Entrevista en Radio Que Leo a Karen Codner por “Respirar bajo el agua”

    Ha llegado el día, estamos a menos de 4 horas del momento que he esperado tanto.  Esta tarde, a las 19.30, por fin será el lanzamiento de Respirar bajo el agua. Han sido días de locos, entre las entrevistas, la coordinación de los invitados, de reunirme con Marco Antonio de la Parra y Mili Rodríguez.

    Literalmente, un tobogan de emociones.

    Espero que todos los que han confirmado su asistencia para hoy en la noche puedan compartir conmigo este gran hito en mi vida.

    Si no me pudieron escuchar en la Radio Qué Leo, lo podrán hacer ahora.  La entrevista de Juan Carlos Fau fue muy literaria y cercana.

Ten una lectura propia

 

Entrevista en Radio Qué Leo y Agricultura por Respirar bajo el agua

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    Hola amigos, qué les puedo decir. Han sido días intensos. En unos minutos más saldrá al aire una entrevista que ayer me hizo el dueño de Librerías Que Leo, Juan Carlos Fau. Espero que la escuchen y me hagan llegar sus comentarios. Solo tienen que sintonizar la radio online Radio Que Leo a las 16:05 ( o un poco antes para no perderse el programa) y escucharnos. ( ademas pueden bajar la app en itunes radio).

    La historia de la entrevista es bien divertida. Ayer fui a Providencia con uno de los ejemplares de “Respirar bajo el agua” y decidí ir a presentarlo directamente a las librerías del Drugstore.  Al comienzo me dio vergüenza, es decir, ¿cómo se llega a una librería y se presenta la novela que una misma escribió? Bueno, con agallas.  Tuve muy buena acogida en Catalonia, la Feria Chilena del libro, Altamira, Post. Iba abriendo mi cartera para sacar un ejemplar que recién había salido de imprenta. Así, de a poco,  empecé a soltarme, a contar con más seguridad la trama, a abrirme lo suficiente para que supieran quién soy.

En plena entrevista con Carmen Ibáñez

   Unas horas antes había tenido una entrevista en Radio Agricultura con Carmen Ibáñez para el programa “Carmen Ibáñez conversa con…” (este programa sale al aire pronto, les voy a ir avisando) y fue un encuentro muy interesante. Conversamos sobre “Respirar bajo el agua” y también sobre cómo vivimos los judíos en Chile. Luego, partí directo al Drugstore para reunirme con Mili Rodríguez quien será una de las presentadoras de la novela este martes en el Café Literario de Bustamante. Estuvimos un par de horas conversando en  el Tavelli y ella me alentó para que hiciera mi tour por las librerías del circuito.

    La última que visité fue Qué Leo y allí pregunté directamente por el dueño, Juan Carlos Fau (no lo conocía). Me dijeron que tenía que esperar, pues estaba al aire en la radio. Unos minutos más tarde lo vi caminando hacía mí .  Le salgo al paso y le digo que tengo que conversar algo con él y le mostré el libro.  En eso, Juan Carlos me pregunta si tengo unos minutos y le contesté que sí: “vamos entonces a la radio, así me cuentas lo mismo pero lo grabamos”. Por segunda vez en un día estaba en un estudio de radio (ni siquiera en mi época de estudiante de periodismo).

    En unos minutos más podrán escucharme en el programa “Pasaron por la radio un día”.

    Como ven, en menos de veinticuatro horas “Respirar bajo el agua” está dando que hablar.  Y espero que este lunes estemos en librerías.

Ten una lectura propia.

Una victoria, tiempos difíciles para los padres y la mirada de 10 escritores sobre como ser papás/mamás

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    Hoy pienso en lo que significa la palabra victoria. Hemos olvidado que cada acción que realizamos es un triunfo en la medida que nos sobreponemos al desafío. Justamente eso le sucedió ayer a mi hija de 7 años y medio. Estaba triste, quería resolver unos ejercicios de matemáticas, lloraba y visiblemente le irritaba su derrota. Entonces le abrí una ventana de esperanza, me senté junto a ella, le dije que podía llorar como una niña chica o bien, tratar de resolver la multiplicación con mi ayuda. Así tendría su victoria. De pronto su semblante se relajó, las lágrimas dejaron de resbalar por sus bellas mejillas y con su mano temblorosa comenzamos a trabajar. Ella conquistó su desafió, lo transformó en algo bueno. Luego aprovechamos de mirar un vídeo de Khan Academy sobre multiplicaciones y se fue a dormir orgullosa por su logro ( pensé cuánto me habría gustado tener Khan Academy en mis tiempos de colegiala).

    Poder reconfortarla fue una victoria,  pero s los papás solo a veces somos capaces de contener a los niños, a veces estamos cansados,  a veces rabiosos y en otras ocasiones, solo queremos descansar.

    Hoy les hablo sobre la crianza porque recién leí una edición especial de Harper´’s sobre cómo son los padres del siglo XXI. La revista postula que “son tiempos difíciles para los padres, no porque la crianza se haya hecho más difícil -es la misma de siempre- sino porque estamos sobre informados al tener acceso a tantos libros y artículos sobre el tema”. Diez escritores reflexionaron sobre su experiencia, desde una pareja tradicional hasta una de lesbianas, un escritora que había recibido donación de espermios y una que se había convertido en madrastra. Sin duda que las complejidades propias de la crianza son universales  ( ¿nos reconforta en algo?)  y definitivamente, a pesar de ser difícil, agotador y a veces, desafiante, todos están felices con su opción.

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Portada de Harper´s de agosto.

    Recomiendo el artículo “The Grand Shattering” de Sarah Manguso quien nunca quiso ser madre hasta que lo fue. Casi me dejo sin aire el escrito por un poeta, A. Balkan, padre de unas mellizas, que tituló su ensayo “Self-portrait with daughters” y me sentí muy identificada con la cuestión de que hoy los niños no se aburren, escrito por Claire Messud , “In Praise of Boredom” (porque efectivamente cuesta mucho trabajo lograr que los niños hoy se aburran).

    Para mí es una victoria haber logrado que mi hija viera por otra ventana.

    ¿Cuál es tu victoria?

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Historias de Uber en Boston

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    El lunes pasado llegué  con varias horas de retraso a Boston para asistir al seminario de Facing History and Ourselves. Estaba en Logan, el aeropuerto de Boston y pedí un Uber. Venía agotada, había perdido las dos combinaciones en Toronto y aún tenía que pasar por el hotel e irme directo al curso sobre Holocausto, historia y educación. Paul, mi taxista, se demoró unos minutos más en llegar de acuerdo a lo que me había estimado la aplicación en mi teléfono. Paul, un hombre de mediana edad me dijo You look tired. Asentí.

    Él no era el típico taxista de Uber que va en silencio (aunque lo único que yo deseaba era justamente eso, silencio), ni siquiera podía observar el entorno  que tan bien conocía (viví dos años en Cambridge, Ma).  Mi intuición era la correcta, Paul quería conversar. Are you here for business?  Vengo a un curso sobre el Holocausto. Se produjo un silencio,  It really was so terrible? Peor de lo que nosotros imaginamos, le contesté. Luego por algún motivo se enteró que era judía y él, casi como un periodista, siguió con las interrogantes. What meaning has Jesus on your faith? Y luego agregó: There is almost no time left for the real Mesias to come. ¿Es judío? ¿evangélico? me pregunté. Nunca lo supe, pero él no tenía una pizca de tímido. Do you really believe in the Tora? How do you know is true?  Le contesté con el corazón: porque sé que es verdad, porque me hace sentido, porque así es. How do you know you are Jewish then? Ya quedaba poco para el hotel, pero parecía que Paul necesitaba saber más. Dejé mi maleta en la recepción,  hice el check in y después Paul me llevó  @facinghistory. Al despedirnos, creo que ambos nos sentimos contentos de habernos encontrado.

Frontis del edificio principal de Facing History
Frontis del edificio principal de Facing History

    Unos días más tarde me di cuenta que no había traído el cargador de mi computador. ¡Horror! La tienda Apple más cercana era en otro sector de Boston, en el mall más exclusivo y estaba agotada, pues recién había terminado el tercer día del seminario y además había quedado con mi colega del seminario, una chilena y su marido, de comer en restaurante italiano. Así que pedí un Uber. Vendría a buscarme Christopher Obazee. Pero tan pronto me subí al taxi, su GPS dejó de funcionar, él no conocía la pequeña calle en el barrio italiano y sin ningún grado de nerviosismo, me dijo  Is my job to find it. Don´t  worry.  Entonces, confié en él. En ese momento empezó la típica conversación, soy de Chile le digo.  And you? From Nigeria. Algo dentro de mí hizo revivir la veta periodística y me lancé con las preguntas. Por primera vez en mi vida conocía a un nigeriano y no podía dejar pasar la oportunidad. Le pregunté si le molestaba que fuera tan curiosa. Me contó que había llegado desde Nigeria hace siete años directo al frío invernal de la capital de Nueva Inglaterra. Pero las cosas se dieron mal, su señora lo abandonó por otro y me contó que fue un período muy difícil; le costó mucho salir adelante. La ex se había ido  otro a Minneapolis y ninguna más supo de ella.

    Christopher que estudió Filosofía en Nigeria  jamás ejerció. Mientras nos acercábamos al North End me contó que en su natal Nigeria logró tener un mini compañía, pero que la corrupción y la política son horribles (hay más de 140 tribus que componen el país y por ende, más de 140 dialectos) y que aquí, además de ser taxista también es corredor de propiedades. Pero que lo único que desea es traer a su segunda señora con sus hijos, no ha logrado que les den la visa. You know? Me dijo con un inglés que me costaba comprenderle, me gusta aquí, si trabajas duro y te esfuerzas, te puede ir bien. En cambio en Nigeria simplemente no pude más. Do I miss something from my country? Solo a mi familia y amigos. Justo habíamos llegado al restaurante. I wish all the best, I hope you can bring soon your family here, me despedí.

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    Esa fue la última experiencia en taxi. Ahora decidí andar por la ciudad en el eficiente tren-metro que se llama T, solo que nadie me conversa, pues todos van mirando sus teléfonos.  Algunos juegan Candy Crush, otros Facebook, algunos leen y otros, los que no ven su celular, duermen.

    Yo, en cambio, como no tengo internet en el tren, me dedico a observar este nuevo silencio.

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¿Por qué los niños tienen que leer en vacaciones? Respuesta de una lectora furiosa

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    ¿A qué alude el título de esta entrada? A que realmente estoy furiosa. ¿Desde cuándo la lectura se convirtió en un deber? ¿Eso es lo que le estamos transmitiendo a los niños?

    Ya van a comenzar las vacaciones de invierno y una de mis hijas tiene que leer un libro durante estas dos semanas como parte del sistema “plan lector” que tiene el colegio al que asisten. Los títulos son súper disímiles y para todos los gustos, desde la historia de una niña diabética “Sin azúcar” hasta uno más tradicional como “Charlie y la fábrica de chocolate”. Ella está feliz y muy entusiasmada con el trabajo posterior que le implicará esta lectura (ya sea informe, presentación o control).

    Entonces ¿por qué estoy furiosa? Una mamá preguntó esta mañana por el grupo de whastsapp ¿por qué tienen que leer en vacaciones? Están agotados, necesitan descansar. Yo enmudecí y alguien contestó brillantemente: “Porque leer es un placer”.

    Y como estoy furiosa, hoy declaró algunos de los infinitos motivos de porqué debemos incentivar la lectura a los chicos y no tan chicos:

    Nos permite imaginar, estar en silencio, compartir sueños y sustos, conocer otras realidades desde un lugar seguro, los chicos se cuestionan no solo desde el texto sino que sus vidas, aprenden nuevas palabras, valores y antivalores. Y como me dijo una amiga, es la mejor forma de aprender ortografía. Es sin duda la mejor pantalla, ya sea de papel o la de la tableta, da lo mismo, hay que leer porque sin la lectura quedamos cercenados en nuestro mundo interior.

    ¿Sigo?

    Porque a partir de la lectura los niños pueden expresarse mejor, logran conversar sobre otros temas, se explota la lógica, se potencia la capacidad de introspección, de análisis, podrán  soportar así mejor las penas,  desilusiones y conflictos.

     Leer es una aventura  que nunca necesita vacaciones.

    Pero no quiero agobiarlos, ojalá ustedes siguieran con esta lista furiosa. Furiosa porque soy lectora voraz, porque escribo cuentos y pronto publicaré mi primera novela. Porque desde que soy chica mi mamá me enseñó que leer es lo mejor que nos puede pasar, me maravillé con las aventuras escritas por Enid Blyton y a los quince años con “Lo que el viento se llevó”, luego vendría “Ana Karenina” y hoy, leo a Raymond Carver y también los cuentos completos de Clarice Lispector.

    Y tú ¿qué lees?

Ten una lectura propia.

Murakami, correr y escribir

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    Les escribo esta tarde de viernes con una suerte de sopor. O algo parecido, me siento agradablemente cansada, tengo ganas de dejar fluir el tiempo y aprovechar estas horas de relajo (por fin es viernes, dicen algunos). Debe de ser porque hoy, por primera vez en mi vida, corrí 25 kilómetros. Partí cuando estaba oscuro (el famoso cambio de horario en Chile nos tiene viviendo al revés, cuando debería ser de día es de noche y las tardes invernales pretenden ser como las de primavera) y terminé el entrenamiento con el sol alumbrando el cerro Manquehue. Muchos me preguntan porqué me gusta este deporte y sinceramente me encanta, me siento libre, es un constante desafío a mi naturaleza de quedarme en casa leyendo, me obliga a ir más allá.

    Todo esto me recordó   en “De qué hablo cuando hablo de correr” de Haruki Murakami. Lo leí hace más de cinco años y es por lejos el libro más autobiográfico del escritor japonés. En ese entonces -al momento de leer la novela- recién comenzaba a escribir “Respirar bajo el agua”. Además unos meses antes me había integrado al Tym, un grupo de trote que se reúne religiosamente los lunes y miércoles en una plaza y los sábados en otro sector de Santiago (pero ese día yo no voy). Como les decía, correr y escribir se convirtieron en hechos centrales, dos actividades que requieren de una perseverancia extraordinaria. Porque queridos lectores, ambos te obligan a vivir bajo una disciplina aguda, donde debes dominar la mente y tolerar las decepciones. En De qué hablo cuando… Murakami nos cuenta los diferentes lugares donde ha ejercitado, cómo es su rutina (se levanta a las cinco de la mañana a correr y creo que antes de las ocho está sentado en su escritorio, algo que me encantaría emular), cuales son sus miedos y cómo le ha servido este deporte para su profesión y viceversa.

    Hace unos días un sobrino –muy querido por cierto, gran lector y estudiante de psicología- me preguntó qué pensaba mientras corría. Y mi respuesta sigue siendo la misma: pienso en cuánto me queda para el próximo kilómetro, en el ritmo que llevo y si soy afortunada,  aparecen ideas que me ayudan en la vida. A veces son simplemente cosas domésticas como por ejemplo qué cocinar, pero en otras, he logrado dar con la solución a un problema o bien, ocurrencias sobre la novela o un cuento.

Así de oscuro comencé mi entrenamiento de hoy. Con una maravillosa luna llena.
Hoy  comencé mi entrenamiento con una maravillosa luna llena. Eran las 7am.

    Me gusta correr bien temprano –no tanto como Murakami- pero por lo general a las 7 ya estoy en la pista y algunas de mis colegas trotadoras llegan a las 6.30. Y el entrenador nos vigila y alienta a cumplir con el programa. Casi nunca voy  con música porque prefiero que el silencio me envuelva, me gusta escuchar los pájaros, observar las hojas en el suelo, sorprenderme con el amanecer o bien, soportar el frío. Solo escucho música cuando voy en el kilómetro veinte. De verdad creo que correr me ha permitido desarrollarme hasta el límite; es un desafío eterno, cada vez que comienzo el entrenamiento pienso que no podré hacerlo y cada vez que finalizo, experimento felicidad.

    Murakami es muy claro en su libro considera que escribir novelas se parece a correr un maratón. Pero además es súper sincero al hablar del arte de escribir y de él en particular:

Los novelistas dotados de talento natural son capaces, sin hacer nada especial (o haciendo cualquier cosa) de escribir novelas con facilidad. Las frases les brotan como el agua mana a borbotones de un manantial, y así va surgiendo su obra. No necesitan esforzarse. Hay personas así. Pero por desgracia, yo no soy como ellas.

    Como ven, algo tengo en común con este gigante de la literatura japonesa: corremos y a los dos nos cuesta escribir. Solo eso, porque Murakami, queridos lectores es un tremendo escritor (aunque muchos lo encuentran demasiado oscuro y repetitivo).

PD: Hoy mientras corría se me acordé del libro de Murakami. 


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Quiero de vuelta mi Santiago: sin esmog ni delincuencia

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    Queridos amigos lectores, este fin de semana es largo en Chile y con eso, esperamos, que mejore la contaminación. Hemos tenido días muy complicados, a todos nos afecta, es como vivir en una nube gris que te envuelve por completo, es lo mismo que sumergirse en un mar contaminado.

    Esto me lleva a mi infancia, cuando Santiago era tan distinto. A los que nacieron en la década de los noventa les debe costar comprenderlo, pero para mí ha significado aceptar una metamorfosis maligna, una gran perdida. Sé que nuestra capital ha mostrado infinitos avances, sé que todos vivimos mejor, lo sé, pero de todas formas no puedo dejar de sentir esta rabia: que nos acostumbremos  a vivir en una cárcel.

      Una prisión no solo del esmog, sino que también de los delincuentes. Vivimos en el mundo al revés, ellos –los delincuentes, los narcotraficantes, los mecheros- andan libres y nosotros debemos recluirnos en casas con alarmas, con alambres de púas electrificadas, con susto de que nos roben la cartera o que nos asalten en la noche. De verdad, siento que no podemos acostumbrarnos a esta situación, ¿Queremos acaso convertirnos en México donde las personas andan en autos blindados? ¿O que importemos los secuestros express de Argentina? ¿Es acaso este el país que deseamos?

    He pensado en escribir un manifiesto y repartirlo por doquier. Me encantaría que las palabras tuvieran fuerza, que las cartas a los periódicos impactaran, que por fin, por fin recuperaremos la ciudad. Porque Santiago es linda, cada día más, pero con este ambiente, que nos afecta a todos; supongo que cualquiera que se siente vulnerado en sus derechos más básicos está igual de desencantado.

     Ojalá que pronto recuperemos nuestras casas, nuestros cafés y plazas. Espero de todo corazón, que las noches sean tranquilas y todas las personas de bien prevalezcan. Y que por fin el aire sea puro como el de los cuentos.

    O ¿es demasiado lo que estoy pidiendo?

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Una sobreviviente del Holocausto y sus 3 nombres: Paulina, Peska y Genoveva

Libro Paulina Bohorodzaner (Z.L)

    El miércoles asistí al lanzamiento del libro Gozo y Dolor. Son las memorias póstumas de Peska (Paulina) Tider, más conocida por mí como la señora Paulina. Ella fue una sobreviviente del Holocausto y entregó su testimonio a Memoria Viva en el 2010. Hace poco volví a ver esa entrevista y se me quedó marcado su  rostro, su mirada azul viendo ante ella el horror y la pérdida, pero sobre todo el silencio que nadie intentó rellenar con palabras necias. No crean que fue una entrevista larga, solo 16 minutos, pero en ese lapsus de tiempo transcurrieron muchas horas de vida y de dolores.

    Queridos lectores, imaginen tan solo que la señora Paulina tuvo tres nombres: Peska, Paulina y Genoveva Zawada.

    ¿Por qué tantos se pueden preguntar? El primero al nacer, el segundo cuando llegó a Chile tras la Guerra y Genoveva, el que la salvó de los nazis. Pues con esa nueva identidad sobrevivió, con esa nueva identidad pudo trabajar para una familia alemana que la acogió durante esos años. Con esa identidad vivió.

     Cuesta imaginar eso

  Cuesta imaginar que ella perdió a sus padres, pero que ellos, gracias a su inteligencia salvaron a los tres hijos.

    Cuesta imaginar a Wanda, la polaca que los ayudó a sobrevivir.

    Cuesta imaginar el miedo, el pánico y la bondad en medio del mal.

    En el lanzamiento, el hijo y los nietos hablaron sobre la señora Paulina, sobre cómo fue su vida y más que nada, en cómo sus acciones se orientaron para el bien. Este libro que tengo en mis manos, es mucho más que la memorias de la pérdida, porque aquí encuentro relatos de bondad, de ilusión y también de una juventud arrebatada. La mayoría de los sobrevivientes recuerdan vívidamente cuán rápido les arrancaron la inocencia y la alegría. Claro, muchos dicen que la recuperaron, pero sinceramente, la pérdida los acompaña por doquier. Sobre todo la pérdida de los que ya no están, de los que se fueron de manera indescriptible.

    Ella finaliza sus memorias con lo siguiente:

 

 Es tanto mi dolor por la pérdida de mis seres amados, es tan difícil  expresarlo en palabras, sólo el amor de mis nietos me anima a continuar viviendo y me devuelve en algo la felicidad perdida.

    En el dorso del libro aparece una foto familiar, da gusto. Doña Paulina logró reparar de alguna manera ese dolor y transformarlo en gozo. Eso, queridos amigos, es lo más bello de la historia.

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Cuando cumples 40: “También esto pasará” de Milena Busquets  

 

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    En la librería Altamira del Drugstore de Providencia fue cuando vi También esto pasará de Milena Busquets. Gracias a algunas críticas literarias estaba enterada del libro y cuando lo tuve en mis manos me reproché: para qué una novela más, ¡tengo tantas por leer! Pero me imagino que a muchos de ustedes, queridos lectores les ha sucedido, esto de comprar libros con la ilusión de leerlos ya, o pronto, o algún día. Pero esta novela fue distinta, porque esa misma tarde sus palabras me agarraron con fuerza:

“Por alguna razón, nunca pensé que llegaría a los 40 años. A los veinte, me imaginaba con treinta, viviendo con el amor de mi vida y con unos cuantos hijos. Y con sesenta, haciendo tartas de manzana para mis nietos, yo, que no sé hacer ni un huevo frito, pero aprendería. Y con ochenta, como una vieja ruinosa, bebiendo whisky con mis amigas. Pero nunca me imaginé con cuarenta años, ni siquiera con cincuenta. Y sin embargo aquí estoy. En el funeral de mi madre y, encima con cuarenta años…”

    Y ahí pasó eso que es inusual, tan extraordinario, porque desde la primera línea supe que estaba ante un buen texto, ignoro cómo, ignoro porqué me sedujo así, ignoro porqué tan ferozmente.

    ¡Qué lucidez! Me refiero al ritmo, a la cadencia, a la forma de presentar la idea, de cómo la autora logra hacernos creer que de verdad ella no imaginó sus cuarta década, (cosa difícil pues las mujeres pensamos “en eso” desde que tenemos veinte; pasar esa barrera odiosa en que se supone que debes haber “logrado” algo, aunque sea como dice Blanca, cocinar un huevo frito). Pero dejando estas cuestiones de lado (me encantaría saber la opinión de mis lectores hombres ¿cuándo comenzaron a pensar en los cuarenta y tantos?), este es un libro solo para algunos, a los que realmente quieren o toleran la mente femenina. En serio. Tengo un amigo que se resiste a leer mujeres (no porque él sea machista, solo porque le cuesta identificarse con ese modo de escritura). Además el sexo está por doquier, algo que ha muchos puede molestar; la Busquets nos propone la intimidad como una pérdida y el sexo como un comodity. A pesar de ello, existen elementos tradicionales en la historia como lo son la familia, los hijos y los amigos. Nos encontramos ante una escritura femenina, porosa como se diría, es un constante ir y venir, tal cual somos nosotras.

    La trama es bien sencilla. Blanca, la protagonista –la asumimos como alter ego de la autora- está atravesando el duelo de su madre, quien acaba de morir. Blanca le habla a su madre muerta, a una mujer fuerte, que en la vida real fue la dueña de la editorial Tusquets, le cuenta sobre su vida, sobre cómo es vivir con el vacío de la ausencia de un ser amado, de alguien que te protegió y también te hirió. Porque aquí los personajes son complejos, a veces la madre se nos presenta llena de cualidades y en otras, como un demonio que castró a la hija.

    Queridos lectores, algunos de ustedes ya lo saben, en agosto por fin publicaré Respirar bajo el agua bajo el sello Cuarto Propio. Es mi opera prima, como dicen algunos y la protagonista, al igual que Blanca, se despide de su nana que acaba de morir. Respirar bajo el agua nos habla sobre la muerte y la perdida, sobre volver a flotar cuando parece que la pena te ahoga y también de un desvelo en una noche de luna.

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Mi unicornio azul, mi Charly.

Charly    Hace muchos días que vengo pensando en ustedes, queridos amigos de unalecturapropia. El ritmo de la vida, el ritmo de ir y venir, el ritmo de hacer y deshacer me ha dejado sin tiempo para escribirles. Se me ocurren tantos temas, cosas que pasan por mi mente, lecturas y cuestiones propias que van enriqueciendo el diario vivir.

    Pero hoy lloro por Charly.

    Nuestro querido Charly. Simplemente desapareció el sábado en la noche, cuando ya era noche profunda y  la luna era demasiado débil para socorrernos en su búsqueda.

    Él estaba con nosotros hace cinco años, lo recibimos un cálido marzo, cuando solo tenía dos meses de edad. Era tan regalón, lo que más le gustaba era que le hicieran cariño en el pelaje, se acostaba de espalda y podía pasar todo el día abusando de nosotros. Tal como me lo dijo una buena amiga, lo mejor de tener un perro, es que son los que con más ganas esperan tu regreso a casa. Totalmente cierto. Charly ansiosamente acechaba, casi temblaba al verme. Como él sabía que no podía ingresar a la casa, apoyaba su cabeza sobre el marco de la ventana y movía su cola.

   Pero Charly también nos hacía pasar rabias. Y muchas. A veces entraba a la habitación de mis hijos y sacaba un peluche, otras, en cambio, hacía sus necesidades sobre el puf.

    Cuando venían los pájaros, por su condición de perro cazador, salía rápidamente tras ellos. Nos dejaba impactados por su prestancia para ir raudo a apresarlos. Si daba con su presa, se la comía y después se enfermaba del estómago.

    Ayer, cuando lo buscaba por el vecindario, iba escuchando  Mi unicornio azul de Silvio Rodríguez. Jamás me había hecho tanto sentido esa canción.

    Un Charly se nos perdió ¿volverá?

    Se siente una desazón, una inquietud y una pena profunda.

    Ojalá lo encontremos.

    Los dejo con la canción de Silvio.

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