del 2018? 

AG: Bueno, sí, uno como con todos los amores tiene altos y bajos, pero, claro. Y eso era con respecto a esto, por qué uno tiene ganas de contar estas cosas porque son demasiado, son historias muy inspiradoras, son ideas muy revolucionarias, que además son lindas, tienen una estética en sí misma, están relacionadas con tantas cosas entonces dan ganas de contar esta historia.

KC: En ese sentido, no tienes miedo a los distintos formatos porque las cápsulas que tú haces, que de verdad por favor los que nos escuchan y los que no nos escuchan vayan a escucharlo, a verlo. También haces columnas, escribes libros, o sea eres muy plástico en ese sentido, ocupas todos los medios que tienes para contar tu amor. 

AG: Suena como mucho.

KC: Es verdad. 

AG: Yo creo que, efectivamente hecho hartas cosas, pero la escritura es lo que me interesa más y lo he practicado creo que de manera profesional. De hecho, esas cápsulas están basadas en un libro «Física y berenjenas«.

«Física y berenjenas. La belleza invisible del universo», Andrés Gomberoff

KC: Que me encanta el título. 

AG: Y bueno, claro uno, o sea yo como que me dan ganas de hacer miles de cosas siempre y hago de todo lo que puedo, tengo intereses múltiples, demasiados. 

KC: ¿Y comes chocolate?

AG: También. 

KC: Porque esa cápsula sobre el chocolate la encontré genial, la huella de carbono. Y dije, ah, no, y saliste ahí comiendo chocolate. ¿Te da pudor hacer esas cosas de aparecer en cámara?

AG: También me dan pudor esto de las redes sociales y de hecho no las puedo ver. 

KC: Ah. 

AG: Y eso es algo que claro, que también es tema de psicoanálisis, porque es absurdo porque uno aprende mirando para entender.

KC: Vamos juntos y nos analizamos juntos. Porque para mí ha sido todo un tema esto, o sea, por eso me gusta el podcast porque es solo voz.

AG: Sí, pero de todas maneras, pero yo no me puedo escuchar.

KC: Somos dos. 

AG: Y tampoco puedo leerme. Tú no te das cuenta del pudor que yo puedo tener cuando estoy ahí porque, no sé, me transformo un poco cuando hago las cosas, pero ser espectador de uno mismo es bien duro. No sé, a mí me cuesta mucho. 

KC: ¿Va a escribir alguna vez ficción ficción? 

AG: No creo porque, bueno uno nunca sabe. A lo mejor hasta compongo una canción, eso me hubiera encantado, la música es mi gran pasión, me hubiese encantado tener de dedos para el piano.

KC: ¿Pero cantas?

AG: Sí, bueno, cantó de alguna forma. 

KC: ¿Qué cantas? ¿alguna canción de los Beatles cantas? 

AG: Cualquier cosa.

KC: Ya po canta.


AG: No, estás loca, eso sí que no lo puedo hacer en público, a veces publico cosas cuando las trabajo un poco en el iPad. Bueno, yo creo que en este momento no me siento capacitado, le tengo mucho miedo a la palabra literatura porque me suena demasiado importante. 

KC: Bueno, yo le tengo mucho miedo a la palabra ciencia, científico y todo lo que sea eso, porque me suena de otra dimensión y como que siento que estoy al lado de gente que vive en otro mundo. Viste lo que son las percepciones humanas y todo eso es mentira. 

AG: ¿Qué cosa es mentira?


KC: Que vives en otro mundo, porque uno puede comunicarse. 


AG: Sí, claro. 

KC: Y unimos los mundos a través de estas conversaciones y eso es lo interesante. 

AG: ¿Sabes lo qué me pasa? y eso es el problema de que la literatura científica está tan en pañales, sobre todo en español, yo leo ficción y no puedo creer lo bien que la gente puede llegar a escribir, lo perfecto que puede ser una frase, cuando leo literatura y siento que yo estoy a años luz de eso, en cambio, cuando leo literatura de ficción me siento, de no ficción, perdón, me siento más cerca, siento que ese lenguaje me es más accesible. Pero claro, uno puede leer de no ficción a Truman Capote y nuevamente darte cuenta de que estás infinitamente lejos, pero como no hay todavía un Truman Capote que yo haya leído nunca en ciencia, pero va a verlo alguna vez espero, porque hay tanto material que la gente no está utilizando. Me resultó muy interesante, por ejemplo, leer a Benjamín Labatut que hizo este libro,

KC: Ah, ¿lo leíste? ¿cómo es? No lo he leído. 

AG: A ver, es algo que me resulta muy interesante porque va en la dirección de lo que me gusta, es ficción, o sea, se tiene que llamar ficción porque ficciona pasajes, hay ciertos pasajes que están muy ficcionados pero yo te diría que el 80% del libro es no ficción. Él escribe muy bien, elige unas historias que para mí son un poco demasiado conocida, eso me pasó, pero claro es porque yo soy científico, que son muy conocidas, pero escribe muy bien y la ficción que hace de ellas es bien notable. Es cortito y entretenido el libro, está muy bien escrito. Yo creo que tiene que haber un continuo entre la ficción y la no ficción.


KC: Pero entonces eres un lector de los dos ámbitos, ficción y no ficción.


AG: Sí, pero no soy un tan buen lector, me leeré unos cuántos libros al año de ficción. Sí, pero sí leo. 


KC: ¿Y ahora estás escribiendo algo? ¿algún libro estás escribiendo?

AG: No, porque ahora paré, ahora quiero dedicarme a la física, quiero dedicarle un tiempo a la física porque después de «La música del cosmos» que fue mi último libro, me costó mucho y aun así siento que le faltó mucho trabajo. 

«La música del cosmos», Andrés Gomberoff


KC: Estamos terminando, te tengo una última pregunta. 

¿Cómo eres de papá y cómo eres de hijo? 

AG: Soy bastante independiente algo que mi madre por supuesto me crítica, pero tengo una gran relación con ellos, mis padres están vivos y gozan de buena salud afortunadamente. Los debería ver más, sí. Estoy separado de las madres de mis hijos, tengo hijos con dos madres, soy inestable como verás, entonces, no vivo con ellos, mi hijo ya grande, tiene 20 años, así que lo veo cuando él quiere verme, pero tenemos una gran relación sobre todo ligados por la música que los dos amamos. Mi hijo es un gran guitarrista y bajista y está continuamente mostrándome música nueva. Y a mi hija la veo mucho más, es bien regalona mía, cuando estoy en Santiago se queda harto conmigo, no sé cómo soy de papá, pero sí puedo decir que tengo una relación muy cercana con mis hijos y que los amo profundamente y que son todo para mí, así que bueno, espero que ellos lo noten.

KC: Yo creo que sí. ¿Andrés, hay algo que te gustaría agregar hoy día de esta larga conversación que hemos tenido tan interesante? ¿algo que te hayas quedado pensando?

AG: No, estoy bien, creo, te conté las cosas más importantes como son el género de la literatura científica que tiene que ponerse pantalones largos y sentirse segura de su existencia y no que te digan que te tiene que gustar la ciencia, que son difíciles. Hay mucha gente que me dice que «La música del cosmos» es difícil y quizás sea difícil en algunas partes, y quizás haya muchos errores también, cosas que no dejé claras por mi propia estupidez digamos, quizás, pero lo que si no puedo yo entender es porque una persona que lee, no sé, sobre psicoanálisis Lacaniano me viene a decir a mí que es difícil un libro de ciencia, o sea, no tienen por qué ser fácil los libros de ciencia, ¿no cierto? Ha habido muchas caricaturas en divulgación científica, en que todo es como un chiste y son unos científicos locos que hacen chistes continuamente, a mí eso me caen pésimo, o sea no es que esté en contra del humor, pero hablar de lo que tú haces no significa banalizarlo, y en las humanidades nadie banaliza las cosas porque esperan que en las ciencias lo hagamos, es lo que me pregunto. 


KC: Oye, si tú me tuvieras que recomendar alguno de tus libros, que yo no sé nada de ciencia, o sea lo que sé, porque lo he escuchado a mi marido que sabe mucho, no leo de ciencia, no es algo que me siento cómoda leyendo, me cuesta, lo que no significa que no me vaya a gustar, cuál me dirías “Karen empieza por este”, porque no es «La música del cosmos» ¿cuál sería? 


AG: Es que depende si te gusta la música mucho, porque ese un libro en que estudié mucha música para poder hablar de ella con cierta propiedad, si te gusta la música, te interesa la tecnología tras la música. Pero el que es, digamos, de lectura más rápida, es «Física y berenjenas» porque «Física y berenjenas» está basado en columnas cortas, y, por lo tanto, eso hace que inmediatamente que no se puedan lanzar con explicaciones muy largas o con reflexiones muy sesudas, me cargan la palabra “reflexión” también, pero bueno.

KC: Ay mira, no me digas eso que yo la ocupo mucho. 

AG: Es que encuentro que es como darse importancia cuando uno dice que tenemos que reflexionar.

KC: No, pero ¿cómo dices cuando tú le dedicas un tiempo, un espacio, una ventana, estás pensando?

AG: No, si está bien, hay que usarla igual, como palabra divulgación, no me queda más remedio que usarla porque no tengo un sinónimo, pero de alguna manera son palabras.

KC: ¿Y propagación en vez de divulgación?

AG: Porque divulgación implica hablar de ciencia para todo público, pero de alguna manera tiene una connotación, que es lo que viste ahí, en esa definición, de publicidad, de banalización.


KC: ¿Y contar? porque cuando tú cuentas algo, tiene un sentido casi de historia oral, ancestral digamos, tú contabas los cuentos, las historias, entonces, contar la ciencia, las historias.

AG: Claro, pero se ha estandarizado esto de la divulgación y es difícil escaparse, igual de la palabra reflexión, es difícil escaparse. 

KC: No, ahora sí que tengo que pensar sobre esa palabra. 

AG: No, lo que me parece es que cuando uno dice que reflexiona de alguna manera está diciendo que es algo importante, algo profundo.

KC: Es verdad. 


AG: Es un toc personal, no te preocupes.

KC: Es que a veces los tocs se pueden traspasar. 

AG: Sí, yo sé, se contagian. 


KC: Pero está bien porque te hace pensar, no hay que ser tan bondadoso con uno mismo a veces. 

AG: No, si hay alguien que me dijo hace poco que había leído en una entrevista a algún escritor famoso que no recuerdo quién era, que decía que él no podía poner signos de exclamación porque eso era como reírse de tus propios chistes, o sea, y con eso no voy a poder poner yo nunca más signo. 


KC: Pero tenemos que terminar llevamos mucho rato. Lo que no soporto, por ejemplo, es que te manden WhatsApp mal escritos, o con «ke», o que no redacten. ¿Cuál es tu opinión con el lenguaje inclusivo todas, todo, todes?


AG: Mira es difícil opinar porque el lenguaje es dinámico  y cambia y quizás esto sea un cambio y en cincuenta años más sea lo normal y sea la literatura, pero obviamente para mí suena feo y nunca lo voy a poder usar. Pero no puedo ir en contra eso, eso es ser muy conservador, quizás van a desaparecer las «h». Había algunos escritores que estaban en contra y uno lo encuentra feo, porque escribir hora sin «h» no se puede, puede hay una estética. No sé y es como la palabra “solo” que se le sacó el acento y yo no puedo escribirla sin acento, y entonces el editor te lo saca. Hay cierta estética también en la escritura. 

KC: Sí, pero también hay una cosa práctica, cuando tú tienes que poner alumnas, alumnos, entonces pones alumnes.

AG: Yo creo, sí, yo creo que vamos para allá, pero que no podemos seguir en alumnos, alumnas, es demasiado, o se va a estabilizar en alumnes y en veinte años nadie se va dar cuenta y los viejos, si existo todavía, en veinte años más no vamos poder tolerarlo, pero bueno, se va a morir mi generación y va a cambiar el lenguaje. 

KC: Tenemos que incluir a tus hijos en estas conversaciones, y a mis hijos y ahí llegaríamos a conclusiones más enriquecedoras que dos viejos cincuentones. 

AG: Sí po, pero yo nunca voy a poder hablar así.

KC: Bueno, muchas gracias, lo pasé increíble.

AG: Yo también Karen. 


KC: Gracias por abrirte conmigo, con toda la gente que nos va a escuchar.


AG: Okey. Muchas gracias, Karen, voy a estar escuchándote. 

KC: Espero.

AG: Muchas gracias, chao. 

KC: Chao, gracias. 

Cierre

Para mi, la conversación con Andrés fue un canto de la pasión del alma. A lo largo de la historia de Espiral he ido descubriendo cómo los seres humanos somos capaces de alcanzar las metas, con amor y mucho, mucho trabajo. Cada entrevistado me ha ido confirmando que nada es porque sí, que han tenido caídas, muchos son bajo perfil y sus éxitos, enormes. Es decir, las redes sociales son solo una ventana de la individualidad, y es mi deber como conductora de Espiral abrir ese espacio y compartir contigo este espiral de creación.

¿Sabes quién estará pronto aquí? Una tremenda, híper ventas escritora argentina y actualmente más conocida aún por la serie “El Reino” de Netflix: Claudia Piñeiro. Será la segunda vez que converso en el podcast Espiral con alguien de Argentina, un país tan rico en cultura. Alan Pauls fue el primero, si lo quieres escuchar anda al capítulo 26 y 27.

Cuéntame, ¿te gusta la ciencia o te da “miedo” leer sobre ella? Porque pronto lanzaré un concurso con los libros «La música del cosmos» y «Antimateria, Magia y Poesía” ambos firmados en exclusiva por de Andrés Gomberoff,  y este último lo escribió junto a José Edelstein.

Lee. Escribe. Crea.

Chaoooooo.

Autores Mencionados

Federico García Lorca

Raúl Zurita

Truman Capote

Richard Dawkins

Dava Sobel

Andrea Wulf

Andrés Gomberoff

Benjamín Labatut 

Libros Mencionados

El gen egoísta

Longitud. La verdadera historia de un genio solitario que resolvió el mayor problema científico de su tiempo.

La invención de la naturaleza. El Nuevo Mundo de Alexander von Humboldt

Física y berenjenas

La música del cosmos