#40 Ser madre y escritora a la vez

Escuchame en:

Comparte en tus redes

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin

Hola, hola ¿cómo estás? Grabo este episodio 40 una mañana de jueves, no en realidad una tarde de jueves y claro, en cuarentena. Algunos de ustedes pueden estar más libres y salir sin restricciones, pero lo que es acá en Chile la situación es muy compleja. A veces me cuesta creer que hace un año en el capítulo 14, también me referí a lo que significaba la cuarentena. Pero hoy quiero reflexionar sobre un tema muy distinto, y espero que te ayude a ver el mundo desde otra perspectiva: ser madre y escritora a la vez

Pero antes, como ya es tradición, mi recuento personal: 

Simplemente estoy dichosa porque hace dos semanas comencé mi taller de lectura “Mamma Mía”. En esta primera sesión hablamos de la literatura japonesa y en específico sobre la escritora Aki Shimazaki y su libro “Hôzuki, la librería de Mitsuko”. Y algo que me tiene muy contenta es que mi hija menor, Sara, me está ayudando en hacer las presentaciones con la información. Así yo no pierdo tiempo en algo que no me gusta, y ella, espero, aprende un poco más. 

Hoy, cuando grabo este capítulo se conmemora Iom Hashoá, el día en que en Israel, y en todo el mundo conmemoramos a los judíos asesinados por los nazis. Junto con la Universidad del Desarrollo y el Director del Instituto de Humanidades, entrevistamos al Padre Desbois para Memoria Viva, él comenzó en el 2004 a investigar sobre lo que se llama el “Holocausto en balas”, es decir, las matanzas generalizadas a judíos en Europa oriental a quemarropa. En mi página web como siempre te dejo la transcripción de todo lo que hablo hoy y el link a la entrevista por si la quieres escuchar

Estoy encerrada en mi casa, ese es el estado actual, como la mayoría de ustedes que me escuchan hoy. Parece que atrasé el calendario un año completo porque he vuelto a trabajar en el comedor de mi casa. ¿Dónde lo haces tú? 

Estoy un poco floja con mis hobbies, ¿qué pasa Karen? Lo que importa es que ya compré harina para hacer pan y pretendo retomar las labores del huerto pronto. Anoche, eso sí, me volvió la energía y cociné tres, tres panes, ahora en la mañana se fueron al horno. Me gusta este horario de invierno aunque muchos lo odien, me da paz y mayor capacidad para concentrarme en mis temas.

Granta, una súper revista literaria acaba de publicar una lista con autores hispanos menores de 35 años. De Chile aparecen Diego Zuñiga y Paulina Flores. En el blog de diciembre del 2019 hablé sobre su libro de cuentos “Qué vergüenza”

Ahora te invito a escuchar este capítulo: ¿cómo ser madre y escritora?

Hace poco leí un artículo que me quedó dando vueltas en mi cabeza. Estoy suscrita a The New York Review of Books, que es una especie de diario en el que hablan no solo de libros, sino de muchos temas vinculados al arte y a la política. Me llega en papel a mi casa y disfruto la lectura los fines de semana. La verdad es que son pocos los artículos que me gustan, pero cuando encuentro uno se me queda en la cabeza por días.

Y eso mismo me sucedió la semana pasada con el artículo escrito por la crítica literaria, ensayista y novelista estadounidense Daphne Merkin, “A Very Lonely Business” algo así como “Un negocio muy solitario” (ojo, te recomiendo su libro sobre la depresión, su testimonio que se llama “Too close to happiness” o “Demasiado cerca de la felicidad”). Ella confiesa que cuando tiene un libro nuevo en sus manos escrito por una mujer lo primero que hace es chequear la biografía, y sobre todo, si tiene o no hijos. ¡Qué buen comienzo para un artículo! ¿No lo crees? Y desde esa primera línea me fui sintiendo muy identificada con Merkin. Así me quedé pensando sobre el tema y en los últimos días en Chile ha surgido una polémica (y bueno, en todo el mundo) sobre cómo se organizan las madres ahora que estamos en una nueva etapa de la pandemia. 

Captura de pantalla 2021-04-09 163054.jpg

Cuando hablamos sobre escritura siempre surge la misma pregunta: ¿cómo te las ingenias para escribir con hijos pequeños? Varias veces me la hicieron, y si bien hoy todos mis hijos son adolescentes o post adolescentes, sigo anclada en el tema de la maternidad y la creación. ¿Por qué solo a las escritoras les preguntan cómo se las ingenia para escribir? ¿En qué minuto escribes con los hijos dando vueltas? 

Siguiendo con el artículo de Daphne Merkin, ella aborda el caso de la escritora inglesa Virginia Woolf. Ella marcó mucho el camino a las futuras mujeres que se dedicaron a la literatura, vivió en las primeras décadas del siglo pasado y se suicidó en 1941 en plena Segunda Guerra Mundial. Al parecer Woolf sí quería tener hijos, pero no pudo y dejó  registrado en su diario: “Siempre estoy enojada con Leonard (su marido) por no haberlo forzado a tener hijos a pesar de lo que los doctores recomiendan”.  Les recomiendo el diario de Virginia Woolf para entender mejor la época y su genio, ella sufría de depresiones severas y en esa época no era recomendable quedarse embarazada si sufrías de enfermedades psiquiátricas. ¿Qué habría pasado si Virginia Woolf hubiera tenido hijos? ¿Habría podido escribir los emblemáticos libros “El faro” u “Orlando”? Esta es otra pregunta que se hace Merkin y ella reconoce que muchas veces ella misma se ha preguntado si la abría ayudado a sanarse de su depresión. 

Otro aspecto que a menudo preocupa a muchos (no a mí) es sobre la productividad de las escritoras que se convierten en madres. Para mí no existe una correlación entre escribir más y no ser mamá. Creo que estamos demasiado pendientes de si vamos a llegar a ser tan productivos como ellos, es decir, los hombres, Estoy segura de que las mujeres si son madres se les abre un universo de temas y necesidades por comunicar.  Veamos el caso de la poeta Maxine Kumin, escritora estadounidense que ganó un Premio Pulitzer y se convirtió en la consultora de poesía de la librería del Congreso Norteamericano. Obvio, le costó más que a los hombres, de eso estoy segura, pero ella es mejor que cualquier varón, ya por el mero hecho de combinar arte y maternidad. ¿Difícil? Absolutamente, pero magistral. 

Hay varias mujeres que escribieron bajo seudónimo masculino  para poder ser aceptadas, como George Eliot (Mary Ann Evans) y George Sand (Amantine Aurore Lucile Dupin de Dudevant). Charlotte Brontë, la famosa escritora de “Jane Eyre”, también tuvo que firmar masculinamente como Currer Bell y su hermana, Emily, también escritora, adoptó el seudónimo de Ellis Bell. Incluso la autora de “Mujercitas”, se hizo llamar al comienzo A. M. Barnard hasta que comenzó a firmar con su nombre, Louisa May Alcott. Gracias a Dios hoy este no es el caso, o por lo menos en occidente, y las mujeres debemos luchar por otro tipo de cosas. 

A raíz de este tema me fijé y leí las biografía de varios libros de autoras que tengo en mi biblioteca, y en su mayoría se incluye la cantidad de hijos o hijas que tienen. Hice este mismo ejercicio con libros escritos por hombres y en ninguna biografía encontré que se mencionara la cantidad de hijos. La maternidad para mí es algo que me ha definido y estoy segura de que no sería la misma escritora o podcaster, o como quiera que me defina, sin haber sido mamá.

Incluso reconozco que yo misma caigo en la trampa y pienso en las artistas, escritoras y científicas, en términos binarios. Inevitablemente me hago la pregunta: ¿es o no mamá? Es decir, yo misma me sumo a la tendencia de definir a una mujer por su condición de madre, pero no veo que tenga una connotación negativa, para nada, pero sí me enoja que exista este abismo en relación a los hombres. Me parece injusto, arbitrario, porque ellos también son padres, padres y escritores. Además, tengo la impresión de que cuando leemos en la biografía de un escritor: “es papá de dos hijos” nos enternecemos, pero cuando no aparece en la de una mujer, nos extraña, incluso nos desconcierta. ¿Es justo esto? ¿De dónde viene este juicio? ¿Quién lo instauró en nuestras cabezas? ¿Qué pensarán las nuevas generaciones? ¿Hacen esta distinción o ni siquiera lo notan?

Reconozco que cada vez menos se utiliza el concepto “maternidad” como valor agregado formal, o como algo positivo, pero, personalmente a mí me gusta, me interesa y sí le doy un valor. Me encanta saberlo y me acerca a la persona. Y a la vez pienso, ¿qué pasa con su literatura si no tuvo hijos? ¿si no quiere ser mamá? Claro, es una tendencia que, no sé si va en aumento, pero sí se acepta cada vez más y es parte de la modernidad y de nuestro día a día.

maternidad.jpg

Me impactó muchísimo lo que leí hace un par de años en el libro Motherhood, en español Maternidad, de la escritora canadiense Sheila Heti.Gracias a este libro, uno de los “10 libros más excitantes del año” según The Vulture, escrito por “una de las nuevas voces norteamericanas”, según The New York Times y The New Yorker, entendí por primera vez en mi vida por qué una mujer no quiere ser madre, y desde ese momento, he visto cómo mi juicio, quizás aprendido, y más conservador para muchas, hacia las que deciden no serlo, se ha ido suavizando. 

Como te conté al comienzo al parecer este tema de las mujeres y la escritura me ha permeado en el último tiempo, debe de ser por eso que el taller de lectura que estoy impartiendo se llama “Mamma Mía”. Cuéntame: ¿qué opinas de este tema? ¿Afecta la productividad el ser madre?

Lee. Escribe. Escucha.

Chao.