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Hola, hola, ¿cómo estás? Soy Karen Codner y te doy la bienvenida al programa 141 de Espiral con el segundo capítulo especial de nuestro recuento 2025, con los autores que estuvieron aquí, en Espiral.
Me encanta hacer este resumen porque no sólo les sirve a ustedes si se perdieron algún episodio, sino que, a mí, para examinar lo que fue cada mes del año.
El viernes pasado escuchamos las respuestas breves del Cuestionario Espiral y, en este episodio, entraremos aen un ritmo distinto, porque escucharemos los mejores fragmentos de las entrevistas en profundidad a lo largo de 2025.
En enero con Cynthia Rimsky, ganadora del Premio Herralde de Novela del 2025 por Clara y confusa, luego Constanza Michelson, un gran capítulo que sorprendió a muchos. Seguí con los argentinos Camila Fabbri, Nacho Damiano, Leila Guerriero, Mariana Travacio y Andrés Barba. Esto fue una coincidencia, así se fueron dando las cosas; no es que me dijera a mí misma: “Karen, haremos un ciclo de escritores argentinos”. En julio realicé el primer conversatorio, de los muchos que vendrán, con Arturo Fontaine. Fue una experiencia muy linda poder compartir con el público lo que suelo hacer en una pantalla. En octubre, estuvo el primer escritor boliviano de la historia de Espiral, Edmundo Paz Soldán. La reposición de la entrevista a Irene Vallejo fue toda una sorpresa convirtiéndose junto a Leila Guerriero en una de las más escuchadas de la historia de Espiral. El segundo conversatorio, a fines de noviembre, fue con Javier Peña, escritor español y conductor de “Grandes infelices”, el que tuvo un récord de asistencia en la Librería Azafrán.
Pero sin ustedes, nada de esto sería posible. Hace poco Spotify me mandó las siguientes métricas que muestran lo que está logrando Espiral:
- Número de episodios: 140
- Países con mayor presencia: Chile, Argentina y España.
- Crecimiento de audiencia durante el 2025: 62 %
- Aumento de seguidores del programa: 24 %
- Episodios más populares: Leila Guerriero e Irene Vallejo (los escucharon en más de cuarenta países).
- Si midiéramos la cantidad de días en los que se ha escuchado Espiral, sería de 89 días ininterrumpidos.
Acuérdate que Espiral es para ti, un programa con entrevistas en profundidad a los mejores escritores de habla hispana, compártelo, ponle un like y déjame un comentario donde sea que lo escuches. Así Espiral se convierte en una conversación.
Recuento personal
Estoy grabando en Jerusalén donde me quedaré una semana para luego volar a Barcelona por dos meses. Se siente extraño hacerlo aquí, donde estoy tan lejos de mi rutina. Me tuve que organizar bastante para grabar y si se fijan, al fondo, está la muralla de la ciudad vieja de Jerusalén. Es extraño grabar en un lugar que significa tanto para mí.

Mi año lector fue bueno y de eso escribí en la última Oda a mis recomendaciones, pero me preocupa esta obsesión que tengo por llevar una lista con mis lecturas, describirlas y aumentar el número año a año. Pero si no lo hiciera me sentiría extraña, como que me faltaría algo.
Los planes para Espiral en 2026 son bastante similares a los del año pasado, pero quiero aprovechar mi estadía en Barcelona para contactar a los profesores que me harán clases y sumarlos a Espiral, como Samantha Schweblin, Juan Pablo Villalobos o Mónica Ojeda. Veremos si resulta.
A veces, sueño que hago un gran cambio en Espiral pero no tengo idea cuál. Me encantaría saber si tienen alguna sugerencia, quizás que eso contribuya a lo que estoy buscando. La palabra sueño es compleja, puede significar dormirse y también elucubrar algo que quieres mucho. Obvio yo me refiero a este último significado, pero no lo tengo delineado y por eso, queridos espiritistas, les aseguro que este 2026 seguirán recibiendo los dos primeros viernes del mes, las entrevistas que suelo hacer.
Lo que sí sé también, es que los próximos meses serán desafiantes y muy distintos a lo que acostumbro. Estaré viviendo en una ciudad ajena, estudiando en las tardes y volviendo a escribir. Y todo junto a mi familia que me acompaña en esta aventura.
Los invito a escuchar el resumen con algunas de las respuestas que dieron estos escritores y que siempre, es bueno volver a escuchar.
Acuérdate que Espiral es para ti, un programa con entrevistas en profundidad a los mejores escritores de habla hispana, compártelo, ponle un like y déjame un comentario donde sea que lo escuches. Así se convierte en una conversación.
Cuestionario Espiral
CYNTHIA RIMSKY, Premio Herralde de Novela 2025 por Clara y confusa
Esta chilena que vive en Argentina es una mujer de armas tomar, muy aventurera y que necesita poco para vivir. Además, le gusta mucho viajar en su moto.
CONSTANZA MICHELSON, psicóloga, psicoanalista y autora de varios libros y el último Nostalgia del desastre, ganador de los Premios Literarios en Chile a Mejores obras Literarias categoría ensayo.
Constanza contó por qué la terapia sigue siendo central en su vida, en su trabajo y en la forma en que piensa y se piensa.
CAMILA FABBRI, escritora argentina y finalista Premio Herralde de novela con La reina del baile
Camila habló de la maternidad como pregunta, de la duda, del conflicto y de una conversación que todavía está abierta. Una escritora que hay que tenerle ojo, es joven y escribe muy bien.
NACHO DAMIANO, fundador de Tinder de libros
Nacho habló de la paternidad, de su deseo de ser recordado con cariño y de cómo se maravilla todos los días al ver crecer a su hijo. Su pasión por los libros contagia a cualquiera.
LEILA GUERRIERO, escritora argentina de reconocida trayectoria, con múltiples premios y reconocimientos, su última publicación es La llamada
Leila habló de saberse una persona difícil, de los viajes, del ostracismo necesario para escribir y de lo que implica convivir con eso, además de lo trabajólica que es.
MARIANA TRAVACIO, escritora argentina, premio Konex 2024
Una escritora que quiero mucho y es una maestra para mí. Hablamos de su infancia, sus orígenes familiares, cómo la marcó Brasil, la relación entre escritura y linaje, y la influencia decisiva de su madre para, al final, elegir la literatura y no la psicología.
ANDRÉS BARBA, escritor argentino español, Premio Herralde Novela con La república luminosa
Andrés analizó su infancia, una zona difusa entre lo real y lo inventado, y de cómo todo cambia cuando uno se convierte en padre. Además, claro, de qué les lee a sus niños en las noches.
ARTURO FONTAINE, escritor chileno, filósofo y catedrático en la Universidad de Chile. Publicó hace muy poco Y entonces Teresa
Arturo recordó su paso por el taller de José Donoso, la marca del Boom latinoamericano
y una pasión por la literatura que sigue intacta. Y claro, de lo desordenado que es para escribir. Con Arturo hemos seguido en contacto después de este encuentro presencial.
EDMUNDO PAZ SOLDÁN, escritor boliviano y autor de más de quince novelas, además de ensayos y ha obtenido múltiples reconocimientos
Edmundo me contó cómo es escribir y trabajar con su pareja, la escritora Liliana Colanzi.
Los roces, las discusiones, las lecturas compartidas y también las esperas. Además de la complejidad de ser padre a la distancia.
JAVIER PEÑA, escritor y podcaster español de “Grandes infelices”
Javier habló de la amistad, del duelo y de la memoria. De cómo la escritura también es una forma de no dejar ir. No eludió ninguna pregunta.
Cierre
Fueron diecinueve capítulos los dos primeros viernes del mes. También horas de preparación y de compenetrarme con el oficio y las visiones de estos autores. Espero haber estado a la altura y haber convertido a Espiral en uno de tus podcasts preferidos.
Siempre estoy aquí, lista para escuchar sugerencias y comentarios.
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¡Chaooooo!
Espiral Recuento 2025
Cynthia Rimsky
KC: Yo nunca he ganado premios, pero me imagino que si uno gana premios uno se siente bien. Yo sé que uno dice que los premios son convenciones, pero es lindo, es algo lindo que pasa en la vida de una la persona, ¿cómo lo vives tú?
CR: Bueno, es interesante. Por un lado, porque Anagrama es un premio como que tiene prestigio, no es un premio arreglado. De hecho, yo postulé por la página web, mandé mi manuscrito como cualquier hijo de vecino, hija de vecina, por lo tanto, no es un premio arreglado y es un premio que tiene mucho prestigio. Me di cuenta en España, por eso mismo, porque es un premio literario y que es compartido con una escritora española, gallega y catalana, planteado como un reconocimiento a dos novelas extravagantes, excéntricas, y eso me parece interesante, porque son dos novelas que rompen un poco la norma de lo literario. Y entonces, eso fue como una doble alegría, sentir que mi escritura, que de repente me ha costado tanto que sea como aceptada o que sea leída… y que me dicen cosas como, no sé, una vez un escritor chileno puso en Facebook —después lo borró porque parece que se le tiraron encima— que mis libros no los compraba nadie, que nadie los entendía, que eran muy difíciles. Desde esa tontera hasta otros que dicen que es confuso —y por eso la novela se llama Clara y confusa, es uno de los motivos —. Me pareció súper interesante, entonces, que esa novela hubiera ganado un premio importante como El Herralde.
KC: Bueno, justamente en Artes y Letras de El Mercurio, el periodista Roberto Careaga menciona y comienza el artículo, con que tu literatura es confusa, pero ¿qué es ser confuso? Pregunto yo.
CR: Yo no sé, , nunca lo he entendido. Tuve que escribir una novela para entenderlo y tampoco lo entendí. Pero se trata, me imagino, de una literatura que no puedes digerir así como se digiere el diario. Que es una literatura que implica que el lector participe un poco y lea. No esa lectura que de repente uno tiene los bestseller en que uno no necesita casi leer porque empieza la frase y ya sabes lo que viene, es una literatura así como pre-digerida. Tú sabes si toma del pomo de la puerta va a abrir la puerta y que detrás de la puerta va a haber una sorpresa y que probablemente sea el amante porque tres páginas antes te aviso que el amante tomó el auto y fue en la dirección. Entonces esa literatura donde ya uno sabe lo que va a pasar y está esperando que pase lo que sabes que va a pasar. En cambio, en mi caso, en mi literatura, no sabes lo que va a pasar. En ese sentido, me imagino.
CONSTANZA MICHELSON
KC: ¿Y eso qué implica? Para los que no saben, porque no todo el mundo sabe lo que en realidad estamos hablando aquí soberbiamente. Quizás sería bueno que pudieras hacer una breve descripción ¿cuál es la diferencia entre una terapia tradicional, digamos psicólogo, y otra de una tendencia más analítica? Porque no todo el mundo lo sabe o creemos saberlo.
CM: Es que por eso te digo, yo creo que es un modo de leer. Creo que a veces en las terapias o incluso en las no terapias, a veces hay conversaciones donde una madre, un amigo hace un acto analítico sin saber qué es eso y te interpreta, te lleva a un punto que te hace ver algo. Eso pasa. Lo que pasa es que el psicoanálisis trata de hacer activamente eso versus hacer otra cosa, otras cosas como guiarte, decir lo que tienes que pensar, hacer diagnóstico. Si bien también un psicoanalista a veces tiene que hacer diagnóstico, tiene que orientarte, ¿me entiendes? El psicoanálisis más activamente busca unas ciertas cosas, lo que no quita que sean los únicos que lo hacen y no quita que también tengas que hacer otras cosas también.
KC: Pero en la práctica es una terapia mucho más intensa, pueden ser cuatro o cinco veces a la semana.
CM: Es que eso es lo que te digo, yo no vengo de esa tradición.
KC: Ok, tú vienes de otra.
CM: De otra. Por supuesto que en psicoanálisis no actuamos como podría, no sé, supongo, en líneas más humanistas que terminan como amigos de los pacientes. Pero si uno despejara la cosa técnica y dijera: bueno, esto solamente es con diván, o es solamente cincuenta minutos, o es solamente sesiones cortas…si uno saca eso, la pregunta es: ¿qué es lo que distingue el psicoanálisis de los demás? Y otra pregunta, que también es súper interesante, es: ¿por qué siempre se odia el psicoanálisis? Antes, después, siempre está declarado obsoleto, además. Y ahí sigue, y ahí va. Y es porque, bueno, no sé, uno podría decir que lo que nunca se le ha perdonado a Freud es que nos dijo: “oye, si nadie se conoce; no te conoces tanto, tú no eres eso que tú piensas” Y eso es muy actual también, donde todo el mundo afirma ser tantas cosas o no ser tantas cosas.
CAMILA FABBRI
KC: ¿Y cuál es tu relación? A ver, porque tocas temas súper candentes, que es la maternidad, congelar óvulos, cómo vamos a ser madres, ¿cómo ves tú la maternidad? ¿Qué es para ti la maternidad hoy?
CF: Estoy en conflicto con eso, no sé qué responder. Yo creo que una mujer va pasando por muchos estados. En un momento es como algo súper claro, por ahí que uno tiene un deseo muy claro, muy definido de que eso es algo que quiere vivir, es un lugar al que le gustaría llegar. Después, cuando estás más cercana a eso, te das cuenta de que en realidad no. Y me parece que también hay algo del presente en el que estás viviendo, el contexto, de vuelta, lo sociopolítico que un poco también te decís, no es un momento para tener a alguien en este mundo. Creo que es eso. No es como un pensamiento unilateral, me parece que está totalmente contaminado por muchas cosas.
KC: ¿Pero eso lo estás conversando contigo misma?
CF: Sí.
KC: Es algo que no lo tienes ahí en una esquina en tu vida, sino que está presente en tu vida, es una preocupación en tu vida de cómo vas a llegar, porque es inevitable en las mujeres cuando nos acercamos los cuarenta.
CF: Sí. Claro, eso. Estoy en la edad de la conversación con eso. No me queda opción.
NACHO DAMIANO
KC: (46:03.047) Hablando de sueños, que es algo que nos ha ido recorriendo en toda la conversación ¿cuál es tu sueño? ¿Qué es lo que estás soñando para los próximos cinco o diez años?
ND: (46:12.593) Mi sueño es que los amigos de mi hijo sonrían cuando lo vean llegar. Eso es lo único que me interesa en la vida. Tras de eso, obviamente, eso es como la punta de iceberg, me interesa que mi hijo tenga salud, tener las posibilidades de más o menos hacer lo que uno quiere, de crecer profesionalmente, pero lo demás se va acomodando me parece. Mi sueño es que mi hijo sea feliz y hacer todo lo que yo pueda en el medio para ayudarlo porque también sé que puedo hacer un montón de cosas y no lograrlo, pero por lo menos hacer todo lo que está en mi alcance para que pueda hacerlo. Después puedo hablar de sueños profesionales, después la vida se va abriendo, digamos, pero mi único sueño es ese.
KC: ¿Te sorprendes tú como padre? ¿La paternidad te sorprendió? ¿La buscaste o no la buscaste?
ND: Cotidianamente, cotidianamente me sorprende, es un milagro la patada en esta edad me parece, que crecen tanto en tan poco tiempo, que es una persona tan distinta tan seguido. Una vez por semana te estás maravillando por lo que estás escuchando, por lo que está pasando, pasa muy seguido, creo que llega un momento en la vida en el que no va a ser tan frecuente eso, porque cuando tiene 20 años ya más o menos, y ojalá que no, porque yo creo que poco el laburo mío como padre es que esto, que se siga sorprendiendo para siempre, que no pierda esos ojos maravillados de la infancia por los milagros cotidianos que acontecen. A mí me gustaría que eso no lo pierda. Sé que es muy difícil que lo logre, pero sí: la pandemia me sorprende todos los días y me desafía todos los días porque hay algo que con la mamá le decimos todo el tiempo a él: vos no tenés que obedecer a nadie porque te diga que sí. Digamos, sí o no: vos tenés que pensar si lo que te dicen está bien o está mal.
Sabemos que nos estamos metiendo en un lío, porque ahí después, bueno…. puede ser. Pero nos interesa mucho, sobre todo pensando —viste que en Argentina está tan en boga la (educación) sexual integral— y viste cómo esas herramientas de “che, la maestra dice tal cosa; si a vos te parece que no va, no va, plántate”. Si vos tenés siete años y te obligan a hacerlo, genial, y mañana yo voy me planto yo también. Tenemos como esa especie de enseñanza de esto, digamos: de que el respeto se gana el respeto; la autoridad se gana la autoridad. No es simplemente porque es una persona que la sociedad determinó que es la autoridad.
LEILA GUERRIERO
KC: Pero eso mismo, tú en una entrevista dijiste “mi pareja me tiene que soportar mis viajes y mi ostracismo porque yo trabajo mucho”, y que puedes a veces empezar a trabajar a las siete de la mañana y terminar a las nueve de la noche e interrumpirlo, quizás que te vas a tomar un té, un café, vas a trotar ¿es así, efectivamente?
LG: Sí, es así. De hecho, en este año en que estoy viajando mucho, creo que desde enero hasta ahora no he pasado más de dos semanas seguidas en casa. Y los momentos en los que estoy acá en casa, —ahora estoy en Buenos Aires —, realmente mis jornadas laborales son muy extensas porque los viajes siempre son por trabajo y, por supuesto, tienen una agenda muy cargada porque son viajes de trabajo. No es que uno viaja para ir al museo, bueno a veces podés ir al museo. Pero sí, mis jornadas de trabajo son largas. Y creo que cuando vivís con alguien, siempre está la mirada atenta a cómo lleva el otro y también cómo lleva una misma, esa situación de aparezco, me voy, aparezco, me voy. Pero creo que está bien situado todo eso. Nunca, jamás en todas mis relaciones he tenido un solo reclamo relacionado a eso, al contrario, si ha habido algún reclamo más bien ha sido, o sea, el reclamo que puede haber es no lo padezcas, disfrútalo. Tenés que ir dos semanas a tal lugar, no te angusties, va a salir todo bien, disfrútalo. Y yo a veces me voy un poquito así, como sin ganas de irme y ahí está la voz del otro que te dice: “si la vida tuya es eso también”.
KC: Es parte de ti.
LG: Claro.
KC: Y este ostracismo, es una palabra bien fuerte, me estoy imaginando que si tú estás trabajando en un proyecto ¿te metes así y te abstraes del mundo?
LG: Cuando escribo, sí. Cuando estoy escribiendo, por supuesto en la etapa en que estoy investigando, reporteando, no.
KC: Es distinto.
LG: Sí, porque no estoy solamente con un proyecto todo el tiempo, siempre estoy haciendo muchas cosas. Entonces, aunque esté haciendo un libro, siempre estoy haciendo otras cosas, siempre estoy, además, dando talleres, escribiendo columnas y viajando, etcétera. Pero en el momento en que escribo, sobre todo, bueno, tanto artículos como libros, pero el libro, por supuesto, es una exigencia de tiempo mayor, más larga. Sí, ahí aparto todo lo que pueda vivir como distracción. Y prácticamente me encierro y escribo desde temprano hasta las ocho, nueve de la noche. A mí no me gusta trabajar de noche. A veces en ocasiones, en muy pocas ocasiones he tenido que como que apurar un poco la máquina, no para un libro, por supuesto, porque un libro en general no tenés esa premura. No, no me gusta trabajar de noche.
MARIANA TRAVACIO
KC: En una entrevista en el blog Horas robadas, comentas la necesidad imperiosa que tienes de escribir constantemente en café, bares, cruceros, todos en pedacitos de papel, ¿es así?
MT: Sí, acá tengo un cuaderno. Sí, no, pero a ver, eso es lo que dice Pascual Quignard, que yo estoy muy de acuerdo, para quién escribe o quiere escribir o qué sé yo, Pascual Quignard dice: “el tono no tiene una segunda oportunidad” ¿Y con qué lo equipara Pascual Quignard? Con la caricia amorosa, él dice: “Si vos empezás una caricia amorosa en un momento dado con tu amante, con tu pareja, con quien sea, y como no es el momento apropiado la dejas caer para retomarla en otro lugar, en otro momento, dos horas después, no se reaviva con la misma pasión, con el mismo encuentro, con la misma espontaneidad con la que se dio en ese instante». Y él usa esta comparación para hablar del tono en literatura. Él dice que cuando se da un tono de escritura, no hay dos oportunidades, si no lo tomas en el momento, ese tono exacto lo perdiste. Lo podés querer revivir, retomar como la caricia amorosa, no va a volver de la misma manera.
ANDRÉS BARBA
KC: Y es interesante esto que hablas de la infancia que uno se inventa para explicarse a uno mismo y la infancia real, ¿podrías tú definir cuál fue tu infancia real? ¿O todavía no lo aclaras en ti mismo?
AB: Yo creo que hay una parte de la infancia real que surge precisamente en la crianza de los propios hijos. Uno redefine, por eso las personas que no han tenido hijos, digamos, son más proclives a hacer una metaficción de su infancia. Hay una manera en la que uno revisa su propia infancia, que es cuando uno es padre, y entonces empiezas a mesurar ciertas cosas, a revisitar tu infancia desde tu perspectiva actual de padre o de hacer la crianza de tus hijos. Y, entonces, ahí te das cuenta de que gran parte de la ficción que tú te habías contado acerca de tu propia infancia se desmorona, no tiene sentido vista a la luz de tu propia paternidad, digámoslo así. Por eso la crianza es tan interesante. Es un lugar de perdón también, curiosamente, como que perdona muchos defectos de los padres, precisamente descubriendo lo difícil que es criar a los propios hijos. Uno se vuelve más indulgente con los defectos de tus padres cuando te das cuenta de lo complicadísimo que es criar bien a la gente sin perder la paciencia, siendo un ser humano relativamente razonable y funcional. En fin, descubres lo que es no dormir en dos años, por ejemplo, y cómo eso te convierte a veces en una especie de monstruo salvaje hasta para lo más elemental. Entonces, bueno, yo creo que ahí es una ficción que se desmorona en el contacto con la realidad. Roland Barthes hablaba mucho del sentido del tacto, diciendo que el sentido del tacto inhabilita lo religioso. Por eso lo religioso, lo sagrado, no se puede tocar, es intocable. Una de las cualidades de lo sagrado es que no es tocable. Lo inalcanzable no es tocable. Los monstruos sagrados, las celebrities no se pueden tocar porque en el momento en el que se toca, lo sagrado se desacraliza, se vuelve normal, se vuelve material, se vuelve no sagrado. La celebrity se vuelve una persona normal. El objeto sagrado se banaliza, se materializa. Entonces, yo creo que, en ese sentido, la crianza es como una manera de tocar tu propia infancia en un punto. Como que se desacraliza. Uno tiene como una visión o un recuerdo como mucho más realista o esa mitologización se vuelve más realista.
ARTURO FONTAINE
KC: Hablando de talleres, porque también estuviste con José Donoso, que tuvo una fuerte influencia en tu formación. Pero antes de indagar en José Donoso. Los talleres de escritura generan polémica. Son instancias que se dice que no sirven. Algunos opinan que no sirven, otros que sí sirven. Yo pienso que sirven muchísimo. Pero me encantaría saber tu perspectiva de cómo te ayudó en tu formación estar en talleres de escritura.
AF: Para mí fue positivo, fíjate. Me doy cuenta de que hay una dinámica que a veces puede ser un poco negativa: tensiones, no sé, alguien te criticó, tú criticas un cuento y, cuando presentas el tuyo, te devuelven la mano. En fin, hay ese tipo de tensiones. Pero yo te diría que para mí fue muy útil, no solamente el de Manuel Puig, sino que, por supuesto, el de Pepe Donoso y otros que tuve en Columbia, pero ya en inglés, digamos, pero con escritores o poetas ingleses. Y cada personalidad que hay ahí, te marca. Es una manera también de acercarse a escritores, de poder tener una relación con un escritor que de otra manera no conocerías. Y eso es valioso. Y también uno empieza a mostrar sus originales, y a pesar de que te lleguen coscorrones, bueno, uno va saliendo hacia fuera, digamos. Entonces, es un primer paso hacia la publicación, es como un filtro. Yo creo que fue muy útil.
Ahora en el caso de Pepe Donoso, en especial, a mí lo que más me impresionaba de él era su pasión por la literatura, por la novela, su memoria. O sea, tú tenías una escena de té en tu novela o capítulo o cuento lo que fuera, y él te decía: “a ver, ¿pero qué escenas de alguien tomando té recuerdas tú en la literatura?”. Y él te producía tres, cuatro escenas de novelas totalmente distintas. Y después, te cambiaba y te decía: a ver, un trago, ahí son muchos más. Qué sé yo, en fin, empezaba a dar ejemplos. Tenía una memoria literaria asombrosa y muy contagioso su entusiasmo por la novela en particular.
KC: ¿Tú sientes que tienes esta tensión entre la vida y la escritura que marcó tanto a José Donoso? Él dijo: «Cada polvo son cincuentas páginas menos», en un minuto.
AF: Eso me lo dijo a mí.
KC: Ah, te lo dijo a ti.
AF: Eso me lo dijo a mí.
KC: Y tú te quedaste.
AF: Yo me quede mudo porque me estaba retando. Me estaba retando porque yo era frío, no era, en fin, no era tan bien comportado. Y ahí fue cuando me dijo: “Acuérdate, cada polvo son cincuenta páginas menos”. Yo quedé lelo.
KC: No te voy a preguntar si son o no.
AF: ¿Cómo lo vamos a saber?
EDMUNDO PAZ SOLDÁN
KC: Vamos a cambiar totalmente de tema. Vamos a dejar Bolivia de lado, Estados Unidos de lado y vamos a hablar del amor. Te divorciaste y te volviste a emparejar con la escritora, tremenda escritora, Liliana Colanzi. Bueno, este mes salió la entrevista a Andrés Barba, escritor español, pero también nacionalizado argentino, y conversamos bastante de lo que es vivir con la persona que uno ama y también que a él le toca trabajar mucho con ella, y también ella es su lectora. Y él me contó que cuando ella le hace la devolución de sus escritos, se enfurece, a veces se enfurece, lo pasa mal, que es difícil, pero es su mejor lectora, que la escucha muchísimo, ¿cómo es para ti esta experiencia?
EPS: Bueno, es parecida en el sentido también de que no he publicado nada que no haya sido aprobado por ella y también es una lectora muy exigente. Quizás, en el último tiempo yo he aprendido a no apresurarme, en el sentido de que casi, incluso, puedo ya oír su voz diciéndome esto falta. Entonces, lo que trato de hacer ahora, es presentarle manuscritos más acabados para no sufrir tanto. Pero igual, es ella la que tiene la última palabra de si funciona o no funciona. Obviamente, yo soy el responsable de la versión final, pero sí es una muy buena lectora que se da cuenta altiro de cuando yo, sobre todo, me estoy repitiendo, estoy haciendo lo mismo, no me estoy desafiando o algo así. Y también, querría que yo fuera exigente con ella, porque al comienzo decía que a mí me gustaba, no sé si era el amor o qué, pero a mí de verdad me gustaba todo lo que ella escribía y entonces decía, no vale porque me tienes que decir algo que no te guste porque eso me va a ayudar. Entonces dice que ya cuando comencé a decirle cosas que podía mejorar, entonces dijo que recién comenzó a creerme. No le gustaba cuando yo aprobaba muy fácilmente sus textos.
KC: ¿Y cómo son esos días cuando tú le pasas el texto y estás esperando que lo lea? Debe ser difícil porque tú sabes que te está leyendo, no te puede comentar y estás a la espera, ¿son tensos esos días o ya estás muy acostumbrado?
EPS: No, son tensos y también son muy impacientes porque claro, ella también tiene cosas que hacer y ella dice que yo escribo mucho y probablemente sea cierto. Entonces, no puedo yo venir con un manuscrito de cuatrocientas páginas y decir, bueno, deja todo y tienes que leer lo mío porque está enseñando. Entonces, lo que trato de decirle siempre es, avísame cuándo te puedo dar el manuscrito para no sufrir esperando mucho, hasta que te hagas un hueco con la lectura. Porque lo peor que me puede pasar es que mi manuscrito esté ahí haciendo cola, porque ella tiene que hacer o tiene que terminar otras cosas antes. Entonces, trato de minimizar el tiempo de espera y así como tener menos ansiedades, pero a veces es inevitable, pues que esperes nomás.
JAVIER PEÑA
KC: Tú tienes una historia muy linda con tu amiga que murió de cáncer. Y también contaste, creo que es en el podcast de La taberna de Macondo, que mientras tú la nombres y cuentes sobre ella, ella no va a morir. Es muy linda la historia.
JP: Pero no es mía, es de ella. Es un pensamiento bastante común, pero mi amiga la desahuciaron y tuve la oportunidad de ir a despedirme de ella —de hecho, tuve la oportunidad de ir a despedirme de ella tres veces, porque finalmente aguanto más de lo que esperaban, fue algo extraño porque nos despedimos tres veces— pero la primera vez que me despedí de ella, que yo pensaba que era la última, ella me dijo: “Javi, estoy convencido de que alguien no muere hasta que la última persona que la conoció la olvida”. Y yo entonces le dije: “mira, Paula, yo te prometo que mientras yo siga vivo, tú estarás viva”. Y mi primer libro está dedicado a ella y hay un personaje que no es ella, pero que se parece a ella. En mi segundo libro hay un personaje que, como ella, tenía un tumor cerebral que la dejó ciega pues momentáneamente, y le pasa a ese personaje. Hay una escena que es exactamente lo que le pasaba a ella conmigo, que nos conectábamos a través de audios. Como estaba ciega, yo no podía escribirle y estábamos de audios. Y en este libro también sale Paula. En mis tres libros sale Paula de una forma u otra y creo que va a salir siempre porque su amistad, su vida, su muerte y su pérdida me marcaron. Son esos momentos —esto lo pienso mucho ahora que afronto los perfiles de Grandes infelices— creo que uno en la vida tiene cuatro, cinco, seis grandes momentos, el resto son, igual los momentos que más disfrutas no son los grandes, pero hay cuatro o cinco momentos que te cambian. Y para mí, sin duda, uno de ellos es la amistad y la muerte de Paula. Y si alguien quisiera hacer un “Pequeños infelices” conmigo, pequeños no por mi infelicidad, sino por mi talento literario, si alguien quisiera hacer “Pequeños infelices” conmigo, tendría que contar la historia de Paula, porque fue fundamental para todo en mi vida. O sea, Paula murió cuando yo tenía treinta y nueve años, yo ahora tengo cuarenta y seis, y hay un antes: un Javi de antes, desde los treinta y cinco cuando ella enferma, porque estuvo enferma cuatro años, y otro después. Bueno, pues está claro que yo le debo mucho. Y yo me considero, o sea, me considero una persona terrible, pero me considero una persona muy leal y muy agradecida, y a ella le debo prácticamente todo porque ese libro no lo habría escrito sin su ánimo y sin su historia.
Lee. Escribe. Crea con Espiral.




