#17 Entrevista Celular a Mónica Lavín, escritora mexicana

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Hoy tengo el honor de entrevistar a la escritora mexicana, Mónica Lavín. En esta entrevista converso con la reconocida escritora y académica mexicana sobre literatura, su vida, proceso creativo y Coronavirus.

Hola, hola ¿cómo están? Grabo este capítulo 17 a mediodía del viernes 8 de mayo. Hoy estoy haciendo historia en Celular un llamado a la creatividad, porque por primera vez entrevisto a una escritora internacional, la escritora mexicana Mónica Lavín. Ella además es académica, columnista, sale en la televisión. 

Hablé con Mónica Lavín, sobre todo, literatura, su vida, proceso creativo y el Coronavirus, no nos podemos desligar de eso.

Mónica Lavín, es una escritora mexicana multifacética. Primero estudió bióloga y luego se dedicó a la escritura. Tiene más de veinte libros, ha recibido muchos premios, recibió el Premio Nacional de Literatura Gilberto Owen, el Premio Iberoamericano de Novela Elena Poniatowska, el Premio Governor General de Canadá y el Premio Nacional Malinalli. Ella además es investigadora y académica de la Academia de Creación Literaria de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, es colaboradora del diario El Universal y es súper activa en redes, les dejo su página web, como siempre.

¿Cómo la conocí? ¿por qué la entrevisto? ¿quién es? Simplemente para mí es una tremenda persona, alguien que conoce su oficio, es súper ventas en México y, sobre todo, como lo dije, bella, por dentro y por fuera. Mónica tiene una elegancia que me encantaría tener.

El año pasado cuando postulé a Under the Volcano, que fue la residencia que hice en enero en Tepoztlán, ella fue mi profesora guía, conviví con ella durante 10 días y no se imaginan lo que aprendí. Esta entrevista la grabé hace un par de semanas, cuando el Coronavirus todavía no nos estaba volviendo locos a todos con la incertidumbre, y en México las medidas no eran tan intensas, y estaban todos muy preocupados.

Como ya es tradición, antes de la entrevista, les dejo mi recuento personal de la semana…

Tal cual me lo había propuesto he intentado, a veces con más éxito y otras con menos, bajar mi carga de trabajo, pero también estoy intentando delegar, hacer menos cosas, ayudarme, a veces cuesta.  Y mi lectura ha estado lenta, no he leído mucho, pero espero poder retomarla.

El episodio anterior, el 16, en que entrevisté a Ana Josefa Silva, experta en libros y crítica de cine, y a Francisco Mouat, escritor chileno y dueño de la librería Lolita, causó sensación. Espero haber ayudado a muchos, a ver que le regalan a su mamá o ver que van a leer pronto.

Agradezco los correos electrónicos de Mirtha Kaplun, Ana González, Inge Mangheim que me escribe a menudo y me pone tan feliz. A Pablo que se hizo suscriptor, ¡tanto que agradecer!

También esta semana conversé por WhatsApp con la escritora chilena Claudia Apablaza, quien, además es editora de los libros de La mujer rota y una hermosa persona, me ayuda siempre con sus buenos consejos. Ella me dio ánimo, me dijo que persevere, que ya veré frutos. Me contó que ha sido difícil la cuarentena, que vive en el sector de Santiago, Nuñoa, que lleva más de 8 semanas encerrada junto a su hija Elo de tres años, y este lunes levantan la cuarentena ahí. Claudia, si estás escuchando ¡todo va a estar bien, ánimo!

Otra noticia buena, y que me impactó, es que Francisca Jiménez, una gran amiga y profesional, directora de Mis Raíces, una empresa de relaciones públicas y también editorial, fue nominada y es la nueva presidenta de los Editores independientes de Chile. ¡Qué orgullo!

Con Francisca nos conocemos, hace décadas, desde 1992, cuando comenzamos a estudiar Periodismo en la Universidad Católica y mantenemos la amistad junto a otras chicas hermosas que nos autodenominamos “San Pedro” ¿Por qué?, porque hace muchos años atrás fuimos a San Pedro de Atacama y así le pusimos al grupo de WhatsApp.

Y de las amigas, de la amistad, de eso trata el último libro de Mónica Lavín, Todo sobre nosotras. Ella se lo dedica a su grupo de amigas “Las Cerezas”

¿No saben qué leer de Mónica?

Si quieren profundidad, lean, Yo, la peor, una autobiografía ficcionada de Sor Juana de la Cruz, que se introduce con un arte en el mundo de Sor Juana, en lo que la envuelve y sus desafíos. Aprendí mucho y disfruté esa lectura. Ella es una gran cuentista, como les dije ha ganado muchos premios. Si quieres relajarte no te vas a arrepentir con su última novela.

Empecemos con la entrevista Celular a Mónica Lavín en este capítulo 17.

KC: Y, ¿Qué te estoy interrumpiendo? ¿Qué estabas haciendo antes de comenzar nuestra entrevista “Celular”?

ML: Hice un poquito de mi jornada de escritura. Estoy escribiendo algo de lo que no me gusta hablar mucho, pero tiene que ver más con la memoria que con la construcción de una novela. Es algo raro, nunca he escrito este tipo de texto tan personal, pero tiene que ver con mis padres y es algo que tengo que hacer. Es raro porque me meto en un mundo un poco doloroso y negociando entre lo que te acuerdas, lo que no te acuerdas, cómo contarlo, además, porque no es un diario personal, estás edificando un mundo de palabras.

KC: Mónica, y antes de empezar la grabación tú me estabas contando que esa no es tu casa…

ML: No (se ríe).

KC: Pero está llena de libros.

ML: Sí, fíjate que yo vivo en Coyoacán, que es un área muy hermosa de México, en un espacio pequeño donde hay muchos otros departamentos. Entonces, en parte porque al lado de mi vive mi hija con su hijo pequeño, mi nieto, y los doctores recomendaban que la gente de la tercera edad no estuviera en contacto físico con sus nietos, y yo nada más de oír su vocecita me dan ganas de abrazarlo, lo quiero tocar. Entonces decidí, y creo que fue una buena decisión, venirme a casa de mi pareja.

Él es cineasta y documentalista, su trabajo también tiene que ver con los libros, además, le gusta la lectura. Es mi pareja hace muchos años, pero hemos mantenido “tu casa, mi casa” por largos años, y es la primera vez que paso, un mes aquí, hemos viajado, pero encontrar tu espacio en una casa que no es tuya es también algo que hay que hacer y construir. Sabes que me recuerda mucho a las residencias literarias que he ido. He estado en Yaddo, he estado en Banff, en Canadá, he estado en Florida, y también es llegar a un lugar que no es tu escritorio, no es tu silla, y, como decimos en México, te tienes que “hallar”, pero sabes que tienes las condiciones para trabajar y además las condiciones de afuera te hacen que tengas esa posibilidad, nada más la cabeza es la que le cuesta más trabajo aterrizar en el trabajo literario como si estuvieras en una residencia literaria.

“ Creo que lo transitorio tiene que ver con como vives las situaciones, los espacios, las relaciones, porque en realidad podríamos decir que la vida es una concatenación de puros momentos, puros transitorios….es un estado, igual que ser escritor, no es transitorio”

— MÓNICA LAVÍN

KC: Y es un espacio transitorio, es interesante la palabra transitorio, ¿Cuándo algo deja de ser transitorio, Mónica?

ML: Cuando tú te mimetizas, te lo apropias, pero te lo apropias porque ¿Cómo haces tuyo algo? Estoy hablando del espacio, me estoy yendo a eso, no a todo lo transitorio. Creo que lo transitorio tiene que ver con como vives las situaciones, los espacios, las relaciones, porque en realidad podríamos decir que la vida es una concatenación de puros momentos, puros transitorios. Somos niños, adolescentes, adultos, son estados transitorios. Somos embarazadas, transitorio. Ser madre sí creo que no es transitorio. Es siempre, es un estado, igual que ser escritor, no es transitorio. En algunos casos creo que es porque tomaste la decisión, o quizás eso es lo que define. Nunca me había preguntado esto Karen. Quizás tomar la decisión de ser madre, de estar con alguien, de mudarte a tal lado, de ser escritor, eso es que deja de ser transitorio, es una decisión que es un estado de vida, ¿No?

KC: ¿Y cómo ha sido volver a ti a vivir con un otro? Porque tú vivías sola.

ML: ¿Sabes qué? Raro, porque además viví casada veinte años con el padre de mis hijas.  Así como me gusta la soledad y mi espacio, también me gusta la convivencia; la construcción del compartir. Pero te puedo decir que hay días que digo “quiero irme a mi casa, quiero mi espacio, gobernar yo sola”, porque es un poco gobernar, tú tomas todas las decisiones, claro que me hace falta mi orden de las cosas, mi acomodo. Entonces uno se da cuenta que empieza a ejercer eso en el espacio ajeno para que sientas un poco que también es tu espacio, el ordenamiento, el cómo deben acomodarse todas las cosas, desde las de la cocina, hasta ¿yo qué sé? Cómo doblas las sabanas en la cama, todo. Uno está lleno de rituales, de pequeños detalles.

KC: ¿Y esto no te obliga a replantearte el futuro?

ML: Desde luego. Completamente. Quiero vivir acompañada. Debemos hacer un proyecto juntos, debo seguir negociando estos momentos juntos y cada quien en su casa, me obliga a replanteármelo y creo que después de esto no vamos a hacer iguales, colectivamente. Pero también en lo individual, a cada quien le están pasando cosas distintas, y a mí, por ejemplo, me está pasando esto. Okey, haré una vida compartida, ahora si juntamos tus libros y mis libros, ¿Y cómo? (se ríe).

Mónica su relación con los libros y la lectura

KC: Esa era otra cosa que mientras yo veía el tema de los libros, ¿Cómo es, para una escritora como tú, que debe tener una biblioteca hermosísima, separarse de sus libros?

ML: Sí, mira, va a sonar muy paradójico. Hay una parte que tiene de alivio, yo si me traje algunos, los que quería leer, dije ¿Qué libros si quiero leer? Pero pensando que esto iba a durar tres semanas, que a las tres semanas yo ya me regresaba a mi casa. Esto me obliga a no estar haciendo el “zapping”, porque cuando tienes tu biblioteca también sientes cuanto te falta por leer, y en cambio aquí, además de leer mis libros, escribo más y de repente extraño uno, y hasta se donde está, digo “el del lado derecho del escritorio, ahí está. Lo quiero ver, quiero sacar algo, una nota de ahí”, bueno, pues no se puede. Entonces, busco en internet algo, me encuentro con una cosa nueva, un poeta que no había leído. Tiene solución, mientras sea transitorio. No podría quedarme sin ellos, sin mis subrayados, porque yo subrayo los libros.

Hay libros que todavía no leo, pero hay libros que ya leí, los cuales no me quiero deshacer, unos se tienen que ir de casa. Yo veo ahí tu librero y me encanta, porque en los libreros, hay fotos, hay objetos, marcan una vida personal, es la huella de uno en el espacio. Entonces si viviéramos juntos, si cambiamos de planes después de esta experiencia, sería en otro lugar, sería fundar un mundo nuevo. Yo no me quedaría de apéndice. Yo diría “armemos la biblioteca tuya, mía, la conjunta. Es otro espacio.

KC: Y Mónica, los que tenemos muchos libros, siempre nos preguntamos, ¿Será necesario tener todos estos libros? ¿Con cuáles libros me quedo y cuáles los dono, los vendo, los regalo? ¿Qué has pensado sobre eso?

ML: Mira ya he tenido que hacer algunos cortes, sobre todo uno importante a la muerte de mis padres, que murieron hace poco, tuvieron una vida larga y también les gustaban los libros, eran lectores. Cuando muere mi padre, mi madre se muda y ella hace su propia criba, y dice “vengan a escoger. Yo esto ya no lo quiero, yo ya decidí qué quiero. Esto ya no”, entonces de una montaña de libros tuve que ir a decidir, además de los que tenía en casa, que ya eran muchos, qué quería de los libros de mis padres. Fue durísimo porque me llevé más de los que quería o de los que podía tener. Eso me obligó a buscar en mi casa de cuales me quería deshacer.

“Tu relación con los libros que tienen que ver con el apego del pasado, en quién eres, qué has leído y qué forra tus paredes, pero también, qué quieres seguir siendo, qué quieres todavía leer, de qué no te quieres desprender”

— MÓNICA LAVÍN, ESCRITORA MEXICANA

Fíjate que eso que me preguntas es muy interesante porque te hace pensar en tu relación con los libros que tienen que ver con el apego del pasado, en quién eres, qué has leído y qué forra tus paredes, pero también, qué quieres seguir siendo, qué quieres todavía leer, de qué no te quieres desprender, aunque no sabes si la vida te va a dar tiempo para la lectura. Me acuerdo que de los libros de mis padres unos me hacían toser, porque estaban ya muy polvosos. Los tuve que dejar al sol, no supe si incluso algunos de ellos provocaron un poco de polilla, entonces ahora revisar libros viejos y también decidir que tan viejos pueden estar en tu casa, todo este sistema casi de biblioteca.

Luego tomé decisiones en mi casa cuando, mis hijas hicieron su vida, me fui quedando con el nido vacío, y tomé un cuarto de mis hijas como mi estudio, porque antes yo me iba a trabajar a otro lado, tenía mi estudio externo. Cuando ya no fue necesario, entonces, decidí que en mi estudio iba a haber también biblioteca, pero tengo que decidir qué arriba, qué abajo, y me armé una biblioteca solo de literatura mexicana, porque es lo que más tengo y más llega constantemente a mí, tengo mi sección de cuentos, de todo lo que tiene que ver con teoría de escritura, con reflexión sobre la escritura, el cuento, la novela, todo eso también está ahí, y los diccionarios.

Mira ahora que te digo me emociono y empiezo a extrañar mi casa, porque tengo mis libros de poesía en una parte de la escalera, otro librero en la parte de abajo que es todo lo latinoamericano, donde tú estás, y me doy cuenta que es estrecho el lugar, ya no cabe. Luego me meto a la sala, ahí tengo todo lo que son los españoles. Me encanta la literatura en inglés, entonces eso ocupa toda una gran pared: los canadienses, ingleses, americanos. Un poco de los franceses e italianos, y luego los libros de arte. Si me vuelvo a mudar, tendré que volver a hacer una reflexión, y yo creo que si comparto una casa con alguien, tendrá que haber una sección de solo mis libros. Uno es muy celosa con eso.

KC:¿Cuánto dedicas a la lectura? ¿Qué espacio ocupa la lectura en tu vida, en tu día?

ML: Yo trato de leer dos horas diarias. A veces puedo leer más, pero dos horas diarias sí. Hay que negociar con el tiempo de las clases, de hecho, dar clases es una forma también de estar obligada a leer ciertas cosas, lo cual no está nada mal, pero cada vez quiero dedicarle más a la lectura que a la escritura. Me está pasando que tengo más urgencia de lectura que de volcar en palabra.

KC: ¿Pero ahora con el Coronavirus o en los últimos meses?

ML: En los últimos meses. Mira desde que publiqué el libro reciente, el de las amigas, Todos sobre nosotras, me pasó eso.  

Karen muestra copia del libro

ML: Ahí está. ¡Qué bueno!

KC: Y como me lo llevé a la playa también esta arrugado, porque resulta que se me cayó agua.

ML: Ah, que bueno. Me encantan las huellas de la vida en los libros, de la existencia. Sabes que terminé un libro de cuentos después de esa novela, ya tenía los cuentos, se van armando a lo largo de mucho tiempo, y de repente, antes de emprender este trabajo de la memoria, dije “ahora voy a organizarme para leer más, aunque le de menos horas a la escritura”. Claro, no sabía que venía el Coronavirus, que de alguna manera te da más tiempo de todo, y no, es raro, porque tienes que volver a hacer unas cosas muy disciplinadas, porque sino, también el caos se apropia de ti, es decir, te tienes que dedicar mucho a la limpieza y a la preparación, a las cosas que antes se resolvían de otra manera.

KC: ¿Y lees en un horario específico?

ML: Yo decido. Me gusta leer… Cuando no estoy escribiendo un proyecto, lo que más me gusta es tomarme mi café en un sillón cuando despierto y leer.

KC: En la taza roja.

ML: La taza roja, que aquí no tengo taza roja. Se está rompiendo el ritual. A veces estoy tentada a ir a mi casa por cosas, y creo que voy a tener que ir, porque cada vez voy anotando “me hace falta esto”, el perfume se me acabó, por ejemplo. Ya tuve que pedir que me trajeran, porque digo, tengo que perfumarme un poco (se ríe).

Mi ritual de lectura en mi casa, en tiempos normales, es mi sillón de gran respaldo con orejas, tipo inglés, que cuando lo encontré, me lo compré con un gusto, porque era el sillón que yo he buscado toda la vida, para que yo esté muy cómoda en la lectura y tenga aquí mi taza de café, entonces leer temprano es delicioso igual que escribir temprano. Cuando estoy en proyecto de novela no leo, me tomó el café escribiendo, le destino un pedazo en la tarde noche, tipo seis de la tarde, seis a ocho, ya vez que en México cenamos, no sé si en Chile es igual.

“Tengo esta sensación de un terreno lodoso donde no tienes claro el futuro que más o menos uno ha sentido que lo tiene claro.”

— SOBRE LA EDAD Y EL CORONAVIRUS, MÓNICA LAVÍN

KC: Mónica, y cómo el tema de la lectura, que es algo interesante, y lo abordamos, pero ahora quiero entender lo del Coronavirus ¿Cómo lo has vivido tú? Tu hermana estuvo en el hospital, viviste momentos complejos, en México estaba compleja también la situación política de cómo se manejaba la crisis.

ML: Tengo días que siento como una especie de sazón, como empañada yo diría, y ese estado anímico empañado es un poco por la incertidumbre. Ya me parece lo de menos que si mi espacio, que si me hace falta el libro, si no, la incertidumbre de cuándo se va a acabar, cómo vamos a vivir después de esto, porque además, y escribí un artículo sobre esto, para mí tener la edad que tengo, era un punto de aceptación, pero no de preocupación, no soy una gente enferma y afortunadamente tengo buena salud, me gusta la vida, tengo energía, y de repente, los mayores de sesenta somos grupo de riesgo, y esa sensación de ser tan vulnerable me ha parecido una loza muy grande y difícil, incluso difícil de considerar cómo va a ser nuestra incorporación, porque el virus va a estar ahí, entonces ¿Cómo vamos a salir, sobre todo los del grupo de riesgo, a estar en la vida? ¿Cómo vamos a estar? Si yo si quiero seguir estando… Digamos, quiero ir a abrazar a mis hijas, primordialmente a mis hijas y mi nieto, luego a mis amigas y amigos.

Tengo esta sensación de un terreno lodoso donde no tienes claro el futuro que más o menos uno ha sentido que lo tiene claro. Creo que además siendo escritoras, como somos, siempre tienes una sensación de que hay un futuro, no sabes muy bien cual, pero esa novela va a tener una terminación, se acaba esa historia. Es un horizonte que vas conquistando.

KC: Entonces el Coronavirus te ha impactado en una cosa espacial, porque te tuviste que mover, pero además te ha puesto al frente el tema de la edad.

ML: Exactamente, y lo hablo con mis amigas, porque tengo un chat, un grupo de amigas de mi edad, que nos hemos encontrado, prácticamente las de la novela, la de Portugal que ocasionó aquel viaje que dio origen a la novela, la vemos ahora en este chat. Todas somos del mismo año de nacimiento.

KC: ¿Ellas son “Las Cerezas”?

ML: Ellas son “Las Cerezas”, las reales, que no son ninguna igual ni nada, pero nuestro chat se llama “Las Cerezas”. Porque hay una canción de Los Hermanos Carrión, viejita, que dice “que las cerezas están maduras, eso lo sé (canta)…” Entonces, un día en el viaje a Portugal, las cerezas estaban en su punto, porque están en verano, como en tu país y no sé por qué cantamos un día “que las cerezas están maduras” (cantando) y esa idea de la madurez, nos llevó a nombrarnos “Las Cerezas”.

Hablo con ellas, y en todas, hay esta noción de la edad. Esta noción que no habíamos tenido muy claramente, no sé porqué. Todas trabajamos, todas estamos activas, con diferentes proyectos, y de repente, eso quizás nos había hecho sentir que el mundo todavía era nuestro (se ríe).

KC: Yo me acuerdo que cuando te conocí, y pasaban los días, cosas que recuerdo, era lo bien que hablas, lo que te expresas, las frases hermosas que haces. Me senté contigo en la mesa y me llamó la atención el cuidado con que elegías cada plato. Escuché en una entrevista que te hicieron, de las tantas que tienes porque es una cosa impactante, que eres una persona estética, que te importa lo estético, ¿O me equivoco?

ML: Es fundamental y yo creo que eso es herencia de mi madre. Mi madre fíjate que quiso ser pintora pero su padre en ese momento le dijo que no a ese mundo de los pintores, entonces estudió otra cosa, decoración de interiores, pero ella era una esteta de todos los espacios, era realmente una artista. Armaba espacios con enorme calidez, luz, además veíamos libros de pintores con ella, mi hermana y yo, y ella creo que cinceló una mirada en nosotros que fue muy importante. Mi hermana, de hecho, es artista plástica, ella es escultora y pintora, y yo no heredé esas habilidades de mi madre que mis hermanos sí tienen. Lugar al que llegan, lo arreglan, no sabes lo que hacen. Yo digo “¿Por qué yo soy tan patosa?” A mí no me sale eso. Sí procuro que haya una armonía y que las cosas sean bellas, desde luego. Me encanta la belleza de la mesa, me gusta mucho y creo que con el tiempo soy mucho más gustosa del mantel, el plato, el vaso, creo que es uno de los pequeños placeres que nos podemos dar para construir una cierta cúpula. Que lo bello nos acompañe.

La lectura creo que es otra forma de acompañarnos de la belleza. Creo que es por eso, que crecí en un mundo donde eso importaba. Mis padres tenían un negocio de artículos de piel, y entonces, mi madre ponía los escaparates. En una zona de México que ahora no es lo que fuera, la Zona Rosa, estoy hablando de los años setenta, boutiques importaban los escaparates, como en Nueva York, en la Quinta Avenida que todavía importan, y mi mamá hacía unos escaparates que eran verdaderas instalaciones. Le querían comprar, a veces, lo que ponía allá adentro, era muy imaginativa, muy creativa. Y mi padre también, pero yo creo que mi madre era la que ahí creaba todo eso, era fantástica.

Sí me importa mucho la estética, y sí, me puede molestar algo es que donde doy clases es un barrio muy castigado que creció despotricadamente, sin esmero, desde luego, nadie se ha preocupado de las aceras, de que haya plantas. Cuando iba los primeros meses me costaba muchísimo trabajo reconocer que mucho de la Ciudad de México también es eso y me dolía, porque creo que todos los espacios donde vivimos deben tener cierta dignidad.

KC: Hablando de la palabra dolor, Mónica, ¿Cuál ha sido tu mayor dolor en la vida?

ML: Pues mira, creo que perder a mis padres, aunque tenían una edad en que era lógico, y la separación. Un poco esta idea que siempre he tenido de que deshice, porque yo tomé la decisión, deshice a la familia, entonces me dolió muchísimos años. Me tardé, que me dejara de doler y en dejar se sentirme culpable, tan responsable de las vidas de los otros también, diez años yo creo. Todavía me duele mientras te lo digo, porque es esta idea de que construyes algo, y construir toma tanto tiempo, tanto de uno, tanto de todos, para después ¡Pluk! Es muy complicado, así como no estamos preparados para ser padres, para hacer vida en pareja, pues tampoco estamos preparados para hacer esa vida de familia en otro tipo de organización y pactos y acuerdos.

KC: Me acuerdo que en Tepoztlán me contaste una historia sobre tu madre, sobre lo que pensabas escribir que iba a ser un libro más íntimo o más biográfico que has escrito, dentro de los más de veinte libros que has publicado. Recuerdo que íbamos caminando, y te pregunté ¿Qué estás esperando para hacerlo?¿Qué crees tú? ¿Cómo uno se vincula en la narrativa con lo biográfico?

ML: Claro, porque esa idea que te platiqué de mi madre y las cartas de mi abuela, todo eso, ya lo tenía pensado desde hace tiempo y no sabía cómo abordarlo, y hubiera querido abordarlo en vida de mi madre, porque hubiera querido compartirlo con ella, que hubiera visto el libro, por ejemplo. A lo mejor no era su momento, porque, de hecho, lo que estoy escribiendo que tiene que ver con la muerte de mis padres, está llamando esa historia, llamando esa historia de las cartas también, entonces, a lo mejor necesitaba esa distancia emocional o necesitaba saber qué historia quiero contar y mientras tenía la historia documentada del exilio, porque llegaron en la Guerra Civil a España mi abuela con sus hijos y estaba mi abuelo. Quizás esa historia que me parece muy fuerte y muy poderosa, era una historia de la familia, que pertenece a la biografía de la familia, la biografía sobre todo del lado materno, pero no sabía cómo echar mano de ella, para un proyecto mío literario, y creo, todavía no estoy muy clara, de que voy a poder echar mano de ella ahora. Vamos a ver porque te digo que estoy ahora andando muy a ciegas, muy desde la emoción, pero me estoy preguntando quién soy yo, que siempre nos lo preguntamos, ¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos? ¿Cuál es nuestro origen?, ¿Qué estoy haciendo yo con la palabra? Y todavía me sigo preguntando por qué tengo que escribir esto, por qué lo estoy haciendo.

Es parte de lo que me pregunto mientras escribo y que está en la propia escritura, entonces, quizás necesitamos distancia emocional y una, cómo se dice en español, porque en inglés es “drive”, algo que este impulso…

KC: Una pulsión.

ML: Una pulsión, exacto, una pulsión más allá de tu deseo, la pulsión, es eso, esa es la palabra. Además, es muy bonita. Qué bueno que me la dijiste porque pulsión, que viene de pulso, viene de sangre.

Mónica Lavín y su proceso creativo

KC: Esto mismo que tú estás hablando, que tú me contaste, y lo hablas mucho, y nos enseñaste: de explorar personajes.

ML:  Sí.

KC: Pero tú, ¿Cómo te exploras tú?

ML: ¿Cómo me exploro yo? Yo soy, creo, de la que cuando escribo siempre quiero huir, aunque a lo mejor siempre estoy en contacto conmigo, pero por eso como que escogí la ficción como forma de escritura. Las historias, en donde pues claro que hay una mirada de uno, hay algo de uno, y en muchos casos yo sé que hay, a lo mejor un guiño, específicamente con anécdotas o con cosas que yo reconozco, pero creo que nunca me he querido explorar mucho y ahora es el momento.

En esta escritura que estoy haciendo tan personal, tan quién soy yo, a la luz de quienes eran mis padres, que me decían quien era yo, o me hacían ver, o no me hacían ver. Estoy explorando algo, y a veces digo “solo me va a importar a mí” (se ríe) este libro, seguramente. Pero no importa, hay una necesidad de exploración que tengo, a lo mejor la he tenido porque siempre escribo en mis libretas, tengo mis libretitas privadas de toda la vida y seguramente ahí hay cosas que me pregunto de mí, mis partes más oscuras,  que están ahí, pero ha sido como que yo no soy el objeto de interés primordial de mi vida, ahora empiezo a serlo de alguna manera porque yo soy producto de muchas cosas y de muchas interacciones, y sigo siéndolo, y pues ya es hora que me explore creo (se ríe).

KC: ¿Cómo es tu relación todas estas libretas? Porque si tienes tantas libretas… No te pasa que ¿Las exploras las libretas?, ¿Las dejas?, ¿Qué haces?

ML: Sí, también es otro pensamiento que he hecho, ¿Qué voy a hacer? ¿Las voy a guardar para siempre? ¿Las va a leer alguien? No, qué flojera, qué flojera digo no quiero dejarle ese peso a nadie, ni el peso de destruirlas a lo mejor, pero todavía no me quiero deshacer de ellas, por ejemplo ahora que estoy escribiendo esto, tengo que acudir a ellas, porque es un trabajo de la memoria, de los dos últimos años. Yo necesito datos puntuales que creo que ya se me olvidaron aunque siempre ya ves que estamos inventando, el recuerdo es realmente una invención, pero a veces necesito recordar o un detalle o una emoción que no me queda muy clara y a veces las abro.

Cuando escribí un libro hace mucho que era de un viaje, que se llamó Cambio de Vías, basado en el viaje que yo hice a los veinte años figurándome que volvíamos a hacer ese viaje a los cuarenta años, yo ya no tenía detalles precisos, pero tenía mis libretas. Entonces podía ir a mis libretas y en ellas había hasta menús, hasta atardeceres, podría ir a cosas concretas, pero mis libretas no tienen ningún método, ahí están para cuando quiero volcar algo.

El fracaso y el éxito de esta gran escritora mexicana, Mónica Lavín

KC: ¿Cuál es tu relación con el éxito, con ser exitosa en lo que haces? ¿Cómo lo defines?

ML: Bueno antes me decía “no, no, éxito, yo no soy exitosa” pero ahora veo que si yo tengo lectores, para mí eso es una medida del éxito, digamos el éxito en el término de que el libro cumplió con que se conecta a alguien al otro lado. Eso es lo más importante, que alguien esté ahí del otro lado de tu mundo de palabras, que además es tu mundo. Eres tú, el libro y el otro. Si alguien se relaciona con ello me parece una medida de la satisfacción, de la emoción. Claro que me emociona cuando significo algo para alguien porque leyeron algo mío, no porque platicamos. A veces digo, éxito es quien lo han traducido a muchos idiomas, te leen en otros países, pero de repente digo “no, no, no, no” y ya me he vuelto… O sea, me gusta y me satisface tener a alguien al otro lado del libro. Los chicos jóvenes, cuando voy a escuelas que les dan a leer alguno de mis libros, me devuelven la vida en el sentido de escribir. Cuando hacen que resuciten todos los personajes se enojan y dicen “¿Por qué acabó así la novela?”, emocionalmente se involucran y bueno, eso es, prolongar la vida a través de los libros y crear una conversación permanente.

KC: Y si sabes tan claro lo que es el éxito, ¿También has conocido el fracaso?

ML: Pues mira, para mi el fracaso es cuando he escrito algo que no me han querido publicar

KC: ¿Te ha pasado?

ML: Me ha pasado y entonces dices ¿Cómo?, pero si a mí ya me publicaban, pero algo no resultó bien. Es que, fíjate que es importante que algo te coloque, es importante que la vida te coloque también, porque para mí escribir es siempre estar nadando. Sí, vas a publicar y vas a tener los lectores, yo no escribo para un cajón, pero lo que importa, yo creo, es que la vida que siempre estás logrando que es más allá de ti, o sea, esa vida extra que son las palabras y eso que te implica en lograrlo, en lograr una oración, una imagen y luego una vida en el texto. Eso es lo principal. Cuando yo te decía que quiero escribir menos de lo que lea, me pregunto si de verdad los que dicen que dejaron de escribir lo hicieron, o nada más no lo hicieron público, porque ya ves que Phillip Roth dijo que dejará de escribir y que ya era un esfuerzo enorme ¿Lo habrá hecho, o habrá seguido escribiendo en las libretas?

“Porque para mí escribir es siempre estar nadando. Sí, vas a publicar y vas a tener los lectores, yo no escribo para un cajón,”

— ESCRIBIR PARA MÓNICA LAVÍN

KC: Siguió escribiendo de todas maneras, de todas maneras.

ML: De todas maneras, es que no se puede ya vivir sin eso.

Los nuevos tiempos y la novela contemporánea

KC: Mónica también hablamos de esto, cómo es tu tema con todo el tema del lenguaje y la revolución que se está proponiendo de que no podemos determinar los artículos en masculino ni en femenino, indeterminado, ¿Cómo lo vives tú eso?

ML: Ah no, yo me niego a entrar a ese juego en mi escritura. Yo no lo voy a hacer. Entiendo que es un manifiesto político digamos, es una actitud que intenta hacer del lenguaje un mecanismo visible de este señalamiento y de este cambio que se quiere hacer, pero me parece peligroso porque estamos entrando en un juzgar, nos estamos volviendo, o se está volviendo, ese sistema feminista de juicio hacia la literatura, una especie de inquisición. La literatura es políticamente incorrecta y eso es lo que la salva, o sea, la literatura no intenta quedar bien, la literatura muestra, y desde diferentes ángulos, el poder, el sometimiento, la rebelión misma, pero no juzga; expone.

Me parece que la condición humana es muy compleja y que esa es la ambición de la literatura, tratar de apresar algo, a tratar de entender algo, y si tenemos que confinar las lecturas, los autores, las obras, a que entren dentro de lo que decidimos ya que es lo que debe ser en una relación no heteronormativa, si todo lo vamos a meter a ese patrón, vamos a empobrecer la visión del mundo. Comprendo que es una necesidad del momento, por eso es tan difícil el tema. Comprendo que si hay que tratar, en el plano literario, que los jurados estén compuestos por hombres y mujeres, eso no quiere decir mucho, porque uno debería decir por visiones y gustos estéticos distintos, o sea, porque no nada más es el género o el sexo lo que va a definir la equidad en el juicio. Yo creo que también eso es mucho más complejo. Pero sí, estamos viviendo tiempos inéditos donde me doy cuenta que dejo textos creativos en la universidad, porque la licenciatura es de creación literaria, y ya tienen una preocupación las chicas escritoras porque se visibilice el problema. O sea, tienen mucha más preocupación por el mensaje, por eso que quieren que sea claro, por una postura, que por alcanzar una comprensión a través de la historia que cuentan, ellas ya van con una ideología por delante que va normar su visión o trabajo creativo literario. Me preocupa, no sé a dónde nos va a llevar esto, me preocupa que ya no se pueda leer libros en donde el hombre, en esa novela, golpea a una mujer, sí, la golpea, no quiere decir que el autor esté de acuerdo con que la golpee, está contando un episodio, y ese episodio está ahí, precisamente para hacer visible.  Nos permite hacer visible lo invisible y que nosotros nos preguntemos cosas. Creo que la literatura tiene que hacer que nos preguntemos cosas.

KC:¿Estamos pasando por un período puritano, dirías tú?

ML: Sí, de estrechez. Lo puritano es estrecho, y de repente está siendo normado, hemos visto que hay libros prohibidos, autores que no hay que leer, y yo estoy de acuerdo en que, si alguien abuso de alguien, haya una consecuencia a la persona, desde luego.

KC: Es como dicen con Lolita, que hoy en día nadie hubiera publicado Lolita.

ML: Claro, la editorial no hubiera querido ese compromiso. Y Lolita es muy compleja, son personajes muy complejos. Ese es su tema, ese es su asunto, desde diferentes historias, pero es la complejidad del ser humano y si perdemos eso de vista, pues sí es un empobrecimiento de mirada y entramos entonces a los momentos históricos en que se han prohibido libros. Pero aunque no se prohíban, lo que tú dices, vamos a ver qué se publica. Sabes que yo, lo que veo, es que se publica en México mucha literatura de violencia, y no es lo único que se escribe, pero es lo que se privilegia.

KC: ¿Es necesario ser escritor y político?

ML: Mira, algo que me gustaba que decía Susan Sontag, es que los escritores son la conciencia moral de la sociedad, entonces necesariamente tienen una opinión. Tienen una opinión y revelan cosas a través de sus libros, o revelamos. Estamos exponiendo conductas, deseos, sueños, oscuridades, formas del poder, todo eso está ahí, entonces sí hay una conciencia moral detrás de los libros, pero eso no significa que tenga que ser un activista, un escritor. Pero desde luego, yo creo que todo escritor tiene la palabra frente a sí, tiene el mundo, que es lo que está ahí para escribir sobre él, no necesariamente sobre lo actual, pero son las preguntas que se hace desde su tiempo, además, desde nuestro tiempo. Yo cuando escribí el de Sor Juana a pesar de que era una novela, era desde mi tiempo que me hacía las preguntas.

KC: Sor Juana, aquí lo tengo.

ML: Que bueno.

La selección de Mónica Lavín

KC: Si tuvieras que nombrarnos, regalarnos un par de autores que te marcan, que tú dices por aquí va lo mío, ¿Quiénes son?

ML: Mira, a mí me gusta mucho, no todos sus libros, pero me gusta mucho Ian McEwan, me gusta muchísimo, es un escritor que sigo. No todos los libros me han entusiasmado de igual manera, pero me parece que entra en la oscuridad. Por ejemplo, Atonement es una novela muy diferente al resto de sus novelas. Me gusta mucho, es más clásica, más como el siglo XIX me parece, pero habla de las hipocresías y finalmente una vuelta de tuerca tan inesperada sobre la comprensión errónea de la vida,  como un juicio equivocado de alguien sobre alguien puede arruinarle la vida. Pero en las otras habla de unas conductas tan oscuras, tan perturbadoras que puede ser la gente a tu lado, que me gusta mucho como lo hace y como escribe. Él es uno de mis autores favoritos, y claro, lo leo en inglés .

Yo sé que es muy criticado, pero a mí me parece un gran narrador, Mario Vargas Llosa. Me gusta su potencia narrativa, su capacidad narrativa, me gusta mucho, y también, considero que no todos los libros están a la altura, están en el mismo estante. Te puedo hablar de una autora, de un libro que me encanta, que es Mercè Rodoreda con La Plaza del Diamante.  Mercè Rodoreda escribió en catalán. Tardó mucho tiempo en ser traducida al español. Es una autora de los treinta y cuarenta. La Plaza del Diamante de Mercè Rodoreda me gusta muchísimo, me cuesta escoger dos.

KC: Es muy difícil.

ML: Es dificilísimo. Me encanta Shakespeare, me encanta El Quijote. Leo con entusiasmo cuentistas como la canadiense Alice Munro me encanta y Margaret Atwood también me encanta, me encantan sus cuentos.

KC: No pude leerla.

ML: Pero las novelas ¿Verdad? Es que los cuentos son muy distintos.

KC: La dejé, dije yo no quiero leer algo así. Disculpa a los que les gustó, pero a mí no.

ML: Claro, claro.

KC: Mónica, ¿Y algo que te gustaría agregar,?

ML: Me gustaría decir que todos debemos leer poesía. Yo creo que sean escritores o no, lectores o no, digamos lectores de novelas, yo creo que nos debemos dar la oportunidad de leer un poema cada tanto, es lo bueno de la poesía. No hay que tratar de entender, es como estar viendo una flor o estar ante la perplejidad de una tarde. Creo que cada vez me gusta más la lectura de la poesía, es decir, de repente me propongo un poema al día, a veces lo sostengo y a veces no lo sostengo, hay que decir la verdad, pero leo un poema y ya hay algo que con las palabras, con las imágenes, que me deja como una buena comida, porque la novela te tardas mucho para que te dé la satisfacción de una buena comida, tienes que dedicarle mucho tiempo.

“Todos debemos leer poesía…. hay que beber un poco de poesía”

— SOBRE LA POESÍA

La poesía me parece que es muy difícil, yo no sería poeta porque me parece muy difícil encontrar esta decantación como de gotas, pero la podemos beber. Entonces hay que beber un poco de poesía

KC: Mónica te agradezco mucho.

ML: A ti, Karen.

KC: La he gozado.

ML: Yo también. Tus preguntas me han encantado, me han hecho pensar cosas que ni pensaba y me has llevado por varios lados. Te mando un gran beso y espero vernos pronto y que todos tengan salud.

KC: Tú también, cuídate mucho.

ML: Adiós, Karen.

¿Escucharon cómo habla Mónica? Ella es así, con esta delicadeza, y profundidad, con la sencillez que se expresa, y lo asertiva que es. Gracias Mónica, estoy agradecida por habernos dedicado el tiempo, en tiempos de Coronavirus, para conversar conmigo para este podcast Celular un llamado a la creatividad.

Mónica Lavín es una escritora mexicana de las grandes y que hoy gracias, a los libros electrónicos, la podemos leer en cualquier parte, en Chile incluido, no tenemos que esperar que la publiquen en físico, aunque ustedes saben que para mi el libro físico siempre es mejor que el e-book, no importa, a veces hay que hacerlo. Porque gracias a esta tecnología, tenemos al alcance de la mano una buena literatura.

También les dejo aquí el link, una entrevista sobre los libros preferidos de Mónica que hizo para El Librero, ya tiene más de 17 mil visualizaciones. Otra entrevista que también me encantó, es la que hizo con Línea Directa, en la cual habla, desde otra perspectiva, sobre su proceso creativo. Y no puedes dejar de leer sus columnas en el diario El Universal de México, yo las leo todas las semanas, sigo a Mónica en Twitter, es súper activa, y me llegó al corazón la última, en la que Mónica habla con belleza, con dulzura, con risas a su mamá, la cual falleció hace poco, recuerda que tenían una especie de pacto, nunca dejaban de reír. Mónica sueña con su hija y nieto cuando se vuelvan a reunir, después del confinamiento. ¡Qué cosa más linda!

Para el día de la madre que recién pasó, me emociona contarles eso de Mónica, cada vez que trabajo en mi novela, llamada Silenciosa, pienso en ella, en esta escritora mexicana que no te va a dejar indiferente.

Mónica gracias por tus frases hermosas, por tu profundidad, por tus frases de aliento y por tu oficio noble. ¡Gracias querida amiga!

Y el que me esté escuchando y quiera saber qué leer y cómo elegir dentro de todo de lo que ha publicado Mónica, escríbeme, encantada te ayudo. Me encanta poder orientarlos y ayudarlos. encuéntrame en mis redes sociales, en mi página web y me puedes escribir un correo electrónico a karen@karencodner.com

¡Cuídate Mucho!

Autores mencionados:

Phillip Roth

Susan Sontag

Ian McEwan

Mario Vargas Llosa

Mercè Rodoreda

Shakespeare

Alice Munro

Margaret Atwood

Libros mencionados

Lolita

Sor Juana

Expiación

La Plaza del Diamante

Don Quijote de la Mancha

Todos Somos Nosotras

Cambio de Vías

Links:

Mónica Lavín

Under the Volcano

#16 Qué regalarle a tu mamá en este Día de la madre con Ana Josefa Silva y Francisco Mouat

Librería Lolita

Los libros de la Mujer Rota

Yaddo

Banff

Editorial Mis Raíces

Canción “Las Cerezas” de los Hermanos Carrión

Entrevista de El Librero con Mónica Lavín

Entrevista de Línea Directa con Mónica Lavín

Columnas de Mónica Lavín para El Universal de México