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Piedad Bonnett (Amalfi, Colombia, 1951) es una importante poeta y escritora colombiana, sin lugar a dudas una de las voces más reconocidas de la literatura hispanoamericana contemporánea. A lo largo de su carrera ha publicado poesía, novela, teatro y ensayo, además, ha recibido importantes premios. Entre sus libros de poesía se encuentran El hilo de los días, Los habitados y La voz de las cosas; mientras que de narrativa está El prestigio de la belleza, Donde nadie me espere, Qué haces con estos pedazos.
Su obra ha explorado acuciosamente temas como la familia, la infancia, la memoria, el cuerpo, la pérdida y el duelo. Estas preocupaciones se mantienen en estrecha relación con su propia experiencia y con una perspectiva que atraviesa tanto su poesía como también su narrativa. Su escritura es capaz de interrogar espacios como los vínculos familiares y también su propia vida, por medio del dolor, la memoria y el amor.
La pérdida de su hijo Daniel marcó profundamente su relación con la poesía y escritura. A partir de ese hecho, la memoria adquirió un lugar central en su obra como una manera de acercarse al dolor y de luchar contra el olvido. Asimismo, Bonnett ha continuado mirando y observando la vida cotidiana, la maternidad, los lazos que tuvo con su madre y mantiene con su padre, el propio oficio de escribir, siempre desde un punto de vista sensible y reflexivo.
CITAS – PIEDAD BONNETT
06:28 – 07:19
«La relación con mi cuerpo ha sido bastante problemática, no porque sea muy enfermiza, sino porque fui una niña y adolescente muy ansiosa, también tuve una primera juventud muy ansiosa y somatizo, en general en el estómago, pero de pronto de otras maneras. Tuve una depresión grande a los treinta y algo, la única depresión que me ha dado pero duró ocho meses. Entonces el cuerpo y espíritu están muy unidos en mí, hay una cosa genética ahí, de mi mamá, mi hija también es ansiosa».
11:46 – 12:43
«Fui 34 años profesora en una universidad y el contacto con la gente joven te da una segunda juventud. A mí me gusta mucho la gente joven, pero en general la gente. No es que yo sea ultra sociable pero tengo muchos lectores y lectoras que me dan mucho cariño, me dan mucha respuesta, eso enciende una llama que hace que uno tenga una vivacidad que no tienen las personas que están metidas en oficinas con rigurosidad en horarios y con vidas que están un poco enclaustradas».
12:55 – 13:24
«¿Sabes qué me hace mucho mal? Las pequeñas exigencias de la cotidianidad, porque yo soy una persona con mucho manejo de la cotidianidad, en el sentido de que mi casa es una casa ordenada, no soy un caos, nunca lo fui porque fui criada para eso… Tengo las riendas».
20:37 – 21:10
«Yo me siento sobre todo poeta. Pero me quedó la nostalgia de la narrativa porque a los veintipico intenté escribir mi primera novela y tuve la capacidad autocrítica para decir: esto es horroroso. Esa novela me quedó en la cabeza y cuando tenía 46 años la escribí, la primera».
27:18 – 28:01
«Es que yo creo que fui muy precoz, primero, era una niña ultra sensible… En parte tenía miedos, miedo al infierno y esas cosas, pero además era audaz y siempre lo he sido. En el colegio era muy líder pero también muy divertida y tendía a la transgresión».
35:00 – 36:13
«Mi madre fue muy importante por varias razones. Ella creía en la educación por sobre cualquier cosa, era maestra y dejó la docencia para casarse con mi papá, pues porque eso era lo que se usaba. Debió ser una renuncia terrible, para irse a una casa a tener a unos niños y quedarse encerrada. Entonces se volcó sobre nosotros y a mí me enseñó a leer muy temprano, le agradezco eso que me dio. Ahora, mi mamá, como mucha gente de la región donde yo nací tenía la belleza como un valor muy importante y no por frivolidad, sino porque los criaron con unos cánones de belleza… Y yo no le parecí bonita, es lo que rápidamente deduje».
52:11 – 52:52
«Tengo cero culpa, no tengo nada que perdonarme, porque los errores son errores, no es negligencia. Tuve a Daniel en un momento de mi vida muy bueno, tenía 32 años, ya estaba en la universidad, estaba escribiendo y lo gocé mucho. Con mis hijas fue más difícil porque era muy joven. Entonces le dediqué tiempo».
53:47 – 54:43
«Él [Daniel] y yo teníamos una relación muy apacible, muy bonita, muy cotidiana, de manera que yo no he tenido que dar la lucha por perdonarme… Lo único, no soy persona de decir ‘te quiero mucho’, no soy, no verbalizo así porque en mi casa nunca hubo esa verbalización, sino que le dejaba libros de arte sobre la cama… No me queda remordimiento».
55:17 – 55:40
«Cuando he tenido problemas importantes, desavenencias, desencuentros, lo primero que se me viene a la cabeza es mi escritorio y lo que estoy haciendo. Y la poesía me ha dado mucha felicidad, mucho más que la narrativa porque es un gran esfuerzo, uno continuo».
1:03:22 – 1:03:45
«La literatura no me hace somatizar nada, la literatura es mi desahogo, es como el agujero por el cual salen todos los dolores, horrores y tensiones, es mi lugar de felicidad.
1:04:10 – 1:04:52
«No me interesa el poder, no creo realmente en la fama y no me interesa el dinero. Tengo esas tres condiciones. Ahora que leo a Blanca Varela, la biografía, a ella tampoco [le interesaban estas cosas], o sea puede ser una naturaleza. Yo soy cero competitiva, cuando gané el Premio Reina Sofía sabía que se lo podía haber ganado muchos otros poetas latinoamericanos. No me creo el cuento porque he sido jurado muchas veces y sé lo relativo que es eso».
Lee. Escribe. Crea con Piedad Bonnett.




