#30 Entrevista a Alejandro Zambra (parte 1)

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Hola, hola, hola. ¿Cómo estás? Grabo este episodio el mismo día que hice la entrevista al escritor Alejandro Zambra. Hoy es miércoles 28 de octubre del 2020. No logro recordar la primera vez que leí a Zambra, ni cuál de sus libros fue el primero, es uno de esos escritores que me representa muchísimo y espero que, a muchos de ustedes, queridos auditores, también. La última novela de Alejandro Zambra se llama Poeta chileno, la leí en menos de dos días y me sorprendió, como toda la literatura “zambriana”, por su propuesta ágil, fresca, atrevida. 

Este es el primer capítulo de la entrevista, porque haré lo mismo que la conversación con Alan Pauls y Marco Antonio de la Parra. Preferí dividirla en dos para que puedas escucharla tranquilamente. 

Conversé con Zambra sobre su escritura, sobre cómo la vive, sus temas recurrentes y bueno, obvio, sobre su nueva novela Poeta chileno. Tuvimos este encuentro tres días después del plebiscito constitucional y comenzamos hablando de ese tema. Pero bueno te invito a escucharlo. 

 

 

Portada de “Poeta chileno” (Anagrama, 2020).

Portada de “Poeta chileno” (Anagrama, 2020).

Y, antes que nada, como siempre, comparto mi recuento personal.

Mi recuento personal

Sigo leyendo, sigo leyendo y eso me tiene feliz. Como preparación para la entrevista que vas a escuchar, me leí tres libros de Alejandro Zambra: Poeta chileno, No leer y Tema libre, te los recomiendo, todos valen la pena. 

Además, ya estoy ordenando los libros que eran de mi mamá, te lo conté en el programa anterior, y cada vez la biblioteca de mi casa está agarrando más vida. 

Hace poco me reuní con un grupo de señoras mayores y les conté lo que era hacer un podcast. Les mostré cómo funcionan, y obvio, hablé de Celular. Un llamado a la creatividad. Espero que alguna de ellas se convierta por fin en una auditora. 

Vamos con la entrevista a Alejandro Zambra. 

Desde México

KC: Hoy día estamos conversando con Alejandro Zambra, un tremendo escritor chileno, sueño mío de tenerlo aquí con nosotros. Gracias Alejandro, por estar hoy día aquí con nosotros. 

AZ: Bueno, muchas gracias por la invitación Karen. 

KC: ¿Qué te estoy interrumpiendo? ¿Qué estabas haciendo antes de tener que conectarte a esta entrevista?

AZ: Estaba decidiendo si hacía más café o no y finalmente decidí no hacer más café. Y bueno, los días están como los de la mayoría de la gente muy cambiados, las rutinas están todas patas arriba o en reformulación, entonces cada día es distinto. Hoy es un día precioso, hay un sol perfecto, entonces debería uno estar en el parque, que sé yo.

KC: Pero estamos aquí conversando. Tú en México, en el D.F y yo acá en Chile. ¿En el D.F qué hora son ahora?

AZ: Tres horas menos que en Santiago.

Alejandro Zambra y el plebiscito

KC: Oye Alejandro cuéntame, hace tres días fue el plebiscito constitucional acá en Chile.  Y me encantaría saber cómo viviste ese día, qué significó para ti el proceso de vivirlo desde una otra orilla casi.

AZ: Yo todavía estoy con la sonrisa en la cara. Porque desde la mañana, desde las primeras horas, existió esta sensación efervescente de participación, muchos amigos muy contentos me mandaban mensajes diciendo que sentían que el voto valía, que hace muchísimos años, muchísimas elecciones que no sentían eso, y yo también lo sentí. Me junté con algunos amigos chilenos para votar en el consulado, y sí, sentí una emoción muy grande porque son causas que se vienen delineando hace muchos años, creo que eso se olvida, que los movimientos se van masificando y acumulándose. Entonces, recordé el tiempo de «Marca tu voto», de esa campaña. Me acuerdo que fui apoderado de mesa en algún momento y era muy difícil ese trabajo porque ibas, básicamente, a contar votos que todos los demás querían disputarte y objetar, y era una cuestión rara que había que explicar mucho, que el voto se marcaba y eso no significaba que se anulará, entonces me pareció muy hermoso, también a luz de esa causa específica, de la discusión sobre la constitución, que por supuesto empieza ahora realmente. Pero en sí fue muy genial, me pareció muy impresionante, la cantidad de gente que fue a votar y que desafió la pandemia, creo que hay un grado de valentía, que está super bueno enfatizar, gente mayor. Fueron muchos jóvenes y eso es lo que más nos alegra a todos, creo yo, porque esto ha sido un movimiento de jóvenes, pero de jóvenes también interesados en que sus padres se vean más felices, en que sus abuelos no tengan que trabajar hasta el día de su muerte. Pero también me llamó la atención mucha gente, que corría más riesgo y que fue a votar, con mucha valentía creo también, esa es la sensación, estoy muy contento la verdad.

KC: ¿Y te da pena, vivir este proceso que se viene desde tan lejano?

AZ: Sí, o sea…

KC: ¿O en realidad crees que tampoco sería tanto tu aporte aquí físicamente?

AZ: O sea, bueno, son temas más complejos, son como de terapia, ¿no? Desde el estallido, creo que para todos los chilenos ha sido más difícil estar afuera, pero tenemos también todos motivos por los cuales no estar en Chile, y en mi caso fue una decisión familiar, decidimos con mi esposa vivir acá, hacer vida acá y tener un hijo acá. Y créanme que, en México, hay bastantes motivos por los cuales luchar. Pero claro, la sensación es la de estar en dos países, y creo que dentro de todo es muy difícil, pero sí tengo la energía de los dos países, sobre todo, tengo un hijo que habla como mexicano y que es consciente de su chilenidad, entonces todos los días escuchamos mucha música chilena y hablamos sobre Chile, y a la vez no sé muy bien en qué clase de chileno que vive fuera quisiera yo convertirme.

KC: Buena pregunta.

AZ: Me gustaría inventar una manera de estar en estos dos lugares y también darle una vuelta a la idea de nacionalidad. Yo creo que todos estamos un poco, y en ese sentido, la posición de Chile es sincrónica, estamos todos, en todo el mundo la gente está pensando en cómo seguir adelante, qué cambios hacer, desde dónde rearticularse, pensando, obviamente, pandemia, Coronavirus, pero sobre todo cambio climático. Todos los que tenemos hijos chicos ya estamos pensando en cómo nos van a interpelar nuestros propios hijos respecto a un montón de cosas sobre las que no hemos sido responsables.

 

 

Portada de “Tema libre” (Anagrama, 2019).

Portada de “Tema libre” (Anagrama, 2019).

KC: Justamente, tú te adelantaste un poco porque yo tenía esbozado en una parte, de tratar de entender, cuando tú dices en Tema libre, que aquí lo tengo como ves, me lo leí rapidito, te voy a citar: «¿Por qué no lo había escrito antes? La respuesta es bochornosamente sencilla, porque tengo miedo, tengo miedo de perder mi acento, mi chileno lento, mi ‘e’ y mi ‘j’ chilenas que son tan suaves, y que tu hijo asocie que Chile también es su país, y no sólo el Chile, que los chilenos llevamos picante, que ellos llaman picante», porque en México, para los que no saben Chile es picante. Tú escribiste eso hace un tiempo ya, pero en ese sentido ¿Podrías agregar otros miedos, relacionados con este tema de la nacionalidad, la identidad?

AZ: Bueno, es que la nacionalidad y la identidad siempre son búsquedas, yo ahí juego un poco, en particular, porque siempre escribí muy en chileno, mi forma de escribir desde luego, no sé, es mi propia impresión, yo siento que nunca escribí una palabra que no diría en una conversación. O sea, si tuviera que forzarme a definir una norma lingüística, yo diría el español de Chile coloquial, más informal que formal incluso, buscando un cierto ritmo, que era mi ritmo de conversación. Yo digo también en ese mismo ensayo, creo, que escribo como hablaría si alguien me editará los balbuceos, que se nota en este mismo podcast y se seguirá notando, siempre tengo este tono como de estar pensando en voz alta, como medio eventual, tentativo, siempre hablé así, incluso cuando chico. Entonces lo del acento es un tema muy hermoso y es un problema muy provechoso a esta altura de la vida, o sea, yo cumplí recién 45 años, acabo de cumplir 45 años, no quiero decir recién, en el sentido que sea poco, es bastante tener 45 años y sin embargo, el problema del acento me parece estimulante, la necesidad de volver a pensar algunas cosas, luego no sé cómo voy a sentir yo mismo el lenguaje, siguiendo la misma idea, si yo escribo como hablo, bueno, si solo escribo palabras que diría en una conversación, las palabras que diría en una conversación están cambiando, y eso es súper bacán. Es un tiempo de mierda esta pandemia, después del estallido, toda la discusión respecto a cómo protestar, pero yo he tenido la suerte de que coincidió con el periodo en el que mi hijo se largó a hablar, ya habla propiamente. Cuando empezó la pandemia ya hablaba, pero ahora, en estos meses, se largó, y es capaz de contar historias largas, entonces hemos gozado mucho eso. Y a la vez, aparece eso vinculado a lo nacional, al acento, a escribir y pertenecer a un país u otro, todo eso, digo yo, siempre es una búsqueda cuando se habla de identidad, cuando se habla de nacionalidad, es una búsqueda siempre. Se tiende a ver, se tiende a congelar, se tiende generalizar, pero justo, la literatura, siempre demuestra más o menos eso, que escribir es una forma de consignar una búsqueda o de construir una búsqueda. 

KC: En esta cosa del lenguaje que tanto nos identifica como seres humanos o sobre el territorio que uno habita ¿no? El territorio que ahora habitas es mexicano, chilango ¿Qué palabras se te han ido introduciendo en tu habla cotidiana, que ya dices, me salen?

AZ: Sabes que, hay varias, pero tendría que pensar más bien en las palabras que cuando hablo con un chileno echo de menos, creo que esa sería exactamente la contaminación porque es muy natural referirte a las cosas, usando las mismas palabras que usan las personas con las que compartes la vida, digo, la rebeldía léxica no tiene mucho sentido, nombrar las cosas de una forma sabiendo que no te van a entender en el fondo es un juego medio idiota. Pero luego hay que ver cómo eso lo echas en falta si hablas con un chileno, porque igual a mí me resulta muy fácil recuperar el acento e ir de aquí para allá. Además, desde el estallido en adelante lo tengo como norma, como una disciplina, hablar todos los días con un amigo chileno, todos los días hablo al menos una hora con un amigo, más bien, no por recuperar el acento o por preservar el acento, sino porque es muy difícil informarse de lo que pasa en Chile, o sea hay mucha información y a la vez hay muy poca, entonces pierdes mucho tiempo decidiendo cómo informarte, entonces dije bueno mejor en vez de sentir que pierdo el tiempo, mejor usar esa hora y todos los días llamar un amigo. Por suerte tengo muchos amigos, entonces puedo ir haciéndolo descansar.

Lenguaje e identidad en Zambra

KC: ¿Eres sociable?

AZ: Sí, siempre fui muy sociable. Todo el léxico de guagua es mexicano, mameluco en vez de pilucho, carriola en vez de coche, eso no lo puedo cambiar porque sucedió acá por primera vez, entonces si hablo con chileno diría carriola, no diría coche. Ese criterio, el de la experiencia, sí lo subscribo, no voy a traducirme tampoco al hablar con un amigo chileno porque se dice de otra manera allá, igual yo creo que hay gente muy consciente de como habla y gente muy poco consciente de como habla, y yo pertenezco claramente al primer grupo. No tanto de cómo hablo, sino de con quién estoy hablando. Entonces, no suelo, no sé, esta sensación de traducirse a mí me resulta placentera, pero, por otra parte, tiendo a hablar mucho sobre las palabras. 

KC: También me puse a pensar en este tema del lenguaje e identidad. Yo siento que tu escritura ha estado fuertemente marcada por cierto factores que se van repitiendo en estos libros que tengo tuyos, más los que tengo en Kindle y Bonsái, no lo encontré, aquí van varios ¿Me los ves?

AZ: Sí.

KC: Ahí están. Bueno, temas que yo siento que se cruzan, Maipú, el Instituto Nacional, ser nombrado o no ser nombrado, el colegio que tu perteneciste, la universidad que perteneciste, que es la Universidad de Chile, y en No leer tú pusiste en un ensayo, no sé si son ensayos o columnas, crónica.

AZ: Yo tampoco.

KC: Que se llama «La ciudad te seguirá» pusiste: «Me gusta Santiago, a veces pienso que no podría vivir en ninguna otra parte» fecha 2014, o sea Alejandro, estamos en una entrevista con Alejandro Zambra, no es tan lejano digamos ¿Qué pasó entre el 2014 y el 2020?

AZ: Sí, han cambiado las cosas. Yo sí tuve esa sensación muchas veces, de que iba a vivir siempre en el mismo barrio, que iba a escribir sobre ese barrio, pero bueno, las cosas se dieron de otra manera y no importa ¿no?  En el fondo, creo que siempre estuve abierto a que las cosas fueran de otra manera. Y bueno, estuve un año en Nueva York, conocí a Jazmina Barrera, que ahora es mi esposa, en ese momento decidimos donde vivir, porque los dos teníamos que irnos, también queríamos irnos, yo nunca pensé quedarme en Nueva York y ella tampoco, entonces, ahí tuvimos esa conversación de qué hacer y dónde, y ahí llegamos al plan de llegar a Ciudad de México y tener un hijo, todo muy planeado, y la decisión estaba… 

KC: Fríamente calculado. 

AZ: Sí, o sea no fríamente, pero sí calculado, aunque debo decirte que …. ¿Quién decía fríamente calculado, el doctor Chapatín?

KC: Creo que algún programa de estos que nosotros crecimos.

AZ: Algo de Chespirito.

KC: ¡Chespirito!

AZ:  Es que acá está casi prohibido hablar de Chespirito, entonces yo disfruto mucho de esas referencias, acá es muy reaccionario hablar de Chespirito, de los programas de Chespirito. Incluso, mi esposa no entiende los chistes de Chespirito, las frases que vienen de ahí, o sea, las entiende, pero no cacha que vienen de ahí. Pero bueno, decidimos formar esta familia en la Ciudad de México, ese fue el plan, entonces a la altura del año 2014, se ve que yo pensaba eso, que iba estar siempre en Santiago. Estoy muy interesado en estos territorios, y a la vez, Santiago sigue siendo mi ciudad, porque eso mismo que dice en esa columna, cito a ese famosísimo poema de Kavafis que dice: «La ciudad te seguirá”, en uno de sus versos más famosos también, y claro, en el fondo la extranjería siempre te remite a lo propio en todo sentido, la idea de ciudad, el lenguaje, la forma de vivir, estás comparando absolutamente todo el tiempo, es una comparación que ya ni siquiera se expresa como una comparación, simplemente al ver algo distinto, ves lo propio dibujado encima, esa es mi sensación, o al decir una palabra, y darte cuenta que no funciona de la misma manera, llegas a una conclusión sobre tu lengua, que no habrías tenido sin ese choque, sin perderla, como que el riesgo de perder tus palabras te hace recuperarlas, y eso me gusta harto. Estoy hablando de cosas finas, no necesariamente los modismos que son muy obvio, pero de pronto te das cuenta que los chilenos ocupamos muchísimo el verbo ocupar, y que eso no es así…

KC: ¿El verbo cuánto?

AZ: Ocupar, un verbo tan sencillo como ese. 

KC: Eres un escritor súper prolífico con múltiples facetas, o sea, narrador, poeta, ensayista, columnista, crítico, y creo que he leído todos tus libros, excepto menos Bahía inútil Mudanza, y por ahí, ya no sé dónde escuché o si mal no recuerdo como dicen, Formas de volver casa es como tu regalón ¿o no?

 

 

Portada de “Formas de volver a casa” (Anagrama, 2011).

Portada de “Formas de volver a casa” (Anagrama, 2011).

AZ: No, yo creo que siempre es el último el libro regalón. Yo le tengo mucho cariño a Mudanza y a la La vida privada de los árboles, aunque no sé muy bien como fundamentarlo, es simplemente una sensación como recuerdo, o tengo idealizado el tiempo en que escribí esos libros, y como la sensación de haber hecho algo, lo digo casi en un sentido medio resbaloso. No hablo de calidad, no estoy diciendo que sean buenos libros, lo que quiero decir es que escribirlo fue un acto que me gusta.

KC: Ah, lo pasaste bien. 

AZ: No es pasarlo bien exactamente, si recapitulo, no eran tiempos muy buenos, pero algo sucedió ahí o cambié escribiendo esos libros. Estoy tratando de decirlo de una manera más sofisticada pero tal vez no, exactamente eso, algo cambió cuando escribí esos libros, algo descubrí.

KC: Fue un punto de quiebre.

AZ: Claro, claro. Pero en realidad no tengo muy bien como fundamentarlo, es una pura sensación. Y bueno tengo también un recuerdo de todos los libros, incluso el primero que no me gusta nada y que nunca reeditaría, de todos los libros tengo una sensación muy viva. Pero no los califico yo. 

KC: Pero en alguno debes haber sentido como que fue un parto, que realmente sufrí.

AZ: Sí, es que hay un momento de sufrimiento y un momento de gozo. Yo tiendo a pensar que, al comienzo, en ese balbuceo preliminar, en que no sabes si lo que estás haciendo vale la pena o no, y la única manera de averiguarlo es hacerlo, creo que ese es el momento más lleno de turbulencia. Y yo, sí claro, ahí soy como caricaturescamente pasional. Me pasó también al comienzo del tiempo en que escribí esta última novela.

KC: Poeta chileno.

AZ: Claro. Estaba en varios proyectos a la vez, entonces estaba jugando a que compitieran un poco, que discutieran más bien, uno con otro. Y un día estaba en este proyecto, al día siguiente otro. Y claro lo cuento ahora y parece todo muy sereno, y era todo lo contrario, peleaba con el libro, casi como que buscaba motivos para no escribirlo, y al día siguiente o a la semana siguiente, me había cambiado completamente de proyecto y odiaba el libro anterior. No sé, es muy mala película, medio cómica. Y de pronto empezó a prevalecer un archivo, por así decirlo. Me empecé a dar cuenta que abría siempre el mismo archivo, y pasé de ese periodo en que me repartía en varios proyectos, a un periodo donde estaba muy metido y solamente metido en uno. Y ahí hay unos momentos de mucho gozo, no creo que se pueda describir sin esa alegría, incluso, si el libro es muy triste. No estamos hablando de que haya una correlación entre tu sensación y lo que efectivamente estás escribiendo. Creo que escribir siempre es como si hubiera un nivel del cero al diez, y el cero fuera el silencio, cuando estás en uno ya hay un desplazamiento hacia lo contable, hacia lo decible, hacia el humor incluso, aunque estés hablando de algo muy oscuro, ya las palabras están prevaleciendo ante el silencio, y eso las aproxima, y construye una cierta calidez. 

 

 

Portada de “Facsímil” (Hueders, 2014).

Portada de “Facsímil” (Hueders, 2014).

KC: Alejandro, dime una cosa, hablamos un poquito, pero quiero entender un poco más. Recién diste una entrevista en el podcast «Mundial de escritura» y ahí dijiste que los escritores tienen un solo tema, solo que escribimos del mismo tema de manera distinta un poco eso fue lo que yo te entendí. Entonces, intenté imaginarme cuál sería tu respuesta a tu tema, cuál es tu tema, si hiciéramos, así como un facsímil, como tu libro Facsímil.

AZ: Ya. 

KC: Y estas son tus opciones, estas son tus alternativas: A. Poeta, B. Paternidad C. Lazos familiares, D. Gatos, E. Periodo escolar/universitarios/profesional F. Todas las anteriores.

AZ: Tengo que confesar que no te puse atención al enunciado, solo escuché las opciones, y me distraje un poquito cuando estabas diciendo cuáles eran las preguntas. 

KC: Okey, no hay problema.

AZ: Me puedes repetir la pregunta, por favor. 

KC: Puedo repetir la pregunta. ¿Cuál sería tu tema, el tema? 

AZ: Mi único tema. No me hagas esa pregunta. 

KC: Lo podemos hacer con alternativas múltiples, A y C, algo así, pero no más, no puedo poner tres o cuatro.

AZ: No, ninguna de las anteriores.

KC: ¡Ninguna!

AZ: A ver, ¿cuáles eran? te puedo comentar cada una.

KC: A. Poeta

AZ: No.

KC: B. Paternidad

AZ: Mmm… ya

KC: C. Lazos familiares.

AZ: Sí.

KC: D. Gatos E. Periodo escolar/ universitario / profesional. Y la última: ninguna.

AZ: La verdad, es que estoy en desacuerdo con el planteamiento de la pregunta y en ese sentido está bien, porque uno nunca está de acuerdo con los test, o sea, siempre piensas que la pregunta tiene una trampa. Sin embargo, si tuviera que elegir una que no fuera F, diría B o C, o sea, paternidad y lazos familiares porque me parece casi imposible narrar una experiencia humana sin rozar esos temas, pero creo que es una pregunta muy tramposa la tuya, estoy en desacuerdo. Yo creo que la literatura es justo algo que permite hablar de muchas cosas a la vez, entonces, la respuesta casi siempre sería todas las anteriores, porque justo el relato revindica eso, nos permite salir de los límites estrechos del tema, del anclaje temático, que sin embargo, es muy frecuente siempre en las entrevistas o en todo aquello que rodea a la literatura, aparece la noción de tema como una noción muy estable, y la verdad es que no corresponde sino a una forma de hablar de los libros. Para que tú y yo podamos hablar de los libros, solemos recurrir a la noción de tema. Pero un libro habla de muchas cosas a la vez y en particular, las novelas permiten eso, o sea permiten recuperar una cierta vacilación entre esos posibles, permite recuperar el pulso de una discusión o de una conversación, no congelarla en la ilusión conclusiva, esa es mi respuesta.

KC: Bueno, vamos a tener que entonces reformular la pregunta.

AZ: No, no, tú me puedes reprobar. Esa es la idea. 

KC: Claro. No, porque también te puedo aprobar porque los argumentos son lo suficientemente potentes para convencerte. 

AZ: No, pero repruébame no más y yo repito de curso tranquilamente, si los escritores reprobamos. 

KC: Como Vicente, del libro. 

AZ: Claro. 

KC: No quiero decir nada de libro, que mala sería eso. 

AZ: Spoilear...

KC: Spoilear… ¿cuál sería la palabra en español de spoiler?

AZ: Es una palabra que hay que inventar. 

KC: Bueno.

AZ: Porque, sería más bien una frase. 

KC: Para ti escribir, porque tal cual le contaste a Santiago Llach, en este mismo podcast que te nombre, dices que te hace muy muy bien, y que escribes todos los días. Eso contaste, yo estoy repitiendo.

AZ: Sí, pero estaba mintiendo, en un podcast uno dice una cosa, en otro dice otra. 

KC: Ahí vamos a tener que llevarte a una corte y ver quién dice la verdad. La verdad es que no importa mucho si escribes o no porque eso es tu problema. Pero yo tengo un problema y necesito que me ayudes a solucionar, porque los escritores nos llenamos de libretitas, de archivos, carpetas, papeles, servilletas, donde vamos escribiendo y escribimos ¿Cómo organizas tú todo lo que escribes? Porque una cosa es escribir para un proyecto formal, pero otra es para escribir porque hoy día se te ocurrió escribir no más. ¿O siempre estás escribiendo para algo formal, que dices «lo voy a publicar»?

AZ: Mira yo estoy completamente de acuerdo con la idea de la escritura como ejercicio, creo que el que escribe, no escribe para publicar necesariamente, y esa es la distinción que te permite respirar la escritura, porque escribir es escribir mal, es equivocarse, escribir es llenar esa libretita que tú dices, y de pronto ahí sale una frase que te gustaría conversar, pero a mí me interesa la escritura como balbuceo, como búsqueda, como una posibilidad de diálogo con uno mismo, por vulgar que suene. Creo que los que escriben tienen ese primer desprendimiento, esa puesta ¿cómo podría decirlo? esa primera disolución de la soledad, algo así, lo que dices por escrito puede ser muy necesario de decírselo a uno mismo. No sé digo, vivimos echándole la culpa de las cosas que nos pasan a las personas que tenemos al lado, y de pronto el que escribe puede ahí prescindir de esa ilusión y construir otra, desvictimizarse.

Dónde escribe Alejandro Zambra

KC: Pero Alejandro ¿Dónde escribes tú? 

AZ: Ah, tu pregunta era más concreta, yo me fui en la volada. 

KC: Porque es una duda intelectual para mí, para entender cuando alguien dice que escribe, escribe porque le hace bien, por un montón de beneficios, para conocerse ¿Dónde escribes?

AZ: Yo lo que le dije probablemente a Santi Llach, es que escribir hace bien, aunque suene muy naive decirlo, aunque suene muy inocente, ¿y dónde escribo? Es que estamos en pandemia, entonces todo ha cambiado tanto, estamos muy en función de cuidar a nuestro hijo, entonces nuestros hábitos de escritura han estado cambiando. Yo estoy casada con otra escritora, entonces es una pregunta que se responde en dos tandas, o sea, en plural. Cuando escribo yo, ella está con el niño, y cuando ella escribe, yo estoy con el niño. Ahora nos hemos des-encerrado por motivos prácticos, escribimos en el living, en la mesa del living, donde estoy ahora, pero no es lo habitual. Yo quiero creer, que la pandemia no durará para siempre, entonces por eso me demoro tanto en contestar y me doy tantas vueltas, en realidad, debería simplemente mentir. 

KC: Pero, para qué.

AZ: ¿Dónde escribiría sino hubiera pandemia? Cuando escribía esta novela, por ejemplo, subía a un cuartito. Acá en México, existe la costumbre del cuartito de azotea, que son cuartitos que ahora la gente usa mayoritariamente para guardar cosas, como un cuarto de los cachureos. Si en un edificio hay seis departamentos, en la azotea hay seis cuartitos pequeños de dos por dos, realmente pequeños. Y ahí yo monté mi espacio de escritura, y entonces todos los días subía y estaba cuatro horas, escribiendo. Y claro hay una parte de la escritura que no parece muy productiva, tomar notas así generales, y de pronto ya, esa escritura toma forma y estas escribiendo algo que probablemente se podría convertir en un libro, y luego ya estás super convencido de que es un libro, están todos esos procesos. Y esta novela la escribí en un tiempo muy rico, en que mi hijo era muy guagua, entonces despertaba muy temprano él, por supuesto, nos despertábamos nosotros, yo lo tenía siempre un par de horas de cinco y media a siete y media, o a ocho, ese es un primer momento sagrado del día. Y luego subía al cuartito y estaba tres, cuatro horas y trabajaba en la novela, y luego bajaba de nuevo a la casa y volvía a ser padre. Entonces, tengo la sensación de que fue muy armónico ese tiempo, la paternidad y la escritura se armonizaron muchísimo, nunca había sido tan plenamente escritor, además, nunca me había dedicado tanto a escribir, siempre hice otras cosas, hice crítica, clases, escribí en prensa, que sé yo. Y durante ese tiempo, no hice nada más que escribir y ser papá. Fue para mí, un tiempo que recuerdo que ya lo idealizo, aunque no fue hace mucho tiempo. Ya lo idealizo porque, además, después todo cambió tanto en Chile y en el mundo. Claro, casi me parece estar recordando un mundo que ya no existe.


¿Qué te pareció? Alejandro Zambra sabe reflexionar. Es muy interesante escucharlo, seguirlo y meterse en el mundo de un escritor que tiene un sello. Creo que para todos los que nos gusta la literatura eso es un tremendo aporte. 

Bueno, no te quito más tiempo, te espero en el próximo capítulo, el 31 y la segunda parte de la entrevista de Alejandro Zambra. 

Que tengas una excelente semana. Cuídate mucho. Lee, escribe, crea. Chao.