Oda a Barcelona #223
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Queridos odistas,
Este es un adiós a una ciudad que me adoptó por algo más de dos meses. Llegué cuando los árboles estaban sin hojas y ahora, algunos ya están en flor o pronto lo estarán. Barcelona me enseñó a vivir de otra manera, a descubrir nuevas formas de habitar el espacio y de vincularme con lo urbano.

Barcelona física
En Santiago yo hago todo en automóvil, ya sea comprar un kilo de pan o ir a la tintorería. Aquí no he manejado y la verdad, poco o nada me hace falta. Barcelona me mostró que se puede vivir a pie, caminando para ir al supermercado, para ir a la universidad o salir a un restaurante.
Sin duda, la ciudad es un determinante en el estilo de vida y muchos escritores han reflexionado sobre ella, Walter Benjamin en La ciudad porosa y que para él, las ciudades se leen o Jorge Luis Borges, un amante de Buenos Aires y Julio Cortázar con París.
Aquí me olvidé de los zapatos con tacón. O de salir solo con mi cartera, siempre debía ir con una mochila para llevar la computadora y libros. Aprendí que el taxi no siempre es la mejor opción y que el metro funciona muy bien. Agradezco a Google Maps y Citymapper por ayudarme a encontrar los lugares.
Me sentí segura, aunque muchos dicen que no es tanto, pero no viví con el temor constante de que me fueran a asaltar o a robar el celular o la cartera. En las noches pude caminar sin miedo. En ese sentido fue un gran descanso. Descubrí que los inviernos santiaguinos son más duros pero aquí pueden ser más lluviosos. Aprendí a despedirme en catalán “adeu” y algunos locales prefieren no hablar en español.
Los domingos, por ley, el comercio cierra. Algunos supermercados están abiertos, pero casi todo tiene las persianas abajo. Es un día de real descanso. Los sábados no salgo de compras lo que implicó un cambio de paradigma y de organizarme durante la semana. El minimarket de al lado de mi departamento era excelente y estaba abierto los domingos. El supermercado Aldi me sorprendió por sus precios y su calidad. La tortilla de patatas es deliciosa. Los basureros están ubicados en la calle y hay un sector especial para reciclar. Al principio lo ignoraba y estaba enojada con esto de que no se reciclara, hasta que una compañera me sacó de mi error.
Las porciones de los restaurantes son mucho más pequeñas; me imagino que un norteamericano debe quedarse con hambre. El arroz no existe como acompañamiento y en mi caso, que no como carne, pollo, mariscos ni cerdo, siempre encontré pescado y vegetales. Obvio, costaba un poco más, pero se lograba. Las tapas son lo más habitual y no logré acostumbrarme al agua con gas Vichy Catalán, muy salada. Almuerzan alrededor de una y media de la tarde y cenan pasadas las nueve. No miran el móvil en los restaurantes y tampoco, como suele ser en mi país, los peatones andan con botellas de agua o comiendo. Hay muchos restaurantes buenos y pequeños, donde por un precio razonable te aseguras una gran experiencia.
Barcelona cultural
La gente lee en el metro o en las plazas. Es fácil encontrar todo tipo de editoriales. Los libros son más baratos que en Chile pero sobre todo, la oferta de títulos es lo que más me impactó. Compré tantos que los tuve que mandar por Correos de España. Me sorprendió la atención, las tres veces que fui, salí contenta.
Pero lo más impactante, sin duda para mí y para mis compañeros del Máster de Escritura Creativa, es la oferta cultural. Aquí no se duerme en el buen sentido de la palabra, siempre hay algo, ya sea gratis o no. Los eventos los publicitan en los postes de luz; así me enteré de la ópera La Gioconda, de la Maratón de Barcelona o del show de luces, entre muchos. Se valora el patrimonio y hay diversidad cultural; no te alcanza el tiempo para asistir a todo lo que deseas. Además las librerías son centros culturales, con muchas charlas y talleres. La ciudad vive y no es solo por el turismo, sino porque los barceloneses aman la cultura y sus distintas manifestaciones, aunque son directos y no hablan de sus sentimientos.
Pude ir a muy pocos conversatorios o lanzamientos porque coincidían con mis clases vespertinas. Conocí en persona a mi profesor José Carlos Rodrigo Breto cuando lanzó el ensayo Michel Houellebecq. La corrosión de lo humano en la librería Laie. Por fin nos conocimos en persona, luego salimos a comer a pesar de que él estaba muy enfermo.
El gran momento
El lunes pasado me llevé una sorpresa enorme. Fui a la presentación de la novela Desaparecer de María Stepanova en la librería La Central y lo hice con mucha emoción porque para mí, ella es una de las grandes escritoras rusas contemporáneas, pero no solo por eso, sino porque gracias a Memoria en la memoria, me vinculé distinto con el vacío de mi historia familiar. La autora, que hoy vive en Berlín, realiza un ejercicio muy complejo de suposiciones, lleno de digresiones y de reflexiones muy potentes en torno a la memoria; un diálogo con mis propias obsesiones.
Al finalizar el conversatorio le agradecí lo que había escrito, le conté algo de mi historia y sus ojos se humedecieron. Incluso me facilitó su correo electrónico. Después conversé con su traductor, Jorge Ferrer, quien ha traducido también Alexandr Herzeny y Svetlana Aleksiévich. Me invitaron a ir de copas con ellos al restaurante Café central, uno de los más tradicionales de Barcelona. Allí conocí un gran poeta, Aurelio Mayor con quien conversamos sobre Cataluña, el lenguaje y sobre por qué Barcelona es la capital de la literatura. Queridos odistas, estaba tan feliz, sentada al lado de una de mis escritoras predilectas junto a un grupo tan diverso e interesante. Hasta conversé con un chef cubano que trabajó para los hermanos Castro.
Voy a echar de menos Barcelona, sus calles y sus librerías, donde compré más libros de los que podré leer, pero estarán alrededor de mí, respirando y recordándome que los sueños, a veces, se cumplen.
Cuéntame: ¿Cuál ciudad te ha marcado?
Mis momentos:
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Fui feliz: Sin duda, la noche del lunes con María Stepanova.
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Algo que aprendí: Que la lucha de los húngaros contra los soviéticos en 1956 duró doce días. Luego vino un período muy duro.
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Estoy agradecida: De que a pesar de estar sola en el departamento, ordenaba cada noche la ropa
¿Escuchaste a Elaine Vilar en la entrevista Espiral?
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