#51 Entrevista a la directora chilena Maite Alberdi

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Hola, hola ¿Cómo estás? Soy Karen Codner, periodista y escritora, te doy la bienvenida al capítulo 51 de Espiral, tu podcast sobre literatura y creatividad. Hoy converso con la directora de cine Maite Alberdi, la entrevista fue hace algunas semanas, y descubrí a una mujer dulce y sabia. Nadie diría que ha cosechado infinitos éxitos, como por ejemplo que su documental “El agente topo” estuviera nominado al Oscar. Para mi lo más importante de Maite, es su visión, como quiere hacer cine de calidad, sin traicionarse, seguir siendo fiel a ella misma.

Siento que estos dos últimos días viví en un universo paralelo, aquí en la tierra pero a la vez, en otra galaxia, pues estuve dos días completos desconectada celebrando el año nuevo judío, Rosh Hashaná. Si eres suscriptor de mi boletín ya sabrás que hice una comida en mi casa junto a toda mi familia y escuché el shofar, que es un cuerno de carnero que se sopla y sale un sonido bien peculiar. Si no eres suscriptor y quieres leer el texto, súper fácil, anda a mi página web www.karencodner.com

Recuento personal

Este lunes comienza por fin la segunda versión del taller de lectura Mamma Mía y estoy expectante porque será presencial en el café Rita Roux. El primer libro que leeremos es “El verano que mi madre tuvo los ojos verdes” de Tatiana Tibeulac, en el próximo podcast te contaré más detalles.

En el último episodio de Espiral hablé sobre logros personales y en realidad, sigo pensando lo importante que es reconocer las pequeñas acciones que uno hace. Me encantaría escuchar alguna tuya.

Han sido semanas intensas, porque mi segundo hijo se fue a vivir a Estados Unidos y mi papá cumplió nada más, ni nada menos, que ochenta años y lo celebramos como corresponde en familia. Si, ya echo de menos a mi hijo, pero él anda fascinado conociendo a sus nuevos compañeros, se le abre un mundo del que nosotros, los adultos, pocas veces tenemos la oportunidad de vivir. ¿Te acuerdas cuando eras bien joven y solo existía el presente?

Estoy leyendo dos libros buenísimos, difíciles, pero sin duda están dejando una impronta en mí. “Luz de agosto” de William Faulkner es la historia de un hombre que no es negro ni blanco, está a mitad de camino. Solo Faulkner, autor norteamericano, logra tal nivel de complejidad en el relato en que no tiene miedo de decir las cosas tal como son. Me imagino que si hoy quisiera ser publicado le darían un rotundo no. William Faulkner es políticamente incorrecto, menos para un mundo editorial que tiene al puritanismo en los términos y concepciones, tan profundamente arraigado. ¿Estaremos perdiendo otros “Faulkners”?

El segundo libro es netamente distinto, es no ficción. Se llama “In Memory of Memory”, algo así como en memoria de la memoria, y la verdad es que no recuerdo cómo llegué a él, pero sé que he leído tremendas críticas y  cuando eso me sucede, compro el libro. La autora es rusa, María Stepanova , rusa y quizás judía, quizás católica, quizás nada, quizás ambas. Lo interesante que en este texto de no ficción, se hace un profundo análisis de cómo recordamos y vamos construyendo la memoria a partir de los artefactos que la autora encuentra. Está divido en tres secciones con varios mini capítulos en el que Stepanova va intercalando las historias familiares y la revisión a la memoria en sí misma. No es un libro fácil de leer, más aún, lo estoy haciendo en inglés y hay muchos pasajes de alta filosofía. Si te interesa la memoria, y cómo se construye la identidad, y cómo recordamos, este es un libro que merece su tiempo.

«Luz de agosto» William Faulkner

«In Memory of Memory” Maria Stepanova

Ahora vamos con la entrevista a Maite Alberdi, te invito a escucharla.

Entrevista a Maite Alberdi

KC: Hola Maite ¿cómo estás? 

MA: Hola Karen, ¿cierto? 

KC: Sí, soy Karen, y si se te olvida me puedes volver a decir. 


MA: Perfecto. Hola Karen ¿bien y tú? 

KC: Bien, bien.


MA: Que bueno.


KC: Cuéntame en esta mañana de viernes tan invernal ¿qué estabas haciendo? ¿qué te interrumpí cuando pusimos el zoom? 

MA: Uy, en responder mi bandeja de entrada de mails que hoy era de, como para que todos a los que no les respondo puedan perdonar, va en dieciocho mil cero quince, espero llegar a un número razonable. 


KC: ¿Esos son los pendientes?

MA: Los pendientes, que trato todas las mañanas de avanzar, pero siempre quedo atrás. 


KC: Pero Maite, necesitas ayuda. 


MA: No, sí la tengo, pero así es. 


KC: ¡No lo puedo creer!  Yo antes que empezáramos a grabar aquí, antes de que pusiéramos recording progress como se dice, te dije que eras muy joven para tremendo currículum y para tantos logros. No sé si son éxitos, porque el éxito cada uno, o logro, no sé. ¿Qué se siente? ¿qué se siente haber ganado tantas cosas formales? No estoy hablando del lado no formal. 

MA: Mira, yo creo que, ante todo, siento tranquilidad de las decisiones y tranquilidad, o como, sí, quizás no tengo miedo al riesgo, eso es lo que más siento hoy día, una energía que me mueve a seguir emprendiendo camino. Y, ante todo, me siento muy contenta y tranquila de poder vivir de lo que hago, y de poder defender también una forma de proceso creativo que es bastante radical, en tiempos, en metodología, y que la hemos ido conquistando con los años y con las películas. 

KC: ¿Cuándo te diste cuenta Maite, que esto era? Porque tu carrera es bien atípica, digamos, tu expertise

MA: Yo creo que me di cuenta estudiando, como que nunca fui de las que tuve un momento así eureka, que dijera quiero ser cineasta. En realidad, quería estudiar psicología, entré a estudiar periodismo, no sabía muy bien. Me puse a estudiar un diplomado en fotografía, quería sacar fotos. Y dentro de periodismo, claro, ahí vi que en realidad lo que quería era el cine, que sentía que convocaba muchos de los intereses artísticos que yo tenía, pero sin tampoco saber con certeza si quería ser directora, si quería ser fotógrafa, sí quería producir. Creía que era un espacio que me permitía buscar la forma. Y ya dentro de la carrera, cuando me tocó hacer documentales, me sentí muy cómoda. Yo creo que esto partió desde sentir los espacios de comodidad. Y al revés, me pasaba a mí que mis compañeros como estar nerviosísimo y agotados de tener que lidiar con no actores, sino que con personas que había que pedirles que abrieran su casa y contaran sus historias. Y para mí al revés, como que era fascinante, fluía en esos lugares donde sentía que la cámara era una excusa para conocer mundos que no habría conocido de otra manera. Entonces, como que me fasciné y me fasciné de una manera en que no enganche para nada con la ficción, y con los momentos que me tocaba en la escuela dirigir actores y escribir los guiones. Para mí estaba totalmente lejos de esos mundos que podía explorar, generando los mismos resultados, como películas, pero con otras materialidades. Y sí, creo que partió en la escuela con ese espacio de comodidad y de fluir con esa forma 

KC: ¿En qué escuela estudiaste? 

MA: Estudié en la Universidad Católica, Estética y Dirección Audiovisual. 

KC: Y ya en tu época colegiala, ¿cómo era esa Maite Alberdi? 

MA: Yo era bien matea, iba en un colegio de mujeres, todas mis compañeras bastante estudiosas. Y sí, me esforzaba, era bien esforzada. Me iba bien, pero vivía estudiando. Siempre he sido muy teórica y como que también llegó a mis procesos creativos desde la teoría, desde la lectura, desde la racionalización, como que desde el conjunto de investigación fluyó en la creatividad, no es tan instintivo el proceso creativo. O mi intuición nace después de abrir el estudio teórico, yo creo. Sí, como que ahí lo linkeo a mi forma de estudiar en el colegio, que era como bien obsesiva.

KC: Eres obsesiva, me imagino. 

MA: Sí, soy obsesiva, pero en algunas cosas.

KC: Me llama la atención en general, ya he entrevistado a mucha, mucha gente, y hay un rasgo obsesivo en toda el área creativa. Estoy hablando que he hablado con escritores, con bailarines, con chefs, con Alfredo Jocelyn- Holt, el último capítulo. Es decir, este rasgo obsesivo pareciera ser que es una condición necesaria para lograr ciertas cosas dentro de un entorno creativo que uno puede llegar a tener.

MA: Sí, totalmente porque yo creo que, para los espacios de creatividad, para que surjan los espacios de creatividad, hay que ser muy metodológico y muy pegado y meticuloso para poder perderse, eso creo yo. Sí, y las obras, la que sea, surgen también del trabajo constante, entonces, eso sin duda es obsesión. No es así, que un día me inspiré e hice el cuadro. 

KC: Claro, claro.

MA: No creo en esa idea del artista, como en la caricatura del artista, inspirado como una noche que le salió. O sea, no conozco a nadie de mi entorno.  

KC: ¿De dónde vendrá ese mito? Porque es un mito, es un mito al final del día. 

MA: Sí, total, es como que piensas que te vas a sentar frente al computador, como: “sí, hoy día puedo escribir el guion y me va a resultar porque Dios me ha inspirado”. No señor, no ando inspirada, procesas, procesas, procesas, te obsesionas con los temas que estás trabajando, te vuelves monotemático también, mucho, como en esa obsesión. Sí, totalmente, pero la caricatura, es extraña esa caricatura. 

KC: ¿Y en tu casa había, se respiraba creatividad o no? 

MA: No especialmente. No, se respiraba, yo creo, como, sí estudio, me criaron muy del esfuerzo, o sea como era una familia, mi mamá nos sentaba a estudiar, mi mamá nos sentaba a trabajar, ha hacer la tarea por horas. Yo creo que eso me quedo de mi cotidiano, que quizás aplicó hoy. Pero no, no era una casa de artistas, mi mamá era abogada, mi papá ingeniero. Te diría, sí, mi mamá veía muchas películas y nos llevaba hacer actividades culturales normales que llevarías a cualquier niño, a cualquier adolescente, pero no nada del otro mundo. 

KC: ¿Y tienes más hermanos o hermanas?

MA: Sí, somos cinco y soy la mayor de cinco. 

KC: ¡La mayor de cinco! Yo no sé, pero ¿venías de un ambiente más tradicional, más conservador? ¿tuviste que botar ciertas barreras?

MA: No tantas, porque mi mamá era bastante liberal, y bastante abierta de mente, muy tolerante, como somos cinco hermanos, pero todos tenemos posiciones completamente distintas, todos tenemos maneras de mirar el mundo muy distintas. Y mi mamá pensaba políticamente muy distinto que mi papá entonces también me crié en una casa donde convivía en esas diferencias, y se escuchaban. Sí, se peleaban, pero también se arreglaban y se podía vivir en esa diversidad y creo que, claro, me crié en un lugar que auspiciaba la diferencia de pensamientos, de intereses, de formas de ser, son todos muy distintos. Entonces, más bien humanista en ese sentido mi crianza y con una mamá pensando en que cada uno hiciera lo que quisiera ser y viviría como quisiera vivir. O sea, los cincos somos radicalmente distintos en todo.

KC: Tu mamá falleció el 2014, veo que tenías un vínculo muy sólido con ella, o sea, yo investigando me di cuenta de que tú misma necesitas expresar eeste vínculo y este vacío que dejó su partida del mundo terrenal. ¿Cómo fue el duelo? 

MA: Yo creo que, como todos los duelos, yo creo que las penas no se van nunca, como esas pérdidas uno aprende a vivir con la pena y es un duelo largo, es como un trabajo constante de preguntarse cómo me mueve a mí esa pérdida, cómo me mueve a mí esa pena, y cómo convivo con ese dolor. Pero, o sea, yo creo que, como todos los duelos, muy intenso, como esa sensación de injusticia tremenda, cuando las mamás se mueren jóvenes. «El Aleph» de Borges parte con una frase que me encanta que dice como «el día que Beatriz Viterbo murió, como que lo que más me golpeó es que en las carteleras de los cines seguían poniendo películas, y la ciudad seguía funcionando, el mundo sigue andando y a mí me faltaba una parte». Yo creo que eso es lo más heavy del duelo, que el mundo sigue andando y a uno le falta una parte y se tiene que adaptar. Pero sí, yo creo que es un duelo largo, muy vívido, procesado, muy sentido y que me cala en la mirada y en mi relación con el mundo.

KC: ¿De qué falleció tu madre?

MA: Mi mamá murió de un cáncer de colón.

KC: ¿Y te alcanzó a ver de mamá a ti?

MA: No, mi mamá murió, o sea, también pienso, en otra vida mía, yo no había estrenado «La once», acaba de estrenar «El salvavidas». No, no vio mi carrera, o sea mi hijo tiene tres años.

KC: Cuando uno está viviendo cosas muy fuertes en la vida familiar, personal, cuando está muy conectado al mundo del hacer, es mi impresión, es difícil concentrarse en este trabajo que estábamos hablando de la creatividad o de otra esfera, de un trabajo que se conecta con otro tipo de racionalización, y el dolor también te invade. ¿O eres capaz de dividir esas aguas, y fuiste capaz? ¿cómo te acuerdas de ese periodo laboral? entre el duelo que había.

MA: Mira, mi mamá se murió justo cuando estaba en la mitad del rodaje de «Los niños», fue un rodaje de un año, en que yo iba cuatro días a la semana a filmar, y murió como a los seis meses de ese rodaje, y yo paré, me acuerdo perfecto, dos semanas y después volví al rodaje, pero cuando yo filmo estoy como en un lugar, en general, estoy en lugares que cuando pasa el tiempo me siento muy cómoda, con los que establecemos relaciones y vínculos de cuidado mutuo, de alguna manera, entonces, llegué a un lugar que se supone que tienes una jerarquía y que tienes que dirigir, como la figura del director que es el que está controlando, como que en mi caso no está, yo estoy compartiendo, estoy sí, con mi equipo decidiendo dónde pongo la cámara pero también es un diálogo que cuando ya nos aprendimos la coreografía, todos sabemos más o menos cómo bailar y cómo movernos,  y después de seis meses, uno ya tiene más o menos organizado y es un tema de estar, esperar, compartir y mirar. Y claro, quizás yo volví con la carga del dolor, pero en un espacio en que si me ponía a llorar no importaba, como que siento esas libertades cuando llevo mucho tiempo filmando. Entonces, así como yo los acompaño en el dolor a ellos, ellos me acompañaron a mí, y creo que fue muy fluido, y al final, al revés, fue como una súper buena manera de estar en el cotidiano viviendo el duelo, porque no era que tuviese que escribir un proyecto, pensar una idea, salir a establecer nuevas relaciones, estaba en un espacio súper protegido, en el que llevaba mucho tiempo, con gente que quería, que también como que me parecía hasta como, o sea, me acuerdo y me da risa como sus discursos para consolarme, como muy enternecedores en ese momento, y nada, me sentí muy cómoda y estaba trabajando con mi equipo de siempre y éramos tres, o sea yo, el sonidista y el director de foto del rodaje, y lo pasamos muy bien. Entonces, si era un lugar en el que quería estar, era ahí. Pasé los seis meses siguientes, yendo todos los días para allá, yo creo que fue una súper buena manera de estar protegida en ese dolor y aprovechándolo creativamente también. Obviamente, te cambia la jerarquía de las relaciones, de todos los lugares comunes que te pueda decir, pero, la aproximación al duelo de los otros, son otras miradas con personajes que yo estaba filmando que también estaban pasando momentos difíciles constantemente, entonces, eran penas cruzadas, como compartidas. O sea, yo no tenía que simular que estaba bien en mi trabajo, no era necesario. 

KC: Al comienzo dijiste que eras una persona racional, metódica, pero yo al ver tu obra sin conocerte, digo, «esta directora tiene una sensibilidad especial, tiene una visión especial, una propuesta única». Es decir, que has roto varios supuestos, que lo dijiste en una entrevista, de que sí se pueden hacer cosas más profundas, con otra cadencia y llegar a un gran público y tocar temas difíciles. Es decir, que no nos vamos como por el best seller, no sé, rápido. ¿Cuál es el mejor halago que te han dicho? ¿O qué te ha hecho más sentido en realidad?  ¿qué te has quedado como diciendo?


MA:
 Yo creo que el mejor halago que me dicen, y que me llena de orgullo es cuando me dicen, no si no es documental, no si estaba viendo una ficción, no si son actores, ya pero cómo se aprendieron el guion. Para mí eso que podría ser una patada en la guata, al final es como el mejor, mejor, mejor halago porque me están diciendo que es cine finalmente, o sea, inconscientemente está haciendo como vi una película, donde había emoción, donde me entretuve, donde había una narrativa, tenía todos los elementos para parecer, lo que en mi mente es una película, por lo tanto, es una ficción. Para mí lograr eso desde la realidad como materia prima, es alucinante y es lo que quiero hacer. 

KC: ¿Y la crítica que te ha hecho más, que te ha dolido más por ser cierta o injusta quizás?

MA: Uy, he aprendido como que no me duelan tanto las críticas. Yo creo, no quiero personalizar, pero que tiene que ver con las críticas, comentarios que tergiversan las intenciones de la mirada, y que a veces siento que el mal está en el ojo del que mira, y está bien, uno se tiene que hacer cargo de todas las posibles lecturas pero no sé, me pasó sobre todo, quizás en esa época era distinto, y yo no tenía un cuerpo de obras como para respaldar la mirada, que ahora ya te conocen, saben que lo que están mirando, pero con «El salvavidas» que me dolía mucho, me decían como «bueno, pero, había como un plano de una señora sin dientes”, entonces como que me criticaron mucho porque ponía la cámara en la señora sin dientes, y era un primer plano, y para mí, como esa señora estaba ahí porque estaba haciendo un asado en la playa, estaba violando la ley y como que ella quería hacer su asado como fuera y para mí de eso se trata la película, de la gente que está rompiendo la norma, en un espacio donde pareciera no haber normas, que es el verano, la gente quiere ir a veranear y no quiere un salvavidas imponiéndole reglas, por lo tanto, yo hago mi asado aunque no se pueda hacer mi asado. Y con el paso de los años, lo entiendo también, como que esta mirada de ir a grabar y poner en primer plano en esta señora sin dientes, como que yo leía la crítica, y decía, ni siquiera me he dado cuenta que no tenía dientes, como que no era tema para mí ese plano porque no me había dado cuenta, como así de ciega, y ahora lo veo y digo, ya sí, obviamente, tiene una carga por ese plano, pero en ese momento, como yo estaba narrando y como que no estaba viendo ese tipo de, entonces, esos comentarios me han dolido, siendo un ejemplo super chico, lo que te digo de la mirada como ideológica y las lecturas que a veces no hay, pero ha sido bastante, ha sido muy puntual, yo creo que la verdad es que ya no me pasa mucho y claro, como que pueden ser personas que no les guste mi estilo y pasa, y leo esas críticas, que no te crean, que lo encuentren muy forzado, pero ya tiene que ver con gustos muchas veces y que uno asume como director que te va a pasar, es imposible que una película, o sea, obviamente que uno tiene obras que generan mayor consenso y mayor fascinación, pero siempre va a tener disidentes.

«El Salvavidas» (2011) Maite Alberdi.

KC: ¿Cómo fue cuando estabas en esta noche de los Oscars y no ganaste?

MA: ¡Ay fascinante!, es que yo nunca pensé que iba a ganar, como que yo ni siquiera prepararé un discurso. Me levanté ese día diciendo, okey, como analizando cinco días antes con los productores ¿hay una posibilidad? fue como ninguno.

KC: ¡Exquisito eso!

MA: Felices, felices porque era como ya este lugar a carretear, a pasarlo bien, cagados de risa. O sea, ni siquiera en el minuto que iban a decir «y el ganador es», como que nunca nos pusimos nerviosas, ni siquiera un segundo, porque sabíamos que no nos íbamos a parar de ese asiento, como nada y como de verdad…

KC: Pero eso es liberalizador.

MA: Muy, porque además lo miras y claro, nunca estuve, no escribí un papel. Si me hubiese pasado, no tenía que decir, en verdad era en blanco en el escenario, pero como esa certeza y esa tranquilidad, nos liberó tanto y lo gozamos tanto, era como que no nos importaba nada. Y estábamos tratando de conocer a los nominados, pasándolo bien, como queriendo que, sí, obviamente que uno tenía sus favoritos era como si no gano yo, ojalá que gane la otra que me encanta, que no fue así, pero nada era como, también en un año en que sabíamos que las películas eran buenísimas, como que la competencia era heavy, y estar ahí era matemáticamente imposible, como desde el día de la nominación, o sea para nosotros estar nominados fue como ganarnos el Oscar, ese día para nosotros ya era imposible, presupuestariamente imposible, nos llaman ahora para entender cómo hackeamos el sistemas, somos un caso de estudio para la industria gringa, esta película pichiruchi sin presupuesto que llegó de manera absurda a estar nominada, o sea fascinante.

KC: ¿Cómo fue el proceso entonces? Porque no hiciste lobby. ¿Cómo es eso?

MA: Sí, mucha campaña, mucho lobby, pero muy de amigos, todo el año llamando gente, todo el año, que el amigo, el amigo, el amigo, pero un año sin parar, haciendo entrevistas todo el día sin parar, y nos ayudó la pandemia, porque en el fondo, para darte un ejemplo, como de presupuesto, la campaña de las películas de Netflix, cada película, gasta cinco millones de dólares solo por campaña Oscar, nosotros teníamos ciento cincuenta mil, estábamos lejos de eso.

KC: Era como tierno. 

MA: Era tierno, súper tierno, entonces lo bacán fue que, en este mundo, en que todo se empezó hacer online, nosotros rápidamente atinamos a empezar a hacer conversatorios, llamar, llamar, llamar desde marzo, invitar gente a ver la película por streaming, en una época en que la gente todavía estaba viendo cosas y que era súper entretenido. Y claro, y todos los gringos estaban como no, esperemos que abran la sala, esperemos que abran las salas, en cada cóctel y en cada función se gastaban cien mil dólares, plata que jamás habríamos tenido. Entonces, en un contexto presencial hubiera sido muy difícil quedar, porque no podíamos invitar a la gente, a pagarles la sala que tienes que arrendar obligatoriamente, tal sala y llevarlos a este lugar, sino que fue como okey, aprovechemos este contexto y sacándole partido a ese contexto, lo logramos. Pero sí, totalmente imposible. 

KC: Voy a hacer una pregunta completamente frívola pero cuando te vi en ese vestido con los labios rojos como un estilo, Evita Perón ¿Te costó elegir cómo te vas a vestir y cómo te vas a maquillar o sabías? 

MA: Me costó, me costó mucho porque en un momento en el que debería haber sido mi única preocupación, como el look, nos pasó que era cuarentena total en Santiago, las tiendas de telas cerradas, que no sabías si ibas a viajar, que cerraron las fronteras, que como que estábamos resfriados esa semana, y me hice PCR esa semana y me salió negativo, por eso te digo, la sensación de felicidad, ese día de estar ahí, salió negativo, me dio una libertad de pararse en la ceremonia, que era fascinante, estábamos en las nubes, de haberlo logrado entonces fue poco como que ganas de estar solo planeando qué me voy a poner y poder elegir, como muy difícil la logística de todo, incluida la de look. Fue como lo mejor que pude conseguir en ese contexto, pero fue fascinante. 

KC: Fascinante, fascinante. ¿Te gustaría repetir la experiencia, o sea volver a lograrlo, de estar ahí? No digo ganar.

MA: Sí, de todas maneras, yo creo que uno, como que se va planteando, para que te voy a decir que no, si sí, uno se va planteando metas como un poquito más alta. Como que a mí me pasa que, esa es la gracia de la planificación y de soñar y de preguntarse en qué lugar quieres estar después. Yo creo que sí, definitivamente me encantaría, y me encantaría por las implicancias que tiene para el resto de la vida también, como que a mí ahora esa nominación me permite buscar otras vías de financiamiento para las siguientes películas, a seguir filmando y tener como nuevas propuestas de proyectos que no me habrían llegado jamás y que son entretenidos y que no son míos, pero que feliz filmo. Las puertas que se te abren y el mundo de nuevas posibilidades, yo creo que es lo más fascinante de esa nominación, más que la ceremonia, estar ahí, que es entretenido. Además, que yo ni siquiera viví todo eso entretenido, porque estaba en una ceremonia en que sí, me fui a cuarentenar a un hotel, como que me teletransportaron de mi casa a la ceremonia, sin toda esa farandulización que tiene el Oscar en general, bastante más piola, no así menos emocionante, pero distinta. Y sí, como que creo que sobre todo por el impacto que tiene, y porque yo creo que la película se vio en Latinoamérica a partir de la nominación, era una película que habíamos estrenado en agosto, y que nadie había visto y que nadie hablaba, y nosotras estábamos super frustradas, entonces, el Oscar ante todo te permite que la película viaje, poner las temáticas que quieres hablar en la agenda pública.  

Maite Alberdi, Sergio Chamy y Marcela Santibáñez en la ceremonia de los Premios Oscar

MA: ¿Ahora que estás haciendo Maite? ¿en qué estás? ¿o en que están? 


MA:
 Sí, no puedo contar mucho porque mis productores no me dejan, pero estoy editando un proyecto que había filmado, estoy leyendo proyectos nuevos que me llegan y estamos planeando un proyecto que queremos filmar afuera.

KC: Quiero hablar de tu abuela. Porque leí un Twitter, estoy leyendo aquí en Twitter, escribiste: «Mi abuela tenía en su velador este recorte, subrayado, ahora está en el mío. Es el «Manifiesto de otoño» que aparece en una columna Cristián Warnken».  Yo lo leí ¿Recuerdas lo que dice ese «Manifiesto de otoño»?

MA: Sí, o sea, no lo puedo citar textual, pero sí recuerdo perfecto el contenido, que es como no tenerle miedo a envejecer, como ver la belleza del decaimiento y de la maduración, y que no barramos las hojas del otoño, tenemos que ver las hojas de esos árboles caer y vivir con esas hojas en el suelo y convivir con esa vejez, sin hacerla desaparecer. Y esas son las líneas, más o menos, que mi abuela subrayó de ese manifiesto.

KC: Y tú, qué has trabajado tanta gente de tercera, cuarta, quinta, ya no sabemos cómo denominar todo eso ¿cuál es tu interpretación de la vejez? ¿cuándo estás viejo? 

MA: Yo creo que estás viejo, cuando no tienes deseos de vivir, independiente de la edad, como fin de la vida, falta de deseo. Ante todo, eso y lo que me preocupa hoy, es algo, dice la Constanza Michelson en su libro «Hasta que valga la pena vivir» es como aumentamos la expectativa de vida, pero no el deseo de vivir, cómo están envejeciendo las personas mayores, sin deseo, por qué no tenemos deseo a esa edad, por qué no tenemos ganas de vivir, qué nos han quitado de la vejez. Quizás precisamente eso, que no pueden estar ahí conviviendo las hojas del otoño sin que las corran, sin que las barran, sin que las saquen a otro lugar. Creo que, ante todo eso, como que se rompen todos los vínculos anteriores, hoy. Sí, la falta de deseo para mí tiene que ver con el envejecimiento.

KC: Y en términos creativos, te llama más la atención para seguir trabajando ¿la niñez, la adultez o la ancianidad? ¿hay alguno que tienes como un cierto apego mayor?

MA: Yo creo que la niñez me interesa tanto como la ancianidad, solo que legalmente también es muy difícil abordar un rodaje con niños, es más complejo grabar niños, que grabar personas mayores. Pero como que para mí hay un cruce bastante lógico que tiene que ver con la acción y el paso del tiempo, palpable en la imagen entre un niño y una persona mayor, y como yo grabó acción y cuento mis películas desde la observación del presente, no desde el testimonio del pasado, ni de la reconstrucción para atrás, siempre digo una señora de «La once» me decía: «Entre una vieja de ochenta y una de ochenta y uno, pasa lo mismo que entre un niño de uno y dos años».  En un año se ven muchos cambios físicos, te pasan muchas cosas. Entonces, para mí, como observadora del presente, yo necesito capturar ese proceso, que yo filmo procesos y filmo historias que tengan cambios, entonces el cambio es visible en ambas edades. Entonces, sí, esas son las edades que me interesan más porque tienen que ver con mi manera de atrapar el presente y la visibilidad del cambio. No te digo que mi vida no cambie, pero si me puede pasar algo radical, que cambié, pero en términos temporales me toma mucho más tiempo visualizar los cambios, que en esas etapas.  

KC: Dijiste también, que te demoras por lo menos un año en la investigación. Entonces, eres una persona bastante calma, no eres acelerada, respetas todos estos tiempos. 

MA: Sí, soy bastante calma en los procesos creativos y de la vida. Como entendiendo que los duelos son lentos, que las construcciones de afecto son lentas, sí, no apuro, digamos ese tipo de cosas.

KC: ¿Y cómo filmas a tu hijo? ¿se llama Martín o no? 

MA: No lo filmo, no me deja filmarlo, es como el colmo de los colmos, como en casa de herrero, cuchillo de palo. Yo prendo la cámara y dice: «no grabe, mami. No me grabes». No puedo, le carga que le saquen fotos como que tiene una cosa que cacha cuando le estoy, desde muy chico, como que no, y me mira la cámara para que deje de grabarlo.

KC: Estuve mirando tu Instagram, que miren para los nos están escuchando, creo que es un excelente ejercicio de memoria y de poder vislumbrar la personalidad de Maite detrás de estas fotos. Pero te prometo que me enternecí, me enternecí con esto: «Querida mamá, por favor, déjame ir al cumpleaños de la Javiera Morales, te prometo que voy a estudiar para la prueba, es con piscina» y una letra y tenías siete años. ¿Sigues buena para la piscina?

MA: Eso te iba a decir, me encanta, no la había vuelto a leer hace mucho tiempo, el «es con piscina», tengo una obsesión por las piscinas, y mi hijo odia el agua con toda su alma, entonces para mí es un problema gigante. Hasta el día de hoy pregunto si los eventos son con piscinas o son sin piscina.

KC: Increíble, y hay unas fotos muy lindas tuya con tu hijo, que tú lo lanzas al cielo con traje de baño en una, no sé si el mar, el lago o la piscina. 

MA: Es en la playa.

KC: En la playa. «Los cariños se heredan» dijiste en algún lugar por ahí. ¿Qué cariño estás heredándole a tu hijo? 

MA:  Yo creo que los de tanta gente, un poco lo que decía de mi mamá, yo heredé el cariño de las amigas de mi mamá, me aman, igual que como aman a mi mamá, con los conocidos de mi mamá que me quieren, obviamente por mí, pero sobre todo porque la querían a ella. Entonces, ese tipo de cariño se heredan. Si, mis amigas, mi entorno, los personajes como que hay mucha gente que lo quiere por existir en mi vida, porque yo lo quiero, yo creo que esa es la cadena de cariño.

KC: Bueno, los que nos están escuchando, tenemos que cortar el zoom porque Maite tiene que ir a cumplir con su labor de mamá para heredar el cariño hacia su hijo, pero antes quiero saber, ¿eres lectora? 

MA: Soy lectora, soy lenta, pero soy lectura, me duermo leyendo, siempre, si no, no me puedo quedar dormida. Soy muy lectora.

KC: ¿Y qué te gusta leer o qué estás leyendo? 

MA: Anoche empecé a leer a Paul Preciado «Yo soy el monstruo que os habla». Soy muy de leer ensayos, acababa de terminar todo Byung-Chul Han, y ese tipo de cosas. Leí «Yoga» hace poco de Carrère.

KC: ¿Te gustó?

MA: Sí, me gustó porque, ¿a ti no?

KC: No, no lo voy a leer, porque tantas críticas contrarias que tengo tanto por leer que dije no.

MA: ¿En qué sentido? No, es que yo soy muy fanática de Carrère, yo siento que es una, para mí, es una obra que tiene mucho sentido, si te has leído las otras como para, precisamente, pensar los procesos creativos, como ¿cómo escribes a tus personajes? ¿cuánto derecho tienes sobre la escritura del otro? 

KC: Como en Knausgård ¿Te leíste Knausgård?

MA: Sí, totalmente muy Knausgård, nunca he podido pronunciarlo bien. Y como la única obra que habla, creo, derechamente de él, llega un punto que ya no sabes, tampoco al final, cuánto es real y cuánto no. Yo me siento muy identificada con Carrère, con las preguntas que le hacen con las que me hacen, ¿Es ficción o no es ficción? ¿cuánto era?, lo mismo que “El Padre”. 

KC: Ay, entonces voy a tener que leerlo.

MA: Lo mismo, que «Mi lucha». Pasa lo mismo que con Knausgård. Pero sí, me quedé mucho con una frase que dice en un momento que habla de un General de la guerra Argelia, el general Massu, que decía que torturaba durante la guerra y que en un momento le preguntan, como bueno, por qué aplica estos elementos de tortura y como bueno, porque la típica que responde como que es mejor eso que matarlos. Entonces, y después dice «bueno, y además yo había probado las herramientas de tortura conmigo mismo, y me di cuenta que no era tan terrible». Entonces Carrère le dice: «bueno, obviamente contigo mismo paras antes de que sea muy terrible y no así con el otro». Y hace esa comparación de la tortura consigo mismo y con el otro para decir, me pasa a mí eso con mis personajes, como yo con mis personajes, claro, puedo seguir escribiendo, seguir escribiendo, sin saber cuál es el límite de esa tortura y conmigo mismo sé perfecto hasta donde escribir de mí. Y creo que en, y que todas las obras anteriores, de alguna manera, él sabía hasta dónde escribir de él y acá en «Yoga» se desborda, creo que hay una transparencia, en el sentido que no tienen tanto las otras. 

KC: Maite, entonces, voy a tener, ya listo anotado, pero lo voy a leer el verano, lo voy a leer en el verano. los años. 

MA: Sí, es muy para el verano.

KC: Ah, es muy para el verano, okey. Una última pregunta, ¿eres mañanera, noctámbula o te da lo mismo? 

 MA: No, he cambiado mucho los hábitos con mi hijo, soy muy mañanera y me duermo temprano. 

KC: Somos dos, somos dos. Lo que es buenísimo, encuentro.

MA: Sí es buenísimo, o sea, creo que cada uno tiene su forma. Lo maravilloso, siento que era muy noctámbula y me pude adaptar finalmente como que me quedó otra. 

KC: ¿Y cómo te desconectas? Con dieciocho mil mensajes por leer, ojo.

MA: Así diciendo, hay una hora en que ya no abro el mail hasta el día siguiente, en una hora en que sí, ya no miro redes sociales, no contesto el teléfono.

KC: ¿Y haces deporte, cocinas, tienes algún hobby? 

MA: Sí, hago deporte, cocino.

KC: Ah, ya.

MA: Sí, o sea totalmente. 

KC:  Yo seguiría conversando, pero hay cosas más importantes. Te agradezco mucho, mucho que te hayas hecho este paréntesis en la vida.

MA: Gracias, Karen.

KC: Y me encantó, me encantó conocerte y sigue iluminando el mundo con todas las maravillas que nos entregas. 

MA: Muchas gracias. 

KC: Gracias, cariños.

MA: Gracias, un gusto.

KC: Chao. 

Cierre

La voz de Maite Alberdi es suave y a la vez, segura, sabe lo que quiere decir. Estoy segura de que seguirá armando una carrera como directora mucho más exitosa aún (como sea que se mida el éxito) porque cuando hay que hablar de humildad y genio, dos aspectos difíciles de conjugar, se genera un circulo virtuoso. Absolutamente, eso es lo más grandioso dentro de lo increíble que es Maite: su profunda humildad y conexión con el entorno. ¿Lo notaste? Cuéntame.

Como siempre encuentras la transcripción de este capítulo y de todos en mi página web www.karencodner.com

Lee, escribe, crea.

Chaoooo.

Autores mencionados

Jorge Luis Borges

Cristián Warnken

Constanza Michelson

Paul Preciado

Karl Ove Knausgård

Emmanuel Carrère

Libros mencionados

El Aleph

Manifiesto de otoño

Hasta que valga la pena vivir

Yo soy monstruo que os habla

El padre

Serie autobiográfica: Mi lucha.