Oda a la pausa #238
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El arte de parar para recuperar la claridad mental y la calma interior en un mundo acelerado. Una colaboración de Pilar N. Colorado.
Queridos odistas,
Hoy quiero compartir con ustedes una Oda que escribió Pilar N. Colorado, a quien conocí a través de Substack y cuya escritura me gustó desde el comienzo por su sensibilidad y su preocupación por el bienestar en general. Le propuse colaborar con una Oda y eligió detenerse en algo que, paradójicamente, cada día nos cuesta más: pausar, avanzar con calma.
Pilar tiene varios Substack con Por el amor el arte, Círculo Literario del Arte y Escribe y Publica. Como ven una mujer multifacética y apasionada, que está muy comprometida con la escritura y el arte.
Oda a la pausa
Siempre cuento que mi vida dio un giro —para bien— cuando decidí bajarme de la rutina para empezar a experimentar de verdad lo que estaba viviendo. No fue una decisión fácil. Recuerdo cuando me fui a vivir a Madrid y me di cuenta de que, sin yo quererlo, iba corriendo por la calle, por el metro… al ritmo de la gente. Un día me detuve y recordé que mi deseo era conocer, y no llegar a ningún sitio como el conejo de Alicia en el País de las Maravillas. A veces pienso que esa fue la primera señal.
Más adelante, por otros motivos, decidí aprender a parar y dejar que la experiencia se asentara.
Avanzar no es no detenerse
Solemos confundir avanzar con no detenernos. A mí también me pasa. Siempre parece que hay algo que hacer, y parar queda reservado para después, para ese momento en el que todo esté resuelto y la cabeza no tenga ningún asunto pendiente.
Ese momento, por supuesto, nunca llega.
Siempre hay algo que podemos adelantar, mejorar o corregir. La mente encuentra con facilidad un nuevo motivo para mantenerse ocupada. Creemos que paramos cuando nos sentamos en el sofá porque el cuerpo se detiene, pero la mente continúa repasando conversaciones, imaginando lo que podría ocurrir, anestesiada con las redes sociales o mirando a un futuro que todavía no conocemos.
Saber parar es mucho más que descansar
Es crear un espacio entre lo que ocurre y la respuesta que entregamos. Puede durar una tarde, cinco minutos o apenas el tiempo de una respiración. Su valor no depende de cuánto se prolongue, sino de lo que hacemos posible cuando decidimos parar.
Dentro de ese espacio podemos darnos cuenta de la realidad que vivimos.
La pausa nos permite observar antes de intervenir
En mindfulness se habla mucho del momento presente, pero vivir en el presente no consiste en dejarse llevar por el día. Exige responsabilidad. Significa colocarnos al mando de nuestra vida y decidir la actitud con la que queremos afrontarla sin sucumbir a la inercia.
La pausa nos devuelve esa libertad.
Una respiración consciente interrumpe el automatismo. Seguiremos con lo que nos preocupa en la mente y el trabajo por hacer, pero ya no nos dejamos llevar por la reacción que se apodera de nosotras. Daremos una respuesta elegida.
También necesitamos parar antes de tomar algunas decisiones. La mente alterada se parece a uno de esos botes de la calma que utilizan los niños: cuando lo agitamos, las partículas se dispersan por el agua y no podemos ver con claridad. Agitarlo con más fuerza nunca hará que el agua se vuelva transparente. Hay que dejarlo quieto y esperar a que las partículas desciendan.
Con la mente ocurre algo parecido. Cuando sentimos confusión, solemos pensar más, buscar más información y repasar una y otra vez las mismas posibilidades. Añadimos movimiento al movimiento. La pausa no nos promete una respuesta inmediata, pero prepara el espacio en el que esa respuesta puede aparecer.
La pausa también nos enseña a escucharnos
Dentro de nuestra cabeza conviven voces que opinan sobre todo lo que hacemos. La perfeccionista nos muestra el modelo inalcanzable al que deberíamos parecernos. La incitadora enumera todo lo que falta por hacer antes de considerarnos preparadas. La crítica encuentra un error incluso cuando las cosas salen bien.
¿Cómo vamos a saber quiénes somos si nunca nos detenemos del todo para escucharnos?
El silencio que buscamos tampoco exige una mente en blanco que, por otro lado, es imposible. Nuestro cerebro genera pensamientos porque esa es su tarea. La quietud consiste en observarlos sin subirnos a cada uno de ellos, como quien permanece en la orilla y contempla el agua pasar. Un pensamiento llega, lo reconocemos y regresamos a la respiración. Nos alejamos y volvemos. Esa vuelta es el entrenamiento.
Poco a poco, las pausas dejan de ser un recurso al que acudimos únicamente cuando ya no podemos más. Se convierten en una actitud. Aprendemos a esperar antes de juzgarnos, a aceptar que algunos procesos necesitan su tiempo y a tratarnos con más amabilidad. En ciertos momentos, la decisión más responsable consiste en dejar de movernos.
Desde fuera puede parecer que durante una pausa no ocurre nada. Por dentro, la niebla se posa, la respiración recupera su ritmo y volvemos a ocupar nuestro lugar. La vida continúa alrededor, pero dejamos de sentir que corremos detrás de ella.
De todo este aprendizaje nació mi libro 5 minutos para respirar: o cómo hacer pausas para tener claridad mental y calma interior en un mundo acelerado. Lo escribí para las mujeres que necesitan recuperar claridad mental y calma interior dentro de su vida real.
No hace falta retirarse del mundo ni convertirse en una gran meditadora. Lo importante es recordar que esos minutos existen, son nuestros, y dentro de ellos también está ocurriendo la vida. Además, nos dan la energía que necesitamos para continuar sin perdernos la vida.
¿Escuchaste la entrevista a Piedad Bonnett? Una de las grandes escritoras colombianas que ganó el Premio Nacional de Poesía de Colombia en el 2024.
También lo puedes ver en mi canal YouTube.
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