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Hola, hola, ¿cómo estás? Soy Karen Codner y te doy la bienvenida al episodio 150 de Entrevista Espiral.
En este nuevo capítulo conversé con la poeta gallega Chus Pato, una de las voces más reconocidas de la poesía contemporánea en lengua gallega, cuya obra ha explorado durante décadas las relaciones entre lenguaje, memoria, historia y creación.
Fue una conversación profunda, sensible y muy luminosa. Hablamos sobre su infancia, sobre sus primeros veinticinco años de vida bajo la dictadura franquista y sobre las marcas que dejan las guerras, tanto en quienes las viven como en las generaciones que vienen después.
También reflexionamos sobre la memoria familiar, la herencia emocional que transmiten los padres y los distintos despojos que atraviesan una vida. Chus Pato nos contó que fue una niña rebelde, que alguna vez quiso estudiar psicología y que tuvo que reorganizar su vida para encontrar los tiempos necesarios para escribir.
A lo largo de la entrevista profundizamos, además, en su visión de la poesía: no sólo como un poema escrito, sino como una forma de creación, de atención y de relación con el mundo.
Una conversación transparente, íntima y honesta sobre la memoria, la poesía, el lenguaje y la manera en que la experiencia se transforma en creación.
Recuento personal
Este último mes retomé el ritmo de la lectura, lo que me pone feliz. Les recomiendo la novela Primavera mortífera, de Lajos Zilahy, un escritor húngaro, que se inscribe en la tradición.
Tal como les conté en la última Oda a mis recomendaciones, estuve en un homenaje a la escritora, poeta y ensayista Marjorie Agosin, que marcó a muchos. Marjorie trabajó incansablemente por la memoria, los derechos humanos, el judaísmo y formó a innumerables escritores. Si bien ella vivía en Boston, donde era profesora titular de Wellesley College, mantuvo el vínculo con Chile. Falleció hace algo más de un año y todos los que tuvimos el honor de conocerla y trabajar con ella, la echamos de menos.
La conocí hace por lo menos quince años y ella me abrió puertas, me guió. Gracias a su empuje formé parte de una antología de escritoras latinoamericanas; también di una clase en Wellesley sobre mi primera novela, Respirar bajo el agua. Cuando trabajaba en la fundación Memoria Viva, fue un pilar de nuestra institución. Quizás, estas palabras son mi homenaje personal a ella.
En los últimos años se fue haciendo cada vez más difícil mantener el contacto: ella no tenía teléfono inteligente, no ocupaba WhatsApp y menos redes sociales. Sólo podíamos conversar por correo electrónico.
Entrevista a Chus Pato
KC: Tú tienes una historia muy ligada al franquismo.
CP: Bueno, no es que tenga una historia muy ligada al franquismo, es que viví hasta los veinticinco años bajo la dictadura. Nací en la dictadura. Es algo que me tocó, no es que yo me quisiera ligar al franquismo, sino que así fue.
Yo soy de una generación que vivió bajo el franquismo muchos años, todo lo que es la niñez, la adolescencia y la universidad, todo lo que es el proceso educativo.
KC: Una vez dijiste que un algo desaparece durante el franquismo, tu abuela tuvo que entregar su almacén para que las mujeres de Trasmiras cocieran uniformes de ejército. Hay muchos despojos, materiales y también no materiales. ¿Cuál es el principal despojo de esos primeros veinticinco años?
CP: Es una pregunta para pensarla. Yo creo que tiene que ver con lo que ocurría en la familia. Para mí, y a día de hoy, es mucho más importante reflexionar sobre qué es lo que nos sacó el franquismo en la vida que la cuestión política, sin que yo haga ninguna diferencia entre una cosa y la otra.
He pensado mucho últimamente sobre lo que son nuestras madres, las madres de mi generación, que eran muy niñas cuando empezó la Guerra Civil, podían tener seis, siete, ocho, nuevo, diez años, y qué ocurre cuando tienes una madre que ha vivido una guerra. Y qué ocurre cuando tienes un padre que ha estado en el frente y que sabe lo que es la muerte, la muerte en una guerra, Mi padre fue llevado a filas cuando tenía diecinueve años, combatió en la parte franquista, evidentemente. Y mi madre, una niña que estaba en Orense que es la capital de la provincia, en un colegio, volvió a la aldea, a casa de su madre, y que fíjate tú, tenía una perrita que se llamaba María Cristina, como la reina, y que un falangista intentó dispararle a la perrita porque se llamaba María Cristina. Cuento esto como una anécdota en donde se puede comprender lo que es una guerra. Entonces, ¿qué es tener una madre y un padre que han vivido una guerra civil? ¿Cómo es eso desde que naces y sin que se hable nada en casa?, porque en nuestras casas no se podía hablar nada, no se hablaba absolutamente nada y sin ser yo una niña de una familia represaliada. Ni mi padre ni mi madre fueron represaliados. Una prima de mi abuelo sí estuvo encarcelada y otras personas de mi familia estuvieron también represaliadas, pero yo no vengo de una familia que sufrió la represión, después de la guerra, de forma directa. A pesar de que a mi abuela le sacaron el almacén, tuvo que hacer esas cosas, pero yo no soy una persona que tuvo que irse al exilio. Yo no tengo muertes directas en lo que es mi familia. Pero, aun así, ¿qué es tener unos padres que han vivido una guerra civil siendo niños o siendo un joven, como mi padre? Que además era hijo único, sin padre, y llamado a filas, y combatió en la Batalla de Teruel con diecinueve años.
¿Qué tipo de violencia que no se habla, que no se dice, se está mamando desde que naces? Me llevaría mucho tiempo desarrollar esto, pero la idea sería esa.
¿Cuál es el despojo? Pues el despojo primero es haber nacido y haber tenido unos padres que vivieron una guerra. A mí me parece violentísimo. Y conforme yo me hago más mayor y pienso en mi madre y en mi padre, que están muertos ya los dos, pues digo yo, caramba, muchas cosas de mi padre y de mi madre se explican porque son niños de una guerra, porque son hijos de una guerra. Y de una guerra, en caso de mi madre, que no sufrió bombardeos, porque Galicia no fue bombardeada, en Galicia no hubo guerra, no hubo lo que llamamos frente, pero sí hubo una represión brutal; son los cuerpos en las cunetas todas las mañanas, fusilamientos, toda esa cuestión, una represión muy fuerte.
Creo que el despojo primero es que yo tuve unos padres que vivieron una guerra.
KC: Has dicho que eras la primera mujer de tu linaje cuyo trabajo no fue sembrar ni cosechar. ¿Y no es eso la poesía también de otra forma?
CP: Sí, la poesía es, efectivamente. Además, fíjate lo que es un verso; el verso viene del arado, de cómo el arado va arando el surco y en un momento determinado, versas, da la vuelta para hacer el surco siguiente. Y de ahí viene el verso. O sea que sí hay una metáfora agraria ya en el propio verso.
Sí, cultivar es otro de despojo. El no saber cultivar, el no saber sembrar lo que puedes comer y lo que te puede salvar. Eso sería otro despojo de mi generación. Porque lo que ocurrió en toda Europa es que el campesinado se acabó, por así decirlo, no solo en España, de esto no hay que echar solo la culpa a Franco.
Bueno, Galicia es un país emigrante, como sabéis en América. Llevamos dos siglos y algo más del veintiuno, emigrando tanto a América como a Europa. Entonces, que te desposean de la tierra es dejar toda la estirpe campesina, que recibes esa cultura campesina, pero tú ya no eres una campesina, sino que tú eres una persona que ha estudiado, que ha tenido una carrera universitaria y que ya no vive del campo.
Sí, la poesía está ahí, claro que está ahí, como no.
KC: Tú tienes catorce años y estás frente a esta librería y te compras por primera vez dos libros: Una temporada en el infierno de Rimbaud y Viaje al país de los Tarahumaras de Artaud. No son títulos que yo me hubiera comprado a los catorce años —bueno, yo no soy poeta— pero dentro de la maravilla que es una librería elegiste estos dos títulos que son muy potentes.
CP: Sí, pero fue absolutamente un azar, de verdad. Por supuesto que nosotros en el colegio no estudiábamos ni a Artaud ni a Rimbaud, yo los escogí por la portada, o sea, me parecieron unas portadas tan maravillosas, la del Viaje al país de los Tarahumaras de Artaud, bueno, como su nombre indica, es el viaje a México de Artaud, un viaje iniciático con el peyote. Y tenía la portada como muy psicodélica, en cierta manera parecida al Submarino amarillo de los Beatles. Era una cosa parecida. Entonces, bueno, pues a mí me pareció que aquello era algo que yo podría leer.
Y pues, Una temporada en el infierno era un libro negro, una cosa completamente visual. Mis lecturas eran Los cinco y Torres de Malory y de ahí pasé a leer esto. Pero bueno, yo no entendí nada de estos libros, evidentemente, nada en absoluto. Pero es una anécdota real.
KC: Conocías a los Beatles entonces.
CP: Sí, los Beatles sí. Muy prohibidos en España, tardaron mucho más en llegar a España que al resto de Europa, no los dejaban. El primer concierto que dieron en España fue un boom, ya estábamos en una época más relajada de la dictadura porque tampoco era algo que podía encajar con el régimen.
KC: Estoy deduciendo que te gustaba la música.
CP: Sí, me gustaba la música, sí.
KC: ¿Y hoy te sigue gustando?
CP: Sí, sí que me gusta la música.
KC: Mira cómo te emocionas.
CP: Bueno, como a todo el mundo, creo ¿no?
KC: ¿Y qué tipo de música es la que tú escuchas?
CP: Mira, por las mañanas mientras desayuno, que es un desayuno muy largo, escucho música clásica. Hoy por la mañana estuve escuchando unos cuartetos de Tigran Mansurian, un compositor armenio. Es muy aleatorio lo que escucho, tengo discos y los pongo.
KC: ¿Escuchas en vinilos?
CP: No, en vinilos no, en CDs. Pero también me gusta mucho Rosalía, la cantante, pues me parece extraordinaria. Pero bueno, mi hora de escuchar música es por la mañana, mientras desayuno. Yo puedo tardar una hora en desayunar y en esa hora estoy escuchando música.
KC: ¿Cómo eras de niña? Ya me estoy haciendo una idea, pero es una idea muy preconcebida. Debes haber sido curiosa para pararte en una librería. Debes haber también querido vivir e imaginar porque la música te lleva a imaginar. Pero ¿qué vemos en ti, en esa niñez y juventud?
CP: Bueno, yo creo que son diferentes, la niña y la joven, por así decirlo. Yo de niña era una niña muy traviesa, en casa me llamaban María Demonio y creo que con ese María Demonio pues no tengo mucho más que hablar de la niña. No atendía nada en el colegio. Bueno, una vecina querida un día se dio cuenta de que yo no sabía leer y me enseñó a leer. Y en el colegio no atendía nada, éramos cincuenta en la clase.
KC: ¿Mixto o solo mujeres?
CP: No, mezclados, hasta los seis, siete, estábamos mezclados.
Era un colegio que, mira cómo era el franquismo, entrábamos por dos puertas distintas, los que pagábamos y los que no pagaban de la misma edad, era un colegio de monjas. Y yo ya no me enteraba de nada, un desastre.
La adolescencia fue distinta. Y cuando yo me paré en esa librería estaba esperando el autobús, pasábamos los veranos en un pueblecito al lado de Vigo, porque en Orense siempre hizo mucho calor y ya con catorce años pues ya no había tranvías, ya vinieron los autobuses. Y yo esperaba el autobús ahí al lado de esa librería y de tanto esperar el autobús pues acabé mirando todos los libros que había en la librería y cuando tuve dinero me compré esos dos.
Yo no sabría decirte cómo era, pero sí hubo un momento a partir de los dieciséis años en que tuve como una especie de tristeza muy grande, muy grande, esa tristeza que a veces se tiene cuando ves que empieza la vida de alguna manera que, no sé cómo decirlo, comienza la otra vida, ¿no? Yo me casé muy joven, tuve un lío grandísimo con mi madre porque yo quería ir a Madrid a estudiar psicología, no querían que fuera a Madrid, acabé estudiando historia. Todo ese lío y por medio, además me casé casi con diecisiete años, lo cual evidencia una adolescencia fastidiada y un tránsito hacia lo otro también fastidiado.
Yo me casé a los diecisiete años, me divorcié, bueno, me separé porque no había divorcio, a los veintiuno o a los veintidós, como es normal, o sea, no creo que sea nada extraño esto que estoy diciendo. Tuve dos hijas con él. Y luego a los treinta y nueve me casé con el hombre que es mi actual marido.
KC: ¿Y tus hijas tienen algún vínculo con la poesía?
CP: No, ninguna de las dos. Bueno, la mayor a veces, un poco por complacerme a mí ha traducido a Paul Celan, La rosa de nadie, lo ha traducido al gallego, ella estudió en Alemania. Y después, a partir de esa traducción, ha hecho algunas otras, pero bueno, ella es funcionaria de administración. Y la segunda ahora trabaja en un instituto de investigación de inteligencia artificial con respecto a los museos. Es museóloga, por así decirlo. Tampoco son lectoras de poesía.
KC: ¿Se dice poeta o poetiza? ¿O se puede decir de las dos formas?
CP: Se dice de las dos formas. Yo prefiero poeta.
KC: Eres la primera poeta que entrevisto para el podcast Espiral y es un honor. La poesía a muchos nos cuesta, pero me conmueve profundamente. Y me conmueve y admiro a los poetas, esta sensibilidad y esta forma de poder poner cosas tan profundas de manera tan sencilla. ¿En qué momento tu vida empezaste a escribir versos o empezaste a expresarte?
CP: Escribí mi primer verso cuando tenía diez años. Estaba aburriéndome mortalmente en una clase de geografía.
KC: Sale la traviesa.
CP: No, eso no era de traviesa. Mira, en primero de bachillerato, aquel bachillerato que hicimos nosotras, que era uno que no tenía nada que ver con el de ahora, fue la primera vez que en clases nos hablaron de la poesía y leíamos en alto —y esto fue muy importante para mí— Margarita está linda la mar, de Rubén Dario. Y a mí me impresionaba tanto Rubén Dario, o sea bueno, Margarita está linda la mar es un poema tremendo. De Rubén Dario se pueden decir muchísimas cosas, pero yo estoy hablando de mi infancia en este momento. Y el poema es una cosa que a mí me atravesó completamente. Yo ya había tenido por mi cuenta una pequeña experiencia con libros de poesía, de Bécquer y de Rosalía, y ya me había enamorado del verso, o sea, de que pudiera existir la posibilidad de que en una página no acabaran las líneas, es una cosa visual.
Yo me enamoré de los versos de Rubén Darío clarísimamente, de una cosa que me gustó muchísimo, los clarines, todo aquello. Y entonces, no sé cómo, estábamos en clase de geografía, yo recuerdo que la hermana Mercedes estaba recitando las comarcas de no sé qué región española. Yo me aburría muchísimo —siempre me aburrí mucho en clases, hay que decirlo— y mi pupitre estaba al lado del balcón, el balcón daba a la catedral de Orense, es decir, yo veía lo que era el ábside de la catedral y los prados llegaban hasta allí y una vaca que estaba alimentándose allí al lado de la catedral e hice mi primer poema. Eran versos, sí, eran versos.
KC: ¿Y estudiaste pedagogía?
CP: No.
KC: O sea, llegaste a ser profesora por esas vueltas de la vida.
CP: Sí, bueno, yo hice geografía e historia porque mi primer marido hacía geografía, o sea, era de filosofía y letras y le gustaba la historia, no por otra razón. Yo hubiera hecho psicología, creo era la carrera que yo quería.
KC: ¿Y nunca te animaste a estudiarla de adulta?
CP: No, no, no, qué va, no tuve tiempo. No, no daba la vida para hacer otra carrera, ya me llegaba bastante todo lo que tenía encima como para estudiar otra carrera.
KC: Es interesante la figura de profesora con la figura de poeta porque son dos profesiones en cierto sentido que se complementan. Una es muy hacia afuera, en frente de los niños, del ruido, del ajetreo, de tener siempre la obra en la mano. Y la otra es literalmente abstraerse del mundo. ¿Cómo congeniaste esto?
CP: Disciplina, con mucha disciplina. No había otra manera. Tenía las tardes, también es cierto que al ser profesora tienes vacaciones, en el verano tienes un tiempo largo. Bueno, de alguna manera, cuando vi que para mí la poesía era algo vital, algo de lo que yo no podía prescindir bajo ningún concepto, traté de reordenar mi vida un poco en función de poder escribir.
Bueno, la escritura es la escritura, pero lo que importa en una poesía como la mía es lo que ocurre mentalmente y físicamente con respecto a las palabras. Es una escucha, es un dejar que venga a ti la imagen, tanto la imagen óptica como la imagen acústica de lo que quieres hacer. Es un fluir, es una apertura y es una disposición mental. Es mi caso, porque hay poetas de muchísimas maneras, hay poetas para todos los tipos de circunstancia. Entonces, yo necesito tiempos prolongados en los que de alguna manera yo puedo oír, puedo ver.
Creo que la palabra que mejor se le aproxima —y ya no tengo ningún problema en decir la mi edad— es trance. Sin que el trance sea nada que tenga que ver con la locura. Es que te dejas ir, confías lo suficiente en el lenguaje como para dejarte ir. Es un enmudecer del lenguaje de uso. Tú y yo en este momento nos estamos comunicando en un lenguaje de comunicación. El lenguaje de la poesía es otro, no tiene por qué ser de comunicación, es parar el lenguaje de los lenguajes de uso, atravesarlos y dejar que otra cosa suceda con el lenguaje. Es saber que no te va a pasar nada, que puedes dejarte ir, es también una disciplina y una manera de vivir.
Pues bueno, yo tenía las tardes, daba clases por la mañana, descansaba y luego tenía las tardes y las noches. Recuerdo haber escrito libros de noche hasta las tres de la mañana.
Y también, desde que pude, no he vivido en ciudades. No he vivido en ciudades porque me distraen muchísimo. Yo soy muy distraída y si hubiera vivido en una ciudad, y ya no digamos en mi ciudad natal, creo que no hubiera escrito nunca porque ya si viviera en mi ciudad natal, bajas a la calle y yo me enredo con cualquiera que pase. Entonces, he vivido siempre como un poco apartada, en lugares muy cercanos a la naturaleza y en aldeas. Las ciudades me son imprescindibles porque yo necesito la ciudad también, pero para eso viajo.
KC: Eliges ir a la ciudad.
CP: Elijo ir a la ciudad, sí. Una vez tuve que hablar mucho tiempo sobre la poesía y la relación de la poesía con la filosofía, pues yo hice como un retrato de lo que era una filósofa y de lo que era una poeta. Pues la poeta es una persona que vive apartada, que vive al lado del mar o al lado de un bosque y va a la ciudad, va al ágora de la ciudad, no como turista, no es ir como turista. Mientras que la filósofa vive siempre en la ciudad y de vez en cuando visita el bosque y visita el océano. Es el viaje inverso.
Entonces, yo he ordenado mi vida un poco según las necesidades de mi escritura.
KC: ¿Eres autodidacta? Lo pregunto, ¿Se puede enseñar a escribir poesía?
CP: Sí.
KC: Entiendo cómo funciona la narrativa, que puedes tomar muchos talleres, incluso hoy en día irte a un máster, que yo fui parte. Pero la poesía siento que funciona tan distinta.
CP: Bueno, funciona distinta y funciona igual. Vamos a ver, yo te diría dos cosas. Hasta donde yo llego a saber un poco de mi convivencia con el poema, por eso distingo entre poesía y poema, después si quieres lo hablamos. Hay una parte de oficio y es igual que cualquier oficio, es igual que saber escribir novelas. Pero hay un don, yo no sé si los narradores tenéis don o no, no lo sé, porque yo no soy narradora, desde luego. Pero la poesía sí tiene don, hay un don. El don lo aceptas o no lo aceptas, el don es una cosa muy hermosa, pero también es una cosa que te puede llevar a lugares muy oscuros. Eso también es cierto. Y el don es el talento, pues eso no se le puede enseñar a nadie porque eso lo tienes que trabajar tú. Pero yo creo que un novelista también tiene que encontrar su don y su voz.
El oficio se enseña. Yo nunca he ido a un taller porque en mi generación no había talleres, o sea, nosotros somos todos autodidactas en mi generación. Creo que sí, que hay parte de lo que es la poesía que sí se puede enseñar, claro que sí se puede enseñar. Se puede acompañar a alguien en una lectura, en las lecturas y en las técnicas y en los metros, en los ritmos. Ahora el don es personal e intransferible porque además es lo que hace al poeta, y se diferencia. Rimbaud era Rimbaud porque era él, no porque era Artaud.
KC: ¿Cuál es la diferencia entre un poema y la poesía?
CP: Bueno, yo creo que la poesía es transversal a la vida. Creo que la poesía es una gran autopista, la poesía es la poiésis griega, es la creación. Y esa creación pues vale para la técnica, para la ciencia, para la narrativa, para la escultura, para cualquier cosa. Mientras que el poema, el poema escrito es la notación, el intento del —como un pentagrama musical— de anotar algo que es sobre el lenguaje. Es decir, yo concibo que la poesía puede ser científica, puede ser una ecuación matemática, mientras que el poema es, como lo defino yo, una cosa que vive y que vive en la lengua, que vive en el idioma en el que cada poeta escribe. El poema escrito es una cosa reducida, es una imagen. Coges el lenguaje, que es la lengua poética, que es una lengua dentro de las lenguas, de las múltiples lenguas que tiene cualquier idioma, y lo cuadras y lo haces. Eso es una técnica, evidentemente. Eso es un oficio. Pero ese oficio, debe estar atravesado por el don que cada uno tenga y a la medida del talento de cada uno que quiere ser poeta y que acepta el don de la poesía y que pone su vida al servicio de eso, porque no es al revés, no es el poeta el que hace el poema, es el poema el que te hace a ti, porque tú eres poeta porque has hecho un poema. El sujeto para mí es el poema.
Entonces, para mí la diferencia es eso, la poesía es algo mucho más grande que el poema. La poesía es indecible, diría yo.
KC: Tu obra está resguarda en el archivo sonoro de la Universidad de Harvard.
CP: Mi voz.
KC: Tu voz.
CP: Mi voz leyendo poesía, leyendo poemas.
KC: En Woodberry Poetry Room. Y eres la primera poeta gallega que está ahí.
CP: Creo que soy la primera y única poeta española.
KC: ¿Cómo fue ese proceso? ¿Qué significa para ti eso?
CP: Ese fue un proceso muy bonito y que tiene que ver con algo que me gusta mucho que es la traducción de la poesía. Yo tuve la suerte de que Erin Mouré, que es una poeta canadiense muy importante, se enamorara de un libro mío, M-Talá, y a partir de ahí tradujo siete libros más.
Erin nunca podía publicar traducciones de mis libros en Canadá, porque ahí hay una política muy restrictiva con respecto a las traducciones y no se subvenciona más que la traducción del francés al inglés por Quebec, por la lengua francesa. Bueno, mis libros estaban publicados fundamentalmente en Gran Bretaña y en Estados Unidos, las traducciones. Entonces, como Erin estaba ya muy cansada de esa historia, cogió un libro mío, que se titula Secesión, y lo dobló, es decir tradujo el libro y por cada poema mío, ella hizo en inglés un poema suyo. Pero sus poemas tienen un verso más que los míos, que mi libro. Ese libro sí pudo publicarlo en Canadá porque es un libro de una poeta canadiense.
Tuvo una difusión muy grande tanto en Canadá como en Estados Unidos, y nos llamaron para hacer un recital en Harvard, y después grabaron la voz. Esa es la historia de Harvard y de mi voz ahí, en la Poetry Room
KC: La importancia de la traducción.
CP: Sobre todo para un idioma tan pequeñito como es el gallego, imagínate.
KC: ¿Cómo era la relación con tu madre?
CP: Tormentosa.
KC: Sí, me lo imagino. Y eso que Sonora es un duelo por tu madre. ¿Pero es un duelo por la relación tormentosa o es un duelo por la pérdida física?
CP: No, es el duelo por la orfandad, o sea, para mí fue una sorpresa grandísima cuando falleció mi madre porque de repente me vi cómo sin filtro delante de la muerte. Es decir, yo ya era una persona muy mayor, mi madre murió cuando yo tenía sesenta y pico años y ya había pasado por otras muertes; la muerte de mi padre, de mis abuelos. Yo creía que ya lo sabía todo de la muerte. Pero mi sorpresa, al perder a mi madre fue como perder la defensa ante el mundo. O sea, el cuerpo materno a mí me protegía de una manera brutal, supongo que es una cuestión biológica, que da igual cómo te lleves con tu madre, tu madre es tu madre, sea como sea la relación.
Bueno, una relación tormentosa, pero no mala. La cuestión es que yo me di cuenta que mi madre me protegía de la muerte. Yo me vi de repente delante de un precipicio, imagínate el océano, de repente tienes el océano y se fue, se fue la protección, porque se fue el cuerpo materno. Y me vi, además, como la primera de mi estirpe, la siguiente soy yo. Empecé a pensar en mis antepasadas.
Una cosa sí, tomas tus decisiones, lo aceptas o no, como todas las cosas en la vida. Yo acepté el duelo y lo escribí.
KC: ¿Y a qué te refieres con una relación tormentosa?
CP: A partir de la adolescencia, piensa que hubo un salto generacional muy grande entre mi generación y la generación de mis padres en aquella España. Volvemos a la Guerra Civil y volvemos a la dictadura. Luego la historia de la iglesia, somos una generación en la que no era que creías o no creáis, o dejabas de creer, era algo terrible aquello, eso hay que vivirlo. Y, entonces, las mujeres en la dictadura eran madres y esposas o viudas o putas, no había otra opción. Y de repente nosotras éramos otra cosa. No se sabía lo que éramos, porque no teníamos patrón ni figura que seguir. Pero éramos otra cosa.
KC: Te criaste en un colegio católico.
CP: Sí.
KC: Vienes de una familia católica, pero te declaras atea.
CP: Es que es así. Tú me empezaste a preguntar qué nos robó el franquismo. ¿Qué me robó el franquismo? Pues, a lo mejor, el franquismo me robó poder tener una relación diferente con las creencias y con la parte espiritual. Éramos unas niñas a las que obligaban a ir a misa todos los días.
KC: ¿Y echas de menos no tener fe?
CP: No, no lo he hecho de menos porque yo no tengo problema con eso. Pero sí echo de menos la posibilidad de tener fe, la libertad de elección.
Estoy hablando de la iglesia católica del régimen, la iglesia católica en Sudamérica es muy distinta, yo hablo de la iglesia de la España franquista, de un régimen que se definía como un nacional catolicismo, entonces estamos hablando de una iglesia tremendamente represora. La teología de la liberación no existe en España, en la que yo me crié.
KC: Formas parte de la Real Academia Gallega, pero también eres una mujer con opiniones fuertes, feminista y que no tienes miedo a innovar. ¿Cómo juegan estos dos roles en ti? ¿Hay tensión entre los dos roles?
CP: No, no las hay porque yo no las dejo. Ya no tengo ganas de tener tensiones de ese tipo. No puedo perder el tiempo en tener tensiones con la Academia, eso ya no.
Y, además, piensa que yo soy miembro de una Real Academia de un idioma que sigue estando perseguido hoy en día. Porque sí que es cierto que se habla gallego y todo lo demás, pero bueno, hay una marca social y de clase que sigue teniendo. Bueno, no es lo mismo ser académica de la Real Academia Gallega que de la RAE. Son dos cosas diferentes. Aunque la Academia es la Academia, sí, evidentemente, pero no quiero tensiones.
KC: ¿Hay algo que quieras escribir y no has escrito o algún tema que sientas que tienes pendiente abordar?
CP: No creo que la poesía tenga temas. Nunca he escrito nada que supiera que iba a escribir porque no vale para mí. Entonces, fíjate, es que es una pregunta interesantísima la que me acabas de hacer. Bueno, yo escribo Sonora, ya hace tiempo, se publica y sigo con Sonora porque la gente quiere escuchar Sonora y estamos en Sonora. Sé que va a estar hasta el final de mis días. Bueno, escribo otro libro en este momento y que ya sé bastante de él —porque cuando yo empiezo a escribir no sé absolutamente nada de lo que voy a escribir— va sobre Deméter y Perséfone. O sea, sobre la madre y la hija y cómo la hija acaba convirtiéndose en madre y cómo la madre acaba añorando cuando fue hija. Todo lo que es ese ciclo. Y acabo escribiendo páginas y páginas sobre lo que es el parto. Bueno, es que después el libro parece que vaya de nada de eso, pero yo sé que va de eso. Y me sorprendió tanto ahora que ya sé algo del libro y decir, ¿qué hago yo escribiendo estas cosas? Escribiendo sobre el parto a estas alturas de la vida.
Es una cosa lo de la poesía, es una cosa que sabes muy poquito de ella, no hay plan. Es muy libre. En mi caso, claro está. No quiero decir que no haya poetas que tengan un plan predeterminado y que lo sigan y que escriban de tal hora a tal hora. En mi caso no es así. Estoy escribiendo mucho sobre la muerte, sobre el amor, la justicia y el parto.
KC: ¿Y eres abuela?
CP: Sí, soy abuela
KC: ¿Qué ha significado para ti eso?
CP: Una alegría enorme, es muy bonito tener nietos, es muy bonito. Tengo nietos, no tengo nietas. Tuve hijas y ahora tengo nietos, todos niños. Es una cosa hermosísima tener nietos porque no tienes responsabilidad ninguna y lo duro de ser madre, me parece a mí, es la responsabilidad. Y con los nietos es todo una juerga, y además, estás allí por si no les dejan comer azúcar, para darles azúcar y esas cosas.
KC: Cuando recibiste el Premio Nacional de poesía contaste que rápidamente llamaste a tu marido, a tus hijas, a tu editor, ¿qué llamada te hiciste a ti misma?
CP: Yo estaba aterrorizada, porque sabía lo que me venía encima. Decimos que no hay Nacional sin hospital. Es cierto, estuve hospitalizada como Dios manda. Lo del Nacional es una cosa que te interrumpe la vida. Es una alegría, es una maravilla y todo lo que estoy diciendo es una juerga. Pero sí que es cierto que es duro, porque tú tienes una vida y estás acostumbrada a viajar, andar por allí, pero estar acostumbrada a un flujo que más o menos controlas, desde luego te hacen entrevistas, pero no cuarenta en un día. No empiezas a tener que preocuparte por la peluquería continuamente, a decir a dónde voy con estos pelos, tengo que comprarme ropa. Cuando te dan el Nacional las haces, dices: ¿esto qué es?
Bueno, todo esto es un cachondeo que estoy contando aquí y una broma que estoy haciendo. Pero sí es cierto que es duro. Es duro porque te trastorna mucho. Los poetas somos gente que necesitamos tranquilidad.
Te digo una cosa y lo digo con toda la sinceridad, el día en que le dieron el Nacional a Miriam Reyes y se acabó, o sea, yo dejé de ser miss poesía y Miriam Reyes comenzó a ser miss poesía, fue decir “uf”. Yo no puedo imaginarme lo que es que te den un premio como el Nobel, yo creo que acaba con cualquiera. No sé.
KC: Eso cuentan.
CP: Es que tiene que ser. Bueno, yo también soy bastante mayor, no tengo cincuenta años, pues una persona de cincuenta años puede soportar mejor el trabajo. Sí, es un trabajo, el Nacional es un trabajo.
Pero, bueno, tiene cosas maravillosas, parece que estoy siendo un poco soberbia al decir estas cosas, pero sí que tiene ese aspecto. Por ejemplo ejemplo, salió el libro en Chile, que a mí me hace muchísima ilusión.
KC: ¿Te costó volver a escribir? ¿A ponerte a escribir? ¿A abstraerte?
CP: No, yo seguí escribiendo. Bueno, lo de los trajes es un trauma, no cabe duda, porque a mí no me gusta mucho ir de compras, tampoco me compré tantos trajes. Parece una locura todo lo que estoy diciendo.
KC: Pero te sacó de tu zona de confort.
CP: Efectivamente. Y de repente pues un día tienes que ir al Palacio Real y comer con los reyes, ¿sabes? ¿Y qué te pones? Es que no es fácil, no es fácil.
KC: Pero hagamos algo que es fácil. Léenos algún poema tuyo. El que tú quieras.
CP: No sé, tendría que leer algo de Hordas de escritura, digo yo, que ese libro que se publicó en Chile. Leeré un extracto del último poema de Hordas de escritura.
«Porfía en el sendero nube. Tal vez porque son ingrávidos el sendero, las nubes, y se abalanzan como amor, y son dos él / errantes. Blancas, púrpuras o doradas como en la piedra un lique / y son pantalla para el azul y pantalla para el oscuro, propulsadas y libres como todo lo que concentra el tiempo / “las soñadoras somos centauros, pero no compartimos sueños con los centauros, lo somos porque nuestros cuerpos son mamíferos, pero lo que deducimos es humano. Un centauro es una figura de frontera, tiene la ventaja de poder andar por los dos lados pero no son fiables si despiertan sospechas, a menudo son castigados como Tiresias. Los poemas somos centauros, podemos aplacar a las fieras y emocionar a los humanos. Si un soñador o soñadora no es fiador de tu vida, quiere decir que no va a garantizar tu integridad, ni abalar tus decisiones. El poema es quien gobierna las bestias. Puedes dormir con los caballos porque no saben lo que sueñas”. / Así hay dos tipos de centauros; los centauros poemas y los centauros soñadoras. Todas son fundacionales y mitos. / Un poeta recuerda, todavía recuerda. Todavía».
KC: Antes de terminar esta entrevista tengo dos preguntas, pero de pura curiosidad. ¿Cuándo te empezaron a decir Chus?
CP: A los doce, trece años. Fue una amiga. A mí en casa me llaman Susa, que es la forma normal de María Xesús en Orense. Pero en Vigo no, en Vigo es Chus. Entonces un día Toté, esta amiga mía, me dijo: «es muy difícil llamarte Susa. Te voy a llamar Chus.» Me quedó.
KC: Y, por último, hablamos de la ciudad y hablamos de los aeropuertos. ¿Cuál es tu ciudad favorita, a la que siempre te gusta volver?
CP: A mí me gusta mucho México, Cádiz. Mucho, mucho.
KC: ¿Por qué?
CP: Porque tiene una vida, muy violenta también es cierto, pero allí todo está vivo. En Europa todo está pensado, repensado. Por supuesto, feminismo y tal, salimos a la calle y hacemos cosas y todo lo demás, pero todo es muy ordenado. A mí me gusta mucho la juventud que hay en América. No estoy hablando de edad. Y sé que a lo mejor soy muy injusta en todo lo que estoy diciendo.
México me gusta mucho también porque la población anterior a la migración y a la conquista española está muy presente. Hay mucha población de ese tipo.
KC: Chus, te quiero dar las gracias por esta conversación maravillosa, en la que nos adentramos en todo tu universo. Conocí cosas que no había escuchado de ti, que pudimos saber un poquito más de tu forma de vida, tu visión. Muchas, muchas gracias por esta entrevista en Espiral.
CP: Muchas gracias a ti porque me dejas hablar. Pude hablar con toda la libertad del mundo y te estoy muy agradecida. Muchas gracias a ti.
Cierre
Así finaliza este nuevo episodio de Entrevista Espiral.
En esta conversación con la poeta gallega Chus Pato exploramos la memoria histórica, la herencia de la guerra, el impacto del franquismo y la forma en que la experiencia puede transformarse en poesía.
También reflexionamos sobre el oficio poético, la diferencia entre poesía y poema, el don, el rol del lenguaje y la importancia de la naturaleza dentro del proceso creativo.
Chus Pato nos recuerda que la poesía no es únicamente una manera de escribir, sino también una manera de habitar el mundo. Una práctica de atención, de escucha y de sensibilidad que atraviesa la vida.
Recuerda que Espiral es para ti: un programa con entrevistas en profundidad a grandes escritores y escritoras de habla hispana. Compártelo, ponle like y déjame un comentario donde sea que lo escuches. Así esta entrevista se convierte también en una conversación.
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Chaooooo
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