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Hola hola,
Soy Karen Codner y te doy la bienvenida a la Entrevista Espiral 147 donde, en esta ocasión, hablaré con Claudia Apablaza, escritora y editora chilena, autora de libros como Historia de mi lengua, Diario de quedar embarazada y, su más reciente, La siembra de nubes.
Claudia Apablaza nació en Rancagua, Chile, y ha desarrollado en su obra una mirada aguda en torno a la memoria, el territorio y el lenguaje, transitando entre diversos géneros y formatos narrativos. Actualmente está viviendo en Madrid y continúa con su trabajo de escritura y formación literaria.
En Entrevista Espiral hablamos sobre sus procesos creativos, de qué manera concibe el trabajo de la escritura, y también de su búsqueda por construir una narrativa menos fragmentaria en su última novela. Además, conversamos de la dimensión política que se encuentra en su escritura, de cómo se evita lo panfletario: metáfora y sugerencia.
Por otro lado, abordó su experiencia como editora y fundadora del sello editorial chileno La Mujer Rota, el vínculo y las tensiones que existen al momento de escribir y editar. Conversamos sobre la migración, de su vida en España, de lo que es para ella la maternidad y de qué manera en su obra vuelve una y otra vez a los territorios de su infancia: como un refugio.
Finalmente, nos adelanta Cita previa, su próxima novela, un proyecto que reflexiona en torno a la experiencia burocrática de la migración.
Recuento personal
Ya cumplí un mes en Chile y ha sido intenso. Además, se comienza a sentir el otoño por aquí y eso me encanta. Hoy grabo en un día gris, con algunas gotas y una taza de té en la mano.
Esta semana volví con todo a los talleres de lectura de los que no queda ningún cupo disponible, algo que, obviamente, me tiene contenta. Me costó tomar el ritmo de preparación y organizarme pero con el deadline cerca, no me quedó otra. En el de los martes, que es sobre novelas de Europa del Este, tengo varias alumnas nuevas y en el de Cuentos Made in USA, a dos hombres que se suman por primera vez. La presencia femenina tiene más fuerza –me encantaría saber el motivo– en este tipo de actividades. Me imagino que las mujeres tendemos a necesitar más la sociabilización para procesar el contenido o valoramos más la interacción entre pares. Quizás esté profundamente equivocada, pero lo importante es que en el grupo de los miércoles hay cuatro hombres de un total de quince personas.
La semana pasada fui al lanzamiento de la última novela de Alejandra Costamagna que se llama Dónde puedo dejarlo y fue en el Centro Cultural de España, estaba lleno y lo disfruté mucho. En Barcelona aprendí que es muy importante asistir a este tipo de eventos, ya que me ayuda a vincularme más con el mundo de la literatura. Con Alejandra solo nos conocíamos virtualmente, cuando la entrevisté para Espiral en el programa #68.
Quizás la gran noticia o el gran evento del mes fue el conversatorio que realizamos en el Centro Cultural El Tranque con Marcelo Simonetti y Andrés Montero. El auditorio se llenó y en una hora repasamos la vida de ambos autores, conversamos sobre inteligencia artificial y también sobre cuánto marca el territorio en el oficio. Quedamos muy contentos y fue muy bueno, al igual que con Alejandra, vernos e interactuar en persona. Si bien con Marcelo ya había estado, no con Andrés. Podrás escuchar esta conversación y el Cuestionario Espiral en mayo.
Volví a practicar yoga y me cuesta mucho, estoy tan poco flexible que no puedo mantener las posiciones, me duele o me canso. Pero de verdad quiero perseverar, sé lo bueno que es. El domingo 3 de mayo voy a correr una media maratón en Mendoza, ojalá se acuerden de mí y me manden buenas vibras porque las voy a necesitar. No he corrido esa distancia desde la maratón de Valencia que se realizó a fines del 2024.
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Ahora, los invito a escuchar la entrevista en profundidad con la escritora chilena, Claudia Apablaza.
Entrevista a Claudia Apablaza
KC: Hola, Claudia, ¿cómo estás?
CA: Hola, Karen, ¿cómo estás? Muchas gracias por esta invitación.
KC: Muy bien, contenta de tenerte aquí en Espiral. Tú estás en Madrid y yo estoy en Santiago de Chile. Cuéntame, Claudia, ¿qué te interrumpí? ¿Qué estabas haciendo antes de conectarte aquí a Espiral?
CA: Estaba leyendo una novela que estamos editando de una alumna, porque la va a presentar a una editorial. Estamos haciendo el trabajo previo de edición, antes de que ella la presente a evaluación en algunas editoriales. Y estaba haciendo la segunda revisión, ya le dimos una vuelta al primer texto y ahora estamos haciendo la edición final.
KC: ¿Cuántas alumnas tienes o alumnos en general?
CA: Ahora estoy con dos talleres fijos, los martes y los miércoles. El taller de los martes es uno de escritura autobiográfica que se llama «Un cuaderno con mi nombre» y el de los miércoles es de escritura de novela, se llama «Primer capítulo». Entonces nos dedicamos con las chicas a escribir el primer capítulo de una novela, entendiendo que el primer capítulo puede ser casi la novela completa. Es como un concepto que hemos ido aterrizando de a poco en la medida en la que el taller avanza, ya que para algunas su primer capítulo se desarrollaría en las primeras cinco páginas o para otras sería trabajar un texto mayor, entonces depende. A parte, tengo otras alumnas particulares con las que reviso novelas que quieren presentar a editoriales y las editamos. En total debo tener unas quince alumnas.
KC: ¿Y todas online o algunas presenciales?
CA: Los miércoles es presencial y los martes virtual, y las alumnas que son particulares hay algunas presenciales y otras virtuales.
KC: Hicimos esta introducción casi por curiosidad personal. Aunque debo aclarar que con Claudia nos vimos en su librería, que tiene con su marido Jorge Núñez, Estrella Distante. Nos conocemos hace muchos años.
CA: Hace muchos años, no sé exactamente desde cuándo. Creo que debe ser 2015, no sé si antes de la publicación de Diario de quedar embarazada. Porque tú conociste a mi hija recién nacida.
KC: Trabajamos juntas Respirar bajo el agua. Y tengo que dar el crédito a Claudia, fue a ella a la que se le ocurrió el título. Y después trabajamos el libro Memoria viva. Claudia, vamos a entrar en materia y lo primero que quiero comentar es La siembra de las nubes, encuentro interesante que lo hayas publicado con dos editoriales, con Seix Barral Chile, y también con Almadía en México y España. ¿Cómo son esos dos procesos paralelos? ¿Y cuánto se diferencian? Almadía es una editorial mucho más pequeña, independiente, mientras que Seix Barral es una grande.
CA: Sí, tal como tú dices. El proceso de edición fue en paralelo, porque la novela fue aceptada por ambas editoriales en tiempos bastante cercanos. En Almadía la aceptaron en septiembre de 2024 y se publicó en septiembre de 2025. En Seix Barral Chile, creo que firmé el contrato entre diciembre de 2024 y enero de 2025.
Entonces, el trabajo editorial se desarrolló de manera simultánea con ambos equipos. Por un lado, trabajé con mis editores mexicanos, Guillermo Quijas y Vania Reséndiz, junto con el apoyo de Pati Salinas, editora de Almadía en México. También apoyó el proceso Pepe Pulido, de Almadía España. En paralelo estuve trabajando el texto con Juan Manuel Silva Barandica, quien está a cargo de literatura en Seix Barral Chile.
Fue un proceso de edición que se iba complementando. La experiencia fue muy rica, porque las miradas editoriales eran distintas, evidentemente, pero creo que se complementó muy bien ese ejercicio, la mirada de ambos editores. Fue, además, una experiencia que ya había trabajado antes, mi libro anterior, Historia de mi lengua, se publicó en Ediciones Overol en Chile y en España lo publiqué con Ediciones Comisura, que es otra editorial independiente.
KC: ¿Cómo es publicar en España y México, dos países tan grandes con tasas de lectura tan altas?
CA: Yo ya había tenido la experiencia de publicar tanto en España como en México, y evidentemente eso siempre depende de la editorial con la que trabajas. Por ejemplo, en 2010 publiqué Diario de las especies con Ediciones Barataria en España, y ese mismo libro también se publicó en México con Jus Ediciones. Sin embargo, esta vez la experiencia ha sido distinta. Creo que tiene que ver con que el catálogo de Almadía está creciendo mucho, ya que es una editorial que lleva veinte años funcionando y se asentó en España hace tres. Entonces, su catálogo está tomando fuerza, está ganando espacio dentro de las publicaciones que se realizan en España como editorial latinoamericana que, además, publica en su mayoría a autores latinoamericanos. Ha sido una experiencia bastante completa, compleja, y también trabajan muy bien tanto la edición como la difusión de los libros.
KC: Claudia, vamos al contenido de La siembra de nubes. Es una historia compleja, ya que tiene varias historias paralelas, varios escenarios narrativos Pero, ¿qué te llevó a escribir sobre la siembra de nubes, algo tan científico, tan alejado de tu expertise o el mundo en el que tú vives, que es literatura y más literatura y edición? ¿Qué te motivó a esto y cómo fue el proceso de apropiarse de una voz tan distinta en términos de conocimiento, no de personalidad?
CA: En principio, el personaje de La siembra de nubes, que es Amelia, es una bióloga que uno de sus temas es la generación de la lluvia artificial y cómo esta lluvia artificial ataca distintos ámbitos de nuestro vivir cotidiano, desde los cultivos hasta la alimentación. Esta es una práctica que se empezó a realizar en el año 1950. Curiosamente, la descubrió el hermano de Kurt Vonnegut, autor de Matadero cinco.
Es, además, una práctica que se usa en distintos países del mundo. En Chile también, se realiza en zonas de mayor sequía, sobre todo, por ejemplo, en la cuarta región y en zonas donde las ciudades dependen de la agricultura. Por ende, no es un tema ajeno a mi vida, porque yo soy de la sexta región, mi familia es de la zona, de Requínoa, de Las Mercedes, San Vicente, San Francisco de Mostazal, no de las grandes ciudades y mis abuelos se dedicaban a los cultivos.
Sé que pareciera que es una historia que no se relaciona conmigo, pero sí lo hace. Tiene mucha resonancia en mi vida, porque para mis abuelos era fundamental la lluvia, cuando no había era una especie de desastre familiar, porque afectaba la economía.
En un principio, antes de elegir el oficio de Amelia, la trabajé a ella como una académica que se dedicaba a investigar algo, algo que ni siquiera recuerdo qué era, pero era sobre literatura, pero ese oficio no conectaba mucho con el libro, no conectaba con esta memoria familiar que estaba trabajando. Llegué a la idea de que ella tenía que investigar algo relacionado con los cultivos, la siembra. Luego comencé con la investigación y llegué a este oficio tan bello pero al mismo tiempo tan destructivo. Porque suena muy poético, pero tiene un lado oscuro, ya que se le inyecta a las nubes ciertos tóxicos para hacer llover de manera artificial y de esa manera combatir las sequías. También se ha utilizado esta práctica como un arma bélica, para generar inundaciones en ciertas ciudades. Me demoré más o menos cinco años en terminar de trabajar este libro.
Finalmente me decidí y el oficio de Amelia sería investigar esta técnica, pero que al mismo tiempo no estuviese de acuerdo con ella. Por ende busca otras alternativas, como la captura del rocío por ejemplo, para combatir las sequías. Por ahí fue desarrollándose el libro: por memoria familiar y por la conexión con los oficios de mis abuelos.
KC: Has dicho que te interesa la escritura más como proceso que como resultado. Si lo ves como un proceso, y este libro lo empezaste en 2019, ¿qué fue distinto en esta novela?
CA: Yo me puse como objetivo escribir una novela un poco más extensa y un poco más narrativa. En Historia de mi lengua y Diario de quedar embarazada había trabajado otro tipo de formatos. Me había centrado, por ejemplo, en trabajar el formato diario o textos más fragmentados. Con La siembra de nubes me propuse hacer una novela más narrativa, no utilizar las mismas herramientas que he utilizado en libros anteriores. Entonces, en base a eso, también comencé a releer algunos autores, entre ellos Alejo Carpentier, fundamental y que aparece mencionado en el libro. Con ese tipo de lectura comencé a tomar ese tono de novela de más largo aliento, no tan fragmentada y más narrativa. A pesar de esto, hay personas que me dicen que sí está fragmentada y la verdad es que yo la veo como un trabajo mucho más lineal.
KC: No, no está tan fragmentada. Sí hay una especie de fragmentación, pero no es algo que yo definiría como una novela fragmentada.
CA: Exacto.
KC: Diría más bien que hay muchos registros. ¿Cómo es tu relación entre el estilo, la trama y la metáfora?
CA: Yo trabajo esas tres capas de forma independiente. Lo primero en el proceso es una escritura media en bruto, que no atiende a estos tres elementos que mencionas, de manera significativa, sino más bien una escritura visceral, donde no reviso. Simplemente escribo. En un segundo momento, comienzo la revisión del texto en base a cada una de esas líneas de trabajo (estilo, trama, metáfora). En cierta medida, en una primera escritura, todo eso está unificado y en una segunda ya comienzo a trabajar por capas. Además de trabajarse la trama y el estilo, también veo los personajes y la temporalidad, por ejemplo. La metáfora también la trabajo aparte. Lo ideal de esto es que no se noten las costuras del trabajo.
KC: Yo creo que es como cocinar, que a veces falta sal o le sobra la sal.
CA: Exactamente.
KC: Es más grave que te sobre sal, que te falte, pero siempre hay formas de subsanarlo, pero con mucho trabajo. Claudia, has dicho que evitas una literatura panfletaria, pero, ¿cómo sostienes ese límite? ¿Cuándo sabes que ya no es panfletario? ¿Cómo sabes que de cierta forma estás haciendo una escritura política? Porque hay un tremendo mensaje, pero sin caer en lo panfletario, ¿cómo se hace eso?
CA: Cuando estoy escribiendo debo evitar los momentos discursivos de los personajes, o el narrador, en los que hablan del tema explícitamente. Cuando el texto se vuelve informativo o discursivo, de inmediato cae en lo panfletario. Por ende, se debe trabajar la metáfora, debe quedar expuesto pero no dicho. Es una dificultad, de todas maneras, llegar al punto de no decir, pero el lector lo ve porque el escritor sí lo puso en evidencia.
KC: Claudia y para ti, ¿la escritura es necesariamente política?
CA: No, yo creo que al menos la mía sí, y la de otras escritoras también. Pero no siempre debe ser política. A veces es una suerte de estética, pero para mí es importante que haya una denuncia dentro de un libro, ya sea de cualquier tema que se trabaje. En La siembra de nubes trabajo el tema del medioambiente, por ejemplo. En Historia de mi lengua, la migración; en Diario de quedar embarazada, el tema del embarazo, todo desde una mirada crítica. Creo que esa mirada prevalece en mis textos.
KC: Bueno, quiero hablar de esta tensión, te salió la parte editorial sin darte cuenta, de eso se trata el trabajo de los editores. Tú tienes una editorial llamada La Mujer Rota, debe ser difícil sostener una editorial hoy. ¿Qué te lleva a seguir con este proyecto?
CA: La editorial la fundé hace once años, comenzó a funcionar en mayo de 2015. Para mí es uno de mis oficios fundamentales, la edición es otro de los oficios que me hace muy feliz, además de la escritura. Me gusta acompañar en los procesos de edición y difusión de la obra de autoras chilenas o latinoamericanas. También tenemos traducción, por ejemplo, tenemos a Annie Ernaux, a Kathy Acker, autoras que para nosotros han sido muy importantes dentro del catálogo. La idea también es visibilizar el trabajo de ciertas autoras que por lo menos en Chile no son muy conocidas.
No sé si sabías que está entrando un nuevo equipo en la editorial. Si bien seguiré como fundadora, detrás del proceso editorial y acompañando al nuevo equipo, he decidido que entre nueva gente porque estoy enfocada en otras cosas, en otros proyectos. Si bien digo que la editorial también me ha hecho feliz, ha sido muy difícil de llevarla adelante, en todos los sentidos, emocionales y económicos. Entonces el nuevo equipo puede darle un nuevo aire. Ahora que vivo en Madrid, no puedo acompañarlos en todos los procesos, en las presentaciones de los libros ni en la difusión de su obra. El trabajo editorial se puede hacer a la distancia, pero después viene todo un proceso de visibilizar los libros donde es importante que la editora esté presente. El nuevo equipo comenzó a trabajar este año y sacarán su primera publicación ahora en mayo del 2026, y estará en La Furia del Libro.
KC: Claudia, siempre me he preguntado cómo dialogan la escritora y editora al momento de trabajar un proyecto de creación personal. Cómo a veces hay que callar a la editora y otras a la escritora.
CA: Es complejo, porque si yo fuera mi editora, no tomaría las decisiones que tomo como escritora. Eso es muy heavy. Me doy cuenta que tomo muy buenas decisiones para mis autoras en términos editoriales, pero no sé si tomo las mejores decisiones para mí en términos editoriales como autora. También esa es una de las razones que me ha llevado a abandonar el proyecto editorial, porque para mí la escritura es un lugar muy importante en el que no me he podido centrar del todo. Pero como proceso de trabajo, estos dos lugares siempre discuten dentro de mi proceso interno.
Como te digo, yo como autora siempre estoy intervenida por esta editora que soy, pero desde un lugar ajeno, ya que no logro editarme a mí misma. Entonces, creo que puede existir un tercer lugar en el que me sienta cómoda y pueda complementar estos dos ejercicios, saliéndome un poco del oficio público de la edición. A mí me encanta editar, me encanta revisar textos, pero también siento que tengo que centrar más mi energía en mi proyecto creativo.
KC: Hace cuatro años que tú con tu marido y tu hija, Elo, se fueron a vivir a Madrid. Hace poco Jorge abrió la librería Estrella Distante. La idea era salir de Chile para un doctorado y hoy estás cursando un postdoctorado. Tienes una hija chilena, pero que seguramente es más española que chilena hoy en día en su forma de pensar, de expresarse. En este viaje, que he resumido tan burdamente, ¿cuál ha sido el momento más complejo?
CA: Yo ya había vivido antes en España. Había vivido en Barcelona, vine a hacer un máster en el año 2006, y finalmente estuve seis años. Me fui quedando hasta el año 2013, y después volví a Chile. Pero siempre estuve con la inquietud de volver a España, entonces regresé a España a fines del 2021. Cuando volví, terminé mi doctorado en la Complutense de Madrid. Pensamos que veníamos por un año, pero finalmente nos fuimos quedando, como tú dices, comencé un postdoctorado en la Autónoma de Barcelona, que terminé hace unos meses.
Sí, ha habido situaciones complejas, pero no sé si me quiero referir largamente a ello, porque ya siento que he procesado mucho esa información. Mi hija estuvo enferma acá, estuvo hospitalizada y fue un momento muy duro, fue el momento más difícil estando acá, también el más difícil de mi vida.
KC: ¿Quedó con secuelas o quedó bien?
CA: Quedó bien, súper bien, pero estuvo bastante tiempo en el hospital.
KC: Qué duro eso, Claudia. Entonces hablemos de tu momento más pleno. ¿Cuál recuerdas como uno de los momentos más plenos o felices de estos años?
CA: Los más felices, creo que pienso en dos momentos. Uno es la publicación de mis libros, o sea, tampoco esperé que se publicaran tan pronto acá en España. La verdad, para mí también es importante publicar acá en España, no solo en Chile, ya que estoy viviendo acá, haciendo comunidad. Por otro lado, la visita de mis padres, poder compartir con ellos. Una de las cosas que más extraño de Chile, evidentemente, es a mi familia.
KC: Claudia, hablemos del tema económico. ¿Cómo se sostiene la vida de una escritora? ¿Es factible vivir como escritora?
CA: El otro día justamente estaba con tres libros, uno que se llama Dinero y escritura de Olivia Teroba, que acaba de publicarse en la editorial Las afueras. Otro es de Violeta Niebla, Todo lo que hice por dinero, que salió por Blackie Books. Y un libro de Rosario Bléfari, Diario del dinero. Me gustan mucho, las tres abordan el tema de la economía en relación a la vida de una artista, de una escritora, y de qué manera terminan sobreviviendo, En el caso de Bléfari, construye un diario de gastos, por ejemplo, apunta cuando se compra un café, cuánto le costó, una magdalena, etcétera. Mientras, Teroba reflexiona mucho no solamente sobre cómo vive una escritora, sino que también cómo el mercado responde frente a una autora, una independiente, no una best seller.
Entonces, yo creo que en general las autoras vivimos de distintas fuentes, entre ellas, hacer talleres, clases en universidades, editar textos, y esos trabajos aportan, dependiendo de qué tipo de escritora seas. En algo contribuye, pero no es la fuente base desde la cual podemos sostener nuestra economía. Es una constante búsqueda además, porque, finalmente, decidimos trabajar de forma más bien autónoma, independiente.
KC: Diario de quedar embarazada y La historia mi lengua me calaron hondo. Las recomiendo. Existe un fuerte juego metaliterario en ellas, también autoficción —término que no te gusta—. Pero me gustaría detenerme en Diario de quedar embarazada, donde cuentas el deseo que tiene la protagonista por embarazarse, sin que importe tanto quién es el padre o cuestionárselo.
CA: Exacto.
KC: Y ahora que eres mamá, ¿Cuál es el rol que para ti juega Jorge, el padre de Eloísa, en este mapa? ¿Cómo ves ahora la figura paterna?
CA: En Diario de quedar embarazada, más que el tema de la maternidad como tal, yo creo que trabajé mucho el tema del deseo, el tema de esta mujer que desea estar embarazada más que ser madre, entonces no me inmiscuí en el tema de la maternidad. También en él trabajo la enfermedad del cuerpo, por medio de que esta mujer se enferma producto de algunas alergias. Ahora bien, luego aparece una figura fundamental, que es parte del proceso de embarazo. En ese sentido, sí he trabajado la figura masculina, pero si bien es parte, no acompaña como tal, observa la situación desde otro lugar, desde una óptica diferente a diferencia de cómo lo hacen las otras protagonistas de mis libros. Entonces en Diario de quedar embarazada, esta mirada desde la masculinidad es muy distinta, también en Historia de mi lengua y en La siembra de nubes. En este último, por ejemplo, las masculinidades son puestas en juego bajo diferentes lugares: uno desde el deseo, otro desde la violencia y otro desde las relaciones más efímeras, un último desde las relaciones más estables. Entonces, esas figuras, que si bien están presentes, me gusta exponerlas desde diferentes lugares.
KC: Vienes de una familia súper constituida y no creciste en Santiago, sino que lejos de los centros neurálgicos de Chile, pero en el camino tomaste decisiones que te han alejado de esa realidad que tuviste en tu infancia, entonces, ¿cómo ves hoy en día esos territorios desde Madrid?
CA: Son territorios a los cuales siempre quiero regresar. Viví mis primeros ocho o nueve años en San Francisco de Mostazal que, además, es un pueblito que queda entre Santiago y Rancagua. Ni siquiera es una ciudad, ahora sí es más grande, las calles están pavimentadas y no es el pueblo que recuerdo. Entonces, manifiesto en mis libros que quiero volver a esos pueblos, en Diario de las especies la protagonista solo quiere volver a San Francisco de Mostazal. Y Amelia, de La siembra de nubes, siempre quiere regresar a Las Mercedes, que ahí es donde vivían mis abuelos.
Si bien he vivido en grandes capitales, como en Santiago de Chile, en Barcelona y en Madrid, siempre tengo nostalgia por regresar a los pueblos de mi infancia. También escribo desde esos lugares, mi trabajo no es desde los centros neurálgicos, sino que siempre existe una melancolía por esas ciudades o bien, mis personajes habitan esos pequeños pueblos.
En La siembra de nubes, también, Amelia siempre está en Las Mercedes, siempre está en Requínoa, se va a Banff, Canadá, un pequeño pueblo en las montañas. Pero está siempre con nostalgia por la vida que ha tenido en esos pequeños pueblos. A mí me pasa algo similar, si bien habito acá en Madrid, no sé si abordo la ciudad como si la estuviera habitando. También soy de estar en casa y apenas puedo salgo de la ciudad.
KC: Qué lindo, es muy lindo, eso quiere decir que es tu refugio.
CA: Sí, es un refugio totalmente.
KC: Claudia, quedan dos preguntas. ¿Por qué no te gusta el término autoficción?
CA: Ay, dije que no me gustaba, no sé, es que paso por etapas.
KC: ¿Y ahora te gusta?
CA: Es un concepto muy académico, eso me pasa. No es que no me guste, es un concepto que funciona muy bien para ciertos textos pero en cuanto a la escritura se desvanece un poco. No sé si se escribe con conceptos. Además, es un término manoseado que finalmente pierde su espesor. Pero, en términos descriptivos, funciona bien si se quiere usar para una explicación más académica o describir ciertos textos. A veces siento que la academia reduce las cosas y esas prácticas no me gustan.
KC: Cuando nos vimos me contaste que tienes lista otra novela.
CA: Sí.
KC: Cuéntanos un poco de ella. ¿Tiene título?
CA: Se llama Cita previa. Esta novela lo primero que tuvo fue el título. Esas cosas a mí me pasan bastante, poner un título antes de escribir. Pienso que el título resume todo, cuando existe creo que ya tengo la novela en mi cabeza. Luego falta el proceso de escribirla. Cita previa, entonces, nace de una experiencia un tanto kafkiana que he vivido acá, que viven varios migrantes, y no solo migrantes, evidentemente, que es pedir citas para realizar trámites.
KC: Burocracia.
CA: Burocracia. Entonces, hay que pedir cita para trámites en extranjería, para firma electrónica, documentos de identidad, etcétera. En Chile también lo he tenido que hacer ahora que vivo en España. Entonces comencé a trabajar este texto en base al concepto de la imposibilidad, pero tiene dos líneas, por un lado, la cita amorosa y por otro, la cita burocrática. Por ahí están configurados estos procesos, la palabra tiene estos significados, digamos.
KC: Claudia, antes de cerrar aquí, quiero saber ¿Cómo te ves en diez años más? ¿Qué sueños tienes?
CA: No tengo mucha claridad. Antes siempre me pensaba escribiendo mis libros en un lugar idílico, siempre teniendo la posibilidad también de viajar a Chile, pero ahora no sé si me veo regresando. Entonces, ahora no tengo muy claro cuáles son mis sueños, lo he pensado pero se me diluye la respuesta.
KC: Te quiero dar las gracias por haber estado hoy día en Espiral. Creo que ha sido una conversación interesante, muy entretenida, yo lo he pasado muy bien, y espero ver pronto Cita previa publicada.
CA: Yo también.
KC: Muchas, muchas gracias.
CA: Muchas gracias, Karen, por la invitación.
Cierre
Así termina esta conversación con Claudia Apablaza.
Autora chilena que ha trabajado en su obra una aguda visión de la memoria y el territorio, y ha hecho de la escritura un ejercicio que requiere paciencia, además de construirse por capas.
En esta entrevista se evidencia no solo a una narradora que investiga y profundiza en los temas que trabaja en su obra, sino que también es una autora que habita una dualidad entre la escritura y edición, entre lo que significa el vínculo íntimo con la tierra de su infancia y el migrar.
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Chaooooo
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