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Hola, hola ¿Cómo estás? Te doy la bienvenida al programa 81 de Espiral. Seguramente si eres auditor o auditora te has preguntado ¿y qué pasó con Espiral?  Estás en lo correcto, pues luego de seis meses he vuelto al micrófono. En octubre del año pasado decidí poner en pausa por completo este gran podcast, porque no tenía fuerzas para proseguir con él y eso que me ha dado tantas, tantas satisfacciones. ¿Por qué lo detuve? Porque estaba con muchos temas personales y carecía de fuerza y claridad mental para grabar, y la producción, y mil cosas que te puedas imaginar.

Ahora sí. Vuelvo con ganas, ilusión y feliz de darte contenido del bueno. A diferencia de las otras temporadas, la periodicidad será distinta, con un capítulo al mes y una entrevista, es decir, como lo verás hoy. Y este entrevistado que tenemos hoy, aquí en el micrófono de espiral, sin duda ha enriquecido el panorama pictórico mundial: Guillermo Lorca. A sus 39 años ha logrado exponer en el Moco Museum, la exposición El esplendor de la noche, una institución originaria de Ámsterdam con una sede en Barcelona, donde hay obras de Andy Warhol Salvador Dalí, Bansky, Yayoi Kusama, entre muchos y también al chileno Guillermo Lorca.  Por otra parte, él es un revolucionario, o un intrépido diría. Porque si bien pinta al oleo sus temáticas se salen de lo común, si ves un Lorca, te aseguro que o bien te va a fascinar o lo vas a odiar, no te va a dejar indiferente. Con esto digo que su propuesta es atrevida, no es un hiperrealista, como él me aclaró, pero juega con elementos reales, muchos niños, mujeres desnudas y animales con preferencia perros, gatos, buitres y doncellas también, bastante sangre y pezuñas. Además no le teme a los grandes formatos y algo de ego debe de tener esto, una pregunta que le hice y lo dejó descolocado. Él quiere provocar, despertar el alma, algo de trágico y de lúdico en sus obras que buscan sacarnos de nuestra zona de confort. Y sobre todo, para Guillermo Lorca, pintar es algo espiritual. Te invito a escuchar esta gran entrevista, para inaugurar esta nueva temporada de Espiral. De alquien, como te digo, te lo aseguro, nos seguirá sorprendiendo.

ENTREVISTA GUILLERMO LORCA

KC: Hola Guillermo, ¿cómo estás? 

GL: Bien ¿y tú? ¿cómo te ha ido? 

KC: Muy bien, te doy la bienvenida a esta nueva temporada de Espiral. Estuve meses sin hacer entrevistas y tú tienes el honor de reinaugurar una nueva etapa. 

GL: Me siento muy alagado, Karen, que buena onda. 

KC: Sí, y después vas a saber por qué, quizás te sientas más halagado. Más adelante. Guillermo Lorca es un tremendo pintor, artista yo diría, como dije en la introducción de este capítulo de Espiral. Pero eso lo vamos a dejar para después, yo quiero saber, Guillermo, ¿qué te interrumpí cuando te obligué, entre comillas, a conectarte aquí a nuestra entrevista del podcast Espiral?

GL: Nada en especial estaba comprando una cosa que me faltaba, un cable y llegué un poco más tarde, pero todo bien. Cosas mundanas aburridas. 

KC: Oye, Guillermo, ¿Y en qué parte del Planeta estás ahora?

GL: Ahora estoy en Chile y ya pronto voy a partir a España, voy a estar algunos días. De ahí voy a ir a México, de ahí puede que tenga que volver a Chile de nuevo, y de ahí, nuevamente a España o me quedo en España hasta agosto. Vuelvo a Chile, después España. Voy a estar así, y de ahí tengo que ir a Asia. Este año va a estar viajero, pero tengo que estar logrando dejar ciertas cosas más en los lugares que vaya constantemente. 

KC: Eres un eterno viaje. 

GL: Sí, o sea, son viajes de trabajo más que nada. Entre medio, yo siempre en los viajes de trabajo mezclo un poco el conocimiento y el placer. Ahora el placer más que al descanso porque la verdad es que cuando yo quiero descansar, por el tipo de vida que tengo, a menos que tenga una presión y un deadline muy específico, generalmente descanso cuando quiero. Si me siento agotado por un motivo, mentalmente o lo que sea, me tomo unos días o un día, lo que necesite para descansar, no intento como imponer el día en que voy a descansar específicamente y cuánto va a durar. Simplemente voy y digo: hoy día no tengo ganas, ya no da, entonces descanso. Entonces para mí, todo lo que son los viajes o la idea de vacaciones, intento buscar más que nada experiencias, me gusta ir a museos, me gusta ir a como recopilar información, enriquecerme un poco con eso, llevo mi iPad para tomar notas, bocetos, voy guardando información, clasificando y eso a mí me entretiene. Tampoco es algo que lo sienta como trabajo, pero repercute tremendamente mi trabajo, entonces es una mezcla este tipo de viaje. 

KC: ¿Y a qué vas a Asia?

GL: A Asia voy porque voy a empezar a exponer en una galería que se llama Tang Contemporary. Yo para ser sincero, antes de que nos conociéramos con ellos, yo no tenía muy claro de su existencia porque trabaja fuertemente en el mercado asiático, pero bueno, es una galería enorme, después ahí, en mis investigaciones, resulta que es la más grande de Asia a nivel de capacidad, del nivel de artistas tiene, de su posicionamiento simbólico en las ferias que va, la cantidad de galerías que tiene. Tiene una en Beijing, que es como un museo, son galerías que tienen ya varios pisos. Tiene una Seúl que está espectacular, que ahí donde expondría yo. Y ellos representan, por ejemplo, a Ai Weiwei, de hecho, acaban de hacer en Seúl una exposición gigante a él. Representan a Yue Minjun, por ejemplo, que es este artista chino que tiene estas típicas caras sonriendo, que están todos los personajes con ataques de risa. Estoy tratando de nombrar lo que son más evidentes. Ante todo, representan a muchos artistas chinos que a veces a uno le cuesta pronunciar los nombres, los que estamos más metidos en el mundo del arte reconocemos su obra más que el nombre. Pero claro, son los platos fuertes de China, más algunos pocos occidentales, no tienen muchos occidentales, en este sentido, me siento orgulloso de ser del pequeño clan. Entre ellos está Julio Le Parc, por ejemplo, una leyenda viva del arte cinético de los 60′ y 70’. Está Jonas Burguet que es un alemán muy bueno también. Hay muchos artistas que me gusta mucho. Es la puerta grande de Asia, digamos.

KC: ¿Y cómo lo haces Guillermo, viajando tanto? A ver, tus obras son de gran formato, no te puedes llevar el lienzo en la maleta. 

GL: Bueno, a veces sí, depende. Mira para lo de Asia es más negocio y conocer un poco porque la verdad, claro para lo de Seúl, no necesito ir más de cinco días. Lo que pasa es que uno ya que está ahí y es un viaje largo voy a aprovechar. Entonces pasa qué ir a Asia, ahí voy a hacer simplemente vida social, lobby, conversar ciertas cosas de la galería, revisar la galería, los espacios para más o menos tener bien clara la propuesta para el 2024 que sería la exposición individual. Lo que sería en septiembre que tendría que viajar es para la Feria KIAF, que es la feria de arte de Seúl y después hay una colectiva en noviembre ahí está por verse si viajo o no, depende. Y lo que quiero conocer, yo necesito conocer en Japón, no conozco Japón, si ya estoy en Corea, voy a Japón de todas maneras. Ese es un viaje tipo cultural, yo creo que voy a ir solo, voy a tener ojalá algún par de datos para de repente no perderme demasiado, pero mi idea es darle duro al museo, pero de forma extrema, hay muchas cosas en Japón. Yo tengo mucha cercanía a la cultura japonesa, o sea, a la cultura artística japonesa desde de los grabado del siglo XIX hacia atrás, desde cómo se manifiestan en el animé algunos artistas contemporáneos también, pero hay muchas cosas que son propiamente japonesas que cuesta encontrarlas en Internet o no tienes cómo llegar, no tienes como una referencia para terminar llegando a ellos, entonces, me interesa mucho que voy a descubrir en esos museos, en ciertas tiendas, voy a estar como loco, con la cabeza explotando. 

KC: Oye Guillermo en una entrevista para Moco Museo, que en realidad te tengo que decir que el nombre no es muy acertado para los que nos expresamos en español, pero sé que no se refiere a eso. 

 GL: Sí. Claro es que es un museo holandés, entonces les suena como decir Moca o Malva, o cualquier otro de los museos que suenan similares, porque es Modern Contemporary, entonces, claro, para ellos no era mayor conflicto. Y después, no era el plan original, irse a Barcelona porque el museo está en Ámsterdam, como le va muy bien al museo se dio esta oportunidad, está este palacio que está al lado, pegado, como pareado al Museo Picasso, y se vieron con más obras y la capacidad de extenderse y fue una decisión relativamente rápida y armaron el Moco Barcelona, que después claro enmarca, la idea es que el museo quiere ir creciendo eventualmente más hacia otros países, pero bueno eso es futuro . 

KC: Y en esta entrevista, te voy a citar, comentaste que el hilo conductor de tu obra son espíritus que luchan entre sí, «me encanta la confrontación entre fuerzas opuestas, la dulzura frente al terror, la vida frente a la muerte» ¿De dónde proviene esta idea tan oposicionista de fuerzas? Casi nos recuerda el infierno de Dante.

GL:  Bueno, tal vez la palabra, no es que sea necesariamente una oposición perfecta, o sea que por ejemplo, la dulzura y la ternura, el contrario exacto sea el terror, pero son fuerzas que son muy diferentes al menos entre ellas, estarían en la oposición una con otra, más o menos. La inspiración más basal yo te diría que es la vida misma, yo lo observo constantemente eso. Todo como manejamos la información son pequeños sí y no, confrontación versus cooperación, altruismo versus guerra y destrucción. Y eso también es lo que va moldeando la existencia, la evolución, todo. 

KC: Más que fuerzas, ¿serían como dicotomías?

GL: Claro, pero son dicotomías necesarias. No es que haya literalmente una guerra.

KC: El bien y el mal, digamos. 

GL: Claro. Podríamos simbolizar lo que sí para los humanos podría ser el bien y el mal, o sea uno podría decir, un virus lo podríamos encontrar malo, pero desde el punto de vista de la naturaleza misma, un virus es una fuerza más que está ahí, va generando distintos equilibrios, no necesariamente equilibrios perfectos, que todo depende, también del punto de vista en que consideremos equilibrio o no. La extinción de una especie puede no gustar y podría parecer un desequilibrio, pero tal vez a la larga si es un equilibrio. Entonces eso pasa constantemente y el humano es el que tiene que hacerse cargo de pelearle un poco a esto, de llevar una esperanza, de surfear esta ola de fuerza y llevarla un poco a su propio bienestar o a su observación, o a su sensación consigo mismo. Por eso me interesa tanto, creo que eso agarra con más fuerza porque lo veamos o no, está ahí.

KC: O sea, tú como que eres un conductor, lo recoges. 

GL: Sí, o sea, los artistas en general lo que hacemos es observar cosas, fijarnos en ciertos detalles que a veces pasan desapercibidos a través de eso reconstruimos, a partir también de cosas que han hecho otros artistas de toda la vasta historia del arte que existe, y de ahí vamos creando, vamos tratando de proponer nuevas sensibilidades o cosas que de repente pueden pretender más o menos, o sea, el arte en general. Para mucha gente depende de la obra en cuestión, para algunas personas puede no significar absolutamente nada, para otras personas alguna decoración bonita, para otras personas les tocó una fibra sensible y le simboliza algo en parte de sus procesos personales. Ahí uno va viendo.

KC: Creo bastante difícil enfrentarte a alguna de tus obras y que no te produzca nada, ya sea agrado o un profundo desagrado. Son fuertes.

GL: Sí, yo creo que, en este sentido, a veces uno lucha más contra la indiferencia, como artista digo, que contra si produce desagrado o no. Ahora tampoco está en mi intención la provocación facilista del desagrado porque eso es relativamente fácil, es simplemente tener un poco de cojones para aguantar una masa de crítica, pero seguro que va a tener repercusión fácil y polémica.

KC: ¿Pero has sufrido también a momentos por la recepción que he tenido tu obra frente al público? 

GL:  No mucho. Cuando tienes mucha gente en redes sociales, siempre alguien te va a atacar, es inevitable, es una cuestión de porcentaje no más, pasado cierta cantidad de personas a alguien no le va a gustar algo. O sea, incluso, aunque  yo estuviera haciendo cupcakes, alguien podría decir que le desagrada mi forma de ser o me pueden decir cualquier cosa, o pueden inventarse fantasías o sea, aunque claro fuera algo lo más inofensivo del mundo. Hay cosas que obviamente van a ser más polémicas que otras. O sea, por decirte si alguien está en política, aunque sea buen político digamos, va ir dependiendo del lado político en que esté, por muy centrado que esté, no hay forma, o sea siempre alguien te va a agarrar. Y en el arte la polémica no tendría por qué ser tan fuerte dependiendo del arte que se haga. Pero ya solo el hecho de estar ahí y más o menos público, va a producir que alguna gente tenga sus opiniones y la gente en las redes sociales va y dice lo que quieres,  nadie se lo impide. Pero generalmente es minoritario el conflicto, el problema . 

KC: ¿Qué opinión respetas por sobre todas las cosas? Cuando estás creando, cuando estás finalizando la obra, me imagino que hay gente que te importa más que otro. 

GL: Sí, bueno, generalmente me guío bastante para dónde quiero llegar, voy revisando mucho, distintos tipos de artistas, voy dándole la vuelta. En ese sentido, confío en mi criterio y en mi autocrítica, no tiendo a conformarme fácil, y voy revaluando constantemente. Entonces eso ya lo tengo bien metido en la cabeza y lo que sí hago, si a veces tengo dudas, no estoy seguro de que en una composición un elemento puede ir en un lado u otro, y de repente tengo opciones y a veces cuando tienes tres opciones y las tres te parecen que están bien, pero no sabes cuál podría funcionar mejor, ahí voy con gente de confianza. Hablo con mi mamá, por ejemplo, tengo esa costumbre desde que soy chico, además mi mamá también es una persona muy culta, que sabe mucho de arte, entonces también su criterio no es como criterio de mamá simplemente, sino que también tiene un buen criterio estético en general, entonces ella va y se ríe de mi porque voy y le digo un discurso gigantesco sobre las distintas posibilidades, no sé qué, y mi mamá me dice, “bueno son parecidas, pero creo que me gusta más la número dos”. Entonces, ahí yo voy evaluando y a veces tomo la dos, a veces no, pero me ayuda, me ayuda a tranquilizar, a soltar. Tengo algunos amigos también a veces que converso de eso. Hay un amigo artista que se llama Rafael Yaluff que tenemos este tipo de conversaciones. Y por ahí bien, porque mientras estoy trabajando un cuadro, no hago análisis de tipo curatoriales o tratar de hacer un análisis como intelectual profundo, porque el análisis después va predeterminando, o sea, como que te corta la posibilidad de ir soltando la imaginación y que se vaya desarrollando la obra. Yo prefiero que el análisis conceptual se haga después. No, no es la herramienta adecuada para mi parecer para hacer arte conceptual, la pintura figurativa, se podría ocupar, pero es marginal, hay tantos otros medios, no me parece lo más adecuado, tampoco es de mi interés hacer arte conceptual entonces por ahí no me meto, no me meto en ese tipo de análisis mientras estoy creando. 

KC: Investigando, a los ocho años dices que encontraste libros de arte sobre Rembrandt, Caravaggio, Edvard Münch en la estantería de tu mamá. ¿Cómo fue este descubrimiento? ¿Cómo fueron tus años de educación colegial? ¿Cómo viviste los años del colegio en este sentido? ¿Cómo te marcó? 

GL: Los primeros años del colegio, quitando pre-kínder, no me acuerdo mucho, pero pensando desde la básica, yo diría que lo el arte lo más interesante para mí, me emocionaban mucho los materiales. No es que siguiera una línea de tipo de historia del arte, lo tenía bastante enredado, habían libros y habían imágenes que me gustaban y yo me ponía a ver los libros sin tener muy claro quién era o Rembrandt o Caravaggio, simplemente habían cuadros que me gustan, después uno se va acordando de quiénes eran los artistas. Mi mamá pintada de hobby en esa época, entonces yo también la imitaba, me gustaba el olor de la pintura, me tiraba a pintar, dibujaba, siempre dibujé eso sí, desde muy niño, ni me acuerdo cuándo comencé. Bueno, como todos los niños comienzan a dibujar muy pequeños, y algunos, los que dibujan un poco mejor les termina gustando más, o a los que les gusta más terminan dibujando mejor, no sé cómo empieza. Y eso era un refugio que me gustaba. Ver imágenes también, porque al principio muy de niño no me salía muy fácil lo social, no es que fuera poco sociable, fue cuando me cambié de colegio, estaba adelantado un curso, entre niños más grande habían otras dinámicas en donde qué sé yo, el fútbol tenía la prioridad para armar la vida social y a mí no me gustaba el fútbol, me interesaba hacer otras cosas, entonces por ahí que rehuía a los otros niños. Y era un poco un poco paranoico de chico también, como que tenía esta sensación de muerte, tenía esta fantasía de que los otros niños te podían matar, por ejemplo. No sé por qué lo tenía, supongo que es medio instintivo, lo que pasa es lo tenía muy claro. No me da miedo que me pegaran, el miedo era literalmente morir en una zanja y estar en el río, no sé, eran muertes trágicas y eran así literales. Entonces era curioso, no sé dónde alimenté ese tipo de miedo, pero era un miedo muy intuitivo, era muy visceral.

KC: ¿Y es verdad que en algún momento pensaste dedicarte al tenis de manera profesional? 

GL: Sí, eso pasó un poco más grande. Después me fui integrando en la sociedad, jugué fútbol de hecho, era malo, pero jugué. Y de ahí ya tenía un buen grupo de amigos, eso ya no me costó. Siempre seguí dibujando y de ahí le estuve dando muy fuerte al deporte, al tenis desde los once hasta los catorce, fueron unos tres años de dedicación, entre aprender y practicar alto rendimiento lo que era para la edad, que era bastante, era salir del colegio a entrenar unas tres horas y después volvía la casa hacía un par de tarea y a dormir. Era una vida bastante ordenada y bien, de hecho, debe haber sido la etapa más ordenada en mi vida, respecto al horario. Yo diría que fue una etapa feliz, bastante buena, y, bueno, cayó por su propio peso, las motivaciones eran fantasiosas, pero claro, ya se llegó a un nivel en que. Yo llegué a un punto en que me di cuenta que por mucho que me esforzara y me dedicara que en esa parte estaba bien, había gente que tenía más condiciones y que se esforzaba lo mismo y no había como competirle simplemente. Ahí uno hace un pequeño proceso de duelo y ahí volví nuevamente a retomar el dibujo, o sea, siempre lo estuve haciendo, pero lo retomé con más concentración, me puse una meta. 

KC: ¿A los dieciséis  años?

GL: Claro, finales de los quince, dieciséis, pesqué algunos dibujos que me llamaron la atención y dije bueno, y qué pasa si esto lo copio igual, no dibujarlo como de niño o en la adolescencia, sino qué pasa si hago el ejercicio seriamente. Y ahí, claro, me esforcé, hice como reglas matemáticas, como para tratar de instintivamente sacar el dibujo y quedó bastante bien, al meter esa concentración la diferencia fue abismante. Fue como «Ah, mierda« ya esto parece que puedo hacerlo. Ahí tomé algunas clases de dibujo no muy largas por algunos meses que me sirvieron bastante para entender ciertas nociones básicas y de ahí, dibujar. Al llegar del colegio me ponía a dibujar, mientras estaba ahí también dibujaba algunas cosas, pero me ponía alguna meta, decía quiero dibujar esto y me ponía a dibujar y aprendí de materiales y después pasé a la pintura como paso natural. También un par de meses de clase ahí para entender cómo funciona la paleta, lo básico.

KC: ¿Tú sientes que fuiste un dolor de cabeza para tus padres? 

GL: No, para nada,  o era relativamente fácil, tenía mis cosas pero no era un niño molesto, ni de adolescente tampoco porque mi adolescencia fue al revés, yo diría que más bien me ordenó la cabeza más que desordenármela. Yo la recuerdo como un momento más de estructura con rebeldía contenida, o sea, tenía mis rebeldías varias pero no tenía mucha rebeldía contra la autoridad de mis papás porque teníamos muy buena comunicación y conversábamos las cosas, entonces no habían prohibiciones absurdas, muy fuertes que yo quisiera desobedecer todo el tiempo, eran reglas razonables y que yo también sentía razonables, no había mayor razón para desobedecerla. Por supuesto hice alguna que otra estupidez.

KC: Nada grave. 

GL: Sin mayor conflicto. Y de niño sí necesitaba tratamiento, ir al psiquiatra, revisar ciertos fármacos, ver algunas cosas porque tenía algunos síntomas que eran complicados, había que meter mano ahí, pero no es que fueran por ejemplo, no es que tuviese una especie de hiperactividad que no dejara tranquilo a los papás descansar o que fuera agresivo en el colegio, eran más cosas internas mía.

KC: Tus propios demonios

GL: Claro, eran demonios propios, entonces el síntoma era dolor hacia mí mismo, entonces simplemente había que hacerse cargo, pero no era algo así como un niño insoportable. De hecho me portaba bien, tranquilo dentro de todo.
 

KC: Tal cual te dije, hay preguntas de personas que te conocen, ahora viene una.

GL: Dale. 

Pregunta de Beatriz García Huidobro

BGH: Hola Guille, soy tu mamá y te quiero hacer una pregunta que yo creo que a la gente le va a interesar que se la puedas responder ¿Por qué crees que tu obra conmueve a personas de distintas edades, de distintos países, de distintos credos, por así decirlo, de distintas tendencias artísticas incluso? ¿Qué hace que una obra como la tuya sea universal? ¿Qué hay en lo profundo de la psiquis de tus personajes, de tus relatos, que hace que a tantas personas les llegue de una manera especial? Eso me gustaría que reflexionaras al respecto. 

KC: ¿Qué le contestas a tu mamá?

GL: ¡Qué linda es mi mamita!

KC: Beatriz García Huidobro para que los que nos escuchan.

GL: Ella habla tan en serio, pero igual es mi mamita pequeña.  Cuando uno aprende una habilidad, en este caso técnica como puede ser pintar, eso yo lo aprendí relativamente joven no me tomó mucho tiempo, más o menos manejar la técnica. Y ahí rápidamente apareció el conflicto de esta técnica ¿Qué hago con ella? Uno puede pintar imágenes, también podía salir de la imagen e ir metiéndome en el tema de cómo represento la pintura en sí mismo, tener una buena técnica tipo figurativa te puede llevar también a llegar a otras formas de expresiones pictóricas, más parecida a las de Francis Bacono Auerbach. O sea, trabajar como en el material mismo o irse a la abstracción incluso, o mantener la figuración y ahí tienes un abanico de cosas que uno puede pintar, muchísima. Y eso empezó a dar vuelta y como eran tantas opciones, a quién hacía caso, cuál iba a ser la opción principal. Entonces había que indagar dentro de uno mismo y encontrar qué cosa realmente sentía que movía mis entrañas. Esto lo hablé con mi mamá desde chico, sobre que si yo tenía cierta honestidad conmigo mismo a la hora de expresar algo, y si mi guía absoluta era la honestidad iba a funcionar, no había forma de equivocarme porque era una verdad, porque no estaba mintiendo, había una verdad de eso, aunque sea mía. Y normalmente lo humano, si bien somos distintos en muchas cosas, somos distintos dentro del mismo ser humano. Yo no soy un humano haciendo arte para reptiles gigantes e inteligentes. Seguimos siendo humanos, tenemos demasiadas cosas en común. Entonces, la verda es profunda y honesta  yo creo que tienden a ser muy primitiva, tienden a ser herencia, vienen de tal vez millones de años. Creo que en muchas de esas cosas las tenemos como un independiente de la cultura, el país, la apariencia física, etcétera. 

KC: O sea, a ver si te entiendo, hay un elemento tuyo que cruza y se sobrepone a todas las diferencias culturales, religiosas, políticas en el mundo. Hablas un lenguaje más universal. 

GL: Eso es lo que intento buscar. Yo intento unirme a eso, independiente de que ocupo muchas referencias de historia del arte, constantemente. Pero también las referencias que ocupo a mí me da la sensación de que también llegaron a esos lugares, pero tú puedes llegar a un lugar profundo, medio eterio, medio difícil de catalogar. No es decir, por ejemplo, no sé, hay sentimientos que son tremendamente antiguos, como  el miedo. Pero no es que diga voy a llegar al miedo a través de esto, no tengo predicho a dónde voy a llegar, son sentimientos mucho más difíciles de explicar, no lo tengo muy claro. Son sensaciones que se conectan con cosas que yo sé que son antiguas porque las sentí de niño, sé que son de estas que te remueven en lo profundo como que fuera una especie de información previa antes de nacer.

KC: ¿Te has traicionado en la búsqueda de esa verdad?

GL: Claro, o sea de esas pequeñas verdades. Lo que pasa es que siento que esa configuración, algunas cosas que tenemos en común los humano, varias, pasan por el filtro personal de las vivencias que uno tuvo, etcétera. Cuando yo quiero expresar o dejar algo de mí afuera, en este caso en un objeto-imagen como sería la pintura. Si dejo algo superfluo como una especie de adorno, no toco mis propias fibras profundas tampoco estoy dejándome a mí mismo ahí,  siento que es algo banal que no vale la pena ser pintado. Me guío o bastante por ese sentimiento de que una parte interna mía me dice si vale la pena o no ser pintado. Me ha pasado muchas veces que de repente se me ocurre una imagen aquí o allá, o de repente me llama la atención algún movimiento, alguna reflexión intelectual interesante. Y de repente digo, no, todo es una reflexión interesante, está bien escribirla, conversar de ella, pero no vale la pena ser pintado, no me está tocando ninguna fibra realmente profunda, me está a lo más entretenido intelectualmente, entonces siempre voy buscando hacia adentro. Me costó llegar a esa conexión, algo tenía de instinto, pero después fui encontrando métodos para llegar más rápidamente. Entonces ahora me sale algo más fácil también.

KC: ¿Y eso sería tu lado espiritual también o no? 

GL: Digamos que sí, yo creo que se asocia a lo que se llama espiritual. A mí me ayuda mucho hacer el proceso a través del arte, pero que no son literales. Es más bien que elemento está asociado, sin que yo quiera simplemente aparece en mi mente, con estos sentimientos que me está agarrando en el momento, qué color está asociado, qué composición o qué obra me llama la atención y me toca esa fibra, y ahí yo voy creando mezclas varias de todo tipo. 

KC: Porque claro, tu técnica es hiperrealismo, como se dice, pero es muy fantasiosa. 

GL: Claro, ahora mi técnica yo no la acercaría el hiperrealismo.

KC: O la tienden a catalogar como ello.

GL: Claro, sí ¿Pero sabes qué? eso pasa más que nada que en Chile, te diría por la herencia de Claudio Bravo, del pintor. Claudio Bravo si bien tenía algunas sutilezas con lo que era el hiperrealismo, cuando aparece digamos libros de historia del arte, está el hiperrealismo, fotorrealismo dependiendo del idioma como le decían, pero ahí había un movimiento como medio pop que se dio más en Estados Unidos, algunas partes de Europa de agarrar la fotografía de forma fría, cambiarle el formato, pero que tenía como unos tintes pop. Claudio Bravo el pintaba del natural, lo que pasa es que claro, sus cosas eran tremendamente fotográficas en el sentido de su realismo era muy preciso, pero también él era como un poquito atemporal, pintada como bodegones,  su vida cotidiana, no se sentía de otra época, pero tampoco se sentía pop, no estaba  asociado a ese movimiento, pero sí, Claudio Bravo igual podría incluirse dentro del algún tipo de hiperrealismo y de ahí quedó dando vuelta eso por la asociación obvia  después de Claudio Bravo se podía asociar algunos cuadros por la técnica con eso. Pero mi técnica, no es muy hiperrealista, no busco la precisión fotográfica exacta, ocupo fotos también de referencias, ese no es el conflicto, me preocupa el gesto de cómo funciona la pintura, de cómo se arma, mis referentes no son mucho los hiperrealistas, son más bien varios pintores de distintas épocas. Si uno se acerca a mis pintura, la forma que está armado,  la verdad, es más parecido a un pintura de, no sé si el siglo XIX, que tenían una técnica, había una Academia específica ahí, pero digamos no sé cómo una pintura alternativa en el siglo XIX. Es figurativa, claramente, se acerca al realismo, pero  no intenta como producir  como ese morbo de que se pintó hasta el último pelito del animal o la última textura de un bordado de un chaleco, no, es mucho más de cómo simplifico, de cómo se mete la pasta y eso produce el efecto óptico de que se vea muy realista.

KC: ¿Oye, Guillermo, cuánto de valiente y cuánto locura se necesita para salirse del molde? Es decir, entraste a la universidad y no terminaste. Pintas al óleo obras que se salen de un parámetro tradicional en ese sentido, algunos han dicho que has sido muy marquetero, que sabes venderte bien, algo rupturista podríamos decir ¿Cuánto coraje se necesita?

GL: No sé si sepa venderme especialmente bien, lo que pasa, yo creo, que hay muchos que se venden muy mal, entonces no hay tanta competencia desde el punto de vista del marketing en ese. Soy práctico, a la hora de pintar puedo elegir lo que voy a hacer, podría decirse que sería más espiritual, pero a la hora cuando ya tienes el producto, el elemento y hay que vivir de eso intento ser lo más práctico posible. No me voy enredando con cuestiones que son tonteras en verdad. Muchos artistas quieren vender, pero no quieren hacer el trabajo de enfrentar la posibilidad de estar ahí, mostrarse, porque eso siempre te enfrenta al rechazo. Si se admite a sí mismo que bueno, esta obra la hice, me gustó porque la hice, pero al mismo tiempo quiero que a la gente le guste, quiero que me la compren, etcétera. Admitirse eso, implica que tal vez no te pase y el rechazo sea más doloroso. Entonces se hace como método de defensa hacerle un quite al marketing, a enfrentar un poco la realidad del mercado tal como es. En ese sentido, sí, yo he tenido más valentía porque no significa que no haya tenido ese miedo, también lo he tenido como todo el mundo, es raro que alguien no le importe absolutamente nada, no ser querido o ser apreciado, si finalmente es supernatural, te protege. Si todo el mundo te odia es peligroso, literalmente es peligroso. En la sociedad actual es un poco menos, pero en otra época podía significar la muerte. Yo creo que en ese sentido, ha habido algo de valentía de mi parte, la tenía también en la universidad de romper un poco el molde. Cuando estaba en el colegio y tenía buenas notas, podría haber hecho alguna carrera tradicional cualquiera, haber estudiado economía, que sé yo, y lo podría haber hecho medianamente bien, supongo, pero claro, ya hacer una carrera no tradicional tenía dificultades, pero también había muchos artistas que les podría ir bien y yo pretendía que me fuera como ellos, esa era la apuesta y tenía fe en que podía funcionar y cierto realismo, tampoco lo iba a intentar eternamente. Yo me había propuesto que a los veintiún años tenía que estar claro que esto iba hacia algún lugar en donde la cosa iba a funcionar y que no iba terminar mendigándole a mi mamá o algo así. Y eso fue muy buen ejercicio, yo siempre lo he recomendado cuando de repente hay gente que está en el colegio o van a entrar a la universidad normalmente, a veces me llegan preguntas o papás que me pregunta por sus hijos que están en eso, no tomar la carrera de arte como quinto medio, sexto medio en donde algún día después de la carrera, mágicamente el Espíritu Santo te va a convertir en artista sino que experimentar, crear un cuerpo de obra, pero pensar que ya estás trabajando, que ya estás ahí metido, empezar inmediatamente, vas aprendiendo mientras vas creando. No esperar a que alguien te resuelva la enseñanza de manera mágica, uno aprende y de ahí uno crea. Yo eso me lo metí en la cabeza desde muy chico y por lo mismo ahí dejé la universidad porque estaba gastando más tiempo, yo ya estaba trabajando en mi mente, entonces no tenía tiempo para universidad.

KC: ¿Y en tu casa te apoyaron?

GL: Sí, ningún problema. 

KC: Era evidente.

GL: Sí era evidente, había que ya terminar con eso. Aante todo las carreras son validadores sociales para el trabajo en general, para pedir un trabajo, pero yo no pensaba pedir trabajo a nadie con arte. Entonces, la verdad, tener un título, a esta altura probablemente estaría perdido en un closet.

KC: Guillermo, te quiero poner el segundo audio. Es de alguien que ha trabajado contigo. Vamos a ver si reconoces su voz o si no, yo después te digo. 

Pregunta Paula Gutiérrez

PG: Te quería preguntar y quería que nos contaras ¿cómo fue tu experiencia con la pintura del mural de Tabalí, un mural enorme de cuarenta metros de largo, por cuatro cuando tenías solo diecinueve años. Tengo la sensación que fue uno de tus primeros megas formatos y es muy interesante, ya que para mí modo de ver, hay un antes y un después con esta obra. 

KC: ¿Sabes quién? 

GL: Sí, claro, la Paula Gutiérrez. Eso fue muy bueno porque yo desde muy chico hacía algunos retratos por encargo a lápiz normalmente, algunas cosas al óleo, unos ejercicios, y ahí armando algunos cuadros, uno de esos cuadros los tenía una tía mía, Cecilia García Huidobro, que es muy amiga la Paula, y pasó que la Paula estaba armando  la decoración de la Viña Tabalí. Y, claro, no había contemplado un mural propiamente tal y eso implicaba unos presupuestos más altos, buscar al artista, etcétera. Y vio mi trabajo, el de la casa de mi tía, dijo como “Ah, pero pinta bien, y es tan chico que de repente podríamos armar una propuesta” porque, claro, primerizo no va a cobrar como cobra alguien que ya tenga una trayectoria entonces era un gana, gana muy buenoa. Ahora también era una jugada de parte de ella, porque tú no sabes si un adolescente puede dejar una cagada, cuál es su sentido de responsabilidad, etcétera. Pero bueno, se hicieron las propuestas, se las propusimos a los dueños, era Guillermo Luksic en esa época el dueño de la viña que en paz descanse, y les gustó mucho, tuve mucho apoyo. Había un tiempo muy acotado y yo la verdad, nunca había pintado algo grande, yo lo máximo que había pintado era cuadros de qué se yo, uno metro por un metro y medio que son formatos medianos a pequeños para mí, y este mural tenía cuatro metro por cuarenta y cinco  más o menos, era muy grande y muy alargado, entonces también la composición al final era como un relato alargado. No tenía muy claro cómo componer, fue todo una jugada, pero dije, bueno, las oportunidades se dan y hay que tomarlas y ya está listo. Ni siquiera estaba en muy buen periodo en la vida, me daban muchas crisis de pánico en este momento, no por el mural, ni por ese estrés en particular, me daban por desórdenes químicos no más. Yo las asociaba a un par de cosas de la vida, pero, la verdad, nada muy grave, le echo más a culpa a la química. Y en este sentido, eso es lo bueno de la primera instancia de la juventud, yo encuentro que es rico aprovecharla, uno está con una especie de energía de lucha muy grande, como del auto sacrificio, como la cosa del guerrero. Por ejemplo en el mural me podía mandar dieciséis  horas y llegaba tan cansado y me alojaba en la misma viña mientras todo estaba medio en construcción , o sea, la casa donde me alojaba no, eso estaba bien, pero estaba solo, me pasaba de la casa que está a unos kilómetros en bicicleta, llegaba, me ponía a pintar, terminaba me iba para la casa y a morir de sueño, al punto en que, no sé, habían días que ni siquiera atinaba a bañarme hasta que un día me descubrí mi auto olor a vagabundo y dije qué es esto. No sabía que uno podía llegar a fermentarse de esa forma, impresionante. Pero claro, estaba tremendamente enfocado en cumplir con eso. Ahora me costaría mucho más,  creo que esa energía tendría que haber algo, no sé en una situación de guerra como para uno hacerse ese auto sacrificio, pero en ese momento te producía un cierto placer hacerlo, así que no es un sacrificio con dolor, digamos, pero fue mucho trabajo, pero yo estaba bien, y aprendí mucho, aprendí mucho de cómo manejar ciertos formatos más grandes, me entretuvo hacerlo también, me entusiasmó y eso también me abrió las puertas a aparecer, ya sea encargo, una exposición. Después me fui a estudiar con un pintor en Noruega, 

KC: Si ya vamos a hablar de él 

GL: Pero fue de todas maneras muy bueno, porque eso también marcó el “ya sabes que puede entrar al mundo profesional, si esto es, de  ahí en adelante puedes ir creciendo”, son muchas metas hacia adelante, pero ya dimos el primer paso. Y ahí yo estaba en la universidad, dije ya,  esto ya termina de cerrar la universidad, ya no tengo tiempo, tengo que hacer otras cosas.

KC: Bueno, tú sabes que yo tengo una obra tuya en mi casa de esos tiempos lejanos. 

GL: ¿Ah, en serio? ¿Cuál tienes? 

KC: Tengo una en un formato apaisado de una niña que mira un río. Cuando todavía no entraba todo el factor animalesco. Se sale bastante la norma.

KC: Pero mira lo que dijo la Paula en ese minuto, yo tengo cuatro hijos ya,  de veintitantos y recién había nacido el segundo, creo. Y dijo, “acuérdense de mi, él va llegar muy, muy lejos”. Y después empezó a pasar y pasar el tiempo y fuimos viendo cómo crecías en tu carrera, en tu expertise, en tu arte, digamos lo que ha sido increíblemente, un ojo visionario podríamos decirlo.Respecto a Nerdrum, en esta entrevista de Moco Museo dijiste que la lección más valiosa de todas es que él te enseñó cómo captar el alma y el espíritu en un cuadro. 

GL: Claro, o sea, mira, no es que él tuviera un método para enseñarlo, fue más bien lo que yo pude rescatar de él observando cómo lo hacía, cómo vivía su vida, su entrega más absoluta espiritual hacia su arte, no me cabe duda de que él es tremendamente honesto a la hora de pintar, él encontró, digamos, la manifestación de su interior y encontró sus imágenes propias, como quien encuentra en un viaje místico su tótem personal. Y además con una técnica muy especial, porque claro, va más allá de si llega o no al realismo, yo ya también manejaba el realismo cuando estuve con él, yo no aprendí cosas técnicas del tipo cómo se pinta mejor o no una cara, si eso yo ya lo sabía, lo que a mí me interesaba era ver por qué sus cuadros tenían una especie de presencia que no tenían otros cuadros que tal vez técnicamente podían ser equivalentemente bien pintados o mejor incluso, pero que eran más fríos. Fui viendo que muchos estudiantes, lo que hacían era, en gran medida, más o menos copiar un poco lo que él hacía, esto yo no le veía sentido, a menos que fuera algún ejercicio técnico muy específico, pero yo sentía que su atmósfera, sus colores, las cosas de él, qué aprendo de eso para mí, eso era lo que me costaba encontrar. De hecho pinté algunas cosas pero no pinté tanto porque era más que nada observar, reflexionar, eran como esos momentos de darle vuelta a algunas cosas y también poner algo en práctica. Y yo te diría que lo que saqué en limpio se demoró, tal vez, un par de años en poder decir como “ah, ahora empezó a parecer algo”. La lección se aprendió un par de años después, no fue inmediata, pero sí era consciente en el momento de que habían ciertas cosas. En este sentido, fue una experiencia de todas maneras, muy interesante. Aparte aproveché de aprender inglés porque mi inglés era bien básico, y estar allá sin posibilidad de hablar español y bueno…el noruego, no iba a aprenderlo, pero como todos hablaban inglés no había conflicto, ahí fui soltando, aprendiendo lo suficiente. Ahora me sale más fácil viajar, no hay ningún problema con eso. 

KC: Hoy en Espiral estamos entrevistando al gran artista Guillermo Lorca y vamos a entrar en una pregunta que quizá en puede sonar un poco obvio pero si la reflexionamos, no, y aquí estoy lejos de hacer generalizaciones, pero yo estoy segura que los artistas son seres más sensibles. Y, a momentos, necesitan refugiarse y protegerse, o a bien son más propicios a caer en vicios como las drogas y el alcohol, a ser más depresivos. Y en ese sentido ¿Cómo has vivido tú esto? Esa relación con las drogas, el alcohol y la depresión.

GL: Claro, lo que tú dices, no es prejuicio, porque si bien no es una regla obligada, estadísticamente. Los grupos de personas que se consideran que están en el mundo de lo creativo, normal tengan algún resabio de algo digamos. No que tengan que estar locos necesariamente, de hecho, esos son más bien excepciones, porque la locura es una enfermedad. La esquizofrenia, por decirte, es una enfermedad que rara vez puedes producir algo, porque hay un pequeño período en que la gente que tiene esa enfermedad pueden estar creativos y pueden hacer algo productivo, pero después empiezan síntomas negativos, algo más parecido al Alzheimersi quieres, entonces, ahí ya el deterioro es duro. Claro, se da, uno tiene vaivenes emocionales, sí se da, no sé por qué. No hay algo tan estudiado, yo lo que he leído al respecto es que hay una cierta estadística, hay una cierta proporción de unas que otras afecciones hasta cierto punto, pero no se sabe muy bien la causa. Puede ser una correlación por lo demás, no necesariamente una causa, o sea, no es que lo creativo o el arte te lleve a tener algún trastorno, a veces puede ser que el hecho de estar metiéndote en tu propia imaginación en los momentos de soledad, tal vez esos son los que puedan producir, digamos, un desequilibrio. Tener vidas muy alternativas también, te va rompiendo como un cierto orden de afuera que te contiene. 

KC: Eso es interesante. 

GL: A veces estar un poco más público, también puede desequilibrarte dependiendo a la edad que te pase, tal vez, y cómo está tu madurez para manejar eso. Hay una sensibilidad hacia lo estético, hacer ciertas cosas y también a través del trabajo, de la capacidad de poder transferir esa sensibilidad hacia algo que se considere artístico, que se manifieste, que tenga esa función. Porque claro, hay gente que podría tener una sensibilidad equivalente, pero no sabe qué hacer con ella. De hecho, tal vez los que podemos ser artistas es nuestra forma

de curarnos.

KC: De ser sobrios. 

GL: Claro. Más bien de cómo canalizamos esa sensibilidad, está ahí, dónde la ligamos. 

KC: De sanarse en ese sentido. 

GL: Claro. Lo que sí se da mucho con los artistas, y de ahí tal vez viene la cosa de la droga o el alcohol, efectivamente, hay gente que cae en eso, pero hay mucha gente que cae en droga o alcohol, especialmente alcohol, y no tiene ni una asociación con el arte, solo que hay ciertas cosas, yo creo que más en el estilo de vida, que podrían propiciar que uno podría caer más fácil. Por ejemplo, en el alcohol, en el sentido de que si uno puede manejar su propio horario, no tienes un castigo social muy grande por hacer locuras, entonces uno podría estar en esa situación y si cualquier droga se toma más de la cuenta, puedes caer en abuso o un vicio. 

KC: Mirando para atrás, conectándote ¿Cuál ha sido el momento más doloroso de tu vida?

GL: Yo creo que la angustia es lo peor,  hay angustias así que son locas, que son como estar fuera, que es como un infierno, pero no está ligado a algo puntual. Por ejemplo, hasta el día de hoy, por lo menos, he tenido de que mis seres queridos están vivos, están conmigo, he tenido pérdidas de abuelos, tenía una nana quien me crió desde que era chico y para mí era como una especie de abuela – mamá. Ella también se murió, pero hubo un tiempo previo para el duelo, fue una muerte que estuvo bien, digamos. Lo manejé bien.  Me pasa con la muerte de los perros porque yo me encariño de forma descomunal, duermo con ellos, le hago cariño,  los perrhijos. Y claro, cuando se mueren los perros no te preparan mucho, generalmente el perro puede estar viejo y de repente un día amanece mal y ya está o simplemente amanece muerto, generalmente es una muerte algo de golpe entonces como medio chocante. Pero yo con los duelos, tiendo a llorar mucho, me da mucha pena pero no angustio, simplemente lloro mucho, estoy con pena. Puede haber un momento de angustia, pero muy corto, ante todo es pena y eso creo que lo proceso relativamente bien, con un dolor pero un dolor que es parte de la vida, es inevitable. O uno se muere antes o se te van a morir los seres queridos antes, todo depende cuanto uno viva. Un tiempo me daban mucha crisis de pánico, muy seguidas, pero hay un lugar mucho más oscuro que las crisis de pánico, hay una especie de crisis de angustia que es como una crisis de pánico pero que no se quita, mezclada con pensamientos y sentimientos más extraños. Esto era es horrible cuando no sabía manejarla bien, y sin fármacos para salir de ese lugar era como estar en una alucinación infernal. Mira para los que hayan probado alguna droga alucinógena es como un muy mal viaje de droga pero sobrio. 

KC: Ni siquiera tienen lo bueno del otro mundo, digamos. 

GL:  Porque el mal viaje de droga, es malo, pero es más puntual, tienes la causa.

KC: Es algo que está bajo tu control. 

GL: Claro, o sea, a veces es tan fuerte que no lo puedes controlar, pero igual hay una parte de ti que sabe que es eso y ya está, y aprendes después la lección para moderarte en las dosis y para poder vivir bien la experiencia. Los alucinógenos tienen más conflicto con personas más sensibles a episodios psicóticos, cosas de este tipo o a crear una desestabilidad emocional un poco más grande, pero así hacerse adicto a un ácido no pasa, en general es raro, no es una droga que uno pueda hacer tu día a día con eso. Entonces no es como el alcohol, el alcohol sí lo podría incluir todos los días después del trabajo, por ejemplo, y empezar a caer de a poco en un alcoholismo. Podría la marihuana también, hay gente que está todo el día volado desde la mañana. La cocaína también es algo que puede ser escondido de a poquito. El cigarro, para que decir. Hay drogas que tienen mucho más dependencia que en la práctica son mucho más peligrosas para el cuerpo y que sé yo, y hay gente que tiende a la adicción, que no pueden no más, que simplemente toma algo y se hace adicto a lo que sea y esa es una especie de enfermedad, los sistemas de recompensa del cerebro, en la manera que están armados los circuitos están hechos de una forma en que no hay control no más, mala suerte y si uno nace con eso tiene que ser abstemio, no tiene otra opción, es eso o morir.

KC: Guillermo, vamos a la tercera pregunta, de Isabel Croxatto, directora de la galería del mismo nombre, para quienes no la ubican, además que hay mucha gente de fuera de Chile que nos está escuchando. 

Pregunta Isabel Croxatto

IC: Hola Guillermo querido, que rico saludarte por acá. Me gustaría preguntarte, ¿Qué consejo le daría a los jóvenes artistas chilenos de Santiago y regiones y que como tú son pintores y están interesados en el hiperrealismo y en lo figurativo  en cuanto a cómo manejar sus carreras y proyectarlas internacionalmente? Un abrazo. 

KC: ¿Qué le contestas a Isabel?

GL: Bueno, algo que habíamos hablado antes, que claro si son muy jóvenes que rompan primero la idea de que están en una especie de periodo de aprendizaje, ya que este y la creación de obras es algo paralelo, uno aprende mientras trabaja. El periodo formal de aprendizaje técnico, especialmente ese podría ser un poquito más metódico, pero es corto, no hay que esperar, ni terminar la carrera ni nada. Y si están estudiando, no sacan nada con hacer trabajos para satisfacer a los profesores, que se olviden un poco del tema del título, no piensen como escolares. Los artistas estamos obligados a hacer ese crecimiento lo más rápido posible porque tampoco lo van a poder evitar, eventualmente se van enfrentar a estar ahí en la nada y van a tener que hacer ese proceso y entre antes lo hagan mejor, porque te puedes equivocar más. Ese sería el primer consejo como de urgencia, eso hay que hacerlo ayer. Después de eso, también me saldría un poco de las limitaciones que hay en Chile, de lo que puedan estar rodeado, tal vez de consejo familiares, de cómo funciona la estructura acá en Chile. Nuestro país es relativamente nuevo y que no tiene un mercado del arte tan desarrollado, hay gente que lo ha impulsado para arriba muy bien, que son los pioneros como podría ser la Isabel, alguna institución, algunas colecciones, pero es incipiente para digamos el poder adquisitivo. Chile digamos tiene más plata que su mercado, su mercado del arte es pequeño en comparación a la plata que tiene el país. Por decirte, el mercado peruano es mucho más grande o está mucho más estabilizado, tiene una estructura, tiene un orden, tiene más incentivo y esos son cuestiones culturales,  aquí no estoy apuntando con el dedo a nadie, son lo que son no más, entonces hay que pensar que hay otros mundos, otras posibilidades, salirse de esos esquemas mentales, preocuparse de crear un buen cuerpo de obra, con honestidad, con lo que uno quiere hacer. Todos los humanos tendemos a copiar lo exitoso, es normal hacerlo pero  cuando uno copia lo exitoso, si uno lo copia literalmente no funciona tan bien, lo que funciona es observar qué cosas si funcionaron, qué es lo que hizo que funcionara y cómo esto se puede adaptar. Si uno simplemente copia de forma burda, lo más probable es que no funcione. Uno ante la copia y el original, uno prefiere el original. Eso no es tan buena idea. Por lo tanto, tampoco hay una fórmula mágica, cada uno se puede construir su camino y ahora es más fácil que nunca porque ahora está Internet, es distinto, pero no hay que seguir necesariamente los órdenes oficiales. Uno puede trabajar con galería, como se trabajaba antiguamente, cómo también puedes trabajar por tu cuenta a través de tus redes e ir haciendo crecer las redes, hay múltiples formas.

KC: Hay otras formas.

GL: Claro, o sea, habría que ver ahí caso a caso, pero por ejemplo, un artista que le gusta pintar en grande, hacer murales, bueno, entonces que haga murales, y va a tener que moverse tal vez para conseguir los materiales, los permisos, la grúa o lo que sea, o el andamio para poder pintar el mural, pero ese mural es una forma también donde puede expresar su propio arte y también publicitarse y después lo que vende.

KC: Pero justamente hablando del tamaño. Hay algo que a mí se me ocurrió hoy, y que quizás nos aplique. ¿Algunos dicen que se puede medir el ego de un arquitecto de acuerdo a la altura de su edificio, podríamos decir lo mismo por el tamaño de tus lienzo de tus lienzos, de tus obras? 

GL: Sí, bueno, es que el ego es una palabra tan, tan usada, que son esas que se vuelven vacíos como la palabra libertad o igualdad, son esas cosas que se pueden ocupar para muchas cosas, dependiendo como uno las mire, pero sí hay algo de toma de poder. En el sentido de que si uno hace una obra grande, uno espera que la persona que la tenga va a ocupar un gran espacio, ya sea en su casa, en su vida de alguna forma, o le van a quitar espacio a otras cosas que hay ahí. Uno al hacer algo más pequeño, está más tranquilito, más tímido. En cambio, las grandes es como permiso, merezco tu espacio. Ahora esto no significa que todo se tenga que ser en grande, también hay muchas cosas que son obras preciosas que no necesitan el gran tamaño, sino más bien el pequeño formato ayuda porque te invitan más a una reflexión u otro tipo de cosas y ahí también puede haber unos egos gigantescos. Yo creo que ahí va a depender. También lo del formato cambia en algunas cosas, porque claro, el formato físico mío se muestra en grande, pero todo lo que se muestra en el mundo virtual es del tamaño del mundo virtual, y eso puede ser del tamaño de cuanto uno agrande la pantalla, que tan cerca la tenga el usuario de su ojo. Pero sí hay algo, pero yo creo que un ego útil. 

KC: Bien utilizado. 

GL: El ego inútil es un poco como no ver tus errores, el sentir que como que “Ah, hice algo bien por lo tanto, merezco estar”, salir de la humanidad, es una sensación de inmortalidad medio infantil, digamos. Yo creo que ahí están esos egocéntricos, como de niños locos con poder digamos, es como un acto de inmadurez donde aparecieran estos como narcisismos complicados, digamos, pero, yo creo que eso con conocimiento y con cierta madurez, se puede controlar perfectamente. 

KC: Mira, nos queda poquito, pero justamente hay dos preguntas, una que tiene que ver con la obra en sí misma porque, tus obras extraordinarias, que estaban en la estación Baquedano las tuvieron que sacar tras el estallido social que hubo en Chile. 

GL: Sí.

KC: ¿Cómo viviste eso?¿hay un desgarro de por medio?

GL: La verdad, mira, era entendible, o sea, la estación Baquedano en el momento del estallido estaba la posibilidad de que se incendiaran, era una opción altísima, como la tenían cerrada y custodia, no pasó, pero podría haber pasado, era cuestión de que si hubieran logrado romper las barreras, chao  estación, eso será un hecho. El asunto es que finalmente no pasó. Uno podría pensar en retomar las obras. A mí no me avisaron que las sacaron, creo que estaba bien, era prudente, no me gustó que la reemplazarán por una print sobre unas cosas de metal. Además, ni me preguntaron, y no porque yo no fuera a dar los permisos ni nada, si eso está bien.. si ellos podían ocupar esas imágenes para distintas cosas, pero por ahí les da una recomendación técnica, les podría salir más barato y hubiera quedado mejor si eso era lo que querían hacer, digamos, hicieron una solución algo torpe, digamos, no sé bajo que criterio pero bueno. Yo creo que me molestó más eso. 

KC: Y es verdad, ¿que alguien rescató una obra tuya?

GL: No, lo que hicieron es que le sacaron fotos a las obras que estaban en Baquedano y el registro la imprimieron sobre unos platones de metal y las pusieron ahí, como que fueran las obras, pero no son, son unas impresiones sobre un material feo, no sé brilla mucho. Es una solución muy nada, o sea, creo que lo que me molesta es que alguien podría decir que yo cooperé en esa solución espantosa. Ha sido una solución muy mala, no quedó bien, que se le va hacer. Pero claro, no es la situación actual de eso. Yo creo que se podría pensar en retomarla y desde el punto de vista, de la seguridad, bueno, habría que evaluarlo o de repente ver si se puede poner en otro lugar o simplemente dejar el espacio vacío hasta que sea el momento no más.

KC: Guillermo yo soy muy lectora, me dedico bastante la literatura y no puedo dejar de preguntarte, si tú eres lector ¿Qué estás leyendo o qué te ha gustado más leer en los últimos años? 

GL: Sí soy lector, no tengo tanto espacio para leer tanto, pero leo. Leo de todo,  generalmente me gusta leer divulgación científica de algún tema que me interese de turno. Hace poco estaba leyendo un libro sobre cuestiones del envejecimiento. Me gusta el siglo XIX también en la literatura. Me leí “Papá Goriot” de Honoré de Balzac , antes estaba leyendo Stefan Zweig, lo encontré bien bueno. Es que mi mamá se lo está leyendo y después lo pesqué y me llamó mucho la atención su autobiografía, después me leí el «Novela de ajedrez» también de Zweig. Ahora voy a empezar a leer, un libro de Guillermo Arriaga que  se llama “Extrañas”, en la portada está un cuadro mío. Además con Guillermo hemos conversado mucho, pronto tengo que ir a México así que me gustaría juntarme con él y también me gustaría saber de qué se trata el libro para comentarle, estaría bueno. En eso estoy, dentro de la lectura y siempre leo cosillas varias, artículos cosas cortas digamos, pero eso entre medio.

KC: Ahora vamos a ir al cuestionario Espiral que te expliqué al comienzo y la idea es un respuestas cortas, una especie de juego ¿Cuál es tu idea de la felicidad? 

GL: No aspiraría más que a la menor cantidad de dolor posible, más una cantidad de placer de distintas índoles porque los placeres pueden cansar, entonces tendrían que ser algunos placeres basales, más o menos funcionales, o sea de más bien de bienestar y de no dolor o de cuestiones de cariño básico y con esporádicamente con algunas sensaciones un poquito más interesante, digamos, algunos subidones que se le podría decir. En el fondo que en la montaña rusa de la vida las caídas sean más suave y las subidas sean más pronunciadas. Eso es lo más feliz que yo creo que puede aspirar un humano, no veo qué más se puede hacer. 

KC: Tu mayor miedo. 

GL: La pérdida de golpe de muchos seres queridos.  Yo creo que eso es el mayor miedo. 

KC: ¿Lo que más te molesta a ti mismo? 

GL: Lo que más me molesta es que de repente puedo entrar en  periodos como apáticos, medios autodestructivos, me cargan, después salgo, pero entro en ello y no les puedo echar la culpa a un trastorno, son en este caso un problema como de voluntad moral. Creo que eso es como peor defecto. 

KC: ¿Y en los demás? 

GL: En los demás la maldad, que hay gente mala.

KC: ¿A qué pintor vivo admiras? 

GL: Bueno a varios, pero  ahora que se me ocurre a la mente, me gusta mucho Nicola Samori. 

KC: ¿Y muerto?

GL: Rubens tal vez.

KC: ¿Hoy que desayunaste?

GL: No desayunado todavía. Estoy en ayuno, voy a comer en un ratito

KC: Ah, y anoche ¿a qué hora fue la última vez que comiste? 

Tarde, debe haber sido a las cinco de la mañana.  Ese podría haber sido el desayuno.

KC: ¿Deporte?

GL: Hago pesas con ejercicio de alta intensidad y tenis a veces.

KC: ¿Agenda de papel, electrónica o ninguna? 

GL: Agenda electrónica. 

KC: ¿Cuál es tu mayor vicio? 

GL: Las series, intento hacer limpieza de esos. Ahí puedo caer en adicción, entonces las evito. 

KC: ¿Cuándo mientes? 

GL: Cuando que no quiero herir los sentimientos de otra persona y me enredo y claro, ahí entro en un círculo de mentiras blancas que termina siendo mentiras de verdad. 

KC: ¿Ayer, cuándo te sentiste feliz? 

GL: Ayer cuando estuve con mi hermano, riéndonos, conversando, a mí la vida social me hace muy feliz en general, cuando estoy con gente.

KC: Antes de acostarte, siempre. 

GL:  Leo algo, veo algunas cosas y leo, pero si siempre leo alguna cosita antes de dormir. 

KC: ¿Qué o quién te hace reír? 

GL: Me hace reír distintas cosas. Generalmente uno se ríe con amigos, con gente. También, por ejemplo, estaba viendo un Youtuber que se llama Mariano Rodríguez, un argentino que hace observaciones de películas malas de los noventa, pero grandes producciones y el tipo observación que hace lo que ve me da mucha risa, es muy gracioso, lo hace de una forma muy inteligente y muy bien editado.

KC: ¿Té, café o agua? 

GL: Café

KC: ¿Cerveza, blanco, champán o tinto?

GL: Tinto

KC: Tik Tok es. 

GL: No sé, no lo veo, es como un desconcentrador, un muro constante de no sé, no me hallo en TikTok , es un pequeño golpecito de dopamina rápido a la cabeza. 

KC: ¿Qué te hace enojar? 

GL: Creo que alguna burocracia estúpida me hacen enojar mucho y me enojo también bastante cuando alguien que uno quiere hace alguna estupidez que atenta contra su propia vida, a veces ahí me viene como un enojo que tengo que controlar también. Cosas tontas, o sea, de repente a veces el perro hace una tontera que es peligrosa para el perro y me enojo.

KC: ¿Cuál es tu mayor lujo? 

GL: Moverme, que me puedo mover a distintas partes del mundo. Tengo mucha libertad. Ese creo que es mi mayor lujo. 

KC: ¿Selfies?

GL: No, no me gustan las selfies.

KC: ¿Qué es lo más aventurero que has hecho?

GL: No sé si fue una búsqueda de aventura en específico claro, pero una vez fui después de un concurso y terminé en Ecuador, en un lugar en que me fueron a buscar unos tipos armados al aeropuerto y todo era con armas. 

KC: ¿Mac o PC? 

GL: Me gustan los dos. Y ahora me estoy adaptando un poco más a Mac, me gusta más la nube de  Apple que el Drive, en eso me he estado yendo más a Mac, pero el PC también me acomoda. 

KC: Se dice 99% de trabajo y 1% de inspiración ¿Qué opinas? 

GL: No, yo creo que más como 30-70, 30 inspiración y 70 trabajo. O sea, la inspiración también implica trabajo, pero si englobamos inspiración como talento, capacidades, suerte, etcétera,  yo creo que suma más que un 1%. 

KC: ¿Un acierto que has cometido en tu carrera? 

GL: Bueno, han sido distintos pero creo que algo más global, es que en algún momento de confusión decidí por lo que tenía realmente ganas de hacer y sentía que era lo verdadero y eso, finalmente, dio frutos muy rápido. Eso fue un acierto, de todas maneras, el resto se dio por añadidura, suerte o era inevitable. 

KC: ¿Un error? 

GL: Varios, algunos años en que me he desconcentrado mucho y he perdido oportunidades y ritmo de trabajo, creo que son los que más recuerdo, creo que esos han sido lo más dañinos. Otros muchos miles de errores, algunas ventas mal hechas, de repente malas negociaciones pero son errores puntuales que uno después va aprendiendo de ellos, ninguno muy catastrófico. 

KC: ¿Cómo te desconectas? 

GL: Con vida social, con gente eso me desconecta fácil. 

KC: ¿Tienes un hobby

GL: La ciencia en general, me gusta, eso me entretiene, yo diría que eso es como el hobby, leer de cosas científicas varias, a veces más unas que otras, cuestiones médicas me gustan, pero de repente voy cambiando, voy cambiando de intereses, pero siempre dentro de ese tipo de mundo. 

KC: ¿Fama o dinero? 

GL: Depende la fama, si la fama es buena, prefiero fama. 

KC: ¿Audiolibro, libro digital o papel?

GL: Digital.

KC: Guillermo hemos terminado, espero que hayas quedado contento con esta entrevista que en realidad, como te dije más que una entrevista, fue una conversación. La idea de conocerte,  la oportunidad de tener a los auditores ver otro tipo de Guillermo, salirse un poco del play que uno tiene cuando lo entrevistan. 

GL: Claro, sí. Uno tiende a hacer play.

KC: Te agradezco mucho, mucho y te vamos a estar contando cuando salga el aire ¿Te parece?

GL: Me parece muy bien, Karen. Ahí me cuentas, y yo la divulgo

KC:  Te pasaste cariños grandes. 

GL: Cariños, oye, quedé con la duda del cuadro, así que ahí lo puedes mandar. 

KC: Te lo voy a mandar por mail, no te preocupes.

GL: Ya, muchísimas gracias, cuídate. 

KC:  Gracias Chao. 

GL: Chao.

      ¿Qué te pareció? Guillermo Lorca comenzó muy joven y rompió el patrón tradicional de educación, no solo porque no terminó sus estudios universitarios sino porque decidió dedicarse a la pintura y aspirar a grandes proyectos, ya nos adelantó que va a tener cosas por Asia. Él busca marcar la diferencia, ojalá todos tuviéramos un poco de ese arrojo ¿o no?

Gracias por escuchar Espiral.

Lee. Escribe. Crea.

Chaoooo.

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