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Guadalupe Nettel
Guadalupe Nettel (Ciudad de México, 1973) es una destacada escritora mexicana que ha publicado libros como El cuerpo en que nací, Después del invierno y La hija única. Su obra se caracteriza por explorar temas como la identidad, el cuerpo y aquello que se suele salir de la norma. Vivió varios años en Francia y esa experiencia, junto con sus distintas formas de entender el concepto de pertenencia, ha marcado tanto su vida como su escritura.
Su obra ha recibido diversos reconocimientos, entre ellos, el Premio de Narrativa Breve Ribera del Duero por el libro de cuentos El matrimonio de los peces rojos y el Premio Herralde de novela con Después del invierno. Además, ha sido traducida a numerosos idiomas y publicada en distintos países.
En su escritura, Nettel ha explorado también la literatura fantástica, y los límites entre realidad y ficción. El cuento ocupa un lugar importante dentro de su obra, un género con el que dice sentirse más cercana. Sus personajes suelen caracterizarse por presentar alguna rareza o anomalía, diferentes y ajenos a su entorno, una constante que la autora relaciona con la idea de reivindicar lo que nos hace diferentes.
Momentos destacados
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“En enero me vine a enterar de que en realidad nací con TDAH y eso pues, en los años setenta no existía. No es solamente que uno no se puede siempre concentrar, sino que cuando se concentra, se enfoca muchísimo… Es algo con lo que uno nace, es genético, no es adquirido, no es por estar viendo muchas redes sociales… La mayoría de la gente, que creció con TDAH sin saber que tenía esas particularidades, tiene la sensación de que hay que enmascarar un poco todo eso, porque eres demasiado intensa o impulsiva, demasiado mil cosas. Y tienes que estar de alguna manera modulando para poder encajar en la sociedad”. (13:52 – 15:35)
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“Prefiero mil veces ver como veo hoy. Cuando yo usé el parche, que fue de los dos a los seis años, y lo recuerdo bastante bien, ya que fue un evento traumático, el mundo se dividía en dos… Era esa condición nebulosa, como ver a través de un vidrio empañado, y toda mi forma de estar en el mundo se apoyaba muchísimo en mis otros sentidos, en el tacto sobre todo. A las cinco de la tarde me quitaban el parche, era de día y podía ver todos los detalles que no veía y me sorprendía, veía las líneas de las huellas digitales, las hojas, el patrón de las hojas de los árboles, las nubes, miles de detalles de la vida cotidiana que para mí eran muy sorprendentes y bellos”. (26:46 – 28:07)
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“Yo creo que la literatura, entre otras cosas, sirve para que transmutemos la experiencia vivida… Siempre he dicho que la literatura es como una alquimia que transforma los eventos horribles de la vida, el plomo, lo pesado, en belleza. Así como el plomo lo querían transformar en oro, pues el oro son estas páginas en las que cuentas eventos difíciles tanto tuyos como de tus personajes, porque la ficción está cargada también de eventos vividos, de dolor y de experiencia humana. Y me parece que sí, que vale la pena hablar de todo eso, que vale la pena hablar de nuestras pesadillas, de nuestros terrores, de nuestra vergüenza, de lo que siempre hemos querido ocultar. Cuando hago talleres de escritura, en algún momento sugiero a la gente que está trabajando conmigo que escriba esa historia que nunca se ha atrevido a contarle a nadie, y después la puede quemar, romper, tachar, hacer lo que quiera con ella, pero que la escriba. Y les cuenta muchísimo al inicio, pero a veces se animan a leerla porque sienten que ya se deshicieron de todo el peso de la historia, que lo convirtieron en algo más. Eso es algo muy bello que tiene la escritura: que es capaz de transformar, que de verdad hace una transmutación”. (38:06 – 40:06)
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“El levantamiento zapatista en Chiapas (1994) fue para mí el mayor evento político, el que más me marcó en mi vida y yo creo que marcó muchísimo al país para bien. Fue un movimiento indígena que puso sobre la mesa temas que todavía se están discutiendo, como el racismo y el colonialismo y esas dinámicas que venimos cargando desde la colonia”. (46:16 – 46:51).
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“Yo empecé leyendo literatura fantástica. Como lectora me formé leyendo literatura fantástica. Leía E.T.A. Hoffman, a J.K. Huysmans, Mérimée, Maupassant, Poe, Cortázar muchísimo, todos sus cuentos y los de Borges me los leí una vez y varias. Es realmente un género que yo disfruto. De hecho, mi primera novela El huésped tiene esto de tipo de fantástico que se sitúa en el umbral entre lo fantástico y lo realista, yo creo que es un territorio por el que Cortázar transitó muchísimo, es donde yo me siento muy cómoda, en el umbral, cuando el lector no sabe si el personaje se está imaginado lo que está diciendo o está realmente viviendo así porque está levemente desfasado psíquicamente o porque el universo fantástico hizo irrupción”. (53:18 – 54:30)
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“La idea que transita en todos mis libros, o mi poética —si se puede decir— es la idea de la belleza del monstruo, la belleza de los seres insólitos, la reivindicación del outsider. Y en algunos textos está esta idea de que, mal que bien, todos tenemos esas rarezas y hay que defenderlas y reivindicarlas. Entonces, digamos, es el hilo conductor que puedes encontrar también en La hija única, donde está Inés, que es esta niña tan peculiar con esta condición neurológica tan distinta, y lo fantástico lo va atravesando de una forma bastante sutil pero lo atraviesa. Y siempre está esta idea de ver la distorsión o la anomalía como algo bello y estético”. (55:13 – 56:31)
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