Mi unicornio azul, mi Charly.

Charly    Hace muchos días que vengo pensando en ustedes, queridos amigos de unalecturapropia. El ritmo de la vida, el ritmo de ir y venir, el ritmo de hacer y deshacer me ha dejado sin tiempo para escribirles. Se me ocurren tantos temas, cosas que pasan por mi mente, lecturas y cuestiones propias que van enriqueciendo el diario vivir.

    Pero hoy lloro por Charly.

    Nuestro querido Charly. Simplemente desapareció el sábado en la noche, cuando ya era noche profunda y  la luna era demasiado débil para socorrernos en su búsqueda.

    Él estaba con nosotros hace cinco años, lo recibimos un cálido marzo, cuando solo tenía dos meses de edad. Era tan regalón, lo que más le gustaba era que le hicieran cariño en el pelaje, se acostaba de espalda y podía pasar todo el día abusando de nosotros. Tal como me lo dijo una buena amiga, lo mejor de tener un perro, es que son los que con más ganas esperan tu regreso a casa. Totalmente cierto. Charly ansiosamente acechaba, casi temblaba al verme. Como él sabía que no podía ingresar a la casa, apoyaba su cabeza sobre el marco de la ventana y movía su cola.

   Pero Charly también nos hacía pasar rabias. Y muchas. A veces entraba a la habitación de mis hijos y sacaba un peluche, otras, en cambio, hacía sus necesidades sobre el puf.

    Cuando venían los pájaros, por su condición de perro cazador, salía rápidamente tras ellos. Nos dejaba impactados por su prestancia para ir raudo a apresarlos. Si daba con su presa, se la comía y después se enfermaba del estómago.

    Ayer, cuando lo buscaba por el vecindario, iba escuchando  Mi unicornio azul de Silvio Rodríguez. Jamás me había hecho tanto sentido esa canción.

    Un Charly se nos perdió ¿volverá?

    Se siente una desazón, una inquietud y una pena profunda.

    Ojalá lo encontremos.

    Los dejo con la canción de Silvio.

Ten una lectura propia.

Av Italia y sus antigüedades

italia9

    Caminar por la ciudad, ir descubriendo sus secretos, sus escondites, sus novedades. Sorprenderme. Eso iba sintiendo cuando transitaba por el barrio Avenida Italia,  me volvía a apropiar de Santiago, a hacerlo mío al deambular sin norte.

    Muchos sabrán que este sector ha ido cambiando su fisonomía, pues de uno netamente residencial y de unas cuantas oficinas, se ha convertido en un polo cultural y de comercio alternativo, han proliferado cientos de negocios, restaurantes y cafeterías, escondidos en galerías que antaño fueron cites y casas. Pero también siguen allí los locales de antigüedades (conviven dos épocas en paz, pensé, dos formas de ver el mundo), donde  se van arrumando cientos y cientos de adornos, muebles y loza  junto al polvo. Ingresé a una tienda sin nombre (Av. Italia 1484) y a lo lejos divisé unos  cassettes (le pregunté a don Aníbal Hernández, el dueño, si tenía dirección de correo electrónico y me contestó: “Yo no ocupo esas cosas”).

    Miren lo que allí encontré.

casettes
Mecano, Aparato Raro, Elvis.

     ¿Qué define una antigüedad?  ¿el paso del tiempo o bien los objetos que dejamos de utilizar?

    Unas cuadras más adelante, me topé con una mesa llena de libros. Ya era la hora de almuerzo y don Héctor Lamur los estaba ordenando. Me dijo que me quería mostrar algo.

Cerro de libros escondidos detrás de una puerta

    ¿Qué hacen todos estos textos ahí? Le pregunté, ¿los compró por kilo? Ante sus respuestas esquivas, finalmente sólo me explicó que el cuento “es muy largo y que a usted no le gustaría escucharlo, pues muchos que lo han hecho han terminado enojados con él”. (Realmente quería conocer su historia, me imaginé que había tenido una librería o bien, había heredado o simplemente, quería vivir como un asceta).

Don Héctor ordenando su mercancia
Don Héctor ordenando su mercancia

       Les dejo su tarjeta en caso que vayan a Av. Italia y quieran comprar libros “de viejo”.

tarjeta anibal hernandez

Ten  unalecturapropia.