Una charla excepcional: Empodérate


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    Ayer tuve el honor de participar en una charla “Empodérate IV” en el Círculo Israelita de Santiago. Compartí la conversación con tres grandes mujeres y escritoras, Andrea Jeftanovic, Daniela Roinstein y Ximena Hinzpeter. Hablamos sin tapujos sobre la literatura, cómo escribir, qué significa para nosotras y también, sobre cómo lograr compatibilizar los variados roles que hoy tenemos las mujeres.

    Unos días antes las organizadoras me habían enviado un par de preguntas. Aquí respondo por escrito a algunas de ellas.

¿Existe un canon de lectura para la mujer judía? ¿Qué recomendación le harías a una amiga?

    No soy muy amiga de los cánones, creo que solo hacen aún más rígida la movilidad “social” de la literatura. Justamente leí hace poco un artículo bien interesante en la revista O en que una escritora confesaba no haber leído ciertos títulos que se dicen indispensables en la formación profesional de un escritor. Además ¿es posible leer todo lo que uno quiera? Pero reconozco también que las recomendaciones son básicas para aumentar la riqueza de la biblioteca que uno lleva en su interior. Yo soy una lectora tradicionalista, en el sentido, que me gustan las historias bellas y bien contadas, con una narración fluida. Pero he descubierto que si no lo complemento con propuestas radicales, novedosas, post post modernistas, seguiré a un pegada a un tipo de narración que solo me jugará en contra. Ahora si tuviera que recomendar, de nuevo, depende del gusto de cada una, depende de la amiga, depende de su tiempo, depende de su energía, depende de su animo, diría que apuestas seguras son Stefan Zweig, Philip Roth, Saul Bellow –aunque tiene algunos títulos difíciles, pero Herzog es magistral- Isaac Bashevis Singer, Amos Oz, George Perec ¿mujeres? Oh, las mujeres, claro que sí, Clarice Lispector, Natalia Ginzburg, cualquiera, lo que tomes será increíble.

    Debemos abrirnos de corazón a lo latinoamericano. Son majestosos, deleitan con el uso del lenguaje y los escenarios, nunca cansa Cortázar ni Borges (aunque a veces cuesta comprenderlo), chilenas como Lina Meruane, Andrea Jeftanovic, Alejandra Costamagna, podría seguir. O mexicanas como  Guadalupe Nettel y española,  Milena Busquets. Adoro a las que escriben simple, pero altamente bello como Joyce Carol Oates o Alice Munro, ellas son de las grandes ligas. También están Karl Ove, el nuevo Joyce dicen por ahí. O  Vasili Grossman (creo que mejor me detengo, estaría abrumando a mi amiga imaginaria).

    A mi amiga, sobre todo, le diría que lea por gusto, por placer, porque es delicioso. Cuando no te guste, querida amiga lectora, deja ir ese escrito, la vida es una para desperdiciarla en unas páginas que no te hacen sentido.

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– ¿Por qué y para qué escribes?

    Escribo porque me gusta, porque es bello, me gustan las palabras, conjugarlas, jugar con el lenguaje, atreverme a nuevas cosas (ojalá lo hiciera más, ser más innovadora), me hace bien, porque me sale natural, fácil, porque existen tantas razones, porque es una forma de explicar-me el mundo, la vida, las alegrías y sufrimientos. Porque me llena, me hace sufrir y crecer como persona.  La  literatura es un placer, permite que el sufrimiento personal se congele un rato para ingresar a un mundo paralelo. Escribo porque soy  por medio de la escritura, necesito sacar de adentro de mí lo que me sucede, me obsesiono con registrar los momentos, por no olvidar lo que deberíamos olvidar, porque me gustar el registro, la pluma, el sonido del teclado, porque se requiere un grade de locura y otro de arrojo, porque quiero escribir y publicar, porque ojalá mis niños sigan leyendo y en las salas de clases discutiendo sobre personajes y los clubes de lectura se multipliquen hasta Punta Arenas.

    Creo firmemente que la literatura nos acerca a mundos lejanos que de otra forma estarían en el olvido. Me acerca a lo que desconozco, a mis antepasados, a conflictos ajenos que pasan a ser míos. Mientras leo subrayo, mientras escribo siento una pulsión, cuando agarro el ritmo siento que mi corazón se acelera, mis hijos me dicen que escribo rápido en el teclado; yo me digo, que la imaginación corre veloz, pero que a veces, dejo de escribir porque me congelo en este mundo de los deberes.

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Las organizadoras junto a las expositoras

– ¿Cuál es el rol de las nanas: aliadas o reemplazantes?

    Las nanas están por doquier: en Facebook, en los cumpleaños, en los almuerzos, en whastapp: “Busco nana, lo que sea”.

    Para nosotras son aliadas, a veces nos abandonan y quedamos cojas de pies y de manos. Nos hemos venido a dar cuenta que somos capaces (o tendremos que serlo a la fuerza) de vivir sin ellas, criar sin ellas, hacer cenas sin ellas, asear sin ellas. ¿Lo queremos? Bueno, a veces sí, otras no, incluso dudamos.

    Pero la figura de la nana, como la figura arquetípica, esa que llevamos en el inconsciente está cambiando. Hemos pasado de una fiel, omnipresente y sabia, a una que busca el trabajo solo como moneda de cambio. La nana dejó se de ser chilena, mapuche, sureña, de campo o la etiqueta que queramos. Ahora tenemos servicio doméstico, asesora del hogar que aboga por sus derechos, con el teléfono y los audífonos como complemento de la aspiradora, esta nana, la de hoy digo, puede ser colombiana, alguno importan como mercancía desde Filipinas, otros han aceptado que sean bolivianas e incluso de color.

    ¿Podría haber hecho tantas cosas sin una nana? La verdad es que lo dudo o hubiera sido mucho más difícil y lento. Le debemos mucho a las nanas. Efectivamente la relación es compleja, pero una rica, en que permitimos en nuestro hogar modos, culturas, historias que de otra forma quedarían fuera de nuestro radar.

¿Quieres cambiar algo con la literatura?

     Esta pregunta es bien capciosa porque primero debemos definir si la literatura es agente de cambio. Antaño era fundamental, se ha ido difuminando por el auge de las redes sociales y de los infinitos medios que existen para informarse. Antiguamente -y no hace más de un siglo-  las novelas y los periódicos eran las principales fuentes de conocimiento, no existía Hollywood, apenas la fotografía, ni que decir de la televisión y la radio.

    Entonces para responder a la pregunta creo que más que cambiar (lo que suena algo ambicioso y lejano ), siento que solo puedo aportar una ventana nueva, una mirada ojalá distinta dentro del mar de la creación literaria contemporánea. Ojalá que el lector se conmueva por alguna frase, que alguien recuerde una escena, un sentimiento, satisfecha. Para algunos la literatura es política y creo que cualquier acto conlleva una visión, pues en la escritura es inevitable que el autor se fusione con el texto de una u otra forma., Ojalá -si es que tengo la maravillosa suerte-  que el lector conozca un poquito más.

    Lo que cada uno haga con eso, eso es personal.

Ten una lectura propia.  

Cuando cumples 40: “También esto pasará” de Milena Busquets  

 

   Maquetación 1

    En la librería Altamira del Drugstore de Providencia fue cuando vi También esto pasará de Milena Busquets. Gracias a algunas críticas literarias estaba enterada del libro y cuando lo tuve en mis manos me reproché: para qué una novela más, ¡tengo tantas por leer! Pero me imagino que a muchos de ustedes, queridos lectores les ha sucedido, esto de comprar libros con la ilusión de leerlos ya, o pronto, o algún día. Pero esta novela fue distinta, porque esa misma tarde sus palabras me agarraron con fuerza:

“Por alguna razón, nunca pensé que llegaría a los 40 años. A los veinte, me imaginaba con treinta, viviendo con el amor de mi vida y con unos cuantos hijos. Y con sesenta, haciendo tartas de manzana para mis nietos, yo, que no sé hacer ni un huevo frito, pero aprendería. Y con ochenta, como una vieja ruinosa, bebiendo whisky con mis amigas. Pero nunca me imaginé con cuarenta años, ni siquiera con cincuenta. Y sin embargo aquí estoy. En el funeral de mi madre y, encima con cuarenta años…”

    Y ahí pasó eso que es inusual, tan extraordinario, porque desde la primera línea supe que estaba ante un buen texto, ignoro cómo, ignoro porqué me sedujo así, ignoro porqué tan ferozmente.

    ¡Qué lucidez! Me refiero al ritmo, a la cadencia, a la forma de presentar la idea, de cómo la autora logra hacernos creer que de verdad ella no imaginó sus cuarta década, (cosa difícil pues las mujeres pensamos “en eso” desde que tenemos veinte; pasar esa barrera odiosa en que se supone que debes haber “logrado” algo, aunque sea como dice Blanca, cocinar un huevo frito). Pero dejando estas cuestiones de lado (me encantaría saber la opinión de mis lectores hombres ¿cuándo comenzaron a pensar en los cuarenta y tantos?), este es un libro solo para algunos, a los que realmente quieren o toleran la mente femenina. En serio. Tengo un amigo que se resiste a leer mujeres (no porque él sea machista, solo porque le cuesta identificarse con ese modo de escritura). Además el sexo está por doquier, algo que ha muchos puede molestar; la Busquets nos propone la intimidad como una pérdida y el sexo como un comodity. A pesar de ello, existen elementos tradicionales en la historia como lo son la familia, los hijos y los amigos. Nos encontramos ante una escritura femenina, porosa como se diría, es un constante ir y venir, tal cual somos nosotras.

    La trama es bien sencilla. Blanca, la protagonista –la asumimos como alter ego de la autora- está atravesando el duelo de su madre, quien acaba de morir. Blanca le habla a su madre muerta, a una mujer fuerte, que en la vida real fue la dueña de la editorial Tusquets, le cuenta sobre su vida, sobre cómo es vivir con el vacío de la ausencia de un ser amado, de alguien que te protegió y también te hirió. Porque aquí los personajes son complejos, a veces la madre se nos presenta llena de cualidades y en otras, como un demonio que castró a la hija.

    Queridos lectores, algunos de ustedes ya lo saben, en agosto por fin publicaré Respirar bajo el agua bajo el sello Cuarto Propio. Es mi opera prima, como dicen algunos y la protagonista, al igual que Blanca, se despide de su nana que acaba de morir. Respirar bajo el agua nos habla sobre la muerte y la perdida, sobre volver a flotar cuando parece que la pena te ahoga y también de un desvelo en una noche de luna.

Ten una lectura propia.