#59 Entrevista a la escritora española Julia Navarro

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Hola, hola ¿cómo estás? Soy Karen Codner, periodista y escritora, te doy la bienvenida al programa #58 de Espiral, tu pHola, hola ¿cómo estás? Soy Karen Codner, periodista y escritora, te doy la bienvenida al programa #59 de Espiral, tu podcast de literatura y creatividad. Hoy comienzo una nueva etapa, con los “segundos” capítulos de las conversaciones que voy ofreciéndote en Espiral. Ahora podrás escuchar a Julia Navarro respondiendo a un cuestionario diverso, por ejemplo, qué desayunó el día de la entrevista, si tiene algún ritual para escribir, qué hace antes de dormir y mucho más. Además unas auditoras muy queridas le hacen unas preguntas preguntas y ella… ¡las contestas!

La entrevista la hice en la pieza del hotel. Tenía todo muy organizado, incluso bien temprano en la mañana pedí cambio de habitación. El ruido era infernal porque la pieza daba a avenida Corrientes a la altura de los teatros. Entonces, el lunes que pasó a las 12.30 del lunes inicié la conversación via Zoom y vi a Julia vestida impecable, de negro con una gran sonrisa. Pero la imagen se congeló, una y otra vez, el audio se iba y yo no la escuchaba, pero ella seguía hablando. Es imposible que te imagines mis nervios. Me conecté por el 4g del teléfono, volví al del hotel y así fue la tónica. Hasta que en un momento dentro la hora y media que duró la conversación, la logré mantener situación estuvo bajo control.

Ya puedes escuchar la segunda parte de la entrevista a Julia Navarro

¿Cómo una mujer feminista y fuerte lleva casada más de 30 años con el mismo hombre? ¿Cuál es la clave? ¿Cómo organiza la biblioteca Julia y su marido Fermín Bocos? Él es su primer lector y su gran confidente. Julia comienza el día temprano ¿qué tanto? A las 5 de la mañana (la envidio sanamente) y practica yoga. Pasea a su perro por las calles de Madrid de la que al parecer es una enamorada. Si quieres saber más de ella y de su proceso creativo, estás en el lugar correcto, para eso es Espiral, para abrirte al mundo de la creatividad y de la literatura.

Entrevista a Julia Navarro

Segunda parte

KC: Julia, pero, otro tema que llama la atención, es que te metiste en un tema muy complejo. Yo soy judía y es muy contemporáneo, si bien dice que no escribes novelas de ficción histórica, sí hay muchas que tienen un contexto del pasado histórico cercano, pero ésta es en donde las papas queman. Yo no sé si en España se dirá así.

JN: No se dice así, pero se entiende perfectamente.

KC:  ¡Aha, guau! Qué apuesta hiciste.

JN: Bueno, es una novela muy actual, porque en las últimas décadas está sucediendo algo que es muy importante, y es que Europa ha sido víctima del terrorismo de raíz islámica. Eso es una realidad. Políticamente es incorrecto decirlo, pero la realidad es la realidad y yo me niego a edulcorar la realidad. Y por tanto, ese es un hecho. Las grandes capitales europeas se han visto sacudidas por actos terroristas de individuos que hacen la yihad o lo que sea. Por tanto, es un retrato de algo que está pasando. Estos días por ejemplo en París se está celebrando el juicio contra los autores de la matanza de la sala de fiestas Bataclán. Yo estoy siguiendo con auténtico interés las crónicas que se están publicando de ese juicio, y a veces pienso que parece que mis personajes se han escapado de la realidad. Parece que se han escapado de lo que ha pasado hace no tanto, por tanto, yo lo que estoy haciendo es un retrato de la sociedad en la que estoy viviendo. Estoy haciendo un retrato de algo que está pasando hoy aquí y ahora. Intentó también entender por qué pasa lo que pasa. Por qué sucede lo que sucede.

KC: ¿Y llegaste a esa conclusión?

JN: Bueno, yo intento preguntarme qué le lleva a un ser humano a intentar destruir a otro ser humano. Qué le lleva a un ser humano a fanatizarse a tal extremo de querer destruir a todos los que no piensan como él. A todos los que no rezan como él. A todos los que no tienen la visión  de lo que debe ser el mundo que tienen él. Y a mí eso me interesa. Me interesa ese viaje a esas partes, a esos claroscuros del ser humano. El proceso de fanatización, cómo se produce, por qué se produce. Yo en las últimas décadas como periodista he tenido el interés, cada vez que se ha producido un atentado, de leer lo que se contaba, ¿no? Quiénes eran los que lo habían cometido, cuáles eran, de dónde venían, si llevaban tiempo viviendo en Europa. Y todo eso es lo que ha ido dejando un sedimento en mi, que es lo que me ha llevado a escribir esta novela.

KC: Pero esa es una novela imposible, en ese sentido, yo pensé. Porque justamente el personaje, los que hacen la yihad, nunca vamos a saber lo que siente el que se inmola para Alá. No lo vas a poder entrevistar nunca.

JN: Pero sí intento meterme en la piel. Los seres humanos no somos tan diferentes los unos a los otros. Por tanto, yo lo que intento es meterme en la piel de los demás. No para justificarles, sino para intentar entender. Yo no justifico nunca a mis personajes, no les justifico lo que hacen, pero intento entender por qué hay un momento en su vida que toman una decisión como la que toman. Y ese es un viaje muy complicado, para mí escribir esta novela ha sido un viaje interior muy complicado. También intento ponerme en la piel de las personas que viven en desarraigo. Que viven esa sensación de sentirse de ninguna parte. Porque una cosa son las grandes palabras y otra cosa es la realidad de todos a diario. Entonces, yo muchas veces me pregunto, cómo sería si yo tuviese un día que dejar mi casa, que dejar mi familia, que dejar mis costumbres, todos los códigos con los que yo me he manejado e irme al otro extremo del mundo, a vivir en una sociedad distinta, con unos códigos de comportamiento distintos, con unos valores distintos. ¿Cómo sería yo? ¿qué haría? ¿qué recorrido vital tendría?. Entonces, yo escribo para intentar entender, que no significa que logre entender, pero sí intento siempre, ponerme aunque sea un poquito en la piel de los demás. ¿Qué le lleva a un joven a convertirse en un monstruo?, ¿qué le lleva a un joven a convertirse en un terrorista?

KC: Pero según tu visión, lo que le lleva es netamente un trauma, una carencia personal.

JN: Son muchas cosas, es la ira, es el resentimiento, es el sentirse rechazado, es el vivir en un ambiente en el que hay unos códigos de conducta, y códigos de educación y unos valores que te llevan en una dirección. Son muchas cosas, no hay una única cosa que alguien se convierta en un monstruo. Salvo que uno sea un psicópata,  ¿no? Porque si eres un psicópata, eso es otra cosa. Pero son muchas cosas. En el caso de mi personaje, es la frustración, es la desesperación, es el sentirse inferior porque los demás le hacen sentirse: “tú no eres de aquí, tú no eres como nosotros”, “tú eres un ciudadano de segunda”. Yo muchas veces, Karen, no sé si ustedes en Chile o en América Latina, pero aquí en las televisiones europeas si se ve, de vez en cuando hay como explosiones de violencia en los barrios periféricos de París, donde tienes un volumen de migración muy grande, y yo muchas veces he pensado: “Bueno, esos chicos que salen, que empiezan a romper contenedores, a destrozarlo todo, que se enfrentan con violencia a la policía, ¿esto es sólo un problema de orden público o hay algo más?. Entonces, la respuesta fácil es decir, bueno, es un problema de orden público. Ya está. Pero yo creo que hay algo más. Yo creo que detrás de esas explosiones lo que hay es una enorme frustración, un enorme resentimiento, una enorme ira, un grito desesperado de unos jóvenes que sienten que son de ninguna parte. Que no terminan de ser de la sociedad en la que viven, pero que tampoco son ya de la sociedad a la que llegaron sus padres. Eso a veces es muy complicado de gestionar. De gestionarlo uno mismo. Con eso no justifico los comportamientos,

KC: Los están dando a entender, que es distinto. entender.

JN: Estoy intentando entender, porque yo no quiero simplificar al ser humano. El ser humano es muy complejo. Entonces no hay respuestas simples a situaciones complejas.

KC: Hace poco en el norte de Chile, hubo un evento, al contrario, un grupo de personas chilenas, fueron a un campamento de inmigrantes, hicieron una fogata y empezaron a lanzar coches de bebés, libros, pelotas, todo lo que tenían los inmigrantes que habían llegado con lo puesto a Chile, con una furia que tú decías “en qué nos estamos convirtiendo”. Porque claro, cuando tú estás en Santiago y miras esto, ves solamente que esta gente es mala, pero también hay una amenaza de por medio no verbal, que es mucho más complejo. Estamos viendo solo el final del acto, no estamos viendo la historia para atrás.

JN: Hay que preguntar siempre por qué. ¿Qué está pasando?. Yo también pienso que estamos viviendo, a veces, procesos, todos los paradigmas de nuestra sociedad han ido cambiando en los últimos años. En los últimos cincuenta años ha cambiado el mundo mucho más que en los veinte siglos anteriores. Los cambios han sido realmente brutales, extraordinarios, y entonces yo creo que todavía estamos desconcertados. Está naciendo una nueva sociedad, está andando una nueva manera de relacionarnos. Una nueva manera de estar en el mundo, y todavía no sabemos lo que nos está pasando, y no sabes a dónde nos encaminamos. Luego la crisis económica del 2008, que afortunadamente en América Latina no la sufrieron tanto, pero nosotros en Europa lo sufrimos mucho, dejó a mucha gente empobrecida. Acabó con la clase media tan potente que había en Europa. Cada lugar, cada continente tiene sus propios problemas, pero todo está pasando tan deprisa que casi no nos da tiempo de analizarlo.

KC: ¿Qué es Haifa para ti en Israel?

JN: ¿Haifa? Haifa es un lugar al que yo le tengo especial cariño, porque ahí vive la familia que son de mis mejores amigos. Ahí vive mi segunda familia.

KC: Si ustedes estuvieran viendo la cara de Julia, se le ilumina el rostro con una sonrisa. Los ojos, qué lindo, porque, qué rico tener amigos por todo el mundo, ¿no? Y buenos amigos, casi una segunda familia.

JN: Sí, claro. El tener amigos, yo no me puedo explicar a mi misma sin mis amigos. Son parte de lo que soy, no me puedo explicar sin ellos. Uno con los amigos va haciendo camino a lo largo de la vida, por tanto explicarme sin las personas con las que he ido caminando a lo largo de la vida, sería imposible.

KC: En un artículo hace un tiempo, vi que decías que quitar a Pablo Neruda de las escuelas sería un error garrafal.

JN: Estoy en contra del movimiento woke. A mí me parece un auténtico error. No se puede juzgar el pasado con los ojos del presente. Yo lo que creo es que a los niños hay que educarles dándoles las herramientas para que sean ciudadanos críticos. Pero no tratarlos como permanente menores de edad: “esto que no lo lean”. No, esto lo tienen que leer. Tienen que saber que detrás de un escritor genial había un hombre, con todos sus defectos y con todas sus virtudes. Que podía ser un genio de la escritura, pero que a lo mejor su calidad humana podía dejar mucho que desear.  Pero, hay que explicarlo, hay que contarlo, no hay que ocultarlo. No hay que decir: cojamos sus libros, los metemos debajo de la cama y que nadie los lea. Qué barbaridad es esa. Estamos censurando. Es una censura realmente terrible la que se está produciendo. Hay una especie de nuevos inquisidores de la moral. Bueno, “déjeme que yo lea lo que quiera, y que me forme mi propio criterio. quién es usted para decirme a mí lo que debo de pensar, para convertirse en el guardián de mi moral, de mi ética y de mis pensamientos. Pero cómo se atreve a tanto. Y ese es el movimiento woke. Entonces, a mí me parece realmente peligroso, porque eso está significando una merma de libertad, hay un retroceso en las libertades, la gente tiene miedo, la gente quiere ser políticamente correcta, la gente no se atreve a decir en voz alta lo que piensa por miedo a qué van a decir los demás. A mí me parece absolutamente insoportable y que debemos de luchar porque no haya ni un paso atrás en lo que a libertad se refiere. Y sobre todo, lo que me niego es que a mí me traten como una menor de edad. Usted no puede ver “Lo que el viento se llevó”, pero cómo que no puedo ver “Lo que el viento se llevó”. La veo todas las navidades, me tumbo en el sofá de casa, me compro pasteles, un chocolate y me pongo a llorar como una Magdalena cuando Scarlett O’hara dice aquello de “A Dios pongo por testigo” y Rhett Butler, me encanta, qué le voy a hacer. ¿Eso significa que cuando yo veo “Lo que el viento se llevó”, estoy justificando la esclavitud? No. Estoy viendo un retrato de algo que sucedía hace 200 años en Estados Unidos. Pero soy lo suficientemente inteligente para saber que eso es un retrato de lo que sucedía. Eso no significa “Usted no puede ver ese retrato de lo que sucedía”. Como el otro día, hallaba el documental sobre la historia de los Beatles, hay unos letreritos en el documental antes de que empiece, diciendo: “Se avisa de que en este documental hay personas que fuman”. Hombre, pues claro, que en la época de los Beatles todo el mundo fumaba. Entonces, pero tener que poner un cartelito para decir “no quiero herir la sensibilidad”, y decir “lo de fumar está muy mal”, por si está fatal, pero es que ha habido una época en que todo el mundo fumaba. Pero vamos, que a mí me salía el humo por todas partes. Sé que fumar es malo, es malísimo. Hace muchos años que ya no fumo, pero ha sido una parte de la forma de estar socialmente el fumar, por tanto, cómo vamos a negar la posibilidad de ver una vieja película en la que alguien fuma. Bueno, Humphrey Bogart sin ese cigarrillo en la mano no sería Humphrey Bogart.

«Lo que el viento se llevo» es una de las películas que ha sido cuestionada por el movimiento woke.

KC: Y Julia, ¿qué opinas del lenguaje inclusivo?

JN: Estoy en contra de la ingeniería social. Por tanto, hay una cosa que sí me parece muy importante, y es ese acuerdo que se está logrando entre las distintas academias de la lengua en todos los países de Iberoamérica y España. Ese diccionario que recoge la forma de hablar español de los distintos países. Eso sí que me parece importante. Ahora, el lenguaje inclusivo a veces tiene sentido en unas ocasiones y en un contexto, y en otras pues no sé. Decir “hay que feminizar las palabras”, pues no. No hay que feminizar las palabras ni masculinizarlas. Son lo que son. Yo creo que la nueva ola de feminismo tiene que reposar un poco, tienen que sentarse a reposar un poco y a ver que las batallas importantes siguen siendo las que tenemos pendientes: la batalla de la igualdad, es que no haya ninguna niña en el mundo que no vaya al colegio por el hecho de ser niña. Todavía hay muchas mujeres que mueren en muchos lugares del mundo porque no pueden tener un parto asistidas, con las condiciones higiénicas mínimas. Que no haya una mujer en el mundo a la que mutilen genitalmente como forma de posesión y de poder sobre el cuerpo de ella. Que no haya ninguna mujer en el mundo en el que sienta que su dignidad tiene que ver con los metros de tela en que se envuelve. Porque se sigue penalizando el cuerpo de la mujer. El cuerpo de la mujer siempre ha pertenecido a los hombres, y como siempre ha pertenecido a los hombres, nos han convencido de que no podemos enseñarlo, porque era de ellos. Entonces, tenemos  muchas batallas todavía que dar. El lenguaje inclusivo, pues es que a veces a mí me parece, en algunos casos, que es un poco disparatado. En otros, hay palabras que se han feminizado, por ejemplo “juez” y “jueza”. Tiene un sentido, pero hay otras cosas, pero es que no me gusta la ingeniería social. Sobre todo no me gusta la ingeniería social llevada a cabo por los políticos. Una cosa es que los ciudadanos, las personas, vayamos cambiando la forma de hablar, de expresarnos, es evidente que el español de hoy no es el español del siglo de oro. Pero ha ido cambiando porque ha sido la gente la que ha ido evolucionando y la que ha hecho evolucionar el idioma, pero lo que no me gusta es que un consejo de ministros decida cómo debemos hablar. Contra eso me voy a rebelar.

KC: Julia, te tengo la última parte del podcast que es mucho más dinámica.

JN: Vale, porque ahora tengo otro.

KC: Pero esto es una sorpresa para ti y para mí. Escucha. Porque te quiero ver la carita. Momento, déjame poner esto por aquí.

JN: A ver ¿qué sorpresa me vas a dar?

Audio: Hola Julia. Somos chilenas y somos parte de tu fan club. Nos encantan tus libros y por lejos mi favorito es “Dispara, yo ya estoy muerto”. Mucha suerte y gracias por seguir permitiéndonos disfrutar de tu maravillosa lectura. Un abrazo gigante. Chao.

JN: Bueno, pues sí es una sorpresa y me encanta. Y os mando besos y ganas de conoceros y estar con vosotras.

KC: Ahora te hicieron una pregunta cada una, muy cortita:

Pregunta 1: Hola Julia, mi nombre es Alejandra y quería preguntarte ¿cómo eliges las temáticas?, ¿cómo te vinculas con los países, las culturas?, cuéntanos un poco de eso.

JN: Mira, Alejandra. Son las historias las que me encuentran a mí. Están ahí. De repente yo tropiezo con ellas y a partir de ahí decido contarlas. Pero yo no voy en busca de las historias, yo las encuentro. Por eso que decía antes, yo necesito la vida y por esto estoy muy atenta a lo que escucho, a lo que veo, a lo que vivo. Y de la vida siempre salen un montón de historias. De la vida de los otros, de lo que sucede a tu alrededor.

KC: Voy con la siguiente.

Pregunta 2: Hola Julia, soy Carola. También son fan tuya. Me interesa mucho la investigación y quería preguntarte ¿cómo planificas tú la investigación en tus libros?. Porque de verdad admiro cómo tú basas tus historias en investigaciones tan concretas y profundas.

JN: Sabes Carola, todas mis historias transcurren en el siglo veinte. Solamente “La hermandad de la sábana santa» tiene una mirada un poco retrospectiva a lo que fue, bueno, la sábana, ¿no?. O en “La sangre de los inocentes”, que hay una mirada, que son veinte páginas de ese libro, sobre el movimiento cátaro en la Europa medieval, pero todas mis novelas transcurren en el siglo veinte, y yo el siglo veinte me lo sé porque es mi siglo, por tanto me lo sé. No obstante, siempre que busco un escenario para contar una historia, lógicamente procuro buscar documentación. Pero, Karen, que es periodista sabe que para un periodista, la documentación es el “a, b, c” y que por tanto no es nada complicado. A mí me gustaría poder decir “no sabes la cantidad de meses que paso buscando documentación”. No. Yo voy escribiendo, voy contando la historia, voy comprobando datos, procuro siempre contextualizar, que no hayan acrónimos, pero realmente es que me sabe mal decirlo así, pero tampoco me cuesta tanto. Quizás la novela en la que más cuidado tuve que tener fue en “Dispara, yo ya estoy muerto”. Porque ahí sí, esa sí es una novela histórica. Porque empiezo a finales del siglo diecinueve y todo lo que es la inmigración de las comunidades judías del centro de Europa hacia lo que entonces era Palestina, que era parte del imperio Otomano. Entonces, la primera guerra mundial y la segunda. Ahí sí que hubo un trabajo de documentación más exhaustivo, porque no quería evidentemente cometer errores, pero en el resto de los libros no ha sido tan difícil la documentación. En ese sí tuve que trabajar mucho. 

“La hermandad de la sábana santa», Julia Navarro

KC: Vamos con la siguiente.

Pregunta 3: Hola Julia, soy Marjorie y quería preguntarte cómo comenzaste a escribir.

JN: Pues la primera vez que escribí fue un cuento. Yo creo que tenía como seis o siete años, mi madre lo guardó siempre, en el que contaba la historia de un perrito y una farola. Eso fue lo primero que escribí en mi vida, y no sé. Yo creo que escribir para mí es una pulsión, una necesidad. Seguramente escribo por lo mucho que me gusta leer. Siempre fui una lectora empedernida. Me enseñó a leer mi abuela y leía siempre con ella. Y yo creo que me gustaba tanto, tanto, tanto leer, que eso es lo que a mí me llevó a escribir. A también intentar contar yo mis historias.

KC: La siguiente.

Pregunta 4: Julia, me encantaría saber si ¿el protagonista de “Dispara, yo ya estoy muerto», tuviste alguna inspiración en alguien en particular o es sólo creación tuya?

JN: En “Dispara, yo ya estoy muerto”, como en todas mis novelas, los personajes no existen. No son reales. Pero qué duda cabe que todos son fruto de todo lo vivido. De las muchas conversaciones que he ido teniendo a lo largo de mi vida con distintas personas. En este caso yo he viajado por Oriente medio, quien sabe si uno de los personaje tienen un pedacito de este, u otro trocito del otro, seguro que sin yo darme cuenta, pues, todo lo que uno vive, todo lo que uno conoce, todo lo que uno lee, va dejando un sedimento, y a la hora de construir tus personajes, pues los construyes con ese sedimento, sin ser consciente de que pertenecen a alguien en concreto. Pero Samuel no existe. Samuel es fruto de mi imaginación.

KC: Aquí voy con la última pregunta.

Pregunta 5: Hola Julia, soy Carolina. Uno de mis libros favoritos tuyos es “Dime quién soy” y me encantaría saber si ¿tiene algún vínculo con tu vida familiar?, porque realmente lo encuentro extraordinario cómo se narra toda esta familia y toda esta historia tan relacionada con España.

JN: Bueno, “Dime quién soy” es una novela para mí muy especial. Es fruto de mi imaginación, pero qué duda, la primera parte de la novela en que describe cómo era una familia madrileña de la burguesía en la época que está a punto ya de caer la segunda república y de empezar ya la guerra civil, pues está basada un poco en las historias que yo escuchaba en casa, en mi propia familia, en las cosas que me contaba mi abuela. Es decir, quizás esa primera parte es un retrato de cómo era mi familia sin que signifique que los personajes se correspondan con los de mi propia familia, pero sí existe ese retrato. Luego todo lo demás, Amelia no existe y nada de lo que cuento de la historia de Amelia Garayoa es real, es fruto de la imaginación. Pero sí existe eso. Cuando yo estoy describiendo cómo se vivía en Madrid, cómo era ese Madrid de la segunda República, el Madrid en el que iba a comenzar la guerra civil. Yo estoy haciendo un retrato de lo que he escuchado en casa. Es un retrato de cómo era mi familia.

«Dispara, yo ya estoy muerto», Julia Navarro
«Dime quién soy», Julia Navarro

KC: Julia, la última parte es más lúdica, y con preguntas y respuestas concisas.

JN: Sí, porque me voy a hablar con México que me están esperando en un club de lectura.

KC: Okay, porque esto es muy muy corto y es un juego. ¿cuál es tu mayor miedo?

JN: Morirme.

KC: ¿Cuál es tu idea de la felicidad?.

JN: Estar con mi familia y mis amigos sin que me duela nada. Ni el cuerpo ni el alma.

KC: Lo que más te molesta de ti misma.

JN: Mi exagerado sentido de la autoexigencia.

KC: ¿Y en los demás?

JN: Con los demás soy benevolente.

KC: ¿A qué escritor vivo admiras?

JN: Javier Marías

KC: ¿Y uno que haya fallecido?.

JN: Pues imagínate, coge a todos los clásicos y ponlos por orden alfabético y ahí están. A todos les admiro.

KC: ¿Y a qué escritora viva admiras?.

JN: Bueno, para mí ha sido siempre muy importante Doris Lessing. Yo creo que empecé a ser feminista leyendo a Doris Lessing de una forma racional. Porque a mi me educaron para ser feminista, porque yo tenía una madre que lo era. Pero de alguna manera cuando yo intelectualizo lo que es el feminismo, lo hago con Doris Lessing. Su “Cuaderno dorado” fue mi libro de cabecera durante muchos años.

KC: ¿Y que haya fallecido?.

JN: Virginia Woolf.

KC: Y ahora una pregunta que tenía anotada pero necesito que la respondas. ¿Cuál era tu vínculo con Almudena Grandes?

JN: Yo no tenía ningún vínculo con Almudena Grandes, pero quizás sí había un vínculo muy importante, y es el que yo siempre he sido lectora de Almudena Grandes. Y yo creo que no hay vínculo más importante para un escritor que el que te lean, y yo he sido una lectora absolutamente fiel a Almudena Grandes. Yo con Almudena Grandes coincidimos en un bar, de repente nos saludábamos, pero no éramos amigas. No puedo presumir de haber sido amiga de Almudena, porque no es así. Pero sí he sido una lectora apasionada de toda la obra de Almudena Grandes.

KC: Hoy en la mañana ¿qué desayunaste?.

JN: Siempre desayuno lo mismo. Siempre desayuno un zumo de naranja y arándanos.

KC: Qué frugal. ¿Agenda de papel, electrónica o ninguna?.

JN: Agenda de papel siempre, y voy apuntando cosas en el móvil. Pero la verdad es que me llevo bastante regular con la tecnología, por eso las cosas importantes las apunto en la agenda de papel.

KC: ¿Cuál es tu mayor vicio?.

JN: Viajar, leer, pero eso no es un vicio. Hace unos años te habría dicho que fumar, porque fumaba compulsivamente. Pero bueno, lo superé, con gran dolor de mi corazón, eh. Porque de vez en cuando pienso: “con lo que me gustaba a mí fumar”.

KC: ¿Cuándo mientes?.

JN: Procuro no mentir nunca, pero lo que también procuro es no hacer daño a los demás. A mí nunca me ha gustado eso de que cuando alguien te dice: “permítame que le diga la verdad”. Siempre que alguien te dice eso, te va a decir algo que no te va a gustar nada. Pues yo procuro no hacerlo. Entonces, si alguien te está enseñando algo y a ti no te gusta, para qué le vas a dar el disgusto de decirle: “esto no me gusta o esto no merece la pena”. Yo procuro decir “qué interesante”. No mentir, pero decir qué interesante. Está bien. No me gusta ofender ni hacer daño a las personas. A veces la extremada sinceridad hace daño.

KC: ¿Quién fue o ha sido la mayor influencia en tu vida?.

JN: Mi madre y mi abuela.

KC: ¿Ayer te sentiste feliz cuando…?

JN: Ayer me sentí feliz cuando estaba por la noche con un libro en la mano y estaba pensando qué bien estoy en estos momentos aquí tranquila, en silencio, leyendo.

KC: ¿Y qué libro era?.

JT: Pues estoy en estos momentos leyendo un libro de Manuel Vilas, que se llama “Los besos”.

KC: ¿Antes de escribir necesitas…?.

JN: Antes de escribir necesito cerrar la puerta de la habitación propia y ver que todo está como yo quiero que esté. Miro a ver si está Argos, porque Argos entra y sale. Argos es mi perro, es un pastor alemán, y a mí estar con Argos me encanta cuando estoy escribiendo. Es una compañía prácticamente imprescindible. Así que necesito que esté Argos cerca.

KC: ¿Cuál de todos tus libros es el que más te ha costado escribir?.

JN: Todos. Todos son una parte de mí y todos me ha costado escribirlos. Hay algunos en los que he podido trabajar más, pero todos me han costado. Para mí ningún libro ha sido fácil.

KC: ¿Te, café o agua?

JN: Me encanta el té, me encanta el café y bebo continuamente agua. No quiero prescindir de ninguno de los tres.

KC: ¿Azúcar, endulzante o nada?

JN: Nada.

KC: ¿Cerveza, blanco, tinto, champagne o bebida?

JN: Realmente yo no bebo. Soy bastante abstemia, pero bueno, una copa de champagne en determinados momentos es fantástico. Un buen vino de la Ribera del Duero, me encanta. Los vinos chilenos son fantásticos.

KC: Te vamos a llevar.

JN: Los vinos blancos chilenos me encantan. Aunque yo habitualmente no bebo, hay un día en que estás con amigos, con amigas y de repente tomar una copa de vino es muy agradable.

KC: ¿Instagram, Facebook o Twitter?

JN: Ninguna de nada. No tengo redes sociales. La editorial tiene un Facebook de mí, que cuenta cosas profesionales mías, pero yo bastante tengo con la vida real, como para tener una vida virtual.

KC: ¿El Pulitzer, Cervantes, o el PEN?

JN: Pues yo, para mí el premio más importante es que los lectores me sigan leyendo. Que no me abandonen.

KC: ¿Has sentido odio?

JN: Sí. En alguna ocasión, sí.

KC: ¿Qué te hace enojar?

JN: Yo me enojo, eh. Yo me enojo bastante. Que se lo pregunten a mi hijo. Por ejemplo ahora estoy enojadísima con él, porque en España es invierno, y él el abrigo lo tiente para llevarlo en la mano, con lo cual se ha agarrado un resfriado enorme, y estoy enojadísima con él, porque se ha agarrado el resfriado a conciencia, porque es, bueno, es caluroso y desde pequeño él siempre iba con el Anorak en la mano al colegio. Yo siempre le decía: “‘¡Es que tú lo paseas!”. Es que no se lo ponía nunca. Ahora le pasa igual con los abrigos. A mí qué me enoja, me enoja la mentira, la falta de compasión, me enoja la gente que es soberbia, me enoja sobre todo la pérdida de libertad que en estos momentos está sufriendo todas las sociedades a fuerza de querer ser políticamente correctos. Hay un retroceso en las libertades, pero lo estamos provocando nosotros solos. Por querer ser políticamente correctos, y eso me enoja mucho.

KC: ¿Selfies?

JN: No. Vamos a ver. Cuando estoy firmando libros, si alguien me pide un selfie lo hago, pero yo normalmente no me hago selfies.

KC: Oye, lo pasé bomba, como se dice en chileno. Muchas, muchas gracias.

JN: Muchas gracias Karen, y tenemos esa cita pendiente, o en Santiago o en Buenos Aires.

KC: Chao, muchas gracias. 

 Cierre:

¿Estás feliz como yo? Me imagino. Espero que Julia Navarro siga con nosotros años y años. Lo que ella ha logrado es inconmensurable porque ha iluminado a millones de lectores a nivel mundial y ha permitido que leer sea más entretenido y mejor.  ¡Me encantó entrevistarla!

¿Cuál respuesta te sorprendió? Espero tu comentario en mi correo karen@karencodner.com o bien directamente en mi página con la transcripción www.karencodner.com

Lee. Escribe. Crea.

Chaoooo

Autores mencionados y libros  

Javier Marías

Doris Lessing, libro “Cuaderno dorado”

Virginia Woolf

Almudena Grandes

Manuel Vilas, libro “Los besos”