El Calbuco, el Villarrica y yo.

Calbuco

    Queridos amigos, otro volcán nos está hablando. Al cielo se van esas nubes cargadas de energía, al cielo corren a volar como si quisieran escapar de nuestro Chile.

     El Calbuco, así se llama este volcán, esta caldera que hoy hierve y nos maravilla con su fuerza.

   Sale el humo con rapidez, tanto que uno piensa que se cansó del silencio que mantuvo por 42 años. Mi edad.

    Cuando era pequeña me gustaba observar el Volcán Villarrica. Recuerdo esas noches en Pucón (todavía era la década del 80) cuando el pueblo aún tenía sus calles con ripio, no existían los restaurantes ni supermercados enormes.

Gran Hotel Pucón 1930
Gran Hotel Pucón en 1930

    Cuando aún la Nora diariamente nos traía pan amasado y el Loco nos llevaba a pescar al Trancura. Ese Loco, un pescador que me enseñó a disfrutar la tranquilidad que se produce sobre un bote de madera rodeada de vegetación nativa. A regocijarme cuando el pez se comía el anzuelo.  El Loco gritaba  “nalai chalhua” cuando la pesca estaba mala. Le gustaba ponerle harta   mantequilla a la sartén para que el pescado quedara rico, a tomarse un buen tinto y a descansar en la orilla del río luego del opiparo almuerzo. Ese Loco murió joven, educaba con cariño y responsabilidad a sus hijos y vivía en la calle Lincoyan. Por entonces todavía quedaban truchas, todavía los turistas no habían invadido la naturaleza. Todavía.

    Como les contaba, en las noches me gustaba observar al Villarrica. Me sentaba en la ventana a mirar cómo corría la lava. La veo allí, un riachuelo de masa fosforescente, iluminando la oscuridad con sus naranjos, rojos y hasta azules. Era un camino fino y delgado.

villarrica

    Chile, país de volcanes, de lagos y de desierto. Chile, país de desastres.

    Hace poco sucedió en el norte, en Copiapo.

temporalchilenorte6.jpg_1572130063    Allí las inundaciones convirtieron ciudades en barro, casas en ruinas, colegios en edificios abandonados.

    Y ahora, al sur, vemos al Calbuco.

    Ay Chile, ay la naturaleza que vive y nos sorprende.

    Ay Día de la Tierra.

Ten una lectura propia. 

Jan Karski en Chile

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    Esta mañana tuve el privilegio de asistir a la inauguración de “Jan Karski”, auspiciada por la embajada de Polonia en Chile, el Museo Interactivo Judío y Fundación Memoria Viva. Digo privilegio porque fue una oportunidad para conocer de cerca de Karski.

    No vayan a pensar que él es chileno, o que está vivo o que fue escritor. Nada de eso.

  Jan Karski fue un polaco que durante la Segunda Guerra Mundial se encargó de dar a conocer el mundo las atrocidades que los nazis hacían con los judíos. Fue un hombre valiente, se adentró en el Guetto de Varsovia y también en Belszec, un campo de exterminio, donde conoció de primera fuente lo que sucedía.

   Entonces su vida jamás volvería a hacer lo mismo. Viajó a Gran Bretaña y a Estados Unidos. Se reunió con el ministro de Relaciones Exterior Británico, Anthony Eden y el presidente de los Estados Unidos, Franklin Delano Roosevelt. Pensó que sus palabras tendrían impacto, que por fin los mandatarios pondrían termino a la calamidad.

    Roosevelt, en cambio, le preguntó sobre los caballos polacos.

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    Quiero compartir con ustedes las palabras que leí en la inauguración.

    Estimados embajadores, rabinos, profesores y alumnos, queridos amigos:

 

Los Estados y naciones no tienen conciencia. Solo los individuos. (palabras de Jan Karski).

 

    Dudo que yo habría podido. Seriamente. Ir a hacer justicia por otros, por ellos que no pertenecen a mí, que no son parte de mi sangre ni de mi historia. Simplemente son ellos.

    Lo vemos en Siria, lo vimos ayer en Kenya, los vimos hace unos años en Ruanda.

    Lo vimos hace setenta años en Europa.

     Y Jan Karski sí pudo. Cuando nos ponemos a pensar en qué significa ser un gran hombre o una gran mujer, equivocadamente buscamos a esos líderes que están a la cabeza de una nación o crean instituciones.

   A veces, simplemente, los más magnos, son aquellos que con sus actos dan testimonio de que aún existen personas nobles.

   Porque Karski era polaco. Era católico. Era un hombre como cualquiera.

   Lo que lo distinguió no solo fue el coraje de ir donde nadie deseaba, sino de ver un guetto, de ver un campo de trabajos forzados, de ver un crematorio.

   Ver.

   Y cuando vio, supo que su vida sería distinta.

  Él fue incapaz de regresar a la comodidad de su casa, a la seguridad de la familia.

   No salvó a un solo judío, pero salvó a la humanidad.

 

  Primero vinieron a buscar a los comunistas, y yo no hablé porque no era comunista. Después vinieron por los socialistas y los sindicalistas, y yo no hablé porque no era lo uno ni lo otro. Después vinieron por los judíos, y yo no hablé porque no era judío. Después vinieron por mí, y para ese momento ya no quedaba nadie que pudiera hablar por mí”

Nota: 1945, Martin Niemöller (pastor protestante, 1892-1984).

 

    Jan Karski es la prueba de que sí podemos hacer la diferencia en este mundo. Porque Karski no esperó a que vinieran por él, sino que justamente hizo lo contrario. Con valentía fue donde esos gobernadores que no querían saber. Esos grandes líderes de Occidente, habló con Churchill y Roosevelt y así hoy sabemos con seguridad que esos líderes supieron del horror. Y no quisieron hacer nada.

    Karski les dijo: un pueblo completo será destruido. Karski Dio voz a los judíos que sufren y mueren.

   Al momento de recibir la distinción de Justos entre las Naciones que otorga Yad Vashem, aseveró: Yo mismo me he convertido en un judío. Así como la familia completa de mi mujer fue borrada en el guetto, en los campos de concentración y en los crematorios, de esta forma todos los judíos asesinados se han convertido en mi familia. Pero yo soy un judío cristiano… Soy un católico practicante. Mi fe me dice que la humanidad ha cometido un segundo pecado original. Este pecado perseguirá a la humanidad hasta el fin de los tiempos. Y así deseo que sea.

   Al recibir la nacionalidad israelí por gracia, en 1994, declaró que era el día más significativo de su vida. Por medio de la entrega de esta nacionalidad, he alcanzado el nivel más alto al que puedo aspirar de mi religión católica. De cierta manera me hago parte de la comunidad judía…Y ahora Jan Karski, por nacimiento Jan Kozieleswski –un polaco, un americano, un católico- también se ha convertido en un israelí.

   En mis clases no hablo sobre el Guetto ni Belszec, me he disciplinado para no pensar en eso.

   La indiferencia del mundo, la indiferencia del mundo y los judíos murieron.

 

 

    Deseo concluir con un poema que escribió en honor al profesor Karski una estudiante y escritora, Janet Daley:

 

                           Karski ( En memoria de Jan Karski, un heroe de tiempos horribles)

 

Yo estaba en molesto.

Ellos no podían verme.

Ellos no querían verme.

Ellos no querían escuchar

El mensaje que llevaba

sobre el destino de los judíos.

Quizás yo tenía el rostro equivocado

mi animo torturado, mi voz dolorosa,

mi polaco con entonación,

mis ojos que destellaban el horror

de lo que había visto, contaba una historia

que nadie quería creer, y aún,

una que era de lo más aceptada

en los círculos de poder de ese tiempo.

Ellos sabían, pero me mandaron de regreso.

Ellos no tenían tiempo para mis informes

Los gobiernos, las iglesias, las elites.

Auschwitz.Birkenau no estaba en sus mapas,

tampoco en sus compases morales. “¿Qué

sucede con la condición de los caballos polacos?”

Roosevelt pregunté.

Yo estaba tan molesto. Yo era una molestia.

 

Mis rusos y Vasili Grossman

    vida y destino   ¿Cómo no seguir pensando en los rusos? Más aún si de un día para otro te enteras que tienes familiares que aún viven en Siberia  y hablas por Skype con uno de ellos. Hoy  conversé con un primo hermano de mi padre.  Es difícil comunicarse con un ruso y una chilena  (¡gracias al traductor de Google!) Y así me enteré de muchos detalles que nuestra familia chilena ignoraba.

    Quiero conversar con él ¿pero cómo hacerlo cuándo no tenemos una lengua común? Quiero empaparme con sus historias, porque sabe mucho más que nosotros de nuestro pasado en tierras rusas, donde falleció la mayor parte de nuestro grupo familiar a manos de los nazis y de la población local.

    El recuerdo es frágil,  es un deber registrarlo y por eso he dedicado mis últimos años a trabajar en Fundación Memoria Viva, una institución que se  se aboca a preservar la memoria de los sobrevivientes del Holocausto que se refugiaron en Chile.

        Pero volvamos a los rusos.

    Si alguna vez quieres leer una novela histórica, larga, contundente, profunda e inquietante. Si alguna vez deseas entender cómo fue sobrevivir durante al sitio de Leningrado en 1942. Si alguna vez intentas dimensionar cómo fue la lucha entre los soviéticos y los nazis, debes invertir tú tiempo y energía en Vida y destino de Vasili Grossman (Galaxia Gutenberg).

    Porque este libro no es un relato más de la Segunda Guerra Mundial, es una historia de personas, de sus quiebres, de sus lamentos, de la supervivencia.

    Son 1.100 páginas de agobio, de dolor, de hambre y frío. Son páginas que te hacen adentrarte en lo más horroroso de la guerra, te hacen ver cómo la sociedad se va hundiendo, te muestra el odio y el antisemitismo. Algunos han comparado a Grossman con Lev Tolstoi y su gran obra La guerra y la paz.

    Es el horror reflejado en palabras.

    ¿Quiénes fueron peores?  ¿Los soviéticos o los nazis? ¿Cómo se mide el horror? ¿En cifras? ¿Por la sistematización o por la indiferencia?

    Soviéticos y nazis perdieron la humanidad.

    Por completo.

   Hoy repaso las notas que hice durante mi lectura, aparece el exterminio masivo, la muerte de los niños, la melancolía y la sospecha.

    Y mucho más.

    Los escritos  de Grossman fueron confiscados por la KGB, cuando irrumpieron sorpresivamente en el departamento del escritor y éste le escribió directamente a Nikita Jrushchov :

Le pido que devuelva la libertad a mi libro, pido que mi libro se discuta con editores, no con los agentes de la KGB. ¿Qué sentido tiene que yo sea físicamente libre cuando el libro al que he dedicado mi vida es arrestado?… No renuncio a él… Pido libertad para mi libro.

grossman       ¡Y pensar que  Vida y destino recién se salió a la luz en 1980! El manuscrito -casi de manera milagrosa- se recuperó y por fin la novela fue editada en Suiza (era considerada peligrosa en la URSS). Desgraciadamente Vasili Grossman no alcanzó a verla publicada.

    Queridos lectores, la literatura es vida y memoria, la literatura es testigo y también, es historia. La literatura es un espejo.

    Y la vida familiar una caja de sorpresas que debemos conocer.

Ten una lectura propia. 

El doctor Zhivago y lo que sucede cuando terminas de leerlo

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    Nuevamente los chilenos estamos cupados en nuestros trabajos y estudios (creo que me entienden ¿no?, hemos dejado atrás la playa y las aventuras de las vacaciones), nos sentimos un poco más preparados para despedir el verano. Pero en mí sigue rondando una lectura que me acompañó durante mis vacaciones; algo se los había adelantando y hoy les contaré cómo fue leer El Doctor Zhivago.

    ¿Qué nos motiva a finalizar una lectura? ¿Por qué leí las más de 700 páginas? ¿Por su trama? ¿Sus descripciones y reflexiones? ¿O solo por el deber de terminarla? Sinceramente, la podría haber abandonado en la página 500, cuando me aburría infinitamente con los avatares de la Revolución Rusa (y también con los detalles  de la I Guerra Mundial), con esas interminables descripciones, eventos y desventuras de los protagonistas, además que poco entendía sobre los enredos entre los Rojos con los Blancos y los partisanos. Nunca llegué a comprender porqué Zhivago fue reclutado nuevamente, ni en qué momento ganaron unos y perdieron otros.

http://www.youtube.com/watch?v=R0ymHA9fl9Q

    Pero supuse que volvería a repuntar la historia. Y así fue. Mi libro de la editorial Galaxia Gutenberg está lleno de post it que fui usando para resaltar citas, frases, ideas o descripciones. En los últimos días me he dedicado a organizar esa información en un archivo con la ilusión de que algún día me sirva para algo.

    Esta obra de Boris Pasternak – que se publicó por primera vez en Italia en 1957-  la finalicé porque sabía que me encontraba ante una novela de las grandes, donde el amor, la guerra, la pobreza y la Revolución, están descritas con tal robustez que hoy, cien años más tarde, aún nos imaginemos las penurias y dilemas que enfrentaron los líderes de la Revolución y sus oponentes.

    Me gustan los escritores rusos, ya sea Anton Chejov con sus cuentos aparentemente sencillos, Lev Tolstoi con sus colosales descripciones, Vasili Grosman con su triste realidad, todos, todos ellos son capaces de delimitar lo más feroz y bello de los hombres y mujeres.  Algo común en estos escritores–obviamente incluyó a Boris Pasternak quien rechazó el Premio Nobel porque no quería ser expulsado de la Unión Soviética- es la presencia de la naturaleza. Ésta es un personaje más, el invierno es eterno, gélido y cuando se da paso a las primavera ella hace florecer no solo la risa, sino que también la ilusión y belleza. Los personajes se hunden en la nieve, se pierden y se sofocan en el calor por la incapacidad de vivir bajo el acecho del sol. Seres humanos que divagan, piensan y se cuestionan.

    Entonces, leer a un ruso, es leer sobre la profundidad misma del alma, es el desafío de conocer la amargura y las bajezas. Pensándolo bien, terminé El Doctor Zhivago porque si no lo hacía, hubiera sido como dejar pendiente una deuda con la Revolución, con sus desdichas y sus pasiones equivocadas.

     Por su falsa creencia de que la sociedad sería por fin una más justa y bella.

     Por el amor imposible.

    Pero sobre todo, una deuda con la literatura de las grandes ligas.

    Les digo, es un trabajo leer a un ruso, pero más difícil aún, es volver a la literatura contemporánea donde se evitan las grandes divagaciones, se abusa del punto seguido y de los relatos excesivamente cortos.

    Lo reitero: no hay como estos rusos.

Ten una lectura propia.

Harper´s Magazine, Neruda y el buen periodismo

Harper´s

          Bienvenido primer lunes de marzo y para nosotros, los chilenos, sentimos que recién comienza el año (niños que entran a clases, otros que recién regresan de las vacaciones). Por eso les quiero contar cómo fueron las mías: leídas.  Hace mucho, mucho (y lo digo literalmente) que no había tenido tanto tiempo disponible. Me había imaginado que mis vacaciones en un crucero de Disney sería el ultimo lugar en la tierra (en el océano, en realidad) donde podría hacer lo que más disfruto: leer. Fue un regalo. Mientras avanzaba vorazmente en El Doctor Zhivago (ay los rusos, los rusos), también leía mis revistas norteamericanas preferidas  (lo hago sólo en papel).

           La historia sobre la exhumación de Pablo Neruda –escrita por Emily Witt que vivió en Viña del Mar por un intercambio colegial- me hizo pensar sobre los motivos de por qué las revistas chilenas no me llaman la atención. Si un artículo sobre Neruda aparece en la revista Qué Pasa, me lo saltaría. Pero no ocurrió lo mismo en la Harper´s ¿Estoy siendo esnob? Sí, porque confío más en una publicación norteamericana, porque automáticamente valoro para bien lo extranjero  y para mal lo chileno, pero también los hechos confirman que nuestro periodismo es lejanamente uno de calidad. El nivel de reporteo, de profundidad y sobre todo, el punto de vista con que se abordan los artículos (Harper´s ya tiene más de ciento cincuenta años de antigüedad) me asegura que vale la pena invertir mi tiempo y neuronas en leer una vez más algo sobre el ganador del Premio Nobel (ojo, no necesariamente que me interese). Me encontré absorta en la lectura sobre los avatares de la exhumación de su cuerpo, en el análisis de nuestra sociedad de los ochenta y noventa, de por qué los chilenos de entonces preferíamos  Sábados Gigantes, las teleseries brasileñas y las chilenas de las siete, antes que ponernos a discutir abiertamente sobre un régimen que asesinó a tantos.

Pablo Neruda

      La escritora opina que Pinochet volvió fuertemente a la palestra en 1998 con su arresto en Londres, previamente las opiniones personales se manifestaban con fuerza sólo en el ámbito de lo privado. Ni en la familia de derecha que acogió a Emily Witt, ni tampoco en el colegio católico al que asistió ni menos en los programas televisivos, se hizo alusión directa al régimen dictatorial. Witt considera que los chilenos vivíamos de acuerdo a los horarios de la televisión: “se almorzaba con la teleserie de Brasil; el patriotismo se reflejaba en las noticias de las tarde y las teleseries chilenas marcaban el fin de la tarde. Uno podía ver las noticias cada noche y leer los diarios cada mañana y seguir esquivando escuchar las historias de un conflicto que había sucedido recientemente en Chile”. Witt comprendió finalmente que así éramos (¿o somos?) los chilenos. Durante esos años (yo lo recuerdo tan bien) queríamos consenso y opiniones neutras. Sólo con la muerte de Pinochet, postula Emily  Witt, la situación cambió.

      Volvamos a nuestro periodismo. Considero que la principal debilidad de éste radica en que estamos más preocupados de lo sensacionalista, de lo que vende y de lo que es de fácil digestión. Esto vendría a ser un legado de la era de Pinochet. No existe una mirada pausada, reflexiva, con una visión de futuro. ¿Acaso no hay buenas historias? ¿Será que no venden lo suficiente o bien, es una cosa de productividad: los periodistas deben producir mucho en poco tiempo, lo que les impide reportear con calma?

      Los gringos (hablo de las revistas buenas como lo son The Atlantic, Harper´s, The New Yorker), llevan haciendo un periodismo de calidad desde hace décadas. Si bien saben que las personas son los grandes protagonistas, también son capaces de unir los hilos entre distintos períodos históricos y darles un sentido. Además no escatiman recursos, entendidos como tiempo, dinero, reporteo y prudencia para dejar que la historia hable y se desarrolle. Ellos saben encontrar la novedad donde pareciera que ya está todo dicho, buscan buenos casos, escriben con ritmo, con un punto de vista, son muy cuidadosos en el manejo de las fuentes y de la profundidad en que abordan el tema.

     En la edición siguiente de Harper’s de febrero (mantiene su línea editorial: nada de fotos, ni de gráficos, un  desafío para los lectores de 140 caracteres, nos hemos acostumbrado a leer con pie de página, con artículos llenos de fotografías y gráficos), también apareció un artículo del conflicto marítimo entre Bolivia y Chile (cuestión que lejanamente me atrae y leí de principio a fin). Reconozco que poco sé sobre este tema, pero lo que me motivó a invertir mi tiempo en este reportaje es que por fin me formaría una opinión propia. Los bolivianos sueñan con el mar que no tienen, algunos piensan que solo con un pedazo de ese mar se convertiran en un gran imperio y saldrán de la pobreza. Pienso yo, una chilena que vive en el valle de Santiago, rodeada por una Cordillera de Los Andes que cada vez está más invisible, que es natural esta ilusión boliviana. Son como niños que necesitan culpar a otro de sus desgracias (yo también le echo la culpa a otros por el esmog de mi ciudad, por los crecientes tacos en automóvil, por los escándalos de corrupción).

     Al final de la revista publicaron un cuento de Alejandro Zambra “Vida de familia”, historia que ya había leído en Mis Documentos.n edit zambra

Un cuidador de gatos, una familia que parte por un tiempo a vivir a París, un vecindario que hoy casi no existe. Zambra es un exponente de la nueva literatura chilena que aborda los años de dictadura con esa mirada que Witt decía que teníamos los chilenos, como si todo y nada hubiera sucedido.

    Queridos amigos, podría seguir contándoles todo lo que leí (mujeres afganas, línea de ayuda a adolescentes y un cuento de Tony Morrison )Cuento de Tony Morrison pero en fin, lo que sí puedo decirles es que tras esta experiencia de inmersión total en el buen periodismo, vuelvo a conectarme cuando tenía 18 años y elegí estudiar esa carrera. Vuelvo a enamorarme con el reporteo, por dar a conocer mundos ajenos que hagan sentidos a otros. Periodismo que hoy deja tanto que desear en esta ciudad del sur del mundo, entre medio de las montañas, esmog y teleseries brasileñas.

Ten una lectura propia.

 

 

Nieve en Jerusalem

La noche ya cayó en Santiago y el calor nos da por fin un respiro.

Cuando ya despedimos este último lunes de febrero, les regalo estas bellas imágenes.

Nieve en Jerusalem  (presiona el enlace, ahí saldrá el vídeo).

 

Ten una lectura propia.

El pasado está en el presente, 70 años de la liberación de Auschwitz

70 años

    Ayer tuve el privilegio de asistir a la conmemoración de los 70 años de la liberación de Auschwitz Birkenau.

    Ayer, en Santiago de Chile, al frente de La Moneda y en el edificio del Ministerio de Relaciones Exteriores, tuve el honor de celebrar y recordar a los que se fueron, pero también a los que aún siguen con nosotros. Recuerdo también las entrevistas que realizamos en la Fundación Memoria Viva, lo que escuchamos, lo que descubrimos, lo que vimos en esos ojos tristes de los más de 100 sobrevivientes que entrevistamos, esa mirada hacia una infancia que fue agonizando paulatinamente, hasta que de pronto se quebró en  mil pedazos. Esos sobrevivientes debieron volver a vivir, porque estuvieron donde las palabras son inservibles.

     Ayer el mundo tuvo un Auschwitz.

    Fue una ceremonia sencilla, se encendieron seis velas, cada una representando a un millón de judíos muertos.

    Allí  estuve con varios sobrevivientes.

  Y escuché varios discursos, aún retumban las sabias palabras de don David Feuerstein, sobreviviente de esos campos y de mucho más: El pasado está en el presente.

Encendido Vela
Don David Feuerstein junto a María Angélica Puga, nieta de María Edwards,  la única chilena que ha sido condecorada como “Justa entre las Naciones” por Yad Vashem.

    ¿Qué piensan? ¿El odio gratuito lo escuchamos aún en los medios de comunicación? ¿Qué sucede hoy con el asesinato a inocentes? ¿El antisemitismo y las verdades absolutas han quedado atrás?

    O ¿Solo lo imaginamos?

    Ojalá fuera así. Ojalá solo fuera nuestra imaginación.

Ten una lectura propia.

Javier Marías y el cuasi estado islámico en Estados Unidos

     javiermarias

         El blog de Javier Marías “La Zona Fantasma” es una buena forma para conocer las opiniones del escritor, siempre con su estilo rápido, cautiva con su vocabulario e ideas. Y me hace pensar.

    Marías es políticamente incorrecto, considera que la espontaneidad está siendo aniquilada frente a un exceso de regulación, costumbre que hemos importado desde Estados Unidos: “la imitación y copia de las represiones estadounidenses está acabando con toda espontaneidad y está llevando a que todo esté regulado, cuando no directamente prohibido, como en el Estado Islámico”.

 

¿Se parece a esto Estados Unidos?
¿Se parece a esto Estados Unidos?

       ¿Qué creen? De cierta forma coincido con Marías, nos volvemos cada vez más amigos de normar el comportamiento público (hace poco, unos diputados querían prohibir que los chilenos ocupemos audífonos en la calle), la libertad para decidir sobre lo que está bien o mal depende de otros, ya sea del Estado, de las ONG, de la ONU, de los ecologistas, en fin, de otros. Nunca del individuo.  Pero muy diferente es creer que Estados Unidos o cualquier nación que aboga por el bienestar común es cuasi un estado islámico (reconozco que cuando viví en Norteamérica a ratos me sentí sofocada, el exceso de normas y regulaciones me hacían querer revelarme, pero agradezco el respeto por el otro, por la diferencia).

       Nadie quiere vivir en la ley de la selva (como sucede aquí en la costa chilena, donde los adolescentes beben a destajo en la calle, hasta orinan en la playa y quién sabe qué otras cosas). Hasta me imagino que nuestros legisladores van a regular los piropos que lanzan los trabajadores de la construcción cosa que Marías considera positiva. O incluso, los diputados crearán una ley que impida mirar la pantalla del celular mientras caminamos, pero insisto, una cosa es regular,  la otra es prohibir y matar en caso de que se infrinja la ley (el escritor español debería darse una vuelta por Afganistan o Irán).

Ten una lectura propia. 

Reconozco a Lemebel

Lemebel
A los 62 años de edad murió Pedro Lemebel.

    Ha muerto Pedro Lemebel.

       Reconozco que no soy ni he sido una fiel lectora de Pedro. Tampoco de sus obras visuales.

       Reconozco también que yo, ignorante de su talento, preferí otras lecturas.

       Reconozco, eso sí, que hemos perdido un hombre con carácter, con postura (o quizá impostura).

       Reconozco, que su obra ha tenido peso.

       Por eso estas líneas. Por eso este recuerdo.

       La primera vez que leí algo de su autoría me gustó su arrojo, su falta de decoro, su valiente prosa y mirada aguda.

Manifiesto (Hablo por mi diferencia)

No soy Pasolini pidiendo explicaciones
No soy Ginsberg expulsado de Cuba
No soy un marica disfrazado de poeta
No necesito disfraz
Aquí está mi cara
Hablo por mi diferencia
Defiendo lo que soy
Y no soy tan raro
Me apesta la injusticia
Y sospecho de esta cueca democrática
Pero no me hable del proletariado
Porque ser pobre y maricón es peor
Hay que ser ácido para soportarlo
Es darle un rodeo a los machitos de la esquina
Es un padre que te odia
Porque al hijo se le dobla la patita
Es tener una madre de manos tajeadas por el cloro
Envejecidas de limpieza
Acunándote de enfermo
Por malas costumbres
Por mala suerte
Como la dictadura
Peor que la dictadura
Porque la dictadura pasa
Y viene la democracia
Y detrasito el socialismo
¿Y entonces?
¿Qué harán con nosotros compañero?
¿Nos amarrarán de las trenzas en fardos
con destino a un sidario cubano?
Nos meterán en algún tren de ninguna parte
Como en el barco del general Ibáñez
Donde aprendimos a nadar
Pero ninguno llegó a la costa
Por eso Valparaíso apagó sus luces rojas
Por eso las casas de caramba
Le brindaron una lágrima negra
A los colizas comidos por las jaibas
Ese año que la Comisión de Derechos Humanos
no recuerda
Por eso compañero le pregunto
¿Existe aún el tren siberiano
de la propaganda reaccionaria?
Ese tren que pasa por sus pupilas
Cuando mi voz se pone demasiado dulce
¿Y usted?
¿Qué hará con ese recuerdo de niños
Pajeándonos y otras cosas
En las vacaciones de Cartagena?
¿El futuro será en blanco y negro?
¿El tiempo en noche y día laboral
sin ambigüedades?
¿No habrá un maricón en alguna esquina
desequilibrando el futuro de su hombre nuevo?
¿Van a dejarnos bordar de pájaros
las banderas de la patria libre?
El fusil se lo dejo a usted
Que tiene la sangre fría
Y no es miedo
El miedo se me fue pasando
De atajar cuchillos
En los sótanos sexuales donde anduve
Y no se sienta agredido
Si le hablo de estas cosas
Y le miro el bulto
No soy hipócrita
¿Acaso las tetas de una mujer
no lo hacen bajar la vista?
¿No cree usted
que solos en la sierra
algo se nos iba a ocurrir?
Aunque después me odie
Por corromper su moral revolucionaria
¿Tiene miedo que se homosexualice la vida?
Y no hablo de meterlo y sacarlo
Y sacarlo y meterlo solamente
Hablo de ternura compañero
Usted no sabe
Cómo cuesta encontrar el amor
En estas condiciones
Usted no sabe
Qué es cargar con esta lepra
La gente guarda las distancias
La gente comprende y dice:
Es marica pero escribe bien
Es marica pero es buen amigo
Súper-buena-onda
Yo no soy buena onda
Yo acepto al mundo
Sin pedirle esa buena onda
Pero igual se ríen
Tengo cicatrices de risas en la espalda
Usted cree que pienso con el poto
Y que al primer parrillazo de la CNI
Lo iba a soltar todo
No sabe que la hombría
Nunca la aprendí en los cuarteles
Mi hombría me la enseñó la noche
Detrás de un poste
Esa hombría de la que usted se jacta
Se la metieron en el regimiento
Un milico asesino
De esos que aún están en el poder
Mi hombría no la recibí del partido
Porque me rechazaron con risitas
Muchas veces
Mi hombría la aprendí participando
En la dura de esos años
Y se rieron de mi voz amariconada
Gritando: Y va a caer, y va a caer
Y aunque usted grita como hombre
No ha conseguido que se vaya
Mi hombría fue la mordaza
No fue ir al estadio
Y agarrarme a combos por el Colo Colo
El fútbol es otra homosexualidad tapada
Como el box, la política y el vino
Mi hombría fue morderme las burlas
Comer rabia para no matar a todo el mundo
Mi hombría es aceptarme diferente
Ser cobarde es mucho más duro
Yo no pongo la otra mejilla
Pongo el culo compañero
Y ésa es mi venganza
Mi hombría espera paciente
Que los machos se hagan viejos
Porque a esta altura del partido
La izquierda tranza su culo lacio
En el parlamento
Mi hombría fue difícil
Por eso a este tren no me subo
Sin saber dónde va
Yo no voy a cambiar por el marxismo
Que me rechazó tantas veces
No necesito cambiar
Soy más subversivo que usted
No voy a cambiar solamente
Porque los pobres y los ricos
A otro perro con ese hueso
Tampoco porque el capitalismo es injusto
En Nueva York los maricas se besan en la calle
Pero esa parte se la dejo a usted
Que tanto le interesa
Que la revolución no se pudra del todo
A usted le doy este mensaje
Y no es por mí
Yo estoy viejo
Y su utopía es para las generaciones futuras
Hay tantos niños que van a nacer
Con una alíta rota
Y yo quiero que vuelen compañero
Que su revolución
Les dé un pedazo de cielo rojo
Para que puedan volar.

NOTA:Este texto fue leído como intervención en un acto político de la izquierda en septiembre de 1986, en Santiago de Chile.

    A veces cansa leer a Lemebel. A veces pienso que fue un gran actor. Se reía de nosotros sin el decoro propio de los ricos, de los pobres y de los marginales. Se reía como Lemebel.

    Qué pena que se fue sin recibir el Premio Nacional de Literatura.

    A veces hay que morir para reconocer el merito.

    Su Río Mapocho y su Liz Taylor y su Florida y su Karen y su Manifiesto, quedaron grabados en mi mente literata.

    Ojalá puedan leerlos.

    Y entender a Lemebel.

     Los dejo con una entrevista realizada el 2012. No apta para menores.

    Reconozco.

Ten una lectura propia.