¡Al fin! Terminé varios libros pero quedan varios sobre mi velador

La calidad de la foto está mala, pero es tan dulce la portada que no quise dejar pasar la ocasión.
La calidad de la foto está mala, pero es tan dulce la portada que no quise dejar pasar la ocasión.

    Esta semana por fin terminé dos libros que tenía pendiente hace bastante: “El mundo de ayer”  (Acantilado) de Stefan Zweig  y “La Isla de la infancia” (Anagrama)  de Karl Ove Knausgard. El primero es un registro personal sobre la Primera  Guerra Mundial y el comienzo de la Segunda.  El otro es sobre la infancia del autor que recién me vino a enganchar como en la página 300. También leí rápidamente -en un par de horas- “Colección particular”  (Laurel) de Gonzalo Eltesch.

    Mas, no piensen que estoy “parada” en mis lecturas. Ahí están a medio leer “2666” (Anagrama) de Roberto Bolaño, “The Lost Landscape” (Harpers Collins) Joyce Carol Oates y el eterno pendiente “El libro de las preguntas “ (Siruela) de Edmund Jabes.

         Durante muchos años estuve leyendo con la presión del deber, ya sea por la novela o por un cuento o bien, por el Magíster de Literatura comparada que estoy por finalizar. Justamente estaba trabajando en la tesina que debo entregar en enero para poder recibirme.

Como ven son varios los libros que me acompañan en mi mesa de noche.
Como ven son varios los libros que me acompañan en mi mesa de noche.

        Me ha sido difícil continuar con este trabajo final. Ya he finalizado las clases –dos años en las noches- pero todavía tengo pendiente esta publicación. Realmente este 2015 ha sido muy movido y me ha quedado poco espacio para dedicarme a escribir la tesina; pero como la única forma de terminar las cosas es haciéndolas me tuve que poner rigurosa. El tema principal es sobre cómo se narra el horror del Holocausto. Para ello estoy basando mi análisis en un libro publicado por una sobreviviente judía y chilena del Holocausto, Judith Klein. Ella escribió “Semillas de Dios”,  una memoria de Auschwitz (Aguilar). Está narrado en primera persona y el texto realmente tiene un estilo y una voz propia. Klein lo comenzó a escribir en unos cuadernos décadas antes, cuando los fantasmas de su experiencia no la querían abandonar. Pues aquí no solo se habla del horror, sino que se recuerda lo más íntimo y tierno de la infancia. Llama la atención que la autora interpele directamente a Dios, que lo increpe pero a la vez, es su refugio y su esperanza.

        Reconozco que a veces me canso de leer textos relacionados con Holocausto, piensen que también trabajo en Fundación Memoria Viva que realiza entrevistas a sobrevivientes y genera herramientas educacionales. Pero a lo largo de los años me he dado cuenta que que para mí la memoria es un pilar fundamental para mejorar el mundo. Esta soy yo: me gusta saber, más me gusta recordar y sobre todo, me gusta tener un registro.

     Por eso llevo registros de diversa índole, ya sea un diario personal, o sobre lo que he leído, también frases que mis hijos han dicho, o bien, sobre los menús que he servido en casa. Además tengo una libreta para cada hijo, desde que cada uno nació y ahí les voy escribiendo sobre sus vidas, sobre cómo van creciendo, sobre sus juegos y dichos.

    Me cuesta imaginar-me sin estos registros. Siempre ando con un lápiz en la cartera, un libro en la mano, una pequeña libreta. Son mis eternos compañeros, no hablan, pero me permiten encontrar mi ventana.

Ten una lectura propia. 

Pd: Esto de la autobiografía me recuerda lo que hace poco me dijo una fiel lectura del blog sobre “Una mujer en Berlín”: que era repetitivo y no había un desarrollo del personaje principal. Humildemente le dije que yo lo había leído como un registro histórico y como un diario. No como una novela.

Una charla excepcional: Empodérate


Empodérate 5
    Ayer tuve el honor de participar en una charla “Empodérate IV” en el Círculo Israelita de Santiago. Compartí la conversación con tres grandes mujeres y escritoras, Andrea Jeftanovic, Daniela Roinstein y Ximena Hinzpeter. Hablamos sin tapujos sobre la literatura, cómo escribir, qué significa para nosotras y también, sobre cómo lograr compatibilizar los variados roles que hoy tenemos las mujeres.

    Unos días antes las organizadoras me habían enviado un par de preguntas. Aquí respondo por escrito a algunas de ellas.

¿Existe un canon de lectura para la mujer judía? ¿Qué recomendación le harías a una amiga?

    No soy muy amiga de los cánones, creo que solo hacen aún más rígida la movilidad “social” de la literatura. Justamente leí hace poco un artículo bien interesante en la revista O en que una escritora confesaba no haber leído ciertos títulos que se dicen indispensables en la formación profesional de un escritor. Además ¿es posible leer todo lo que uno quiera? Pero reconozco también que las recomendaciones son básicas para aumentar la riqueza de la biblioteca que uno lleva en su interior. Yo soy una lectora tradicionalista, en el sentido, que me gustan las historias bellas y bien contadas, con una narración fluida. Pero he descubierto que si no lo complemento con propuestas radicales, novedosas, post post modernistas, seguiré a un pegada a un tipo de narración que solo me jugará en contra. Ahora si tuviera que recomendar, de nuevo, depende del gusto de cada una, depende de la amiga, depende de su tiempo, depende de su energía, depende de su animo, diría que apuestas seguras son Stefan Zweig, Philip Roth, Saul Bellow –aunque tiene algunos títulos difíciles, pero Herzog es magistral- Isaac Bashevis Singer, Amos Oz, George Perec ¿mujeres? Oh, las mujeres, claro que sí, Clarice Lispector, Natalia Ginzburg, cualquiera, lo que tomes será increíble.

    Debemos abrirnos de corazón a lo latinoamericano. Son majestosos, deleitan con el uso del lenguaje y los escenarios, nunca cansa Cortázar ni Borges (aunque a veces cuesta comprenderlo), chilenas como Lina Meruane, Andrea Jeftanovic, Alejandra Costamagna, podría seguir. O mexicanas como  Guadalupe Nettel y española,  Milena Busquets. Adoro a las que escriben simple, pero altamente bello como Joyce Carol Oates o Alice Munro, ellas son de las grandes ligas. También están Karl Ove, el nuevo Joyce dicen por ahí. O  Vasili Grossman (creo que mejor me detengo, estaría abrumando a mi amiga imaginaria).

    A mi amiga, sobre todo, le diría que lea por gusto, por placer, porque es delicioso. Cuando no te guste, querida amiga lectora, deja ir ese escrito, la vida es una para desperdiciarla en unas páginas que no te hacen sentido.

Empodérate 3

– ¿Por qué y para qué escribes?

    Escribo porque me gusta, porque es bello, me gustan las palabras, conjugarlas, jugar con el lenguaje, atreverme a nuevas cosas (ojalá lo hiciera más, ser más innovadora), me hace bien, porque me sale natural, fácil, porque existen tantas razones, porque es una forma de explicar-me el mundo, la vida, las alegrías y sufrimientos. Porque me llena, me hace sufrir y crecer como persona.  La  literatura es un placer, permite que el sufrimiento personal se congele un rato para ingresar a un mundo paralelo. Escribo porque soy  por medio de la escritura, necesito sacar de adentro de mí lo que me sucede, me obsesiono con registrar los momentos, por no olvidar lo que deberíamos olvidar, porque me gustar el registro, la pluma, el sonido del teclado, porque se requiere un grade de locura y otro de arrojo, porque quiero escribir y publicar, porque ojalá mis niños sigan leyendo y en las salas de clases discutiendo sobre personajes y los clubes de lectura se multipliquen hasta Punta Arenas.

    Creo firmemente que la literatura nos acerca a mundos lejanos que de otra forma estarían en el olvido. Me acerca a lo que desconozco, a mis antepasados, a conflictos ajenos que pasan a ser míos. Mientras leo subrayo, mientras escribo siento una pulsión, cuando agarro el ritmo siento que mi corazón se acelera, mis hijos me dicen que escribo rápido en el teclado; yo me digo, que la imaginación corre veloz, pero que a veces, dejo de escribir porque me congelo en este mundo de los deberes.

Empodérate 4
Las organizadoras junto a las expositoras

– ¿Cuál es el rol de las nanas: aliadas o reemplazantes?

    Las nanas están por doquier: en Facebook, en los cumpleaños, en los almuerzos, en whastapp: “Busco nana, lo que sea”.

    Para nosotras son aliadas, a veces nos abandonan y quedamos cojas de pies y de manos. Nos hemos venido a dar cuenta que somos capaces (o tendremos que serlo a la fuerza) de vivir sin ellas, criar sin ellas, hacer cenas sin ellas, asear sin ellas. ¿Lo queremos? Bueno, a veces sí, otras no, incluso dudamos.

    Pero la figura de la nana, como la figura arquetípica, esa que llevamos en el inconsciente está cambiando. Hemos pasado de una fiel, omnipresente y sabia, a una que busca el trabajo solo como moneda de cambio. La nana dejó se de ser chilena, mapuche, sureña, de campo o la etiqueta que queramos. Ahora tenemos servicio doméstico, asesora del hogar que aboga por sus derechos, con el teléfono y los audífonos como complemento de la aspiradora, esta nana, la de hoy digo, puede ser colombiana, alguno importan como mercancía desde Filipinas, otros han aceptado que sean bolivianas e incluso de color.

    ¿Podría haber hecho tantas cosas sin una nana? La verdad es que lo dudo o hubiera sido mucho más difícil y lento. Le debemos mucho a las nanas. Efectivamente la relación es compleja, pero una rica, en que permitimos en nuestro hogar modos, culturas, historias que de otra forma quedarían fuera de nuestro radar.

¿Quieres cambiar algo con la literatura?

     Esta pregunta es bien capciosa porque primero debemos definir si la literatura es agente de cambio. Antaño era fundamental, se ha ido difuminando por el auge de las redes sociales y de los infinitos medios que existen para informarse. Antiguamente -y no hace más de un siglo-  las novelas y los periódicos eran las principales fuentes de conocimiento, no existía Hollywood, apenas la fotografía, ni que decir de la televisión y la radio.

    Entonces para responder a la pregunta creo que más que cambiar (lo que suena algo ambicioso y lejano ), siento que solo puedo aportar una ventana nueva, una mirada ojalá distinta dentro del mar de la creación literaria contemporánea. Ojalá que el lector se conmueva por alguna frase, que alguien recuerde una escena, un sentimiento, satisfecha. Para algunos la literatura es política y creo que cualquier acto conlleva una visión, pues en la escritura es inevitable que el autor se fusione con el texto de una u otra forma., Ojalá -si es que tengo la maravillosa suerte-  que el lector conozca un poquito más.

    Lo que cada uno haga con eso, eso es personal.

Ten una lectura propia.  

El viaje de la escritura: Joyce Carol Oates, Stefan Zweig, Tao Lin

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    En mi maleta de mano llevo varios libros de papel (aún no me acostumbro a leer en la pantalla). Voy de viaje por el mundo con mis libros. Son pesados, pero no me importa. Son de autores de diferentes procedencias y tampoco me importa. Algunos hombres y otros mujeres. Me importa menos. ¿Qué tienen en común Joyce Carol Oates, Stefan Zweig, Tao Lin y una autora anónima? Poseen el don de la buena escritura, me hacen volar por mundos que de otra forma permanecerían en la oscuridad. Sin la literatura me quedaría encerrada en mi pequeño universo. ¿Para qué tantos libros? ¿Acaso tendré tanto tiempo para leerlos? Aunque el avión se atrase, se pierda el equipaje con la ropa o azote una tormenta y me deje encerrada en el hotel, los libros estarán junto a mí. Crecí leyendo y envejezco haciéndolo. Me cuesta creer que escribo en el viaje, y me cuesta creer que algunos me leen.

    Comencé de pequeña, ignorante aún del impacto que tendrían en esas cientos de páginas de diarios de vida. Gracias a ese ejercicio de ir plasmando ideas, acontecimientos, rabias y penas de amor tuve el mejor taller literario que podría haber aspirado. Hoy, cuando escribo, ya sea en papel o en el teclado, cuentos, novela o entradas al blog, me suceden cosas, voy escuchando voces, viendo personas y oliendo fragancias. Confieso que ya sea de ficción o la tan agasajada “no ficción” es un vicio, de los buenos; escribir se ha convertido en parte de mi ser y es mi forma de vivir la vida.

    Vivimos catalogando, indexando, creando bases de datos y listas sobre los mejores escritores. ¿Cuándo las mujeres seremos tan importantes como los hombres?. Digo con absoluta tranquilidad, que poco importan esas cuestiones del siglo pasado. Quiero creer que la buena literatura ha sobrepasado esas categorías anticuadas.

    Así como me he subido a varios aviones para llegar a destino, escribir es tener alas. Me permite que los límites de género (como tantos otros) se difuminen para alcanzar una nueva realidad. Solo le pido al autor@ (a esos que llevo en mi maleta de mano y a los otros que están en mi biblioteca) que escriban la verdad dentro de la ficción.

    Escribir, por fin, es la maravilla.

 

Ten Una LecturaPropia.

Lo que he leído en un solo día y aún no se termina

 Hoy ha sido una maratón de lectura. Empecé bien temprano, como a las 8am con mi joyita ” Una mujer en Berlin”. Estoy enojada con  los  de Anagrama (me costó 25 mil pesos para que  en la página 128  se descompaginara y apariecieron otra vez las páginas 60 hasta la 90, es decir, me perdí 40 páginas del libro, pero seguí igual). Un par de horas más tarde leí muchas, muchas  revistas. Me devoré Harpers, The Atlantic y también -aquí me escapo de mi tradición- The Economist. Terminé con la revista de Oprah”O”y Runners.

 

  

 Me quedo con el artículo de “Easy Chair” de Rebecca Solnit, también el de Andrew Moravcsik Why I put my wife’s career first y el de los maratonistas que salen antes de las 6am a correr. Pero ojo no son cualquier tipo de corredores, sino que inmigrantes latinos, con trabajos duros de más de doce horas diarias, con viajes súper largos a sus casas y que se esfuerzan en cumplir sus objetivos. 
  
Me imagino que están pensando sobre la novela que me ha acompañado en los últimos de dias. Me dieron tiritones  al leerla, al conocer la crueldad de los vencedores y la impotencia que vivieron los berlineses ante la invación soviética al invadir la capital. Cuesta creer como las violaciones fueron  tan comunes que las mujeres tan pronto se reunían se preguntaban ¿a ti cuántas veces te tocó?

La autora que nunca autorizó  a que dieran a salir del anonimato, dijo que la única manera de sobrevivir a este calvario fue que disoció su alma de su cuerpo. Los sovieticos sólo tuvieron su cuerpo, jamás su alma.

                                Ten una lectura propia

Pd: estoy escribiendo esta entrada desde mi iPad  y es mucho más difícil la edición. Así que esta vez tenemos  un nuevo look. 

Deudas con la escritura, se nos viene la Primavera del libro

Primavera del libro Respirar
    Escribo porque no encuentro otra forma de expresarme. Escribo porque sé lo que se siente cuando lo dejo de hacer. Escribo porque soy.

    ¿Qué hago? Necesito escribir y no tengo el tiempo. Por eso estoy  haciendo esto, escribir aquí en el blog, en mi cabeza, en mis pensamientos y en mis actos. Quiero transmitir tantas cosas, lo que me está sucediendo con “Respirar bajo el agua”, también con la novela que debería comenzar a escribir, por los cuentos que están a la espera de mi revisión, por los nuevos cuentos y también por los viejos, por los ensayos sobre la escritura y la pérdida tras el lanzamiento de una novela.

    Entonces, hoy escribo.

   También escribo hoy para contarles que han sido días agitados, de fiestas, de jolgorio y de innumerables invitados, de muchas risas, cantos y cenas. O que estoy disfrutando el trabajo, disfruto las horas con mi familia, con mi trote, con mi sueño y mis sueños.

    Debería escribir que estoy en los descuentos, en una semana más estaré en Chicago, lista para correr la maratón, lejos de Santiago, de un computador y de  mis hijos.

    Me están pasando tantas cosas, cantidad de reuniones, llamados telefónicos, correos electrónicos, podría hacer una lista enorme, escribir sobre cómo es trabajar en proyectos educacionales, o bien, escribir sobre lo que no he escrito y ansío escribir.

    Sobre todo escribir que deseo volver a mi taller en El Arrayán que lo tengo abandonado.

Miércoles 7 de octubre presentación de "Respirar bajo el agua".
Miércoles 7 de octubre presentación de “Respirar bajo el agua”.

    O seguiría escribiendo sobre la Primavera del libro, sobre el nuevo lanzamiento de “Respirar bajo el agua” que haremos el miércoles 7 de octubre, que por fin ahí estará Claudia Apablaza (la gran Mujer rota) con quien he escrito tanto y me ha enseñado más.

    Espero entonces, poder escribir sobre eso, sobre ese encuentro en el Parque Bustamante, sobre el viaje a Chicago, además de lo que sentiré en el km40 y cuando llegue a la meta.

    Tengo una deuda: escribir.

Ten una lectura propia

¿Por qué los niños tienen que leer en vacaciones? Respuesta de una lectora furiosa

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    ¿A qué alude el título de esta entrada? A que realmente estoy furiosa. ¿Desde cuándo la lectura se convirtió en un deber? ¿Eso es lo que le estamos transmitiendo a los niños?

    Ya van a comenzar las vacaciones de invierno y una de mis hijas tiene que leer un libro durante estas dos semanas como parte del sistema “plan lector” que tiene el colegio al que asisten. Los títulos son súper disímiles y para todos los gustos, desde la historia de una niña diabética “Sin azúcar” hasta uno más tradicional como “Charlie y la fábrica de chocolate”. Ella está feliz y muy entusiasmada con el trabajo posterior que le implicará esta lectura (ya sea informe, presentación o control).

    Entonces ¿por qué estoy furiosa? Una mamá preguntó esta mañana por el grupo de whastsapp ¿por qué tienen que leer en vacaciones? Están agotados, necesitan descansar. Yo enmudecí y alguien contestó brillantemente: “Porque leer es un placer”.

    Y como estoy furiosa, hoy declaró algunos de los infinitos motivos de porqué debemos incentivar la lectura a los chicos y no tan chicos:

    Nos permite imaginar, estar en silencio, compartir sueños y sustos, conocer otras realidades desde un lugar seguro, los chicos se cuestionan no solo desde el texto sino que sus vidas, aprenden nuevas palabras, valores y antivalores. Y como me dijo una amiga, es la mejor forma de aprender ortografía. Es sin duda la mejor pantalla, ya sea de papel o la de la tableta, da lo mismo, hay que leer porque sin la lectura quedamos cercenados en nuestro mundo interior.

    ¿Sigo?

    Porque a partir de la lectura los niños pueden expresarse mejor, logran conversar sobre otros temas, se explota la lógica, se potencia la capacidad de introspección, de análisis, podrán  soportar así mejor las penas,  desilusiones y conflictos.

     Leer es una aventura  que nunca necesita vacaciones.

    Pero no quiero agobiarlos, ojalá ustedes siguieran con esta lista furiosa. Furiosa porque soy lectora voraz, porque escribo cuentos y pronto publicaré mi primera novela. Porque desde que soy chica mi mamá me enseñó que leer es lo mejor que nos puede pasar, me maravillé con las aventuras escritas por Enid Blyton y a los quince años con “Lo que el viento se llevó”, luego vendría “Ana Karenina” y hoy, leo a Raymond Carver y también los cuentos completos de Clarice Lispector.

    Y tú ¿qué lees?

Ten una lectura propia.

Murakami, correr y escribir

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    Les escribo esta tarde de viernes con una suerte de sopor. O algo parecido, me siento agradablemente cansada, tengo ganas de dejar fluir el tiempo y aprovechar estas horas de relajo (por fin es viernes, dicen algunos). Debe de ser porque hoy, por primera vez en mi vida, corrí 25 kilómetros. Partí cuando estaba oscuro (el famoso cambio de horario en Chile nos tiene viviendo al revés, cuando debería ser de día es de noche y las tardes invernales pretenden ser como las de primavera) y terminé el entrenamiento con el sol alumbrando el cerro Manquehue. Muchos me preguntan porqué me gusta este deporte y sinceramente me encanta, me siento libre, es un constante desafío a mi naturaleza de quedarme en casa leyendo, me obliga a ir más allá.

    Todo esto me recordó   en “De qué hablo cuando hablo de correr” de Haruki Murakami. Lo leí hace más de cinco años y es por lejos el libro más autobiográfico del escritor japonés. En ese entonces -al momento de leer la novela- recién comenzaba a escribir “Respirar bajo el agua”. Además unos meses antes me había integrado al Tym, un grupo de trote que se reúne religiosamente los lunes y miércoles en una plaza y los sábados en otro sector de Santiago (pero ese día yo no voy). Como les decía, correr y escribir se convirtieron en hechos centrales, dos actividades que requieren de una perseverancia extraordinaria. Porque queridos lectores, ambos te obligan a vivir bajo una disciplina aguda, donde debes dominar la mente y tolerar las decepciones. En De qué hablo cuando… Murakami nos cuenta los diferentes lugares donde ha ejercitado, cómo es su rutina (se levanta a las cinco de la mañana a correr y creo que antes de las ocho está sentado en su escritorio, algo que me encantaría emular), cuales son sus miedos y cómo le ha servido este deporte para su profesión y viceversa.

    Hace unos días un sobrino –muy querido por cierto, gran lector y estudiante de psicología- me preguntó qué pensaba mientras corría. Y mi respuesta sigue siendo la misma: pienso en cuánto me queda para el próximo kilómetro, en el ritmo que llevo y si soy afortunada,  aparecen ideas que me ayudan en la vida. A veces son simplemente cosas domésticas como por ejemplo qué cocinar, pero en otras, he logrado dar con la solución a un problema o bien, ocurrencias sobre la novela o un cuento.

Así de oscuro comencé mi entrenamiento de hoy. Con una maravillosa luna llena.
Hoy  comencé mi entrenamiento con una maravillosa luna llena. Eran las 7am.

    Me gusta correr bien temprano –no tanto como Murakami- pero por lo general a las 7 ya estoy en la pista y algunas de mis colegas trotadoras llegan a las 6.30. Y el entrenador nos vigila y alienta a cumplir con el programa. Casi nunca voy  con música porque prefiero que el silencio me envuelva, me gusta escuchar los pájaros, observar las hojas en el suelo, sorprenderme con el amanecer o bien, soportar el frío. Solo escucho música cuando voy en el kilómetro veinte. De verdad creo que correr me ha permitido desarrollarme hasta el límite; es un desafío eterno, cada vez que comienzo el entrenamiento pienso que no podré hacerlo y cada vez que finalizo, experimento felicidad.

    Murakami es muy claro en su libro considera que escribir novelas se parece a correr un maratón. Pero además es súper sincero al hablar del arte de escribir y de él en particular:

Los novelistas dotados de talento natural son capaces, sin hacer nada especial (o haciendo cualquier cosa) de escribir novelas con facilidad. Las frases les brotan como el agua mana a borbotones de un manantial, y así va surgiendo su obra. No necesitan esforzarse. Hay personas así. Pero por desgracia, yo no soy como ellas.

    Como ven, algo tengo en común con este gigante de la literatura japonesa: corremos y a los dos nos cuesta escribir. Solo eso, porque Murakami, queridos lectores es un tremendo escritor (aunque muchos lo encuentran demasiado oscuro y repetitivo).

PD: Hoy mientras corría se me acordé del libro de Murakami. 


Ten una lectura propia.

Cuando cumples 40: “También esto pasará” de Milena Busquets  

 

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    En la librería Altamira del Drugstore de Providencia fue cuando vi También esto pasará de Milena Busquets. Gracias a algunas críticas literarias estaba enterada del libro y cuando lo tuve en mis manos me reproché: para qué una novela más, ¡tengo tantas por leer! Pero me imagino que a muchos de ustedes, queridos lectores les ha sucedido, esto de comprar libros con la ilusión de leerlos ya, o pronto, o algún día. Pero esta novela fue distinta, porque esa misma tarde sus palabras me agarraron con fuerza:

“Por alguna razón, nunca pensé que llegaría a los 40 años. A los veinte, me imaginaba con treinta, viviendo con el amor de mi vida y con unos cuantos hijos. Y con sesenta, haciendo tartas de manzana para mis nietos, yo, que no sé hacer ni un huevo frito, pero aprendería. Y con ochenta, como una vieja ruinosa, bebiendo whisky con mis amigas. Pero nunca me imaginé con cuarenta años, ni siquiera con cincuenta. Y sin embargo aquí estoy. En el funeral de mi madre y, encima con cuarenta años…”

    Y ahí pasó eso que es inusual, tan extraordinario, porque desde la primera línea supe que estaba ante un buen texto, ignoro cómo, ignoro porqué me sedujo así, ignoro porqué tan ferozmente.

    ¡Qué lucidez! Me refiero al ritmo, a la cadencia, a la forma de presentar la idea, de cómo la autora logra hacernos creer que de verdad ella no imaginó sus cuarta década, (cosa difícil pues las mujeres pensamos “en eso” desde que tenemos veinte; pasar esa barrera odiosa en que se supone que debes haber “logrado” algo, aunque sea como dice Blanca, cocinar un huevo frito). Pero dejando estas cuestiones de lado (me encantaría saber la opinión de mis lectores hombres ¿cuándo comenzaron a pensar en los cuarenta y tantos?), este es un libro solo para algunos, a los que realmente quieren o toleran la mente femenina. En serio. Tengo un amigo que se resiste a leer mujeres (no porque él sea machista, solo porque le cuesta identificarse con ese modo de escritura). Además el sexo está por doquier, algo que ha muchos puede molestar; la Busquets nos propone la intimidad como una pérdida y el sexo como un comodity. A pesar de ello, existen elementos tradicionales en la historia como lo son la familia, los hijos y los amigos. Nos encontramos ante una escritura femenina, porosa como se diría, es un constante ir y venir, tal cual somos nosotras.

    La trama es bien sencilla. Blanca, la protagonista –la asumimos como alter ego de la autora- está atravesando el duelo de su madre, quien acaba de morir. Blanca le habla a su madre muerta, a una mujer fuerte, que en la vida real fue la dueña de la editorial Tusquets, le cuenta sobre su vida, sobre cómo es vivir con el vacío de la ausencia de un ser amado, de alguien que te protegió y también te hirió. Porque aquí los personajes son complejos, a veces la madre se nos presenta llena de cualidades y en otras, como un demonio que castró a la hija.

    Queridos lectores, algunos de ustedes ya lo saben, en agosto por fin publicaré Respirar bajo el agua bajo el sello Cuarto Propio. Es mi opera prima, como dicen algunos y la protagonista, al igual que Blanca, se despide de su nana que acaba de morir. Respirar bajo el agua nos habla sobre la muerte y la perdida, sobre volver a flotar cuando parece que la pena te ahoga y también de un desvelo en una noche de luna.

Ten una lectura propia.

Mis rusos y Vasili Grossman

    vida y destino   ¿Cómo no seguir pensando en los rusos? Más aún si de un día para otro te enteras que tienes familiares que aún viven en Siberia  y hablas por Skype con uno de ellos. Hoy  conversé con un primo hermano de mi padre.  Es difícil comunicarse con un ruso y una chilena  (¡gracias al traductor de Google!) Y así me enteré de muchos detalles que nuestra familia chilena ignoraba.

    Quiero conversar con él ¿pero cómo hacerlo cuándo no tenemos una lengua común? Quiero empaparme con sus historias, porque sabe mucho más que nosotros de nuestro pasado en tierras rusas, donde falleció la mayor parte de nuestro grupo familiar a manos de los nazis y de la población local.

    El recuerdo es frágil,  es un deber registrarlo y por eso he dedicado mis últimos años a trabajar en Fundación Memoria Viva, una institución que se  se aboca a preservar la memoria de los sobrevivientes del Holocausto que se refugiaron en Chile.

        Pero volvamos a los rusos.

    Si alguna vez quieres leer una novela histórica, larga, contundente, profunda e inquietante. Si alguna vez deseas entender cómo fue sobrevivir durante al sitio de Leningrado en 1942. Si alguna vez intentas dimensionar cómo fue la lucha entre los soviéticos y los nazis, debes invertir tú tiempo y energía en Vida y destino de Vasili Grossman (Galaxia Gutenberg).

    Porque este libro no es un relato más de la Segunda Guerra Mundial, es una historia de personas, de sus quiebres, de sus lamentos, de la supervivencia.

    Son 1.100 páginas de agobio, de dolor, de hambre y frío. Son páginas que te hacen adentrarte en lo más horroroso de la guerra, te hacen ver cómo la sociedad se va hundiendo, te muestra el odio y el antisemitismo. Algunos han comparado a Grossman con Lev Tolstoi y su gran obra La guerra y la paz.

    Es el horror reflejado en palabras.

    ¿Quiénes fueron peores?  ¿Los soviéticos o los nazis? ¿Cómo se mide el horror? ¿En cifras? ¿Por la sistematización o por la indiferencia?

    Soviéticos y nazis perdieron la humanidad.

    Por completo.

   Hoy repaso las notas que hice durante mi lectura, aparece el exterminio masivo, la muerte de los niños, la melancolía y la sospecha.

    Y mucho más.

    Los escritos  de Grossman fueron confiscados por la KGB, cuando irrumpieron sorpresivamente en el departamento del escritor y éste le escribió directamente a Nikita Jrushchov :

Le pido que devuelva la libertad a mi libro, pido que mi libro se discuta con editores, no con los agentes de la KGB. ¿Qué sentido tiene que yo sea físicamente libre cuando el libro al que he dedicado mi vida es arrestado?… No renuncio a él… Pido libertad para mi libro.

grossman       ¡Y pensar que  Vida y destino recién se salió a la luz en 1980! El manuscrito -casi de manera milagrosa- se recuperó y por fin la novela fue editada en Suiza (era considerada peligrosa en la URSS). Desgraciadamente Vasili Grossman no alcanzó a verla publicada.

    Queridos lectores, la literatura es vida y memoria, la literatura es testigo y también, es historia. La literatura es un espejo.

    Y la vida familiar una caja de sorpresas que debemos conocer.

Ten una lectura propia.