Boletín #68 Lluvia y nieve

Querid@ amig@:
 
¿Por qué me gusta tanto la nieve? ¿Será porque desde niña he venido a la montaña? ¿O a la mayoría de las personas les gusta? Incluso ahora, cuando escribo este boletín y llevamos un par de horas sin luz y por ende, sin calefacción, estoy contenta. El camino a Farellones está cerrado y seguirá nevando por un día completo… Estas obsesiones se repiten, debe ser por ello que hace un tiempo publiqué un boletín titulado “Arte, lluvia y burbujas”.

¡Por fin puedo disfrutar nuevamente de la nieve!

Aprendí a esquiar muy chica, a los tres años y desde entonces nunca más paré. Claro que he tenido etapas en mi amor por este deporte. En la adolescencia, por ejemplo, me dedicaba más a la vida social que a cualquier otra cosa. Los años de embarazo y crianza fueron un desafío mayor. Venía aunque estuviera embarazada (no salía a esquiar) el aire seco y la altura me sentía aún menos ágil. A medida que mis hijos fueron creciendo se fue haciendo más sencillo, pero no menos sacrificado porque ellos iban a un club de ski y a las nueve de la mañana debían estar en las canchas. Daba lo mismo las condiciones climáticas.

A medida que te vas haciendo más adulta es inevitable que algunos temores comiencen a colonizarte. Ya no esquío con la soltura que solía, estoy más consciente de los peligros y de que las caídas pueden significar lesiones importantes. Si bien nunca me ha pasado algo, siempre está el riesgo. Esquiar es sinónimo de que el reloj de la vida avanza. Cada invierno me obliga a enfrentar al espejo de que estoy más vieja. Por eso hoy lo disfruto tanto. La  convivencia familiar es increíble. La conexión a internet es bastante mala y eso nos obliga a relacionarnos más con juegos de mesa y conversaciones que de otra forma no existirían.

Para los que no cultivan este deporte es difícil de comprenderlo, pero siempre queda la opción de ver buenas películas y documentales con un café y un buen chocolate. 

1“Fuerza mayor”: Existen dos versiones, la europea y la norteamericana. Me quedo con la primera, que fue dirigida por Ruben Östlund, salió el 2014 y es sueca. Es preciosa y también refleja la naturaleza del ser humano y las complejidades que enfrenta ante situaciones extremas.

2. «The midnight sky» y en español “Cielo de medianoche” del actor y director George Clooney (no la he visto) pero que tiene buena crítica.

3. “Mountain”. Documental australiano que indaga en la obsesión de algunos por la montaña. Es cierto, hace tres siglos escalar una habría sido considerado casi un acto lunático pero hoy es algo muy común y valorado.

4. «Unas pocas palabras» o “Few words” es perfecto para obtener adrenalina sin correr peligro. Ganó varios premios. Este documental de acuerdo al diario El País es una obra de arte. Y pura fuerza.

5. Red Bull (la marca de bebidas energéticas) tiene una serie de documentales en YouTube que son impactantes.

Te recomiendo estas películas y documentales.

En términos de lectura ¡hay muchos! Incluso Simone de Beauvoir escribió sobre su experiencia como esquiadora. Y los rusos, siempre tocan la nieve. ¿Cómo olvidar Noches blancas de Dostoievski?

Nieve de Orhan Pamuk, País de nieve de Yasunari Kawabata, los cuentos de Jack London, en especial su libro Colmillo blanco, y sobre todo para mí, el magistral cuento Encender una hoguera, y Una semana en la nieve del francés Emmanuel Carrère.

Y algunos libros que podrás disfrutar este invierno.

¡Bienvenidos a los nuevos suscriptores! Joaquín Ocampo, Marcela Adaros, Verónica Ortiz. 

Algo que aprendí: La constitución de Estados Unidos tiene varios simbolismos y uno de ellos es que al comenzar “We people” busca rescatar el sentido de un solo pueblo a pesar de que es un territorio extenso.

Algo de lo que estoy agradecida: De la nieve (valga la redundancia).

Lee. Escribe. Crea.
Karen.

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