Oda al Máster de Creación Literaria #220
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Queridos odistas,
Esta Oda es fruto de la colaboración con María Perrier, quien gentilmente me permitió acceder a su propio espacio. María es una escritora uruguaya avecindada en Roma que, hace un tiempo, tomó la decisión de dedicarse al cien por ciento a la literatura. Tiene una comunidad muy activa en Cosas por decir, donde, en un espacio cálido, desarrolla temas vinculados a la literatura y la vida. Hace unos meses comenzamos a idear esta colaboración. Ella da talleres de escritura y es una tremenda lectora. Los invito a descubrirla.
Hace dos domingos, María escribió la Oda a Cómo es arriba, es abajo, sobre el giro que dio en su carrera para abandonar el mundo corporativo y dedicarse a la escritura.

Desde octubre soy alumna del Máster en Creación Literaria de la Universidad Pompeu Fabra. Ha sido una aventura tremenda, y más aún hoy, cuando desde mediados de enero estoy viviendo en Barcelona junto a mi familia. Ellos regresan a fin de mes a Chile y yo, a fines de marzo.
¿Qué me llevó a enrolarme en este Máster?
Algo que me define es mi espíritu aventurero; las ganas de exponerme a algo distinto, a mis cincuenta y tres años, y de darme la oportunidad de hacer un giro en mi carrera.
Me gustan los desafíos y también el estudio. Deseaba salir de mi zona de confort. Si bien ya había realizado un Máster en Literatura Comparada, lo hice en mi país y en condiciones distintas. A momentos me he recriminado haberme enrolado en este de escritura: ¿quién me mandó a ser estudiante otra vez? Me lo he cuestionado, sobre todo en momentos en que me he sentido expuesta, pero esto era justamente lo que yo buscaba.

Si bien las consecuencias a largo plazo son inciertas, ya dimensiono las inmediatas. He conocido a personas muy distintas a las que suelo frecuentar. Mis compañeros, en general más jóvenes, provienen de otras áreas profesionales. Por ejemplo, hay una matemática, una cineasta, varios poetas y documentalistas, y también escritores. Una mezcla de nacionalidades que sólo enriquece el mapa de la escritura.
Somos siete chilenos de un total de treinta y dos. Esto es bastante y se debe a los fondos de cultura que ofrece el Estado chileno. Tengo una compañera guatemalteca que me contó cómo es su país y por qué desea quedarse a vivir en Barcelona. También hay abogados y un compañero ecuatoriano que acaba de ser padre. Varias son argentinas y uruguayas. Colombia no puede faltar y me enteré de que allí el día laboral comienza a las seis de la mañana. Otra colombiana vive en Nueva York y trabaja para Plaza Sésamo. Hay un periodista venezolano que hace tiempo se estableció en Chile, o un costarricense que ama la naturaleza, y los catalanes, que me sorprenden con su amor porsu tierra y su lengua.
Cada uno de mis treinta y dos compañeros escribe muy bien y vive con pasión la literatura.
Lo que implica vivir en una ciudad que no es la tuya
Pero no todo es sobre el Máster, sino también sobre la experiencia de vivir durante tres meses en Barcelona. Mis labores de dueña de casa distan de las que suelen ser en Santiago, porque aquí son mis hijos y mi marido los que administran las comidas y las compras de supermercado. Ahora es a mí a la que le sirven algo de comer cuando regreso de clases.

No tenemos automóvil. Los trámites se hacen a pie o en transporte público. A la tintorería vas caminando y a la verdulería también. Yo vivo en “modo estudio” mientras ellos viven en modo de vacaciones, conocen otra Barcelona a un ritmo muy distinto al que yo la estoy experimentando.
Algo que ha sido fundamental y desafiante ha sido la falta de libertad. Al convertirte en estudiante debes cumplir con un horario y asistencia a clases; tu forma de enfrentar cada día cambia. Las mañanas las paso en la biblioteca Ateneu o trabajando en el departamento. Por las tardes, menos los viernes, tengo clases.
He tenido que buscar mis propios espacios. En Santiago tengo todo a la mano. Está mi taller y los integrantes de mi familia cuentan con su propia rutina, y vivimos en casa. Es decir, cada uno de los seis ha salido de su zona de confort.
Los primeros meses del Máster los hice por Zoom. Durante cuatro a cinco horas, a partir del mediodía, me conectaba. Me resultaba complejo mantener la concentración por un período tan extenso. A veces revisaba el correo, el WhatsApp, pagaba cuentas o hacía un pedido al supermercado. Me costaba la inmovilidad y por eso me compré una caminadora que me acompañó durante las clases. Llegué a caminar siete kilómetros. También coloreo —lo que me hizo acordarme de mi época de universitaria— unas postales en blanco. Avanzo en una manta que estoy tejiendo a crochet.
Abandoné el cuaderno tradicional y me compré una tableta que sólo permite escribir o leer documentos PDF. Es idéntica a un cuaderno donde escribes a mano alzada, pero se sincroniza con mi Dropbox.
Cuando vuelves a ser estudiante presencial
Pero todo esto cambió (menos los dibujos y la tableta) cuando llegué a vivir aquí. La sensación de poder participar en vivo y en directo es invaluable. Sentarte en una sala rodeada de veintitantas personas, ver sus expresiones y escuchar las voces ahora con rostro. Las cuatro o cinco horas no se me hacen difíciles, reviso poco mi teléfono y dejo mi computador en el departamento. Es decir, estoy en la sala de clases y no en varios sitios al mismo tiempo.

El ritmo de vida también se ha modificado; no me alcanzarían las horas para hacer todo lo que solía hacer en Santiago. Intento ir a correr en las mañanas, pero es difícil comenzar temprano. Sin darme cuenta ya son las once y estoy llegando a la biblioteca Ateneu. Almuerzo allí o con mi familia. Luego me voy en metro o caminando a la universidad. En el minimarket que está al frente me compro unas mandarinas y una botella de agua. Durante el recreo bebo un té verde que me acompaña en el segundo módulo junto con unas galletas sin azúcar.
Salgo a las nueve de la noche y me devuelvo en metro o caminando. Ambas opciones me toman la misma cantidad de tiempo, unos veinte minutos. En Santiago intento dormirme a las once, pero aquí es imposible.
Algunas cosas que he aprendido
He profundizado en la técnica de cómo escribir un cuento, ya sea realista o fantástico, y me he adentrado en el mundo de la edición y de cómo se mueven las editoriales y las nuevas formas de publicar. Si bien hay temas que ya manejaba, he descubierto una manera distinta de enfrentar el oficio.

Ha sido un privilegio trabajar con Juan Pablo Villalobos, mi profesor guía para el trabajo de titulación. Nos hemos reunido en dos ocasiones y, en ambas, me ha invitado a abrirme a otras opciones de narración.
Todavía me quedan varios meses como estudiante y, sobre todo, más aventuras. Ignoro las conclusiones; esas vendrán con la perspectiva del tiempo, pero algo sí sé: estoy feliz con la decisión de haberme sumado al Máster de Escritura Creativa.
Mis momentos:
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Fui feliz: Corriendo mis primeros 16k desde diciembre de 2024.
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Algo que aprendí: Que el escritor chileno Roberto Bolaño guardaba todos sus documentos, sus fetiches e incluso cada hoja que había editado. El Archivo Bolaño es inmenso.
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Estoy agradecida: De mis hermanas.
¿Escuchaste la entrevista en profundidad a Julia Navarro?
También lo puedes ver en mi canal YouTube.
Lee. Escribe. Crea con el Máster de Creación Literaria.

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