Oda a mis recomendaciones #239
Oda a los que desean una pausa creativa, suscríbete.
Lecturas en paralelo, el universo de Carrère y registros del conversatorio en librería Azafrán.
Queridos odistas,
De manera paulatina estoy retomando mis lecturas por gusto. Varían en extensión y combino varias al mismo tiempo. Algunas veces dejo pasar un tiempo sin leer algo y sigo más adelante.
Desde la última Oda a mis recomendaciones terminé:
- Anna Karenina de León Tolstói (lectura de tres meses)
- El amo del corral de Tristan Egolf (lectura de un mes)
- Viaje al fin de la noche de Louis-Ferdinand Céline (lectura de mes y medio)
- La ocupación de Annie Ernaux
- Muerte con pingüino de Andrei Kurkov (relectura para taller)
- Mujeres en la cama de Gina Berriault (relectura para taller)
- Una semana en la nieve de Emmanuel Carrère
Ojo, son paralelas, cuando comienzo con una sigo con otra. Espero en estos meses poder elegir con mayor libertad.

Una semana en la nieve de Emmanuel Carrère
Una semana en la nieve (La Classe de neige, 1995) recibió el Premio Femina y, aunque se publicó como novela, tiene la forma de lo que en Francia se llama récit: un relato breve, concentrado en una sola conciencia y en un solo acontecimiento, sin tramas secundarias, con elipsis y con la información puesta en muy pocos personajes. Es una novela con arquitectura de récit, y ahí está buena parte de su fuerza.
Además es una manera amable de ingresar al universo de este escritor francés, aunque “amable” suena extraño para un libro tan inquietante. Todavía no aparece el yo del autor ni la no ficción que lo haría famoso, pero ya está visible su gran obsesión. Carrère la escribió mientras investigaba el caso de Jean-Claude Romand, el hombre que durante dieciocho años fingió ser médico y terminó asesinando a su familia, y que sería el centro de El adversario (2000). Una semana en la nieve es la antesala de El adversario, la ficción de una misma pregunta: ¿qué pasa cuando la mentira se instala en el corazón de un hogar?
Una semana en la nieve cuenta historia de Nicolas, un niño tímido, al que le cuesta socializar, cuyo padre sobreprotector lo lleva de paseo a la montaña. Él es el único de todos sus compañeros que no va en el bus porque el padre quedó traumado con un accidente que hubo con un furgón escolar. El bolso del chico queda olvidado en el maletero del auto. Desde ese momento, el chico pasa a ser un otro, alguien distinto que no tiene sus cosas, ni siquiera un cepillo de dientes, ni un pijama. Además, hay una noticia inquietante, un niño del pueblo desapareció.
En sus 160 páginas Carrère no te suelta, te tiene en sus manos, y los lectores nos llevamos una sorpresa al final. Aunque, más que una sorpresa, yo diría que es una confirmación porque el libro está construido para que sospechemos antes de su protagonista.
A momentos recuerda a un cuento de hadas oscuro, con ecos de Pulgarcito y de Hansel y Gretel. Un niño sale de casa, un territorio aislado y blanco, el protector inesperado y el ogro que no está donde uno lo busca. También es un relato de iniciación, emparentado con lo que en alemán se conoce como Bildungsroman, aunque aquí el aprendizaje no es un crecimiento sino la pérdida de la de la inocencia, de golpe y para siempre.
Carrère maneja el punto de vista con maestría con un narrador omnisciente que es limitado, lo que puede ser una contradicción. Hay un juego temporal muy importante. Ya desde el comienzo sabemos que han pasado veinte años y quien narra es el mismo Nicolas. La intriga y el interés se mantienen, nunca decaen.
El ambiente cerrado del refugio donde están los niños y la nieve funcionan como frontera y los aísla del mundo. La relación de Nicolas con sus pares es lejana, salvo con Hodkann, un chico más fuerte y atrevido, líder natural del grupo, que lo deja bajo su protección. Es una amistad ambigua, hecha de admiración, miedo y dependencia, será clave en el desenlace.
Investigando para esta Oda me enteré que Claude Miller la llevó al cine en 1998 y la película obtuvo el Premio del Jurado en Cannes. Yo todavía no la veo y tengo pendiente leer el El adversario.
Como ven, esta historia algún día continuará.
Les dejo algunas fotos del conversatorio que tuvimos el jueves con Ana María del Río y Andrea Jeftanovic en la librería Azafrán.

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