#5 Marcelo Simonetti y el Chile de hoy

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Karen Codner reflexiona sobre los cambios en la vida personal y de un país a la luz del libro de cuentos El disco de Newton de Marcelo Simonetti.

Hola, hola. ¿Cómo están? Yo maravillada. ¿De verdad ya se acaba noviembre? ¿De verdad?  A veces nos cuesta creer cómo pasan los días, las semanas, los meses hasta que de pronto nos vemos pensando en diciembre ¿les pasa no? Más a mí que el sábado cumplí 47 años y decidí celebrarlo con mis amigas. Las invité a cenar a mi casa y la verdad ¡lo disfruté!  Fue pura alegría recibir esas sonrisas, esos abrazos, esas conversaciones.

Agradecer, siempre

Eso me recuerda que siempre, aunque la vida nos ponga desafíos, debemos agradecer. A veces cuesta más y otras, es fácil. ¿Agradeces a diario? Yo sí. Y ojo, no busco grandes cosas. Por ejemplo, agradezco a Ds que tengo este micrófono, el computador, las ideas en mi cabeza para hacer el podcast, agradezco el agua caliente que tuve hoy en la mañana para la ducha. Parece que la idea de felicidad anda bien presente en mí porque con mis alumnos el taller pasado hicimos una sesión especial sobre cómo escribir con alegría y sobre ella. En la página tendré una sección especial para publicar lo que escriben los alumnos. Me ayudó mucho escuchar este podcast de Tin House. Se los recomiendo si saben inglés. También me ayudo un libro que me regalaron el año pasado unas amigas que se llama Hapiness. Sobre eso escribí hace hato tiempo. pronto, bien pronto saldrá mi nueva página web. Después de mucho trabajo rediseñé junto a un equipo la página. Ahora será súper fácil encontrar los posteos y los podcast. Además que si quieres lanzarte con la escritura hay varios ejercicios para ello. Espero que me cuentes lo que te parece.

Una noticia que me tiene algo triste que la gran bloquera y reseñadora de libros con el nombre de fantasía Devoradora de libros anunció que en enero del 2020 ya no seguirá con sus reseñas. Ella ha sido un referente en mis lecturas y me ha ayudado a conocer nuevos títulos y escritores. Le escribí esta semana, comentando esto. Aquí su respuesta:

“Muchas gracias por tus afectuosas palabras. Sí, cerraré el blog el próximo mes de enero. Me lleva muchas horas y, lamentablemente, no me da de comer, así que tengo que dar prioridad al trabajo. De todas formas, hace tiempo que me siento estancada con el blog, me vendrá bien tomar nuevos rumbos. 

Un abrazo, y mucha suerte con tu blog,

Cristina”

Estoy siempre en búsqueda de buenos reseñas y podcast de literatura. Sin duda este chileno vale la pena con Libros no obligatorios y recién lanzándose a las aguas Pluma y pantalla  

Recuerden, les dejo los enlaces al final para que los puedan revisar con calma.

Marcelo Simonetti y sus cuento

Hoy en el episodio # 5 se me ocurrió hablarles de literatura y cambios. Pero cambios relacionados conmigo y con Chile. Para eso me enfoqué en dos cuentos. Uno de Marcelo Simonetti y otro de Pamela Flores. Pero como el podcast me iba a salir demasiado largo, dividí “de manera extraordinaria” el podcast en dos episodios, el de hoy y la próxima semana.

Pero antes de seguir adelante con el show de Celular tengo que agradecer a mi hermana  que me dijo que le gustaba mucho escuchar los podcast. Me preguntó: ¿Por qué hablaste sobre el desenlace de Natalia Ginzburg? No es que dije el desenlace -episodio 2- sino que hice un guiño a él. Ahora lo tendré mucho más presente e intentaré de verdad no contar más de la cuenta, pero es difícil, porque para ilustrar la idea tengo que contar ciertos puntos de la trama. Me encanta que me cuenten lo que les gusta y lo que no. Tal cual Alejandra hizo la semana pasada con el último posteo del blog de Elena Poniatowska y su libro Leonora. Alejandra, una fiel lectora y auditora, es además artista y me comentó que le había fascinado leer sobre este libro que narra la vida de Leonora Carrington. Esa es la idea que tengo en mi cabeza. Hago lo del blog y del podcast para compartir con ustedes mi experiencia literaria, el proceso creativo y mis lecturas. A veces podemos coincidir en los gustos y otra no.

Volviendo a los cuentos chilenos. ¿Cómo se me vino la idea a la cabeza? Quería vincular la literatura chilena con lo que hoy vivimos en nuestro país, pero no se me había ocurrido cómo hasta que… choqué. Sí, y fue fuerte.  Hoy voy a reflexionar sobre cómo un evento personal puede afectar por completo. Puede ser este choque, o que el metro ya no funciona como solía hacerlo, o bueno, es una lista sin fin. Hace unos diez  días desperté en paz.

Este es el cuento…

Las bicicletas no suben por el sentido contrario

Voy por Presidente Riesco. Ya casi llego a la calle Magdalena. Me siento bien, tranquila. Quedan unos minutos para las once y me han prestado un estacionamiento. Escucho un podcast. No voy rápido, creo. Estoy segura. No, nadie viene por la pista. Giro el volante a la izquierda. Algo sucede. Rápido. Se viene hacia mí y nos vamos los dos sobre la vereda. Es un sonido gigante. Se abre el airbag. Sigo con las manos en el volante, pero las ruedas no responden, patinan, como si estuviera en la nieve, en el hielo. Cierro, creo los ojos, debo de haberlos cerrado. Intento sostener el volante. Silencio.  ¿Herida? Me pregunta alguien. Niego con la cabeza. Estoy pegada al asiento. Hace calor. Nadie me responde, pero no porque me haya pasado algo. Es el espanto nada más. De pronto una mujer se acerca por el costado del pasajero. 

–“Yo vivo aquí arriba ¿agua, quieres? Con todo lo que esto la gente anda tan nerviosa” me dice la vecina, una mujer con sus años y unos anteojos enormes, casi pasados de moda, diría.

Un carabinero también se acerca. ¿Está bien señora?  Es  Vladimir Osses con su cara de joven que todavía regala sonrisas.  ¿Segura? vuelve a preguntar.

Llamó a mi marido con voz quebrada. Apago el podcast.  “Choqué, estoy bien ¿puedes venir?”

Sigo inmóvil en el asiento con el airbag abierto.

–“¿Quieres un tranquilizante?” otra vez la misma vecina.

Giro mi cara tratando de no mostrar mi sorpresa. Estoy tranquila me dan ganas de contestarle, como si me hubiera tomado cien ravotrils. Sigo inmóvil.

No digo con mi cabeza.

–¿Carne? ¿Nombre?  Otra vez el carabinero.

Busco la billetera. Le extiendo mi carne de identidad. Mis apellidos son demasiado confusos, creo, para Vladimir. O yo estoy muy nerviosa.

A lo lejos se acerca una madre con uno coche.  Le cuesta esquivar a  nosotros, a los automóviles incrustados en la esquina del edificio, justo en la esquina con la calle Magdalena. 

Suspiro.

Imagino que este cuento termina muy distinto.

Ambulancia. Cuerpos.

 Cuerpos.

Culpable.

Otro cuento…

Es la escritura la que me tranquiliza. Cuando abrí mi bolso blanquito y busco la libretita. Como dicen los chilenos todo con diminutivo. El lápiz negro a tinta comienza a llenar las páginas. No quiero olvidar nada y por eso escribo. Se me cuela la Davis en esos momentos. Escribo para liberarme y también para que la memoria caprichosa se selle.  Vuelvo a cada instante. Al miedo. A la vulnerabilidad.  A vivir ese viernes.

Y en ese instante la literatura afloró. El día anterior había leído un artículo increíble de Lydia Davis sobre consejos de escritura. Insiste en la importancia de llevar una libreta. Yo siempre lo hago, otra cosa es que la ocupe tan a menudo como la escritura sugiere. Imagínense la escena. El auto incrustado en una esquina de un edificio, la gente preguntando, mil detalles. ¿Saben lo que se me ocurrió? Describir, contar en un cuento el choque. Saqué mi libreta  y me puse a escribir sobre lo que había experimentado.

¿Me entienden? Ds me quiere mucho. Le He agradecido mucho. Porque para  mí fue  milagro. Por que salió todo bien.  y no como el final de un cuento. Porque si yo estuviera escribiendo el cuento de mi choque el final debería haber sido otro. Otro. Porque así funciona la literatura.

Esto me lleva a pensar sobre los momentos trascendentales de la vida¿Cuáles momentos son trascendentales en la vida? ¿qué nos marcan? Sin duda para mí este choque, nunca había chocado así, el 18 de octubre, o ayer que me cortaron la calle y tuve susto en la noche, mucho susto.  Son quiebres.

Marcelo Simonetti y sus cuentos extraordinarios

A partir de estos quiebres se me ocurrió hacer un podcast , un episodio especial con cuentos chilenos que hayan dado luz o nos hayan advertido sobre la tensión silenciosa que se iba tramando.   Porque hay muchos buenos escritores que han descrito las iniquidades y la pobreza.

Hoy en el programa #5 voy a centrarme en el libro de cuentos El disco de Newton que lo tengo aquí conmigo, a mi lado  que es una lectura que me aportó mucho y me hizo sentido. No solo por su calidad literaria sino por las temáticas que Simonetti aborda. Es un Chile que transcurre en Concepción, Valparaíso, en hospitales públicos, entre el desempleo y el hambre. También en el amor y en la familia.

Marcelo Simonetti con El disco de Newton que lo publicó  el 2015  y ganó el premio del Consejo Nacional de Cultura y las Artes. Nos muestra una realidad dura. Es un escritor con una sensibilidad muy interesante. Este es su segundo libro de cuentos  y tiene varias novelas. Fue el mismo Marcelo Simonetti el que me recomendó leer Rojo, uno de los 7 cuentos de El disco de Newton.  Esto de nuevo por el chat Instagram. La verdad es que un gran canal de comunicación.

Pensé que solo iba a leerme ese cuento, pero al final el sábado me leí todo el libro. 

El disco de Newton de Marcelo Simonetti y sus 7 cuentos 

En este libro tenemos 7 cuentos, ya lo dije. Comienza con Blanco.

“El asunto es simple”, dijo Mardones. “Pasa lo mismo con los colores. En un momento son siete, los del arcoíris. Haces girar el disco y ya no ves siete colores; solo uno: el blanco.

Blanco, donde nos encontramos con dos compañeros que no se veían hace mucho. Uno, el poderoso, fuerte es de derecha, ex militar, el llamado tigre, Mardones. “A todos nos llega la hora”: Están en un bar y Manuel, el nerd, el  de izquierda relata el pavor en el encuentro que no es tan casual después de todo. No, no les quiero seguir contando….

El segundo cuento, Azul, es el de la infancia, sobre Clara, sobre Lo Martínez nos cuenta el narrador “un pueblito perdido en la cordillera”. Es puro. Aquí Simonetti rescata la tradición latinoamerica de adentrarse en lo pequeño, lo rural. Sucede rápido pero son dos años entre que se inicia el relato y que finaliza. Es increíble, también el más corto. Es sobre el poder del cura, de la fe y de la infancia.

Luego el cuarto es Rojo. Aquí vemos a ex amantes ¿amigos? que se reencuentran fortuitamente en la adultez. Narrado tb primera persona es también el paso del tiempo, en cómo nuestra percepción de un otro se fija y cuesta modificarla cuando nos vemos enfrentados a ella décadas más tarde. Todo cambia. ¿Es Cristina, Cecilia? ¿Es el pasado buscando el presente?  Y ¡cómo olvidar el cuento con Celeste! Aquí es la salud pública, pero tb es el sueño quebrado. Son dos personajes, Luisa y el marido. Está narrado en primera persona y sucede justamente cuando él está a punto de convertirse en papá. Miren el guiño que nos hace Simonetti: “Otra cosa, sería si estuviéramos en Suecia o en Noruega, pensó, y se acordó de Juan Cristobal, que se había ido a Europa exiliado y siempre contaba que allá, en Suecia, el Estado se ponía con todo, incluso si te querías operar las pechugas”. Más adelante, continua “Pero esto no era Suecia ni Noruega ni mucho menos Alemania y las cosas acá siempre se hacía a la chilena, a lo que saliera, y había que darse con una piedra en los dientes si conseguías que te atendieran a tiempo…”.

Con el quinto cuento Verde, Simonettí nos traslada a Valparaíso, pues un buen dato es que él nació allí. En este relato en 3ra persona hay una mirada más íntima y menos enojada. Es Luisito, el mayor de los Rojas, el que apodaban Marciano cuando chico, el que regresa al puerto. Romántico porque cree que va a recuperar a su novia de la juventud. Manuelita. Aquí se contraponen dos mundos: el pobre de Valparaíso con la mirada rica y desarrollada que ha logrado Luis. ¿Quién es más feliz? Ahora ya vamos en el 6to color con con Valparaíso, esos sueños de juventud, ese amor perdido, es la búsqueda de un mejor pasar. Luego Amarillo. Donde se vuelve al amor y a la reinvención. Pero sobre todo al sueño de la ciudad y de insertarse en un mundo onírico. Este es el cuento más surrealista de El disco de Newton. Y llegamos al Negro, el último cuento. Es una propuesta potente, que de seguro le debe de haber traído más de una polémica a Simonetti. Es la historia en tercera de la viuda de un escritor, solo sabemos que se llama Roberto. Ella aún lo llora, pero cede los derechos de una obra póstuma. Y aparece un otro. Otro escritor, así se va enredando la historia de amor, soledad y deseo.

Los temas que aborda conversan muy bien con la contingencia: carabineros que ya no lo son, militares que han dejado el servicio, la salud pública, irse del país para buscar un mejor pasar y regresar sin la felicidad que se soñó, los años de la dictadura,  la iglesia, la vejez, el amor. La vejez ¿qué les parece esta cita?:

“Es increíble cómo la ruina del cuerpo puede convertir a un buen hombre en un monstruo”.

 Simonetti maneja a la perfección las descripciones, los personajes y la ambientación y los diálogos.  Es ágil. Sabe escribir cuentos.  Él me sugirió Rojo para ilustrar el cambio. Yo me quedo con esta frase:

“ Todo cambia, Vicente, todo cambia, pero seguimos siendo los mismos. ”

¿Seguimos siendo los mismos a pesar de que todo cambia? ¿Acaso yo no cambié con el choque? ¿Chile no ha cambiado? Es una visión bien oscura y tenebrosa. Yo quiero ser más positiva que Cristina, la protagonista de Rojo. En negro hay un cambio.  El momento que la viuda recibe el sobre y ve ante sí la realidad. Es el momento del cambio. Alguien se refiere al valor de la literatura:

“La ilusión de la literatura es capaz de crear, de cómo quien habita una historia está a salvo  de la vida.”

¿Entiendes? A veces cuando leemos, así como me pasó el sábado. Porque la literatura es una ilusión y una realidad. Habito en las vidas ajenas para hacerme parte de esa realidad. Eso es lo que logra la buena literatura como la de Simonetti.

Los invito a leer esta fantástica entrevista que le hicieron a Marcelo Simonetti en La Tercera cuando publicó El disco de Newton. .

Como siempre les dejo abierta la invitación a sus comentarios, sugerencias. ¿Cómo? Facilísimo. En Instagram, Facebook o escríbeme a karen@karencodner.com

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