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Una reflexión sobre los libros, la infancia y la necesidad de que leer vuelva a ser algo cotidiano.

Queridos odistas,

Hoy tenemos una nueva colaboración en Oda con Patricio Contreras, un periodista y lector que se destaca por su lucidez, buenas lecturas y un enorme conocimiento en cómo hacer buenos boletines. No recuerdo cuándo ni cómo conocí a Pato, pero tenemos historia en común. Por algún tiempo trabajamos en Oda —cuando Oda era solo un boletín sin nombre propio— y luego me sumé a su taller “La fábrica de boletines” . Eso fue en plena pandemia y luego, con el paso de los años, hemos seguido en contacto, ya sea para pedirnos ayuda o recomendarnos lecturas. También, llevo varios años colaborando con la edición de fin de año de Hipergrafía donde nombro mi mejor lectura del año.

Patricio Contreras es un tremendo lector, ordenado y con un buen ojo. Ojalá se suscriban a Hipergrafía que es un boletín sobre libros, lectura y escritura. Además, envía los miércoles Sala de Herramientas enfocado a quienes trabajaban en el mundo digital y desean mejorar sus boletines. Yo estoy suscrita a los dos y siempre son un aporte.

Hace poco lanzó un tercer boletín que denota la tremenda calidad humana de Pato: “No hablante”, donde cuenta sobre sus desvaríos como padre de un niño autista.


Hay un tema que cada vez me preocupa más: ¿cómo hacer que más personas lean?

Mi primer impulso sería pensar en mi propia experiencia y cómo mis circunstancias particulares pavimentaron mi trayectoria de lector.

Pensaría en esos primeros libros grandes, las Enciclopedias Salvat que inundaron mi cabeza de imágenes sobre animales, edificios y mapas desactualizados de la Guerra Fría.

También recordaría mis primeras lecturas, como El muñeco de don Bepo, de Carmen Vásquez-Vigo, ejemplar que aún conservo y que fue el primer ladrillo de mi biblioteca personal.

Y probablemente también pensaría en esa noche de marzo o abril de 2002 cuando leí La última niebla de María Luisa Bombal, aluciné y dije sí, quiero leer más, quiero leer todo, quiero devorarme la literatura y secar mi cerebro como el Quijote.

Todas estas situaciones son bonitas de recordar, pero probablemente sería inútil trasladar mi experiencia al resto. Las trayectorias lectoras son un caleidoscopio de circunstancias difíciles de agrupar u homogeneizar.

He dictado clases en escuelas de periodismo desde el 2012. En los últimos años mi percepción es que los estudiantes cada vez leen menos libros. Puede que lean otras cosas, especialmente en el teléfono. Pero no precisamente libros.

Durante el pasado Día del Libro, en abril, inicié una de mis clases con una pregunta abierta: ¿qué libros los habían marcado? Un grupo de unos 20 estudiantes permaneció algunos segundos en silencio. Tuve que usar mi caña de pescar para poder obtener algunas respuestas.

 

Salió, como ya intuía, una mención a Harry Potter. Alguien habló de algún cómic que había leído en la adolescencia y que ya no recordaba. Hubo una mención a Somos polvo de estrellas, de José Maza. Solamente un estudiante me mostró un libro que llevaba en su bolso, un texto sobre meditación. Me dijo que le servía para leer en reemplazo del teléfono, en tiempos libres o en trayectos.

Esa fue mi pequeña victoria, la pequeña sonrisa que se dibujó en mi boca ese día. Sí, es posible. Es posible leer más. Pero no es fácil.

Según la Encuesta de Vulnerabilidad Escolar 2024 de la Junaeb, solo al 36% de niños y niñas le leyeron o contaron un cuento una vez a la semana en el último mes. El dato demoledor: a más del 50% de los niños y niñas nadie les leyó nada.

El libro, como artefacto cultural, aún sigue batallando por lograr un sitial cotidiano, por ser un elemento presente en la vida de las personas. Imaginen, por un segundo, cómo sería el mundo si los libros estuvieran tan presentes como los teléfonos en las palmas de nuestras manos, que sean una extensión ineludible de nuestras extremidades

No soy un experto para poder enumerar los múltiples beneficios que entrega la lectura a las personas. Hay algunas ideas que ya están instaladas en la discusión del día a día: fomenta el pensamiento crítico, amplía el vocabulario, fortalece la capacidad de razonamiento, expande la imaginación, acompaña, musicaliza en silencio las imágenes que están en el papel.

Y yo agregaría: los libros son una forma de entender el mundo y de conectar con otras personas, nuestras familias, nuestros amigos. La experiencia de la fundación Alma en Chile, retratada en este potente reportaje, da cuenta de lo que cambia cuando un papá, una mamá, un cuidador, empieza a leer con un niño.

Básicamente, cambia su mundo. Lo mejora.

No soy un experto para dar recetas de cómo estimular y motivar la lectura en personas que no están habituadas a hacerlo. Puede que no exista una bala de plata única que resuelva este enigma. Las acciones deberían ser múltiples. Que los libros estén más presentes en la vida diaria. Que haya más librerías. Que haya más bibliotecas. Que haya más presencia del libro en espacios relevantes como la televisión, las redes sociales, espectáculos masivos, en la política incluso.

Y no para que un candidato de turno nos diga que el libro que lo marcó es El principito. No, basta de frases clichés o menciones de ChatGPT. Lo que necesitamos es que genuinamente el libro inunde todas las zonas de nuestras vidas. Que al pensar en un regalo pensemos en un libro. Que al pensar en un pasatiempo pensemos en un libro. Que cuando estemos aburridos pensemos en un libro.

Y que las personas que no leen piensen en un libro como algo curioso, distinto, valioso para sus vidas. Y que les permite entender el mundo y conectar con otras personas.

 


Mis momentos:

  • Orgullosa: de que fui capaz de subir corriendo el cerro San Cristobal sin compañía.
  • Aprendí: lo que significa “anfibiología” en literatura, pues se aplica a los múltiples significados que puede tener un texto y que por lo tanto, tiene varios niveles de interpretación.
  • Fui feliz: cuando mi hijo Simón fue a entrenar conmigo a las seis y media de la mañana. Además, se sumó a mi grupo de correr, Road Runners.

 

¿Escuchaste la entrevista a Chus Pato, Premio Nacional de Poesía 2024 de España?

#150 Entrevista a Chus Pato

También lo puedes ver en mi canal YouTube.

 

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