Oda a mi suegro #209

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Hoy son dos semanas desde que falleció mi suegro. Lo conocí cuando tenía catorce años y, desde ese momento, nuestra relación solo creció hasta convertirse en un regalo muy, muy preciado.

Y este fue mi primer cumpleaños sin él. O mi primer Shabat sin él, sin llamarlo ni mandarle jalá, el pan trenzado que, si no lo enviaba, me lo reprochaba. Ahora comienzan las primeras veces. Me despierto en la mañana y pienso en mi Nel, como le decían sus nietos. Su nombre oficial era Daniel, pero cuando mi hijo mayor aprendió hablar lo bautizó como Nel.

Cuando eres escritora la mejor forma de expresarse es a través de la palabra escrita. Así me conecto con quienes viven entre nosotros, con quienes ya no están y también con aquellos que invento y hago existir en la página. Me imagino que los pintores les ocurre lo mismo en sus lienzos y a los músicos con sus composiciones. Pienso en Billy Joel cuyas canciones son un largo diario de vida. De cierta manera, todos los artistas cocreamos. Eso sucede con los libros o con esta Oda porque cuando llega a los lectores, nace una nueva obra. En la colaboración todos nos enriquecemos.

Hoy estamos cocreando una nueva historia de Daniel. El año pasado fue la única vez que lo vi sin barba. Su rostro se veía tan distinto que me costaba reconocerlo porque con su barba blanca parecía un personaje de un cuento tradicional. En su juventud la llevó colorina y más corta. Cuentan que alguna vez se la afeitó, pero fue por muy poco tiempo.

De joven practicó el alpinismo, vivió en Israel y cultivó flores. Disfrutaba de las cosas sencillas como los dátiles, los marrasquinos y la buena conversación. De la música también. Incluso en los peores momentos, cuando tenía dolor y se movía muy poco, repetía: “Yo estoy bien”. Podías verlo débil, en la cama y comiendo helado de piña, y así, siempre, “estoy bien”.

Este  debería ser el título de esta Oda.

Vivió hasta los ochenta y un años. Cuando le diagnosticaron el cáncer al páncreas, le dijeron que le quedaban meses, pero él, luchador y positivo, nos regaló tres años y medios de sobrevida. El Nel se hacía querer. Si pasaban muchos días sin llamarlo, te lo decía sin rodeos. Sus tres hijos hablaban con él todos los días, incluso, dos veces al día. Su mano derecha sufría de temblor esencial, pero se reía cuando al servirse el agua se derramaba fuera del vaso. Era ese tipo de abuelo que disfrutaba de ir a buscar a sus nietos al colegio. Si querías invitarlo a cenar, había que hacerlo con anticipación porque su agenda social podía ser más intensa que la mía.

Me reía mucho de su sentido del humor. En el Nel encontré la generosidad. El amor a la familia.  La bienvenida calurosa. En mi suegro encontré la buena conversación, el interés por el mundo y por cada persona. Él era un lugar seguro, donde no existía la agresión y solo te regalaba felicidad.

Te voy a echar de menos, Nel. Todos te vamos a echar de menos, pero seguiremos aquí manteniéndote vivo en tu legado, en tu amor por la familia y por tus chispas generosas de vida.

Gracias, Nel por haber sido mi suegro.

 

Mis momentos:

  • Estoy agradecida: Junto a mi familia y amigos despedimos a mi suegro como se merece.
  • Algo que aprendí: Gracias al podcast Libros y emociones, aprendí que William Shakespeare inventó nuevas palabras, por ejemplo, gossip, de chismes.
  • Fui feliz: En mi cumpleaños, recibí tanto cariño que me cuesta creerlo.

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También puedes ver la entrevista en mi canal de Youtube.

Lee. Escribe. Crea con mi suegro.

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