#139 Entrevista a Javier Peña

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Hola, hola ¿cómo estás? Soy Karen Codner y te doy la bienvenida al programa 139 de Espiral con el escritor y podcaster español, Javier Peña con quien conversé en persona a mediados de noviembre en la librería Azafrán en Santiago, con una sala llena y público de pie. Hablamos de cómo nació su estilo narrativo único, de la infelicidad como motor creativo, de una amiga que lo marcó profundamente y de la historia que hay detrás de su última novela, Tinta invisible que la escribió en uno de los momentos más complejos de su vida, cuando se reencontró con su padre tras cuatro años distanciados y cuando también, ya estaba muy enfermo.

En Espiral Javier comparte su miedo al éxito, su relación con el fracaso, el origen inesperado de su primera novela y el peso emocional de escribir sobre su familia. También conversamos sobre su trabajo con Ana Carpintero , su pareja y colaboradora en el podcast “Grandes Infelices”, la comunidad de oyentes que lo sostiene y los límites de contar historias que son dolorosas. O por qué no quiso ser padre.

Me encantó conocer a Javier Peña, sobre todo por su profesionalismo y por cuánto se abrió en las respuestas. Acuérdate que Espiral es para ti, un programa con entrevistas en profundidad a los mejores escritores de habla hispana, compártelo, ponle un like y déjame un comentario donde sea que lo escuches. Así se convierte en una conversación.

 

Recuento personal

Grabo esta introducción y cierre en Miami. Vine por una semana de paseo con mis hermanas, algo que he disfrutado muchísimo. Hace bastante que queríamos hacer este viaje pero costó la coordinación y concretarlo. Coincidió además con la feria de arte más grande del mundo, la Miami Art Basel; la ciudad se llena de exposiciones. Es una especie de gran evento cultural, hay gente de todo tipo. En un fin una ciudad que vibra. Visité una exposición muy interesante que la daban a la altura del hotel Faena de Library of Us de la artista inglesa, Devlin.

Library of Us es una escultura cinética monumental con una estantería triangular de 15 metros de largo que rota lentamente por una pileta de libros. Aloja 2,500 libros seleccionados por la artista inglesa que forman parte de su biblioteca .En la descripción de Devlin se cuenta es una creadora interdisciplinaria, ella combina escultura, arquitectura efímera, luz, proyecciones, texto y performance para construir experiencias inmersivas a gran escala.

Estaba lleno de gente y si bien no hice la fila para sentarme y dar vuelta alrededor de la escultura, lo disfruté. La instalación está colocada sobre un estanque reflectante, un círculo de agua, lo que le da un efecto visual de biblioteca “flotante” sobre la playa. Si quieres ver fotos, las encuentras en la transcripción de la entrevista en mi página web www.karencodner.com

Entre este viaje y las clases del Máster mi vida sigue agitada. Además que pronto debo entregar tres trabajos. Lo que sí es novedad, y espero que así resulte, que la introducción y cierre del próximo episodio de Espiral, la voy a grabar desde Barcelona. Me iré a instalar todo enero y febrero allá con mi familia y en marzo me quedo sola tres semanas. Una gran aventura.

Acuérdate que Espiral es para ti, un programa con entrevistas en profundidad a los mejores escritores de habla hispana, compártelo, ponle un like y déjame un comentario donde sea que lo escuches. Así se convierte en una conversación.

 

Entrevista Espiral

KC: Hola, soy Karen Codner y esto es Grandes infelices, un podcast al modo chileno, un podcast de Blackie Books. Y esta temporada, es decir, hoy, queremos hablarles de la voz y la cabeza detrás de este fenómeno del podcast. En el episodio de hoy, vamos a contar la historia de Javier Peña a través de su literatura, especialmente de Tinta invisible, de todos sus libros y de su podcast. Veamos quién es Javier. Javier nació en Santiago de Compostela.

JP: No, en La Coruña.

KC: En La Coruña, pero hoy vive en Santiago de Compostela. Y durante años, porque estudió periodismo, trabajó en diarios y medios como El País, El Mundo y La Voz de Galicia. Es autor de tres novelas, InfelicesAgua verde. No, de cuatro. 

JP: No, tres. Tres. 

KC: Agua verde y Tinta invisible.

JC: ¿Cuál dijiste la segunda? 

KC: No, es Aganes

JP: Sí, iba a decir Agnes, que es una novela que conocía, AgnesInfelicesAgnes y Tinta invisible.

KC: Y creador del podcast Grandes infelices. ¿Quiénes han escuchado Grandes infelices acá? Los que no lo hayan escuchado, o más o menos, tienen que correr a escucharlo.

JP: Pero que escuche la conversación primero.

KC: Ah, sí claro, después también que escuché Espiral porque seamos buenos con los chilenos. ¿Y qué es Grandes infelices? No sé si es lo que yo voy a decir, pero voy a tratar. Es una mezcla interesante de narrativa, de biografía y una reflexión sobre la vulnerabilidad humana. Javier no sabe conducir, para que ustedes sepan y yo tenía algo que mostrarles. No sé si se va a escuchar. Escuchen ¿Quién sabe qué grupo de música es este?

Público: Morrissey. The Smiths.

KC: Bueno, él, como su hermano ¿o no? Es fanático de The Smiths.

JP: Sé que Morrissey acaba de cancelar el concierto en Santiago, como todos los que cancela. Quiero aclarar que soy fanático de The Smiths, pero Morrissey me parece un cretino. Eso quiero dejar claro. 

KC: Quiero decir que yo no sé mucho de música, pero le creemos. Y tiene una estrecha relación con las lentejas.

JP: Veo que te has documentado.

KC: Es que es muy buena la historia. Sí, señores, por las lentejas. ¿Qué es lo interesante de Grandes infelices? Que, como estábamos hablando en el café, es algo que no existe o que si existe poco sabemos sobre la vida de los escritores. Escritores como Franz Kafka, Virginia Woolf, Sylvia Plath y recién de Colette —yo no sabía mucho de la vida de Colette— en un tono confesional, cercano. Y, además, también junto a la residencia literaria, lo voy a decir más o menos bien, Cidade da Cultura.

JP: Se dice igual, Ciudad de la Cultura, como se lee.

KC:  Exacto. Ahora ya no está ahí, pero fue muy importante.Escribió Tinta invisble, como ven lo tengo muy, lo tiene que leer, para comprender mejor a su padre como Franz Kafka, Carta al padre, como tantos. 

JP: Bueno, yo no tengo claro si Kafka escribió la carta para comprender mejor a su padre o más bien para reprocharle a su padre, que es distinto. Yo no, yo no quería reprochar. 

KC: No, pero hablaste del padre. 

JP: Eso sí. 

KC: Quizás para despedirse de él de otra forma, más cercana y más íntima. Voy a citar: «Sospecho que escribo este libro para tener una fotografía de mi padre que poner al lado de aquella con el cigarrillo en la mano (…) Creo que intento conocer a mi padre conociendo a los autores que ambos admiramos. Creo que ahora, en su muerte, trato de paliar mi falta de curiosidad durante su vida». Página ciento veintidós. «O bien, considero que tarde o temprano todos los escritores acabamos escribiendo de una u otra sobre el fallecimiento de nuestros padres. Padre o madre». Página ciento treinta y ocho.

Con Javier, tuve la patudez, digamos, porque tengo que decirlo, que le escribí primero por Instagram para comunicarnos y después por WhatsApp ¿Y qué es lo que me llamó la atención de él? Un escritor que efectivamente se pone ansioso ante las presentaciones y se hace las mismas preguntas que yo: ¿Llegará la gente? ¿Será un éxito?

JP: ¿Pero habrá algún escritor que no piense eso? Igual alguno, JK Rowling, pero el resto, yo creo que todos tenemos ese temor a la sala vacía.

KC: No sabe lo que es una sala vacía, así que nos hicieron a los dos muy felices esta tarde de viernes de noviembre. Bueno, pero vamos a empezar, vamos primero con la cadencia de Grande infelices. Me suena más a una historia que a un podcast, a veces uno se olvida de que está en tus podcasts. A una historia de no ficción, con ficción. Es difícil encontrar esta cadencia. Y yo me puse a pensar ¿Cuáles son tus referentes en el mundo del podcast? ¿Eres un consumidor del podcast? ¿A quién escuchas?

JP: Esta pregunta siempre me pone un compromiso. El otro día tuve, al llegar a Santiago, un desayuno con gente de podcast y me hicieron la misma pregunta y yo respondí lo mismo.

KC: No la copié.

JP: No, no lo digo por eso. Porque soy muy mentiroso, pero en estas cosas no sé mentir. Soy mentiroso para escribir libros, pero en estas cosas no sé mentir. Yo no escucho podcasts. Ahora escucho más, pero cuando empecé Grandes infelices prácticamente no escuchaba ningún podcast y también creo que ese es el secreto del éxito de Grandes infelices, que hice algo distinto porque no tenía ningún referente directo, ningún referente de podcast. Creo que Grandes infelices está mucho más relacionado con un género o con un medio que sí que me ha influido más y que sí que veo más, que son los documentales de escritores. Pensé mucho en un documental de Dostoievski de la BBC de los años sesenta que encontré en YouTube y lo vi, y me di cuenta de que ese documental contaba la historia con el audio y que las imágenes que acompañaban no aportaban absolutamente nada. Decían que Dostoievski paseaba por el río Neva en San Petersburgo y ponía una imagen del río, y pasó al lado del palacio Mijáilovski, ponía una imagen del palacio Mijáilovski, luego se casó con Anna Snitkina y ponía un cuadro de Anna Snitkina. Realmente tú podías escuchar toda esa historia mientras cocinabas, mientras manejabas, sin verlo. No hacía falta. Digo, si a estos documentales que a mí me gustan tanto les quitas la imagen, te queda un audio donde está la historia. Si suples esa imagen con sonidos y si en vez de poner una imagen del río, pones un sonido del río fluyendo, en vez de poner una imagen de nieve en San Petersburgo, pones un sonido de frío, igual es más expresivo que la imagen. Entonces, se me ocurrió hacer esta especie de documentales sonoros, por así decirlo.

Lo que pasa es que tampoco quería y nunca he tenido la pretensión ni la vanidad de pensar que mis episodios eran unas biografías de los escritores, solamente eran un relato basado en la vida de los escritores, un relato o una novela basada en hechos reales, y de ahí el principio de imaginar una novela con esta trama. Porque realmente lo que hago es coger los hechos, las escenas que más me impactan de las biografías y montar una novela. Pero es algo parcial, es un perfil, nunca puedo dar una imagen completa de un escritor, porque cómo se puede dar una imagen completa de una vida que igual ha durado sesenta, ochenta años, lo que sea, y que son muy intensas, en cuarenta y cinco minutos. Uno tiene que ser consciente de la limitación que eso supone y esa limitación a mí me ayuda porque no intento abordar todo. Muchas veces dejo partes y hay gente que me dice: pero es que hiciste este escritor, pero no contaste esta historia de sus amores. Ya, pero es que tengo que centrarme en algo y ese centrarme, ese darle unidad al podcast, creo que también es una de las claves de que funcione, porque al final es una historia, es una historia que te ayuda a conocer a un escritor, pero es una historia. Igual no te interesa nada ese escritor ni lo que escribe, pero te interesa la historia porque es como una novela, como una película, como una serie, como un thriller a veces, una película de terror a veces.

KC: Voy a citar: «No vivo el momento. Soy un infeliz, un pesimista», así le contaste a Jan Aramany en su podcast La taberna de Macondo, que es otro editor que también entrevisté en Espiral. Además de que esa infelicidad la contiene un motor creativo ¿Cuándo comenzó el juego contigo y la infelicidad?

JP: A ver, mi relación con la infelicidad comenzó el 6 de enero de 1979, que nací yo. Nací infeliz. Mi madre siempre me decía: con lo alegre que eras tú de niño y lo sonriente, pero mi madre es muy mentirosa porque yo el otro día estuve recopilando fotos mías de niño y todas tenía una cara de triste que no podía.

KC: Pero ahora te ríes.

JP: Aunque me ría, soy infeliz. Es que esa es una de las confusiones que creo que hay sobre la infelicidad. La gente piensa que cuando yo digo que soy infeliz o que estos autores son infelices, no es que somos infelices las veinticuatro horas del día, es una tregua, hay días que soy muy feliz. El problema es que hay una tendencia, como un abismo que está ahí al lado, que tú sabes que está siempre transitando al borde del abismo. Esa es mi relación con la infelicidad. 

Mi relación con la conciencia de la infelicidad es más próxima, proviene del 2015 más o menos, que es cuando yo estoy escribiendo discursos para una política, una señora, una consejera en el gobierno regional, esta consejera es la persona a la que más detesto en el mundo, es la peor persona con la que yo me he cruzado y todos los días de mi vida, bueno, de mi vida no, durante siete años tengo que escribir un discurso pensando que soy ella, tengo que meterme en su cabeza, en su miserable cabeza y escribir ese discurso. Eso a mí me destrozaba, o sea, yo llegaba a casa hecho mierda, perdón. Y eso se une que mi mejor amiga, lo único que me mantenía en ese puesto de trabajo – yo me sentaba aquí en la oficina y mi mejor amiga se sentaba ahí -, eso me hacía tener las fuerzas para ir a trabajar porque yo disfrutaba mucho compartiendo espacio con ella. Pues, mi mejor amiga enferma de cáncer y muere, se murió con treinta y un años. En ese momento yo me doy cuenta de lo infeliz que soy y necesito de alguna forma exorcizar esa infelicidad o hacer terapia. Pero como encima gano muy poco dinero, no tengo para un terapeuta, entonces escribo y escribo un libro que se llama Infelices, que es mi primera novela. Pero lo escribo, aquí viene la historia de las lentejas, ¿quieres que te la cuente? Lo escribo con la idea de que no lo voy a publicar porque es un libro que yo escribo solo para desahogarme, es muy personal y es un desahogo. No quiero que lo lea nadie ajeno, en principio, pero se lo voy a leer a tres personas: a mi mujer, a mi amiga enferma de cáncer y a una tercera amiga, y las tres me dicen: “Javi es magnífico, tienes que mandarlo a editoriales”, pero yo ya había escrito en concreto una novela antes, muy mala, malísima, terrible, o sea, diez años antes eso sí, que mandé alguna editorial y, bueno, pues no encontré respuesta. Sabía que era un camino muy difícil y yo digo: bueno, ya soy bastante infeliz como para hoyar ahora el camino de la infelicidad mandando el libro a otras editoriales. Qué difícil contar esto. Bueno, entonces les digo que no, que no se lo voy a mandar a nadie, que queda ahí entre nosotros cuatro. Pero resulta que la tercera amiga, en ese momento, esos días, está con unos amigos que yo no conozco y le dicen: “vienen unos primos nuestros de Barcelona, vente a cenar con nosotros”. Ella no conocía a los primos. Y les dice: me voy para casa que ya descongelé unas lentejas y si no se me van a estropear. Y los otros: no, que vengas. Y al final fue. Y empezó a hablar con la prima y resulta que la prima le preguntaba: ¿a qué te dedicas? Y la prima le dice: soy agente literaria. Y dice: pues yo tengo un amigo que escribió una novela y tal y que está muy bien. Pues, que me la envíe. Y me lo dijo, se la envié y a los tres días me escribe esta mujer y me dice: me encanta la novela, quiero representarte y además sé que editorial quiero que te publique, Blackie Books. Y efectivamente, dos meses después, Blackie Books me llama, firmamos un contrato, aprovecho esa firma para dejar el trabajo en el que soy infeliz y cambia mi vida por completo. 

KC: ¿Y eres feliz en ese minuto? 

JP: No, que va, pero por lo menos pensaba que igual podía salir de ahí. Uno tiene que, aunque sepa que al final vas a ser infeliz, tiene que intentar. O sea, lo mío no es una búsqueda de la felicidad, es un intento de buscarla. Y yo siempre digo que, si mi amiga hubiese ido a comer las lentejas, yo no estaría aquí y eso me interesa mucho. Parece una tontería, pero me interesa mucho porque quiere decir hasta qué punto el azar condiciona nuestras vidas. Pero fijaos que no es una cosa, no es una decisión mía, era la decisión de comer lentejas o no de una amiga, y eso cambió mi vida por completo. Entonces, a mí en el fondo me tranquiliza porque no está en tus manos, está en manos del universo. Esto que te dicen: esfuérzate, esfuérzate. Sí, me puedo esforzar muchísimo, pero si mi amiga come las lentejas, me voy a la mierda. Eso me ha hecho pensar mucho.

KC: ¿Te gustan las lentejas?

JP: Soy muy mal comedor, entonces te voy a contestar que las de mi madre sí.

KC: Ah, muy bien.

JP: Es de las pocas cosas que me gustan de mi madre aparte.

KC: Sí, vamos a hablar de la madre. Pero antes me quiero detener, es historia muy linda, que es Javi, porque le dije que Javier, pero prefiere que le digan Javi. ¿Sí o no? 

JP: Sí, ayer me pasó una cosa que me fascinó, que vino de una chica a que le firmara el libro y me dijo: yo soy Javiera Peña, me encantó, nunca había visto una Javiera Peña, entonces tuve que llamarle Javi también. Sí, me gusta que me llames Javi.

KC: Tú tienes una historia muy linda con tu amiga que murió de cáncer. Y también contaste, creo que es en el podcast de La taberna de Macondo, que mientras tú la nombres y cuentes sobre ella, ella no va morir. Es muy linda la historia.

JP: Pero no es mía, es de ella. Es un pensamiento bastante común, pero mi amiga la desahuciaron y tuve la oportunidad de ir a despedirme de ella —de hecho, tuve la oportunidad de ir a despedirme de ella tres veces, porque finalmente aguanto más de lo que esperaban, fue algo extraño porque nos despedimos tres veces— pero la primera vez que me despedí de ella, que yo pensaba que era la última, ella me dijo: “Javi, estoy convencido de que alguien no muere hasta que la última persona que la conoció la olvida”. Y yo entonces le dije: “mira Paula, yo te prometo que mientras yo siga vivo, tú estarás viva”. Y mi primer libro está dedicado a ella y hay un personaje que no es ella, pero que se parece a ella. En mi segundo libro hay un personaje que, como ella tenía un tumor cerebral que la dejó ciega pues momentáneamente, y le pasa a ese personaje y hay una escena que es exactamente lo que le pasaba a ella conmigo, que nos conectábamos a través de audios. Como estaba ciega, yo no podía escribirle y estábamos de audios. Y en este libro también sale Paula. En mis tres libros sale Paula de una forma u otra y creo que va a salir siempre porque su amistad, su vida y su muerte y su pérdida me marcaron. Son esos momentos —esto lo pienso mucho ahora que afronto los perfiles de Grandes infelices— creo que uno en la vida tiene cuatro, cinco, seis grandes momentos, el resto son, igual los momentos que más disfrutas no son los grandes, pero hay cuatro o cinco momentos que te cambian. Y para mí, sin duda, uno de ellos es la amistad y la muerte de Paula. Y si alguien quisiera hacer un “Pequeños infelices” conmigo, pequeños no por mi infelicidad, sino por mi talento literario, si alguien quisiera hacer “Pequeños infelices” conmigo, tendría que contar la historia de Paula, porque fue fundamental para todo en mi vida. O sea, Paula murió cuando yo tenía treinta y nueve años, yo ahora tengo cuarenta y seis, y hay un antes, un Javi de antes, desde los treinta y cinco cuando ella enferma, porque estuvo enferma cuatro años, y otro después. Bueno, pues está claro que yo le debo mucho. Y yo me considero, o sea, me considero una persona terrible, pero me considero una persona muy leal y muy agradecida, y a ella le debo prácticamente todo porque ese libro no lo habría escrito sin su ánimo y sin su historia.

KC: ¿Te has hecho terapia?

JP: Cuatro sesiones. Luego me dije: esto no es para mí. Pero también no es para mí porque soy escritor y por tanto pobre, insisto, calculaba que a la sexta sesión tendría que ya ir a comer a la beneficencia.

KC: Vamos a hablar del éxito. Llegaste tarde al mundo de la literatura, trabajaste mucho en periodismo, como a los cuarenta años ¿no?

JP: Sí.

KC: Pero has logrado muchísimo, tienes cuarenta y cinco.

JP: No, tengo cuarenta y seis. Voy a hacer cuarenta y siete en enero de hecho.

KC: Bueno, yo voy a cumplir cincuenta y tres ahora. Tres novelas, un gran podcast, creaste la residencia literaria, sin embargo, nunca estás satisfecho. Cuentas que te consideras un fracasado. Explícanos esta dualidad.

JP: Bueno, a ver, primero, soy consciente de que me he construido un personaje, pero no me he construido un personaje de cara a vosotros, sino un personaje de cara a mí y de cara a mi vida. Y es un poco un personaje autodefensivo, en el sentido de que yo digo, he fracasado, bueno, pues no pasa nada, ya está, da igual. Me da más miedo pensar que he tenido éxito porque cuando uno no tiene nada, no tiene nada que perder, entonces me da miedo. Y esto es un poco lo que me pasa con el podcast, que ahora tengo terror a perder esta comunidad tan hermosa que hemos construido entre todos, porque yo considero que una de las cosas hermosas de Grandes infelices es que es una comunidad de oyentes, porque una de las cosas más hermosas de Grandes Infelices es que se recomienda de uno a otro, nunca ha tenido una gran plataforma detrás, ni un gran auspiciador, sino que es recomendado. A mí todo el mundo, cuando vienen las firmas, a mí me lo recomendó mi compañero de trabajo, mi tío, mi prima, mi tal. Y yo siempre busco quién fue el paciente cero, el pangolín del COVID, que lo recomendó por primera vez. Pero hubo alguien, y a partir de ahí cada uno se lo recomendó a dos personas y va creciendo en forma de árbol. Y entonces considero que es una comunidad, y me parece muy hermoso lo que se ha construido.

KC: Ahí no has fracasado.

JP: Bueno, he fracasado de distintas maneras. Primero, en no conseguir vivir del podcast. Y aparte de eso, yo cada vez tardo más en hacer un episodio del podcast, entre otras cosas porque cada vez me siento más responsabilizado con toda la gente que lo escucha. Al principio lo veía más como un juego, ahora es como una responsabilidad, ahora sé que cada episodio lo va a escuchar mucha gente. Entonces, eso me bloquea también.

Pero obviamente, con el podcast no he fracasado, con el podcast he tenido éxito. Pero mi pensamiento, en Galicia somos así, siempre es: pero con el siguiente episodio, no le va a gustar y me van a abandonar. Eso es lo que pienso siempre. Entonces yo me anticipo, soy un fracasado, por si acaso pasa, ya lo dije yo antes. Si me dicen, mira, fracásate, ya lo avisé yo. Esto es, como yo siempre digo, estoy calvo, soy bajito, para que no me lo digan otros. Ya lo dejé yo claro. Porque a mí no me importa insultarme a mí mismo o criticarme a mí mismo, pero no me gusta que lo hagan los demás, entonces ya lo dejo yo claro.

Pero bueno, a ver, es un juego. Yo siempre recuerdo un momento que fue el 14 de septiembre pasado, viajé a Medellín, Tinta invisible no estaba publicado, pero me invitaron a la Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín por el podcast y recuerdo que como yo no manejo, mi mujer me llevó al aeropuerto y al despedirme de ella le dije: Bueno, ya pasó la etapa del fracaso nacional, ahora toca el ridículo internacional. Obviamente era una broma, pero en el fondo yo estaba aterrado de ir a Medellín, digo, ¿quién va a ir a verme a Medellín? Yo no tengo ni libros allí. Y luego me metieron en Medellín y había un teatro enorme con ciento sesenta butacas. No había nadie, claro, porque yo me senté allí y dije: no va a venir nadie. Y empezó a llegar gente y se llenó el teatro y en aquel momento, me cambió la vida. En ese momento llegué a España de vuelta y le dije a mi editor: Tinta invisible tiene que publicarse en Latinoamérica sí o sí, porque también quise pero no me hicieron ni caso, y yo quiero visitar todos los países que se publique, porque descubrí lo que se quería el podcast aquí y esa comunidad de la que hablo, esa comunidad que a mí a través de la Tinta invisible o en este caso de los megahercios invisibles, no sé, me conectaba con gente del otro lado del Atlántico y nos conectaba a todos los oyentes y comentábamos los episodios y me pareció lo más hermoso que me había pasado, por lo menos a nivel profesional.

Entonces, ahora mismo lo que me aterra es que hay algo que me gusta muchísimo que es este proyecto y tengo miedo de que se me escape de las manos de alguna forma. Y yo siempre pienso que treinta y dos episodios del podcast, que gustarán más o menos, pero que tienen un nivel de calidad mínimo ¿no? Pero si yo mañana hago uno malo, que puede pasar, igual lo pierdo todo. Porque esto va así, esto es como en el fútbol que dicen: vales lo que vale tu último partido. Pues en la literatura, en la cultura, vales también lo que vale tu última obra. Es un mundo muy exigente y de alguna forma te obliga a estar todo el tiempo recordándole a la gente que Grandes infelices siguen existiendo. Esta vez tardé nueve meses en hacer la siguiente temporada del podcast. La gente no sabe la cantidad de veces que me retaron de, ¿por qué lo abandonaste? Que no lo abandoné, déjame un poco de tiempo. ¿Pero por qué? Me parece fatal. Bueno, una de las razones por las que tardé tanto fue por ese bloqueo, por tener miedo a perderlo.

KC: Sería el bloqueo podcaster en vez del bloqueo del escritor.

JV: No, pero para mí es lo mismo, en mi caso es lo mismo porque lo que me bloqueaba no era locutarlo ni montarlo, lo que me bloqueaba era escribirlo. Y para mí escribir un guion del podcast y escribir un relato, una novela es muy parecido. Y de hecho no descuido más un guion del podcast, para mí el guion del podcast tiene que estar perfecto escrito. Hay veces que son unas tonterías que igual estoy cambiando ocho veces donde están puestas las comas y digo: que más da, solo vas a leer tú. Pero es como una obra literaria en mi cabeza, no digo que tenga ese valor, en mi cabeza es como una obra literaria.

KC: Vamos a cambiar de tema. Investigué sobre tu mujer.

 JP: Madre mía, me stalkeaste completamente.

KC: Pero me fue pésimo. 

JP: ¿Por qué encontraste muchas mujeres en mi vida o qué?

KC: No encontré el nombre y siempre hablas de tu mujer. Solo sé que la voz femenina de Grandes infelices es de ella.

JP: Y, de hecho, me escribiste al WhatsApp y viste que estaba con una mujer, pero no es la mía. 

KC: ¿No es?

JP: No. Esa mujer es Paula, con la que estoy en el WhatsApp 

KC: ¿Y tu mujer no se pone celosa de Paula?

JP: ¿De una persona que está muerta? 

KC: No pero antes de eso. 

JP: No, nunca, jamás. Mi suegra me dice: cambia ya ese, tienes que poner a tu mujer, ¿qué haces con ella? Y digo: mira, no, precisamente por lo que os digo, porque me parecía, yo puse esa foto con Paula en el momento en que se murió y ahora cambiarla me parece una traición ¿Qué pasa? ¿Lo pongo durante dos meses que ah, se murió? No, para mí tiene que estar ahí siempre. Y cada vez que abra el WhatsApp y que alguien abra el WhatsApp, va a seguir viendo a Paula, por este compromiso con ella de intentar que siga viva, un poco viva. Entonces para mí esa foto es inamovible.

KC: Entonces me fue mucho peor. ¿Cómo se llama?

JP: Ana Carpintero.

KC: ¿Y a qué se dedica?

JP: Es periodista de televisión, redactora de televisión. Claro, por eso hace el podcast porque, yo siempre digo que cuando me dicen: no, eres un podcaster, yo voy a congresos de podcast que me invitan, yo digo yo soy un impostor, yo soy un fraude, yo no soy un podcaster, yo soy un señor que se compró un micrófono. Eso es lo que soy. Y me compré un micrófono de cincuenta dólares porque era todo lo que yo quería invertir a nivel económico, después de trabajo invertí mucho, pero en ese proyecto, y tengo en casa una redactora de televisión que sabe locutar muy bien. Le digo: toma, léeme estos textos, y ella está muy feliz de hacerlo, a pesar de que no le pagué nada por ello, pero está feliz porque al final es bonito tener un proyecto compartido. Todos sabemos que, en el mundo actual con todas las prisas, las carreras, es difícil compartir tiempo de calidad con tu pareja y tener un proyecto compartido, en este caso profesional, que encima no es ni siquiera, porque no es su trabajo, es como un extra, algo que le hace ilusión. Al trabajo uno va la mayor parte de los días sin ganas, pero a ella siempre esto le hace ilusión poder participar.

KC: Bueno, también entrevisté a Andrés Barba que es un escritor argentino-español y a Edmundo Paz Soldán, boliviano, y ambos han tenido relación laboral con sus esposas. Y también de un libro sobre escritores, pareja de escritores, que han estado juntos como Elsa Morante y con Alberto Moravia que ha sido un desastre. Este no es el caso ¿no?

JP: ¿Me estás preguntando si mi matrimonio es un desastre, esa es la pregunta?

KC: Llevan veintiocho años juntos.

JP: La cuestión es que en este caso no hay una relación horizontal en el podcast, es decir, no es un podcast que sea 50 % o 50%, básicamente yo hago todos los guiones y ella hace esa lectura.

KC: Pero es como si estuviera haciendo la lectura de la novela.

JP: Sí, claro, no estoy minimizando su papel que es muy importante y creo que lo hace muy bien, y aparte, es muy divertido porque yo me siento a su lado para dirigirla. Al principio dejaba que lo leyera a ella, pero ahora me siento y la dirijo y le digo: No, más triste. No, menos efusiva. Hubo un momento que me encantó porque me sentí Stanley Kubrick, así malo como Stanley Kubrick. Ella había ido por su trabajo a una clínica veterinaria, me mandó una foto con un perrito y me dijo: se llama Rocky, quiero llevármelo, pero tiene ya dueños y tal, era un perrito, un cachorrito precioso. Y nada ya está, esto fue lo que pasó. Al día siguiente, tiene que leer el episodio de Elena Garro y hay un texto que tiene que leer en el que matan a unos perros. Y lo leyó y me pareció muy neutro, le dije: tienes que ponerle más emoción, más tristeza, están matando a los perros del protagonista. Y lo leyó y me siguió pareciendo neutro. Le dije: imagínate que matan a Rocky. Y me puso una cara de pena, ¿sabes? Le rompí el corazón y lo leyó perfecto. En ese momento le dio el tono de tristeza y me sentí Stanley Kubrick. Sentí ese poder de un director de moldear al actor. Bueno, pues es divertido ese ejercicio. Pero bueno, sí, ella lo hace muy bien y tal. Pero lo que quiero decir es que la parte guionizada, creativa, es mía. Ella lo que hace es aportar, que no es poco, su voz que es maravillosa. Pero quiero decir que no hay posibilidad, no permito que nadie me toque el guion, eso es a dónde quiero llegar. Por ahí no paso.

KC: Aquí le podemos echar la culpa a Leila Guerreiro, que también entrevisté. Y me dijo, ¿por qué no les hacen esta pregunta a los hombres? Y yo le dije: porque nunca me había tocado un entrevistado que no fuera papá. ¿Por qué ustedes no tienen hijos?

JP: Es que no lo sé, porque, a ver, la respuesta es yo no quise. Como que ella estaba 50-50, que, si yo hubiese querido, me hubiese convencido, como yo no quise, ella no lo tenía claro, lo decidimos, lo hablamos, lo decidimos hace muchos años y fuimos muy felices con esa decisión. Y ahora, en los últimos meses que no he tenido los mejores meses de mi vida a nivel anímico, en algún momento llegué a lamentarlo, a pensar que igual si tuviese hijos, tendría un motivo para levantarme, que a veces me faltaba ese motivo. Pero al mismo tiempo creo que es una responsabilidad muy grande y al final soy como un niño, ya mayor, quiero decir casi anciano, pero sigo sintiendo que soy ese niño.

Estos días acá en Perú que me invitaron a comer, a cenar, yo les dije que, como un niño pequeño, a mí tienes que llevar a comer nuggets con papitas. Y yo en muchas cosas considero que sigo siendo un niño y no me veo suficientemente maduro como para criar a unos hijos. Y aparte es que me parece tan difícil. A veces lo comentamos, ¿y qué haríamos ahora? ¿dejaríamos usar móviles? Que es algo que no nos gustaría que hicieran nuestros hijos, como no nos gusta que lo hagan nuestros sobrinos. O les diríamos, no uséis móviles, pero serían los raros del colegio porque todos los demás usan móviles. No sé, una serie de decisiones que me parecen dificilísimas porque al final estás actuando sobre la felicidad e igual traumatizando a tu hijo para siempre. Entonces, a mí traumatizarme a mí mismo no me importa, pero traumatizar a un niño, a mi hijo, me parecería mal. Entonces, en ese sentido, mira, prefiero no haberlo hecho.

KC: En tu libro, hablas del ego cito: «El ego es un mecanismo esencial para la escritura» ¿Cómo es tu ego?

 
JP: 
Mi ego se parece mucho al que menciono de Susan Sontag con diferencias. A ver, yo lo que digo del ego, mi tesis sobre el ego de los escritores es que un escritor necesariamente tiene que tener ego, un mínimo, porque aquel que es plenamente humilde nunca es capaz de enseñarle lo que escribe alguien. Él que le enseña lo que escribe alguien es porque piensa que lo que ha escrito es bueno, merece la pena y merece darle el tiempo al otro para que lo lea y que le dé una opinión. El otro día leía que Sherwood Anderson cuando acogió a Faulkner en su casa y Faulkner le dijo: “tengo esta novela, mándaselo a las editoriales que tienes contacto” y le dijo: “yo se lo mando a las editoriales con una condición, que no me hagas leer tu novela”. Y me gustó mucho esa historia porque cuando tú ocupas un lugar humilde como yo en el mundo editorial, no sabes la cantidad de gente que te dice: léeme la novela, léeme esto, léeme lo otro, digo, es que no tengo tiempo. Entonces, cuando alguien te está pidiendo eso es que cree que su novela vale la pena, te está pidiendo lo más preciado que tenemos hoy en día, que es el tiempo. Entonces tienes que tener ego, ¿no? Si no tienes ego, escribes para ti igual, pero lo escondes en un cajón y nadie lo encuentra. Eso, por una parte, pero al mismo tiempo creo que los escritores somos sumamente inseguros porque no sabemos si lo que estamos haciendo es bueno o malo, jamás podemos saberlo. Igual estás diciendo, este libro está saliendo muy bien, esto va a ser mi mejor libro y luego resulta que es el que no tiene éxito ninguno. Y en cambio dices, este a ver si me lo compra la editorial y es el que funciona. A mí me pasa con los episodios del podcast, todas las temporadas hay un capítulo que digo: este capítulo es buenísimo. El que menos escuchan. Hay otro que dijo: este capítulo no va a ser el que más le gusta a la gente. Eso te hace inseguro necesariamente. Entonces, entre esa mezcla del ego y la inseguridad, lo que contaba de Susan Sontag, que a mí me impactó mucho, es que Susan Sontag podía pasar en cinco minutos de considerarse la mente más preclara de Estados Unidos a un fraude absoluto que no valía nada y que estaban a punto de descubrir que era un fraude. Y así iba. Pues yo soy un poco así, nunca me considero la mente más preclara de nada, pero sí que digo, bueno, pues esto de Grandes infelices, la verdad es que está bien, es interesante, es original, y otras veces digo, guay, que no se den cuenta de la mierda que es, por favor, ¿sabes? Y vives un poco así como esta montaña rusa. Pero yo soy más de abajo que de arriba. Estoy más tiempo abajo.

KC: En tu libro la relación con tu padre ocupa un lugar central, está dedicado a él. Pero no sé si yo leí mal o muy rápido – somos seres humanos – nunca citas, no cuentas el motivo real del distanciamiento que fueron cuatro años. Lo dices a la rápida, fue por un motivo tonto, parece. Lo leía y pensaba en Kafka a quién le dedicas un capítulo. ¿Por qué se distanciaron?

JP: Por un motivo muy tonto, es que no sé explicarlo. A ver, no lo menciono en el libro, no me meto ahí porque el libro no pretende ser un ajuste de cuentas, pretende ser todo lo contrario, no quiero, pues, como echar nada en cara a mi padre o lo que sea. En todo caso, si tengo que criticar a alguien sería mi actitud de no haberlo resuelto antes, pero la realidad es que mi padre y yo, mis padres, porque yo me peleé con mis padres, discutimos por un programa de televisión, o sea, el motivo más tonto posible ¿Qué pasa? Siempre cuando hay un estallido, hay algo debajo, ¿no? Hacía meses o años que nos estábamos distanciando, cuál creo yo que fue el motivo real – esto nunca lo hablé con mi padre, ya no lo voy a poder hablar con él, nunca lo hablé con mi madre y no tengo intención de hacerlo, me voy a quedar con la idea que yo me construí en la cabeza – el motivo real es que a mis padres no les gustó que yo dejase mi trabajo para ser escritor. Mis padres, o sea, nos dejamos de hablar, a mis padres no les gustó y cuando Infelices tardó tres años en publicarse desde que yo firmé el contrato. Yo lo pasé muy mal, muy mal porque yo tenía dos años de subsidio por desempleo, pero agoté esos dos años y el tercer año yo estaba sin cobrar absolutamente nada, no tuve ningún mensaje de mis padres en ese momento. En el momento en que yo estaba, y en esos años, además de desaparecer el subsidio es cuando muere Paula, fueron años terribles. Bueno, a ver, terribles para mí. Y resulta que luego en 2019 sale el libro y empieza a tener éxito y empiezan a llamarme a televisión española, a las radios importantes de España. Entonces mis padres me escuchan y me empiezan a escribir: Qué orgullosos estamos de verte en televisión. Yo en este momento, ahora que me va bien, no os necesito, yo os necesitaba en ese momento, esos tres años en los que estaba destruido. Entonces, es un rencor que tengo, sí. Lo he perdonado, pero no lo he olvidado porque creo que cuando alguien quiere a alguien tiene que estar en las malas sobre todo. Estar en las buenas es muy fácil, en las buenas está todo el mundo. Entonces, bueno, creo que esa fue la razón y ya está, tampoco le doy más vueltas. Era mi padre, le debo muchísimo, le debo las historias, le debo todo lo que me contó. Era una muy buena persona, pero yo creo que se equivocaron en eso porque creo que simplemente pensaron que yo dejaba el trabajo porque era un pavo. Y podía haberme salido fatal mi apuesta por ser escritor, pero me saliera bien o mal mi apuesta era una apuesta seria y de alguien trabajador que iba a esforzarse en sacar ese sueño. Entonces, creo que fue un error por su parte, pues ya está, pasó.

KC: ¿Y tu relación con tu madre?

JP: Estoy pensando que cuando comparta esto en redes voy a tener que bloquear a mi madre para que no la escuche, porque no se trata de hacerle daño a nadie. Mi relación con mi madre es muy distante, o sea, tenemos relación, hablamos de vez en cuando, pero la herida no ha curado, así como con mi padre curó la herida porque realmente la discusión principal fue con ella, mi padre la apoyó. La discusión principal fue con ella y es una relación distante. Ella a menudo me dice lo orgullosa que estaba de mí y tal, pero yo no olvido lo que acabo de contar. Entonces, lo que no quiero es que vuelva a pasar lo que pasó antes y pensar que algún día me vayan a llamar, mira, reconcíliate con ella. Entonces, tenemos una relación, nos vemos de vez en cuando, hablamos de vez en cuando, pero obviamente no es la relación sana que un hijo y su madre deberían tener.

KC: ¿Y te lo reconciliaste con la idea de que tu padre no leyó tu segunda novela Agnes?

JP: Yo me reconcilié porque sé que a mi padre le habría encantado Agnes. O sea, es probable que Agnes fuese de todos mis libros el que más le gustase a él, porque Agnes tiene cierto envoltorio de thriller y a él le encantaba ese tipo de novelas. O sea, precisamente por lo que me dolió no fue por el orgullo de que mi padre no la pudo leer, me dolió porque pensaba que le iba a encantar y de alguna forma mi ego pedía que mi padre me dijera, me encantó. Yo, por ejemplo, este libro, yo soy muy cobarde y no les conté a mis hermanos ni a mi madre que estaba escribiendo este libro. Mis hermanos y mi madre pensaron que yo estaba escribiendo una tercera novela, se enteraron de que existía este libro cuando se publicó el episodio especial de Tinta invisible en el podcast, que fue quince días antes de salir el libro. Mi madre ve un episodio del podcast nuevo y dice: ah qué bien, voy a escucharlo, pensando que iba a hablar de Tolstoi o de Camillo, de quién sea, y de repente escuchar la historia de su marido y su hijo. No me lo contó a mí pero me ha llegado que lloró mucho ese día, bueno, le emocionó mucho. Ha habido gente que me ha contado que ha llorado con ese episodio, imaginaos mi madre.

Entonces, claro, yo tenía muchas dudas de qué les iba a parecer este libro y a mi hermano mayor, que es el hermano con el que tengo más relación porque es una persona que lee mucho, que le gusta mucha literatura, que también fue un referente para mí, pues quince días después de presentar el libro me escribió y me dijo: el libro me parece una maravilla, aunque bueno, me ha removido y me ha recordado esos momentos y me ha dolido, pero me parece una maravilla. Y esa, de todas las reseñas positivas que he tenido, es la que más valoro y la que más me ha gustado.

KC: ¿Y te daba temor herirlos?

JP: Sí, claro, a mí no me gusta nunca herir a nadie voluntariamente, sé que hiero a gente, pero nunca voy a decir, voy a hacer esto para molestar a alguien, no, es un sentimiento que no tengo. Sé que hiero a mucha gente involuntariamente, no soy un santo, pero soy una persona muy pacífica en ese sentido, no me gustan las confrontaciones y me daba miedo herir a mis hermanos. Es que pasa una cosa, para mí es más importante escribir que salvaguardar. O sea, yo ahora tengo una historia en la cabeza que probablemente escriba, pero que probablemente salga, porque igual hay otro libro en el medio, en 2029 o lo que sea, y es una historia que sé que va a herir a gente, pero sé que tengo que contarla porque es que si no, no me quedo tranquilo. Para mí esto, y yo creo que pasa mucho, lo he leído mucho en estas biografías, les pasa mucho a los escritores, necesitamos contar, es parte de nosotros y si no lo contamos, estamos como cercenados, como limitados y tal. Entonces, bueno, al final hiere, pero nos obsesionamos mucho. Nadie de aquí, de Chile, sabe quién era mi padre, mi madre, mis hermanos, no están en las redes sociales, es una cosa que hiere en lo íntimo, no en lo social. Es verdad que sí, en el círculo de amigos de la ciudad y tal, pues la gente lo lee, igual cuchichea, pero hoy en día con las redes cuchichean igual así que, qué más da. 

KC: Bueno, lo dice en la página ciento treinta y seis: «Soy escritor, tengo que contarlo. Un escritor contará las historias que se suceden y no podrá evitar contarlas por mucho daño que pueden causar a los demás. Siempre han estado ahí para hablar de los temas que se quieren pasar por alto.» 

Hablemos del dinero, me he preguntado.

JP: Si quieres hablar de dinero, pregúntale a otra persona. Yo soy la persona que peor gestiona el dinero del mundo.

KC: Pero ¿cómo llegas a fin de mes? No por los royalties que venden, o sea, no creo que sean por las ventas de los libros ¿o sí?

JP: Es una ayuda. A ver, el problema de los royalties es que los cobras, yo por lo menos los cobro a año vencido, con lo cual, hasta marzo, abril de hecho. De Tinta invisible no he cobrado nada. O sea, hasta marzo, abril del año que viene no cobro royalties de Tinta invisible. Es una vida muy desordenada en el sentido de que un mes te puede entrar mucho dinero y después pasarte cuatro meses con cero euros en la cuenta. En general, es miserable.

KC: Porque en Grandes infelices no tienen auspiciadores ¿o sí?

JP: A ver, Grandes infelices, tengo un auspiciador por así decirlo que es Blackie Books, que es mi editorial, entonces ellos me pagan una cifra por cada episodio. Pero obviamente cada episodio me lleva mes y medio de trabajo, la cifra está lejísimos de poder cubrir lo que sería un mes y medio de sueldo, lejísimo.

KC: ¿Por qué es raro el escritor que vive de sus libros?

JP: Mira, hace un año me reuní con mi editor, se sentó conmigo a comer y una de las primeras cosas que preguntó fue: ¿Javi, tú de qué vives? Claro que tu editor te pregunta esto, es curioso porque él sabe lo que me pagan. Y yo le contesté: Pues vivo de mi mujer. De hecho, mis amigos tienen una broma con eso, la llaman la Fundación Ana Carpintero que tiene un solo mecenazgo que es conmigo. Entonces, bueno, ella siempre fantasea con que algún día la jubile, pero yo creo que no va. O sea, mejor que ella se vaya haciendo su plan de pensiones.

KC: ¿Hay algún autor del que nunca hablarías de Grandes infelices?

JP: Sí. 

KC:¿Cuál? 

JP: Varios. 

KC: Esa respuesta es muy vaga.

JP: El otro día me preguntaron por uno y dije uno chileno, un poeta chileno.

KC: Ok.

JP: Y hay otros, pero hay historias, a ver, no sé si nunca hablaría, pero ahora mismo, hay historias que me cuestan mucho procesar y que no quiero, no me apetece sufrir mientras las hago.

KC: Ah. Ese es un buen motivo.

JP: Sí, porque al final yo hago lo que quiero. Quiero decir, yo puedo seleccionar a quien quiero y si hay cosas que me parecen demasiado miserables como para, yo siempre intento, incluso en los escritores que pienso que son más miserables, buscar la parte humana y hay algunos con los que no me apetece hacerlo. A ver, creo que estoy en mi derecho, al final es una elección personal. Yo necesito meterme mucho en la piel del escritor, entonces hay cosas que no me apetecen.

KC: No sé dónde lo leí, lo escuché, me vas a perdonar, pero sé que admiras a Roberto Bolaño, sé también que tú has dicho que tienes una tremenda deuda con la literatura hispanoamericana, con las mujeres. 

JP: ¿Yo?

KC: Sí.

JP: No sé dónde dije esto, pero bueno.

KC: Pero en Grandes infelices, que harías una temporada.

JP: Ah, ese tipo de deuda. Sí. A ver, una de las cosas que siempre he pensado de Grandes infelices es que se supone que es un podcast que habla mucho del canon de la literatura universal, yo creo que es una responsabilidad también de todos los que tratamos de una forma u otra con ese canon, ampliar el canon, porque hay que revisar algunas cosas porque ese canon está hecho con criterios claramente machistas, con criterios claramente eurocéntricos.

Por ejemplo. Entonces creo que, porque es muy difícil mover el canon, pero se pueden dar pasos, obviamente desde la inmensa humildad, pero si desde Grandes infelices podemos hacer algo por mover ese canon y pienso en incluir a Elena Garro, a Lucía Berlín, digo dos episodios que en muchos países de Latinoamérica me han comentado, he leído a Lucia Berlín por tu podcast o he leído a Elena Garro por tu podcast y a mí eso me hace inmensamente feliz porque, digo, obviamente es un pasito pero estamos dando un pasito para ampliar el canon, revisarlo de alguna forma. Entonces, yo tenía claro que había que incluir en la medida de lo posible tanto escritoras como escritores. El problema con el que me encuentro es que yo necesito material biográfico que hayan hecho otras personas. Yo no puedo hacer un podcast de la nada, si no hay eso, porque claro, alguien para escribir una biografía de un autor se pasa diez años investigando; va al lugar, habla con ochenta personas. Yo no puedo hacer eso, porque o sino Grandes infelices tendría un episodio cada década. Yo me paso un mes y medio porque yo bebo de otras fuentes, soy deudor de estas biografías que se escriben. ¿Qué pasa? que las escritoras tienen mucho menos biografías que los escritores, y las escritoras hispanoamericanas muchísimas menos que las escritoras estadounidenses o británicas, porque es algo que hemos descuidado mucho. 

KC: Pero ahí tienes algo para hacer.

JP: ¿Para hacer yo las biografías?

KC: Sí.

JP: Entonces, una en la próxima década, no. Haber se está mejorando mucho, están saliendo muchos textos muy buenos sobre escritoras. No sé, pienso en Silvina Campo, Mariana Enríquez, etcétera, pero aún queda mucho trabajo por delante. Yo ayer hablaba de un ejemplo que me pasó con esta temporada del podcast de Ciudades y Escritores, yo quería, tenía la intención de incluir a María Luisa Bombal y Santiago, y realmente no encontré suficiente material para eso. Ahora me llevo algún material para intentar hacerlo en próximas temporadas. Pero a mí no me llegó suficiente material. Intenté hacer Idea Vilariño y Montevideo, no encontré ni una biografía de Idea Vilariño. Fui a Montevideo a preguntar y no había. Intenté hacer Rosario Castellanos y Ciudad de México, no había ninguna biografía de Rosario Castellanos, ahora creo que van a sacar una porque, no sé si este año o el siguiente es el centenario. Claro, eso a mí me limita, me limita mucho. Entonces, creo que en los próximos años podré hacerlo porque se está de alguna forma avanzando en eso. Pero ahora mismo sigo limitado. Y bueno, quizás a eso igual era la deuda que te referías.

KC: Sí. Otra deuda, dime tú.

JP: No, es que yo pensaba en la deuda de inspiración porque realmente yo siempre he tenido una deuda de estilo más con la literatura anglosajona. Mi estilo es más anglosajón que hispanoamericano, como un estilo muy directo, muy sujeto-predicado, muy ir al grano, menos hermoso probablemente, pero más funcional. Entonces, pensaba más en eso que el otro. Yo leo a Elena Garro y digo, no veo nada mío, o sea, la admiro muchísimo, pero no veo en su prosa nada mío. Escribo o leo a Paul Auster y digo, aquí sí, aquí sí me veo.

KC: Casi que hemos hecho un periplo por los pecados capitales de los escritores, pero hay uno que me encantaría hablar contigo, que es la envidia y la soberbia. Tengo que decir que cuando leí ese capítulo dije: “por fin alguien me entiende”. A mí me carga sentir envidia, bueno, a nadie yo creo que le gusta, pero parece que es inevitable. En la página setenta Javi dice: «La envidia es un sentimiento íntimamente ligado al alma humana». Y también te referiste a ello en la sensacional entrevista en el blog El Hablador, léanla es muy buena, y dices: «Soy un gran envidioso. Entonces me castigo bastante por eso, pero, aun así, con estos castigos no consigo mantener a raya la envidia, pero al mismo tiempo solo valoro esa envidia si es como un motor creativo». ¿A quién envidias? 

JP: A todo el mundo, a todo el que le va mejor que a mí, es decir, a todo el mundo. 

KC: ¿Pero a mí no entonces?

JP: Es que yo no sé cómo te va, pero seguramente sí te envidio. Espera, déjame investigar un poco y te envidiaré. Pero no, a ver, yo creo que, y es algo que he pensado mucho en los últimos tiempos, en la envidia hay un punto de admiración porque si tú piensas que alguien es un escritor pésimo, aunque tenga éxito, te da igual. 

KC: Sí, tienes razón.

JP: Pero si lo envidias es porque hay algo. Hay millonarios, yo no envidio a los millonarios, yo envidio a aquel que escribe mejor que yo o que hace algo que yo no soy capaz de hacer o que no he conseguido hacer. Y yo me digo a mí mismo, no, pero es malísima persona, es que no sé qué, pero en el fondo sé que es algo defensivo para no reconocer que esa persona tiene un talento que igual yo añoro y que no tengo. Que anhelo más que añoro.

Entonces, sí, creo que envidio a mucha gente, pero en el fondo he pensado que esa envidia y admiración es algo que me digo a mí mismo también para no sentirme tan miserable. Pero sí, lo que pasa es después hay envidias más sanas y mal sanas. Ayer comentaba o estos días comentaba que envidio mucho a Sara Mesa, no sé si conocéis, la escritora española, pero adoro a Sara Mesa, la conozco en persona, me parece increíble, es una de las personas del mundo editorial español, o sea del mundo literario español que mejor me cae y no tengo ningún tipo de mal deseo hacia ella, le deseo todo el éxito del mundo porque se lo merece. Pero envidio cómo escribe, envidio muchas cosas de Sara Mesa, envidió todo lo que ella es capaz de conseguir con tan pocos elementos, siendo tan poco rimbombante, simplemente con la pura expresión ¿Cómo es capaz de dar tan poco en cada página aparentemente y dar tanto al mismo tiempo? 

KC: Son breves sus novelas, sus cuentos, todo, la narrativa de ellas muy especial. 

 

Cierre

Así llegamos al último programa del 2025, una año muy bueno, donde Espiral creció en cifras impactantes, creció un 62 por ciento en audiencia y los episodios con más escuchas fueron el de Leila Guerriero y el de Irene Vallejo, llegó a más de cuarenta países, siendo Chile, Argentina y España donde más oyentes tuvo. Si tuviera que medir lo que se escuché por días, equivaldría a 89 días ininterrumpidos.
Todo esto es gracias a ustedes que son fieles auditores de Espiral y me hacen muy feliz.
Acuérdate que Espiral es para ti, un programa con entrevistas en profundidad a los mejores escritores de habla hispana, compártelo, ponle un like y déjame un comentario donde sea que lo escuches. Así se convierte en una conversación.

 

Chaooooooooo.

 

 

Lee. Escribe. Crea con Javier Peña.