#26 Entrevista a Alan Pauls (Parte 1)

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Hola, hola ¿cómo estás? Grabo este episodio 26 hoy viernes 11 de septiembre del 2020. Tengo muchas ganas de ya que comience la esperada primavera, ¿tú? Hoy te traigo una entrevista como pocas: Alan Pauls, uno de los escritores argentinos actuales más importantes a nivel Latinoamericano y mundial. La entrevista la hice muy temprano y con diferencia horaria, ya que Alan está viviendo en Berlín y yo aquí en Santiago.

Esta conversación con Alan fue de lo más interesante y fluyó muy bien, por lo que pude profundizar en aspectos sobre su quehacer como narrador, cineasta, actor, crítico de cine y desde su mundo personal. Te cuento que lleva un año viviendo en Berlín por una residencia que obtuvo con DAAD, allí vive con su actual mujer y su hijo Remo. Me contó que se suponía que iba a volver este año a Buenos Aires, pero la extendió por otro año más.

Hoy vas a escuchar lo que significó ganar el Premio Herralde con su novela El Pasado, su vínculo con la cocaína y sobre el próximo libro que va a publicar en marzo 2021. Nunca antes Alan Pauls había conversado sobre su nueva novela y te tengo esta exclusiva para ti, para ustedes.

Como la conversación fue tan extraordinaria, la dividí en dos episodios, así que el próximo lunes 21 de septiembre vas a escuchar la segunda parte. No te olvides, siempre encuentras la transcripción completa y los links y libros que Alan Pauls menciona en mi página web www.karencodner.com

Entrevista a Alan Pauls

KC: Hola Alan, buenos días.

AP: ¿Qué tal? ¿cómo va?

KC: Bien. Para ti son buenas tardes.

AP: Para mí son buenas tardes. Son las tres y pico de la tarde, aquí en Berlín.

KC: ¿Y qué estabas haciendo, cuando ya te dieron las tres de la tarde y supiste, o sea, sabías que te ibas a reunir conmigo? ¿en qué estabas? ¿qué había sido tu día?

AP: A la mañana fui con mi hijo al médico porque mi hijo tuvo un accidente el domingo y se lastimó un talón, así que había que curarle la herida. Después como contraprestación obligatoria, fuimos a una juguetearía a comprarle un pequeño regalo. Y después vine aquí, a la casa y estuve trabajando un poco con textos de mis alumnos del taller, tengo tres talleres de escritura creativa, y estuve leyendo algo de que los participantes escriben.

KC: O sea has tenido un día bastante productivo, y bastante distinto.

AP: Sí.

KC: Dime… hablemos un poco de tu infancia y de tu familia, que venía ligada, sí entiendo de actores ¿no?

AP: En realidad no, vengo de una familia de clase media urbana, Buenos Aires. Yo nací en el 59′, o sea que es un poco el principio de la época muy moderna de Buenos Aires. Mis padres estaban un poco en sincro con esa modernidad, quiero decir, el cine europeo, los cafés, el jazz, la literatura que en ese momento empezaba a volverse muy prominente en Argentina y en América Latina. Pero no tenían exactamente relación con la cultura en un sentido estricto, digamos, mi padre tenía un perretín, como se dice en Argentina, una especie de veleidad como de productor de cine. De hecho, el año en que yo nací, en el 59′, mi padre produjo la primera película de un cineasta argentino que después daría bastante que hablar que fue Manuel Antín. Y tengo entendido, por las malas lenguas, que esa película les costó el divorcio a mis padres.

KC: Ah.

AP: Así que le debo al cine, y a la adaptación, a la primera adaptación cinematográfica de un texto de Julio Cortázar, el divorcio de mis padres.

KC: Y quizás que mucho más también en El pasado ¿o no?

AP: Pero digamos, mi padre estaba bastante conectado con el mundo cultural de Buenos Aires, pero ninguno de los dos se dedicaba a eso, así que en realidad lo que se convirtió después en la familia Pauls más del show business o de la actuación, fue con mis hermanos, o sea, mis hermanos por parte de padre, que sí se dedicaron, hay tres de ellos, que se dedican a la actuación.

KC: O sea, las reuniones familiares deben ser un desastre.

AP: Sí, sí. En realidad, es difícil que haya reuniones familiares porque somos tantos hermanos y de tantos matrimonios diferentes, que para juntarlos a todos creo que habría que hacer una especie de reality show, de producción muy muy cara, así que no creo que por el momento eso se produzca.

KC: Pero hoy en día por Zoom podemos hacer cualquier cosa sin ser tan caro.

AP: Sí, sí podríamos almorzar todo juntos por Zoom.

KC: Alan, ¿Estás cansado de esto que sea el hit El pasado relacionado, el libro El pasado con el premio Herralde? ¿Se cansa uno de esto? De que te vuelves a eso como ya casi como eso soy yo.

AP: Bueno eso pasa con el pasado en general, no solo con el libro, sino que también con el pasado que uno siempre lo lleva a cuesta o reaparece así de manera intempestiva. No, la verdad que no, tengo una muy buena relación con ese libro. Por supuesto que es un libro muy importante para mí, fue un libro, que, junto con el Premio Herralde, me visibilizó de un modo muy espectacular. Es un libro que me gusta mucho, es un libro que me gusta tropezármelo, cuando alguien me dice que leyó El pasado, o cuando alguien me dice algo sobre el libro en general. Es un libro que produjo efectos, no sé si siempre ideales, pero siempre interesantes, incluso cuando no eran ideales o cuando no eran esperados por mí, siempre me resultaron interesantes. Fue un libro que de algún modo marcó el principio de mi trabajo con Anagrama y con Jorge Herralde y con Lali Gubern, que son dos personas y una editorial con la que, por supuesto tengo una relación muy, muy íntima, aún cuando ya no pertenezca a la editorial. Así que no, no tengo. No soy como esos rockeros en decadencia que siempre piensan en el hit que los llevó a la módica fama, con rencor o con resentimiento. Aunque soy un escritor en decadencia, me parece que El pasado fue un muy buen momento para mí.

KC: Y en ese sentido, soñemos ¿Qué premio te gustaría ganar?

AP: ¿Qué premio?

KC: Sí, soñemos.

AP: Sabes que, o sea, los premios literarios siempre son premios muy complicados, porque son premios siempre teñidos por sombras de sospecha. Y el premio que te salva o te resuelve la vida en términos monetarios, es el premio que te desprestigia en términos de escritor, y el premio que te exalta como escritor, en general, te deja más o menos frío, en términos bancarios. Entonces, en realidad, más que los premios lo que me gusta son las becas, yo creo que un escritor sensato, o un artista sensato, más que premios tendría que pensar en becas. Una beca es un premio crónico, yo creo que los artistas que siempre tienen dificultades para ganarse la vida, me parece que a lo más que pueden aspirar es alguna forma de recompensa o de retribución, que de algún modo les resuelva ese problema a largo plazo, porque en general también los artistas y los escritores no somos muy talentosos para administrar el dinero, ni siquiera el dinero de los premios cuantiosos que algunos escritores ganan.

AP: Me parece que las becas, que garantizan, en cierto sentido, esa subsistencia, digamos, a un plazo relativamente … cuanto más largo mejor del escritor, me parece que para mí es el mejor premio. La beca que yo gané para venir aquí a Alemania, en marzo del año pasado, para mí, yo creo, que es uno de los mejores premios que gané en mi vida, porque es una beca que te mantiene durante un año en Berlín, te mantiene de una manera bastante decente, te facilitan un departamento muy confortable, Berlín es una ciudad dentro de todo bastante barata, dentro del contexto Europeo, y no te piden absolutamente nada a cambio, nada más que estar en la ciudad de Berlín.

KC: Pero cuéntame de la beca ¿Cómo se llama la beca?

AP: DAAD, es una beca muy conocida, que muchos codician, que muchos han ganado. Y es una beca de la ciudad Berlín, que implica solamente la obligación de vivir durante un año en Berlín. Un año para escritores y artistas visuales, y músicos, y creo que seis meses para cineastas. Eso para mí es perfecto, eso es el paraíso, el paraíso.

KC: Y, no te, en el fondo, ¿no te agarra la beca que tengas que publicar algo, ni que tienes que dar clases, nada?

AP: Nada, hay que agradecerles.

KC: ¿Y tú sabes alemán, eres fluente en alemán?

AP: No, no, estoy estudiando. Estudié el año pasado, es algo que viene con la beca también, son 40 horas de enseñanza de alemán con un profesor o una profesora particulares que van a tu casa. Hice eso, por supuesto no es suficiente, así que ahora sigo estudiando por mi cuenta.

KC: O sea que tu vida, tu trabajo, está transcurriendo en español.

AP: En español, en inglés, en otras lenguas, pero muy poco en alemán. Mis sufrimientos transcurren en alemán.

KC: Y sabes francés ¿o no?

AP: Sí, sé francés.

KC: ¿Y qué otro idioma más, o ahí llegamos?

AP: No, inglés, español, después puedo chapurrear un poco en italiano, entiendo perfecto el italiano, puedo hablar un poco en portugués también. Me las arreglo.

KC: Y volviendo a nuestro tema El pasado ¿Qué sientes cuando yo te digo: «drogas, sexo, alcohol, rock and roll y Nabokov»?

AP: Bueno, rock and roll no encuentro mucho, la verdad que nunca me sentí muy del palo del rock and roll, pero sexo, drogas y Nabokov, sí. Me parece que… Nabokov además es la misma cantidad de silabas que rock and roll, así que entra perfecto en la métrica, Sí, bueno, Nabokov es una sombra que planea en general mucho sobre lo que escribo, a veces para mal, porque es muy difícil escribir como Nabokov. Casi tan difícil escribir como Nabokov, como escribir como Borges. Y a veces, muchas veces, para bien creo, porque como todo gran escritor, es un escritor que inventa posibilidades para otros escritores. Así que, hay algo de Nabokov en El pasado, y creo que hay algo de Nabokov, también, en la novela que vine a escribir aquí a Berlín y que terminé hace unos meses.

Wladimir Nabokov

Nueva novela: La mitad fantasma

KC: Ah, está lista.

AP: Sí, es una novela que va a salir en marzo del 2021.

KC: ¿Y tenemos el título?

AP: Se llama La mitad fantasma.

KC: Y transcurre…cuéntanos un poquito ¡Danos algo!

AP: Bueno, es una novela que transcurre, digamos, tiene cuatro partes, y hay dos partes que transcurren en Buenos Aires, una parte que transcurre en Berlín, y una última parte que no se sabe muy bien donde transcurre, pero se supone que también en Berlín. Es una historia, básicamente, de amor a distancia. Es el romance entre un señor maduro de temperamento más bien sedentario, que está ya experimentando el modo en que la época lo deja atrás, pero que tiene ciertas astucias y ciertas armas para todavía colgarse de ella, y una mujer más joven, que tiene una de esas existencias muy contemporáneas, que proliferan hoy día, que se dedica a cuidar casas por el mundo. Va de casa en casa, vive quince días, un mes, según el tiempo que la contraten, y cuida casas, y muchas veces las mascotas que vienen incluidas con las casas, y muchas veces la gente mayor que viene incluida dentro de las casas o plantas, a cambio simplemente del alojamiento, y para subsistir da clases de idioma por internet, online. Entonces, es un romance por «Skype».

KC: ¿Transcurre completamente contemporánea, integras todo lo que es la tecnología?

AP: Sí, la tecnología y sobre todo los desperfectos de la tecnología que son lo que más me interesa.

KC: Claro. Es difícil escribir, integrando todas estas cosas inmediatas que tenemos. De integrar el WhatsApp, el mail, que se pierde un poco la tensión, la dirección incluso podría ser.

AP: Ya uno podría empezar a diferenciar, porque digamos antes, cuando apareció el mail, uno decía: se acabaron las cartas, y, sin embargo, ahora con el WhatsApp y con todas las nuevas aplicaciones, uno piensa en el mail como si fueran las nuevas cartas, y, de hecho, ya la gente que se sigue comunicando por correo electrónico, es gente totalmente, que perdió el tren en cierto sentido, yo entre ellos, por supuesto. Pero digo, el mail, que hace diez años o quince años, era una especie de shock tecnológico para los que estábamos acostumbrados a escribir cartas y esperar que la carta llegará y a recibir carta, etcétera. Hoy ya es una tecnología completamente anacrónica o arcaica. Pero, yo creo que ahí es cuando la tecnología se pone más interesante, cuando empieza como a perder contemporaneidad, y empieza a ser usada de otra manera. Uno empieza a tener cierta relación creativa, si quieres, o perversa también con la tecnología, sobre todo una vez que la tecnología empieza a ser dejada de lado.

KC: ¿Se puede dejar de lado la tecnología?

AP: Bueno, no dejada de lado, pero digamos, ahora entre escribir un mail y mandar un WhatsApp, obviamente la gente prefiere mandar un WhatsApp.

KC: Sí.

AP: Y solamente la gente que todavía cree en las frases, que todavía cree en la sintaxis, que todavía cree en los párrafos, en los puntos aparte, en los acentos, en las palabras completas y no abreviadas, solamente esa gente, que ya son como monstruos antediluvianos, solamente ellos escriben mails ¿no?

KC: Difícil está la cosa para los que somos de esos.

AP: No, para mí es muy agradable, o sea, me parece que simplemente hay que reconocer cuales son los propios límites. Yo ya me doy cuenta de que hay ciertas cosas a las que no voy a llegar nunca, nunca, o sea renuncié a ellas.

KC: Cómo, por ejemplo.

AP: O sea renuncié a Facebook, pero hace mucho, cuando Facebook empezó a despegar, dije: «Bueno, esto ya no es para mí».

KC: Pero tú tienes una página. Tú sabes ¿no? con muchos seguidores.

AP: Sí, pero digamos, son páginas que no tienen que ver conmigo, en el sentido que no las armo yo, digamos.

KC: No, pero tampoco tiene contenido solo dice Alan Pauls.

AP: Claro. No, no. Me salí de Twitter, por ejemplo.

KC: Te busqué.

AP: En la única red social en la que tengo presencia es en Instagram, que me parece que es una red social bastante más para mí, donde la inmediatez o la instantaneidad no son tan fascista, digamos. Es una red mucho menos agresiva, así que…pero, por ejemplo, en Twitter ya está, yo ya me despedí, pero me parece que ya todo el mundo medio se despide. La gente vive despidiéndose de la tecnología, la gente vive velando tecnologías, vive enterrando tecnologías, y pasando rápidamente a otras.

KC: Bautizando nuevas.

AP: Claro. Y yo en realidad lo que hago es, como me reconozco totalmente incompetente, no solo la incompetencia, sino que completamente haragán para ponerme a tiro, simplemente elijo, a veces por supuesto me puedo equivocar, elijo lo que creo que puede pegar mejor con mi manera de ser, o con mi espíritu, o con mi humor. Y la verdad es que la paso bien, la paso bien así, no sufro, no sufro.

KC: Estoy pensando un poco en esto que estamos hablando, que tanto se ha hablado de la inmediatez, de la frase corta. Cuando tú publicaste El pasado, ya son diecisiete años… quiero… si te puedes conectar con lo que buscaste con tu estilo narrativo, con ese particular estilo narrativo. Mira yo lo tengo acá, mira y cuando uno lo agarra con la mentalidad actual y ve estos tremendos párrafos, colmados de adjetivos, de una gramática que te desafía como lector, pienso en varias cosas, y pienso qué tienen en común Raymond Carver y Alan Pauls.

AP: Y creo que poco ¿no? bastante poco, a mí me gusta mucho Carver igual, pero no, me parece, o sea, no me proponía nada, cuando uno escribe un libro me parece que no se propone nada más que escribir ese libro, escribirlo lo mejor posible, y escribirlo lo mejor posible significa no escribirlo bien, sino escribir todas las posibilidades, o la mayor cantidad posible de posibilidades. que están encerradas en ese proyecto. Uno se propone, llevar ese proyecto a la máxima potencia, y más cuando, creo, uno escribe un libro durante tanto. Yo empleé, creo que cinco años, o cinco años y medio, en escribir esa novela. La pasé muy bien escribiéndola, pero durante cinco años medio viví adentro. Y yo creo que hay punto que, más allá de las ambiciones que uno tenga como escritor, las ambiciones reconocidas o inconscientes que pueden ser muchas, me parece que en un punto no hay mejor motor para seguir escribiendo un libro, que la experiencia de escribirlo, si esa experiencia es gozosa. Y creo que escribir durante mucho tiempo un libro, que es algo que a mí me paso por primera vez con El pasado, yo antes nunca había escrito libros tan largos, es un trance extraordinario, en el sentido de que es una experiencia completamente ambiental, es casi como si el libro se convirtiera en una forma de vida. A mí me costó mucho terminarlo, el libro, porque tenía la impresión de que podía seguir escribiéndolo indefinidamente.

Raymond Carver

KC: Alan, ¿escribiéndolo o editando, como dices tú? Porque uno se cansa en el proceso y ya.

AP: No, escribiéndolo porque yo en ese momento no editaba mucho, no corregía mucho, por eso tardaba tanto en escribir, o sea, muchas de las cosas que los escritores hacen una vez el texto terminado, una vez un primer borrador terminado, yo en general las hacía antes. Entonces, por ahí me llevaba mucho tiempo imprimir una página en la pantalla, pero esas páginas que imprimía, la mayoría de las veces después pasaba al libro casi intacta. A lo sumo, una vez que llegaba el momento de corregir, lo que hacía era o bien desplazar grandes masas de material en libro, por el libro, o bien, eliminar fragmentos del libro, pero era raro que me dedicara como a la pequeña orfebrería estilística, o sea todo eso ya estaba muy desde el principio.

Alan Pauls y su vínculo con la cocaína

KC: Alan, yo no tengo experiencia con la cocaína, es un mundo que a mí me lo presentan y todo lo que me digan puede ser cierto como falso. ¿Cuál es tu vínculo con la cocaína?

AP: Bueno, escribí un poco sobre eso, hay un capítulo de El pasado que está dedicado a eso. Yo tuve un año, no sé si de cocainómano porque nunca llegué a ser eso, pero tuve una relación cotidiana con la cocaína, y fue un año en el que la pasé muy bien en un sentido, y muy mal en otro. Y del que salí, o del que me pude salir, con bastante facilidad podríamos decir, porque el problema con la cocaína es salir.

KC: Claro.

AP: Es una droga muy complicada porque es como bastante diabólica, en el sentido de que promete mucho, produce mucha ilusión, hechiza completamente, con esa especie de inyección de omnipotencia que transmite, y mientras promete todo eso y crea esa ilusión, te va como quitando, te va vampirizando de una manera terrorífica, de modo que uno, digamos, todo lo que vive en cocaína, lo vive como dilapidando ciertas reservas de energías con las que uno cree que siempre va contar. Entonces, cuando de repente llegas a una especie de límite, te das cuenta que estás completamente seco. O sea, la experiencia aterradora de la cocaína, además de la mentira, de la traición, de toda esa especie de dimensión como de estafa que tiene la droga en el comportamiento social, el momento terrorífico de la cocaína es cuando uno se descubre vaciado, como sin un vampiro te hubiera chupado hasta la última gota de sangre, es una droga que no te da nada en realidad. A diferencia de otras drogas, que son drogas que pueden ser también peligrosas podríamos decir, porque son consideradas drogas pesadas, pero son drogas que te dan algo, puede ser que la DEA no lo reconozca como válido, eso que te da, pero te dan algo.

KC: ¿Cómo qué?

AP: El ácido te da algo, el éxtasis te da algo, la marihuana te da algo, la cocaína solo te quita, solo te quita.

KC: O sea es muy egoísta.

AP: Bueno, es como una droga capitalista podríamos decir. Te da algo que vos crees que necesitas y en realidad lo importante del proceso, del seudo intercambio que hay entre la droga y vos, es lo que te quita.

KC: Me llamó la atención el corte que le diste al personaje, a Rimini, que logra dejarla, así como… hace un corte profundo, no sé si eso es tan factible.

AP: Bueno. A mí me funcionó, o sea en el sentido de que me parece que lo único que para mí podría funcionar, dado mi temperamento, era remplazar una adicción por otra, y yo lo que hice fue reemplazar la cocaína por una experiencia amorosa, me fui a vivir con una mujer y apenas esa mujer entró a mi casa, la cocaína se fue.

KC: Afortunado.

AP: Sí, digo afortunado, cada uno urde las estrategias que le funcionan bien, alguien podrá decirme: “bueno pero entonces eso quiere decir que la relación que vos tuviste con esa mujer, fue una relación tan adictiva como la que tuviste con la cocaína”. No, no fue así, simplemente que para mí una experiencia amorosa, como en ese caso la experiencia con esa mujer en particular, es una experiencia que en cierto sentido me produce como un efecto de absorción total, o sea, cuando me enamoré de esa mujer, estaba cien por ciento en esa experiencia, entonces la droga era como algo completamente superfluo. Y ese cambio fue lo que hizo que yo pudiera deshacerme de ella.

KC: Y si uno de tus dos hijos llegará y te dijera: Papá estoy en la coca. ¿Qué le dirías?

AP: Primero trataría de entender qué pasa, de entender qué es lo que mi hijo busca o encuentra ahí, trataría de escuchar su texto, antes de tomar ninguna medida o de pensar algo o de aplicarle algún tipo de terapéutica. Me parece que trataría de ver hasta qué punto está realmente metido en el asunto, cuán serio es. Me parece que trataría de acompañar.

KC: ¿Es, en ese sentido, siempre un síntoma de algo mayor o es no más?

AP: Me parece que es un síntoma de algo mayor o algo diferente, o de algo que se juega también en otro plano, pero como todo. Digo, el cigarrillo no es diferente, la relación que uno tiene con las personas no es diferente, la relación que uno tiene con la comida no es diferente, la relación que uno tiene con un perro al que uno adora no es diferente. Todo puede ser visto como algo que es síntoma de otra cosa hoy, todo. Tú puedes aplicar ese mismo razonamiento sobre cualquier cosa. En ese sentido la droga, no es especifica.

KC: Sí, pero la relación con el perro no te mata.

AP: Bueno, pero te puede morder, te puedes volver dependiente del perro, si el perro se muere te puedes deprimir, que sé yo, o sea, pueden pasar muchas cosas. Lo que quiero decir, es que me parece que cada vez más las drogas son parte de un modo de vida, que es el modo de vida en las sociedades de occidente contemporáneo y que funcionan cumpliendo ciertas funciones en esas sociedades, y que ya me parece un poquito banal o un poquito anacrónico, pensar que si alguien tiene una relación determinada con una droga, eso quiere decir que tiene problemas con su papá o con su mamá, o con las mujeres o con los hombres, que seguramente los tiene pero como los tiene todo el mundo, solo que, bueno, en algunos casos alguien recurre a la cocaína, otros recurren a las prostitutas, otros recurren a ser turistas compulsivos, otros son shoppers compulsivos, otros pegan a sus mujeres.

KC: Otros escriben.

AP: Otros están todo el tiempo, todos los minutos con el teléfono celular. Me parece, que en ese sentido también, yo creo que la demonización de las drogas es un error, es un error político, estratégico, intelectual, conceptual, es no entender nada de cómo funcionan las cosas.

KC: Entonces, ¿tú estás por liberalizarlas, legalizarlas?

AP: Yo creo que estoy totalmente en contra de la llamada guerra contra las drogas, me parece que la guerra no, digo no solo yo, Vargas Llosa, que es un señor híper respetable, Premio Nobel, de derecha, él forma parte de una batallón de personalidades internacionales que saben, que se han dado cuenta, tal vez un poco tarde, de que la famosa guerra contra las drogas, a la que muchos de ellos seguramente suscribieron años atrás, a lo único que lleva es a más crímenes, más delincuencia, más ilegalidad, más consumo, más gente destruida por las drogas. O sea, me parece que hay que entender que si la droga es un problema, y efectivamente es un problema, es un problema en el sentido más profundo de la palabra, es un problema que no tiene solución, como todos los verdaderos problemas, o sea hay que acostumbrarse a vivir con eso y hay que tratar de encontrar la manera de convivir con eso, de relacionarse con eso que sea la menos destructiva, que sea menos injusta, que sea menos cruel, que sea menos necia, pero no diciendo matemos a todos los narcotraficantes, encarcelamos a todos los adictos, o sea eso me parece que es demencia, insensatez o fascismo, por supuesto.

Cierre

Bueno, así concluye la primera parte de esta entrevista con Alan Pauls y la próxima, tal como te dije al comienzo, será el otro lunes 21 de septiembre aquí mismo . Y allí vamos a conversar sobre su vida en época de COVID-19, el amor y la paternidad y cómo es envejecer. La tensión entre ser un hombre guapo y moverse en un mundo que no espera que lo seas, en el mundo de la cultura y la creación. Obvio, también vas a poder escuchar sobre su vínculo con Chile y con grandes escritores de nuestro país del nivel de Alejandro Zambra y Rafael Gumucio.

Cuéntame ¿Qué fue lo que más te llamó la atención de Alan Pauls?

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¡Te espero! Cuídate mucho.

Y recuerda: Escribe. Lee. Crea.

Chaoooo.

Escritores mencionados

Julio Cortázar

Wladimir Nabokov

Raymond Carver

Jorge Luis Borges

Mario Vargas Llosa

Alejandro Zambra

Rafael Gumucio