Javier Marías y el cuasi estado islámico en Estados Unidos

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         El blog de Javier Marías “La Zona Fantasma” es una buena forma para conocer las opiniones del escritor, siempre con su estilo rápido, cautiva con su vocabulario e ideas. Y me hace pensar.

    Marías es políticamente incorrecto, considera que la espontaneidad está siendo aniquilada frente a un exceso de regulación, costumbre que hemos importado desde Estados Unidos: “la imitación y copia de las represiones estadounidenses está acabando con toda espontaneidad y está llevando a que todo esté regulado, cuando no directamente prohibido, como en el Estado Islámico”.

 

¿Se parece a esto Estados Unidos?
¿Se parece a esto Estados Unidos?

       ¿Qué creen? De cierta forma coincido con Marías, nos volvemos cada vez más amigos de normar el comportamiento público (hace poco, unos diputados querían prohibir que los chilenos ocupemos audífonos en la calle), la libertad para decidir sobre lo que está bien o mal depende de otros, ya sea del Estado, de las ONG, de la ONU, de los ecologistas, en fin, de otros. Nunca del individuo.  Pero muy diferente es creer que Estados Unidos o cualquier nación que aboga por el bienestar común es cuasi un estado islámico (reconozco que cuando viví en Norteamérica a ratos me sentí sofocada, el exceso de normas y regulaciones me hacían querer revelarme, pero agradezco el respeto por el otro, por la diferencia).

       Nadie quiere vivir en la ley de la selva (como sucede aquí en la costa chilena, donde los adolescentes beben a destajo en la calle, hasta orinan en la playa y quién sabe qué otras cosas). Hasta me imagino que nuestros legisladores van a regular los piropos que lanzan los trabajadores de la construcción cosa que Marías considera positiva. O incluso, los diputados crearán una ley que impida mirar la pantalla del celular mientras caminamos, pero insisto, una cosa es regular,  la otra es prohibir y matar en caso de que se infrinja la ley (el escritor español debería darse una vuelta por Afganistan o Irán).

Ten una lectura propia. 

La Underwood de hoy

mc3a1quina-de-escribir-underwoodc2b42     Escribo esta nota en la pantalla de mi Ipad, simulando es una maquina de escribir. Nuestro querido Tom Hanks (el actor, el director) mandó a hacer: la “Hanxs Typewriter”. Chicos, es difícil volver a la universidad, sin el liquid paper hubiera sido imposible sobrevivir. Oh, claro que ha pasado el tiempo (mientras escribo, mi hijo de doce años me pregunta qué es ese ruido). Puede ser que muchos de usted también lo ignoren. 

    En la “Hanxs Typewriter” no existen los tildes, el teclado es en ingles (los del Sur parece que somos invisibles), por eso las faltas ortográficas (disculpas). Se imaginan al escritor Javier Marias tipeando en un teclado gringo? Porque el sigue haciendo sus libros a la antigua.

    Veo mis errores subrayados en rojo, y si bien esta la opción de “delete” ( bendita linea roja), también se puede ir sobre esos errores, presionar con el dedo y como arte de magia, seleccionar la palabra bien escrita. Cuantos dolores de cabeza me habría ahorrado en periodismo con esa función, yo era un horror con la acentuación”. El sonido esta muy fuerte, así que casi lo silencio por completo, como un susurro.

    Este artificio, -de casi creer que estas con una maquina-   me suena a botox, pero del que esta mal puesto. Si lo que deseas es
realmente tipear (como cuando era pequeña y me fascinaba jugar a la secretaria) anda y consigue una Underwood en eBay ( imposible dejar de nombrar a Francis Underwood en “House of Cards” que escribe aun en una de estas maquinitas). Reconozco que hasta este momento yo también quería ser como esos escritores de antano (perdón no existe enie) pero ese sueno romantico se puede quedar enterrado. Mejor me compro la Underwood para decorar mi taller y hacerle un guiño de vez en cuando. 

 

Ha vuelto a llover, que alivio. Ojala todos nos detengamos unos segundo a observar nuestra cordillera. Una lectura propia. 

Ten una lectura propia.

pd: los tildes, las enes, los signos de interrogacion, el teclado no me lo perdono.