Oda a mis recomendaciones #229
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Un libro y una película sobre los fantasmas del pasado y las heridas que nunca terminan de cerrar.
La Herencia de Eszter de Sándor Márai

La había leído en 2003 y volví a esta breve novela, traducida por Judit Xantus Szarvas y publicada por Salamandra. Desde febrero me he estado sumergiendo en el mundo húngaro, tanto de la preguerra como el de los años comunistas, y esa inmersión ha sido una de las sorpresas más gratas de este año. He leído a una buena cantidad de autores de esa nacionalidad y por eso he vuelto a Sándor Márai, no solo con esta novela, sino también con Confesiones de un burgués y Diarios 1984 a 1989. Desgraciadamente los volúmenes anteriores no están traducidos al español.
La historia es claustrofóbica en el buen sentido: en poco más de 150 páginas, Márai construye un mundo cerrado, denso, donde el pasado pesa tanto como el presente. Eszter vive sola junto a una pariente anciana en la casa que fue de su padre; una vida quieta que podría parecer resignada, pero que esconde una lucidez formidable. Nunca se casó, pero sí tuvo un amor de juventud que la marcó a ella y a toda su familia: Lajos. Cuando él regresa, esa quietud se rompe. Lajos es un hombre complejo, de personalidad limítrofe —o eso nos hace creer el autor—, y su llegada pone en marcha un ir y venir hacia el pasado que es lo mejor de la novela. Eszter sabe mucho más de lo que suponemos; lee entre líneas con una precisión que intimida. Eso la convierte en un personaje memorable. La verdadera pregunta que deja la novela es cómo Lajos, un hombre tan extraño, ha logrado seducir a tantos durante tanto tiempo.
Sándor Márai tiene un estilo inconfundible: retrata con exactitud la Hungría de entreguerras, esa sociedad burguesa que intuye su propio fin, y lo hace desde una prosa intimista que no rehuye la voz femenina. Eszter no es un personaje concesivo ni decorativo; es el centro moral de la novela. Eso, en un autor de su época, no es menor.
Una película: Valor sentimental de Joachim Trier (En Mubi)

Ganó el Oscar a la Mejor Película Extranjera y era un pendiente que cargaba. Quería verla en el cine —donde merece verse— pero al final la vi en la pantalla del avión cuando regresaba de Barcelona. Sabía que me estaba perdiendo algo, que la fotografía de Trier necesita pantalla grande y oscuridad de verdad. Pero la tentación fue demasiado grande, y eso demostró algo: la volví a ver con mi marido apenas llegué a casa. Eso ya lo dice todo.
Aborda la relación quebrada de un padre con sus dos hijas, Nora y Agnes, quienes aprendieron a vivir sin él después de que las abandonó al separarse de su madre. Ambas, ya adultas, lo vuelven a ver tras la muerte de ella. Gustav es un aclamado cineasta con una carrera en declive que aún sueña en grande, y esa distancia entre lo que fue y lo que es le entrega a la película una tensión sorda, casi dolorosa.
A mí me encantó, sobre todo el comienzo: una reinterpretación de Casa de muñecas de Henrik Ibsen que es, de entrada, una declaración de intenciones. Este largometraje no es para cualquiera porque corre lento, hay muchos silencios cargados de complejidad y la carga emotiva se deposita en lo que no se dice. Trier tiene una fotografía fría y luminosa, propia del paisaje nórdico, y sabe dirigir actuaciones muy contenidas. El tono es melancólico pero nunca sentimental en exceso, nunca hace trampa. La cinta equilibra la intimidad teatral —Nora es actriz de teatro— con la frialdad del cine de autor escandinavo, y esa armonía es difícil de lograr.
Esta es la primera película que veo de Trier y no será la última. Me queda pendiente La peor persona del mundo, que también estuvo nominada al Oscar en el año 2021 a Mejor Película Extranjera y Mejor Guion.
Ahora que lo pienso, tanto La herencia de Eszter como Valor sentimental hablan de heridas que no cicatrizan. En una, el regreso de un hombre que debió irse para siempre. En la otra, el reencuentro con un padre que ya no sabe cómo estar. Las dos exploran de qué manera el pasado coloniza el presente, y cómo las mujeres son, casi siempre, las que mejor entienden lo que ocurrió.
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