Oda a mis recomendaciones #237

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Oda a mis recomendaciones #237

Un mes de lecturas desbordadas y una profunda conversación con Guadalupe Nettel.

Queridos odistas, 

Este mes ha sido literalmente una maratón porque viví sin conciencia del tiempo, apurada, con mil cosas y, además, corriendo detrás de mis lecturas, las que han sido intensas. He tenido que combinar relecturas con textos nuevos. 

¿Con qué estoy? Con  El amo del corral de Tristan Egolf, Anna Karenina de León Tolstói y Viaje al fin de la noche de Louis-Ferdinand Céline. Los tres suman dos mil páginas. 

Además de eso, terminé: 

  1. Lo que no tiene nombre de Piedad Bonnett
  2. Las tempestálidas de Gueorgui Gospodínov
  3. La balada del café triste de Carson McCullers

 

¿Entienden por qué me sobrevendí en lecturas? 

Los divagantes (Anagrama, 2023) de Guadalupe Nettel

A esta escritora mexicana la entrevisté hace muy poco en Espiral y, si bien ha publicado numerosas novelas, se sigue definiendo como cuentista. Siempre es una buena noticia cuando los autores vuelven a su núcleo, a su razón de ser. Después de tantos años, no he olvidado El matrimonio de los peces rojos, un gran libro de cuentos. 

En los ocho relatos de Los divagantes se trabaja, como es el sello de la autora, el cuerpo en relación con el silencio, la enfermedad, las familias truncadas y lo que se omite. Ya en la contraportada se nos advierte que son cuentos protagonizados por “divagantes”, personajes que se han visto obligados a salir de su espacio habitual y a moverse por territorios extraños. 

A mi gusto, los mejor logrados son el primero, “La impronta”, y “Un bosque bajo la tierra”. El lector entiende que existe un detalle que deliberadamente se dejó de informar y se intenta descifrar qué y sus motivos. 

En “La impronta”, vemos a una joven estudiante de literatura que va al hospital con una amiga y descubre que un familiar está internado. Es un tío al que nunca conoció y del que nadie habla en la familia. Si bien la joven algo había escuchado de él, era como si lo hubieran borrado del clan. Tanto es así que en los álbumes de fotos recortaron su imagen. Comienza a visitarlo a diario y van creando un vínculo que marcará a toda la familia. Está presentes características importantes que definen la obra de Nettel: como lo es el cuerpo enfermo y la inquietud constante por lo que deberíamos saber y no sabemos. 

“Un bosque bajo la tierra” quizás es su relato más fantástico y también uno de los que más te deja pensando. Una familia ve que la araucaria que tienen en su jardín ha empezado a enfermar. Aquí existe un desplazamiento de la enfermedad del ser humano a la naturaleza y Nettel muestra los intentos por revivirla, para salvarla. Pero en esta travesía también vemos de qué manera funcionan las relaciones familiares, las tensiones y las peleas de los padres. Nosotros, los lectores, sabemos que hay algo que se omite. 

Las raíces del árbol son fuertes y las de esta familia, a pesar de todo, también. 


Te dejo aquí algunas citas de la entrevista que le hice para Espiral: 

“En enero me vine a enterar de que en realidad nací con TDAH y eso pues, en los años setenta no existía. No es solamente que uno no se puede siempre concentrar, sino que cuando se concentra, se enfoca muchísimo… Es algo con lo que uno nace, es genético, no es adquirido, no es por estar viendo muchas redes sociales… La mayoría de la gente, que creció con TDAH sin saber que tenía esas particularidades, tiene la sensación de que hay que enmascarar un poco todo eso, porque eres demasiado intensa o impulsiva, demasiado mil cosas. Y tienes que estar de alguna manera modulando para poder encajar en la sociedad”. (13:52 – 15:35)

“Yo creo que la literatura, entre otras cosas, sirve para que transmutemos la experiencia vivida… Siempre he dicho que la literatura es como una alquimia que transforma los eventos horribles de la vida, el plomo, lo pesado, en belleza. Así como el plomo lo querían transformar en oro, pues el oro son estas páginas en las que cuentas eventos difíciles tanto tuyos como de tus personajes, porque la ficción está cargada también de eventos vividos, de dolor y de experiencia humana. Y me parece que sí, que vale la pena hablar de todo eso, que vale la pena hablar de nuestras pesadillas, de nuestros terrores, de nuestra vergüenza, de lo que siempre hemos querido ocultar. Cuando hago talleres de escritura, en algún momento sugiero a la gente que está trabajando conmigo que escriba esa historia que nunca se ha atrevido a contarle a nadie, y después la puede quemar, romper, tachar, hacer lo que quiera con ella, pero que la escriba. Y les cuesta muchísimo al inicio, pero a veces se animan a leerla porque sienten que ya se deshicieron de todo el peso de la historia, que lo convirtieron en algo más. Eso es algo muy bello que tiene la escritura: que es capaz de transformar, que de verdad hace una transmutación”. (38:06 – 40:06)

“Yo empecé leyendo literatura fantástica. Como lectora me formé leyendo literatura fantástica. Leía E.T.A. Hoffman, a J.K. Huysmans, Mérimée, Maupassant, Poe, Cortázar muchísimo, todos sus cuentos y los de Borges me los leí una vez y varias. Es realmente un género que yo disfruto. De hecho, mi primera novela El huésped tiene esto de tipo fantástico que se sitúa en el umbral entre lo fantástico y lo realista, yo creo que es un territorio por el que Cortázar transitó muchísimo, es donde yo me siento muy cómoda, en el umbral, cuando el lector no sabe si el personaje se está imaginado lo que está diciendo o está realmente viviendo así porque está levemente desfasado psíquicamente o porque el universo fantástico hizo irrupción”. (53:18 – 54:30)

Aquí puedes escuchar la entrevista completa. 

También lo puedes ver en mi canal de Youtube.

 

 

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