Una victoria, tiempos difíciles para los padres y la mirada de 10 escritores sobre como ser papás/mamás

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    Hoy pienso en lo que significa la palabra victoria. Hemos olvidado que cada acción que realizamos es un triunfo en la medida que nos sobreponemos al desafío. Justamente eso le sucedió ayer a mi hija de 7 años y medio. Estaba triste, quería resolver unos ejercicios de matemáticas, lloraba y visiblemente le irritaba su derrota. Entonces le abrí una ventana de esperanza, me senté junto a ella, le dije que podía llorar como una niña chica o bien, tratar de resolver la multiplicación con mi ayuda. Así tendría su victoria. De pronto su semblante se relajó, las lágrimas dejaron de resbalar por sus bellas mejillas y con su mano temblorosa comenzamos a trabajar. Ella conquistó su desafió, lo transformó en algo bueno. Luego aprovechamos de mirar un vídeo de Khan Academy sobre multiplicaciones y se fue a dormir orgullosa por su logro ( pensé cuánto me habría gustado tener Khan Academy en mis tiempos de colegiala).

    Poder reconfortarla fue una victoria,  pero s los papás solo a veces somos capaces de contener a los niños, a veces estamos cansados,  a veces rabiosos y en otras ocasiones, solo queremos descansar.

    Hoy les hablo sobre la crianza porque recién leí una edición especial de Harper´’s sobre cómo son los padres del siglo XXI. La revista postula que “son tiempos difíciles para los padres, no porque la crianza se haya hecho más difícil -es la misma de siempre- sino porque estamos sobre informados al tener acceso a tantos libros y artículos sobre el tema”. Diez escritores reflexionaron sobre su experiencia, desde una pareja tradicional hasta una de lesbianas, un escritora que había recibido donación de espermios y una que se había convertido en madrastra. Sin duda que las complejidades propias de la crianza son universales  ( ¿nos reconforta en algo?)  y definitivamente, a pesar de ser difícil, agotador y a veces, desafiante, todos están felices con su opción.

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Portada de Harper´s de agosto.

    Recomiendo el artículo “The Grand Shattering” de Sarah Manguso quien nunca quiso ser madre hasta que lo fue. Casi me dejo sin aire el escrito por un poeta, A. Balkan, padre de unas mellizas, que tituló su ensayo “Self-portrait with daughters” y me sentí muy identificada con la cuestión de que hoy los niños no se aburren, escrito por Claire Messud , “In Praise of Boredom” (porque efectivamente cuesta mucho trabajo lograr que los niños hoy se aburran).

    Para mí es una victoria haber logrado que mi hija viera por otra ventana.

    ¿Cuál es tu victoria?

Ten una lectura propia.

¿Por qué los niños tienen que leer en vacaciones? Respuesta de una lectora furiosa

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    ¿A qué alude el título de esta entrada? A que realmente estoy furiosa. ¿Desde cuándo la lectura se convirtió en un deber? ¿Eso es lo que le estamos transmitiendo a los niños?

    Ya van a comenzar las vacaciones de invierno y una de mis hijas tiene que leer un libro durante estas dos semanas como parte del sistema “plan lector” que tiene el colegio al que asisten. Los títulos son súper disímiles y para todos los gustos, desde la historia de una niña diabética “Sin azúcar” hasta uno más tradicional como “Charlie y la fábrica de chocolate”. Ella está feliz y muy entusiasmada con el trabajo posterior que le implicará esta lectura (ya sea informe, presentación o control).

    Entonces ¿por qué estoy furiosa? Una mamá preguntó esta mañana por el grupo de whastsapp ¿por qué tienen que leer en vacaciones? Están agotados, necesitan descansar. Yo enmudecí y alguien contestó brillantemente: “Porque leer es un placer”.

    Y como estoy furiosa, hoy declaró algunos de los infinitos motivos de porqué debemos incentivar la lectura a los chicos y no tan chicos:

    Nos permite imaginar, estar en silencio, compartir sueños y sustos, conocer otras realidades desde un lugar seguro, los chicos se cuestionan no solo desde el texto sino que sus vidas, aprenden nuevas palabras, valores y antivalores. Y como me dijo una amiga, es la mejor forma de aprender ortografía. Es sin duda la mejor pantalla, ya sea de papel o la de la tableta, da lo mismo, hay que leer porque sin la lectura quedamos cercenados en nuestro mundo interior.

    ¿Sigo?

    Porque a partir de la lectura los niños pueden expresarse mejor, logran conversar sobre otros temas, se explota la lógica, se potencia la capacidad de introspección, de análisis, podrán  soportar así mejor las penas,  desilusiones y conflictos.

     Leer es una aventura  que nunca necesita vacaciones.

    Pero no quiero agobiarlos, ojalá ustedes siguieran con esta lista furiosa. Furiosa porque soy lectora voraz, porque escribo cuentos y pronto publicaré mi primera novela. Porque desde que soy chica mi mamá me enseñó que leer es lo mejor que nos puede pasar, me maravillé con las aventuras escritas por Enid Blyton y a los quince años con “Lo que el viento se llevó”, luego vendría “Ana Karenina” y hoy, leo a Raymond Carver y también los cuentos completos de Clarice Lispector.

    Y tú ¿qué lees?

Ten una lectura propia.

Una sobreviviente del Holocausto y sus 3 nombres: Paulina, Peska y Genoveva

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    El miércoles asistí al lanzamiento del libro Gozo y Dolor. Son las memorias póstumas de Peska (Paulina) Tider, más conocida por mí como la señora Paulina. Ella fue una sobreviviente del Holocausto y entregó su testimonio a Memoria Viva en el 2010. Hace poco volví a ver esa entrevista y se me quedó marcado su  rostro, su mirada azul viendo ante ella el horror y la pérdida, pero sobre todo el silencio que nadie intentó rellenar con palabras necias. No crean que fue una entrevista larga, solo 16 minutos, pero en ese lapsus de tiempo transcurrieron muchas horas de vida y de dolores.

    Queridos lectores, imaginen tan solo que la señora Paulina tuvo tres nombres: Peska, Paulina y Genoveva Zawada.

    ¿Por qué tantos se pueden preguntar? El primero al nacer, el segundo cuando llegó a Chile tras la Guerra y Genoveva, el que la salvó de los nazis. Pues con esa nueva identidad sobrevivió, con esa nueva identidad pudo trabajar para una familia alemana que la acogió durante esos años. Con esa identidad vivió.

     Cuesta imaginar eso

  Cuesta imaginar que ella perdió a sus padres, pero que ellos, gracias a su inteligencia salvaron a los tres hijos.

    Cuesta imaginar a Wanda, la polaca que los ayudó a sobrevivir.

    Cuesta imaginar el miedo, el pánico y la bondad en medio del mal.

    En el lanzamiento, el hijo y los nietos hablaron sobre la señora Paulina, sobre cómo fue su vida y más que nada, en cómo sus acciones se orientaron para el bien. Este libro que tengo en mis manos, es mucho más que la memorias de la pérdida, porque aquí encuentro relatos de bondad, de ilusión y también de una juventud arrebatada. La mayoría de los sobrevivientes recuerdan vívidamente cuán rápido les arrancaron la inocencia y la alegría. Claro, muchos dicen que la recuperaron, pero sinceramente, la pérdida los acompaña por doquier. Sobre todo la pérdida de los que ya no están, de los que se fueron de manera indescriptible.

    Ella finaliza sus memorias con lo siguiente:

 

 Es tanto mi dolor por la pérdida de mis seres amados, es tan difícil  expresarlo en palabras, sólo el amor de mis nietos me anima a continuar viviendo y me devuelve en algo la felicidad perdida.

    En el dorso del libro aparece una foto familiar, da gusto. Doña Paulina logró reparar de alguna manera ese dolor y transformarlo en gozo. Eso, queridos amigos, es lo más bello de la historia.

Ten una lectura propia. 

Mi unicornio azul, mi Charly.

Charly    Hace muchos días que vengo pensando en ustedes, queridos amigos de unalecturapropia. El ritmo de la vida, el ritmo de ir y venir, el ritmo de hacer y deshacer me ha dejado sin tiempo para escribirles. Se me ocurren tantos temas, cosas que pasan por mi mente, lecturas y cuestiones propias que van enriqueciendo el diario vivir.

    Pero hoy lloro por Charly.

    Nuestro querido Charly. Simplemente desapareció el sábado en la noche, cuando ya era noche profunda y  la luna era demasiado débil para socorrernos en su búsqueda.

    Él estaba con nosotros hace cinco años, lo recibimos un cálido marzo, cuando solo tenía dos meses de edad. Era tan regalón, lo que más le gustaba era que le hicieran cariño en el pelaje, se acostaba de espalda y podía pasar todo el día abusando de nosotros. Tal como me lo dijo una buena amiga, lo mejor de tener un perro, es que son los que con más ganas esperan tu regreso a casa. Totalmente cierto. Charly ansiosamente acechaba, casi temblaba al verme. Como él sabía que no podía ingresar a la casa, apoyaba su cabeza sobre el marco de la ventana y movía su cola.

   Pero Charly también nos hacía pasar rabias. Y muchas. A veces entraba a la habitación de mis hijos y sacaba un peluche, otras, en cambio, hacía sus necesidades sobre el puf.

    Cuando venían los pájaros, por su condición de perro cazador, salía rápidamente tras ellos. Nos dejaba impactados por su prestancia para ir raudo a apresarlos. Si daba con su presa, se la comía y después se enfermaba del estómago.

    Ayer, cuando lo buscaba por el vecindario, iba escuchando  Mi unicornio azul de Silvio Rodríguez. Jamás me había hecho tanto sentido esa canción.

    Un Charly se nos perdió ¿volverá?

    Se siente una desazón, una inquietud y una pena profunda.

    Ojalá lo encontremos.

    Los dejo con la canción de Silvio.

Ten una lectura propia.

El Calbuco, el Villarrica y yo.

Calbuco

    Queridos amigos, otro volcán nos está hablando. Al cielo se van esas nubes cargadas de energía, al cielo corren a volar como si quisieran escapar de nuestro Chile.

     El Calbuco, así se llama este volcán, esta caldera que hoy hierve y nos maravilla con su fuerza.

   Sale el humo con rapidez, tanto que uno piensa que se cansó del silencio que mantuvo por 42 años. Mi edad.

    Cuando era pequeña me gustaba observar el Volcán Villarrica. Recuerdo esas noches en Pucón (todavía era la década del 80) cuando el pueblo aún tenía sus calles con ripio, no existían los restaurantes ni supermercados enormes.

Gran Hotel Pucón 1930
Gran Hotel Pucón en 1930

    Cuando aún la Nora diariamente nos traía pan amasado y el Loco nos llevaba a pescar al Trancura. Ese Loco, un pescador que me enseñó a disfrutar la tranquilidad que se produce sobre un bote de madera rodeada de vegetación nativa. A regocijarme cuando el pez se comía el anzuelo.  El Loco gritaba  “nalai chalhua” cuando la pesca estaba mala. Le gustaba ponerle harta   mantequilla a la sartén para que el pescado quedara rico, a tomarse un buen tinto y a descansar en la orilla del río luego del opiparo almuerzo. Ese Loco murió joven, educaba con cariño y responsabilidad a sus hijos y vivía en la calle Lincoyan. Por entonces todavía quedaban truchas, todavía los turistas no habían invadido la naturaleza. Todavía.

    Como les contaba, en las noches me gustaba observar al Villarrica. Me sentaba en la ventana a mirar cómo corría la lava. La veo allí, un riachuelo de masa fosforescente, iluminando la oscuridad con sus naranjos, rojos y hasta azules. Era un camino fino y delgado.

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    Chile, país de volcanes, de lagos y de desierto. Chile, país de desastres.

    Hace poco sucedió en el norte, en Copiapo.

temporalchilenorte6.jpg_1572130063    Allí las inundaciones convirtieron ciudades en barro, casas en ruinas, colegios en edificios abandonados.

    Y ahora, al sur, vemos al Calbuco.

    Ay Chile, ay la naturaleza que vive y nos sorprende.

    Ay Día de la Tierra.

Ten una lectura propia. 

Jan Karski en Chile

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    Esta mañana tuve el privilegio de asistir a la inauguración de “Jan Karski”, auspiciada por la embajada de Polonia en Chile, el Museo Interactivo Judío y Fundación Memoria Viva. Digo privilegio porque fue una oportunidad para conocer de cerca de Karski.

    No vayan a pensar que él es chileno, o que está vivo o que fue escritor. Nada de eso.

  Jan Karski fue un polaco que durante la Segunda Guerra Mundial se encargó de dar a conocer el mundo las atrocidades que los nazis hacían con los judíos. Fue un hombre valiente, se adentró en el Guetto de Varsovia y también en Belszec, un campo de exterminio, donde conoció de primera fuente lo que sucedía.

   Entonces su vida jamás volvería a hacer lo mismo. Viajó a Gran Bretaña y a Estados Unidos. Se reunió con el ministro de Relaciones Exterior Británico, Anthony Eden y el presidente de los Estados Unidos, Franklin Delano Roosevelt. Pensó que sus palabras tendrían impacto, que por fin los mandatarios pondrían termino a la calamidad.

    Roosevelt, en cambio, le preguntó sobre los caballos polacos.

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    Quiero compartir con ustedes las palabras que leí en la inauguración.

    Estimados embajadores, rabinos, profesores y alumnos, queridos amigos:

 

Los Estados y naciones no tienen conciencia. Solo los individuos. (palabras de Jan Karski).

 

    Dudo que yo habría podido. Seriamente. Ir a hacer justicia por otros, por ellos que no pertenecen a mí, que no son parte de mi sangre ni de mi historia. Simplemente son ellos.

    Lo vemos en Siria, lo vimos ayer en Kenya, los vimos hace unos años en Ruanda.

    Lo vimos hace setenta años en Europa.

     Y Jan Karski sí pudo. Cuando nos ponemos a pensar en qué significa ser un gran hombre o una gran mujer, equivocadamente buscamos a esos líderes que están a la cabeza de una nación o crean instituciones.

   A veces, simplemente, los más magnos, son aquellos que con sus actos dan testimonio de que aún existen personas nobles.

   Porque Karski era polaco. Era católico. Era un hombre como cualquiera.

   Lo que lo distinguió no solo fue el coraje de ir donde nadie deseaba, sino de ver un guetto, de ver un campo de trabajos forzados, de ver un crematorio.

   Ver.

   Y cuando vio, supo que su vida sería distinta.

  Él fue incapaz de regresar a la comodidad de su casa, a la seguridad de la familia.

   No salvó a un solo judío, pero salvó a la humanidad.

 

  Primero vinieron a buscar a los comunistas, y yo no hablé porque no era comunista. Después vinieron por los socialistas y los sindicalistas, y yo no hablé porque no era lo uno ni lo otro. Después vinieron por los judíos, y yo no hablé porque no era judío. Después vinieron por mí, y para ese momento ya no quedaba nadie que pudiera hablar por mí”

Nota: 1945, Martin Niemöller (pastor protestante, 1892-1984).

 

    Jan Karski es la prueba de que sí podemos hacer la diferencia en este mundo. Porque Karski no esperó a que vinieran por él, sino que justamente hizo lo contrario. Con valentía fue donde esos gobernadores que no querían saber. Esos grandes líderes de Occidente, habló con Churchill y Roosevelt y así hoy sabemos con seguridad que esos líderes supieron del horror. Y no quisieron hacer nada.

    Karski les dijo: un pueblo completo será destruido. Karski Dio voz a los judíos que sufren y mueren.

   Al momento de recibir la distinción de Justos entre las Naciones que otorga Yad Vashem, aseveró: Yo mismo me he convertido en un judío. Así como la familia completa de mi mujer fue borrada en el guetto, en los campos de concentración y en los crematorios, de esta forma todos los judíos asesinados se han convertido en mi familia. Pero yo soy un judío cristiano… Soy un católico practicante. Mi fe me dice que la humanidad ha cometido un segundo pecado original. Este pecado perseguirá a la humanidad hasta el fin de los tiempos. Y así deseo que sea.

   Al recibir la nacionalidad israelí por gracia, en 1994, declaró que era el día más significativo de su vida. Por medio de la entrega de esta nacionalidad, he alcanzado el nivel más alto al que puedo aspirar de mi religión católica. De cierta manera me hago parte de la comunidad judía…Y ahora Jan Karski, por nacimiento Jan Kozieleswski –un polaco, un americano, un católico- también se ha convertido en un israelí.

   En mis clases no hablo sobre el Guetto ni Belszec, me he disciplinado para no pensar en eso.

   La indiferencia del mundo, la indiferencia del mundo y los judíos murieron.

 

 

    Deseo concluir con un poema que escribió en honor al profesor Karski una estudiante y escritora, Janet Daley:

 

                           Karski ( En memoria de Jan Karski, un heroe de tiempos horribles)

 

Yo estaba en molesto.

Ellos no podían verme.

Ellos no querían verme.

Ellos no querían escuchar

El mensaje que llevaba

sobre el destino de los judíos.

Quizás yo tenía el rostro equivocado

mi animo torturado, mi voz dolorosa,

mi polaco con entonación,

mis ojos que destellaban el horror

de lo que había visto, contaba una historia

que nadie quería creer, y aún,

una que era de lo más aceptada

en los círculos de poder de ese tiempo.

Ellos sabían, pero me mandaron de regreso.

Ellos no tenían tiempo para mis informes

Los gobiernos, las iglesias, las elites.

Auschwitz.Birkenau no estaba en sus mapas,

tampoco en sus compases morales. “¿Qué

sucede con la condición de los caballos polacos?”

Roosevelt pregunté.

Yo estaba tan molesto. Yo era una molestia.

 

Mis rusos y Vasili Grossman

    vida y destino   ¿Cómo no seguir pensando en los rusos? Más aún si de un día para otro te enteras que tienes familiares que aún viven en Siberia  y hablas por Skype con uno de ellos. Hoy  conversé con un primo hermano de mi padre.  Es difícil comunicarse con un ruso y una chilena  (¡gracias al traductor de Google!) Y así me enteré de muchos detalles que nuestra familia chilena ignoraba.

    Quiero conversar con él ¿pero cómo hacerlo cuándo no tenemos una lengua común? Quiero empaparme con sus historias, porque sabe mucho más que nosotros de nuestro pasado en tierras rusas, donde falleció la mayor parte de nuestro grupo familiar a manos de los nazis y de la población local.

    El recuerdo es frágil,  es un deber registrarlo y por eso he dedicado mis últimos años a trabajar en Fundación Memoria Viva, una institución que se  se aboca a preservar la memoria de los sobrevivientes del Holocausto que se refugiaron en Chile.

        Pero volvamos a los rusos.

    Si alguna vez quieres leer una novela histórica, larga, contundente, profunda e inquietante. Si alguna vez deseas entender cómo fue sobrevivir durante al sitio de Leningrado en 1942. Si alguna vez intentas dimensionar cómo fue la lucha entre los soviéticos y los nazis, debes invertir tú tiempo y energía en Vida y destino de Vasili Grossman (Galaxia Gutenberg).

    Porque este libro no es un relato más de la Segunda Guerra Mundial, es una historia de personas, de sus quiebres, de sus lamentos, de la supervivencia.

    Son 1.100 páginas de agobio, de dolor, de hambre y frío. Son páginas que te hacen adentrarte en lo más horroroso de la guerra, te hacen ver cómo la sociedad se va hundiendo, te muestra el odio y el antisemitismo. Algunos han comparado a Grossman con Lev Tolstoi y su gran obra La guerra y la paz.

    Es el horror reflejado en palabras.

    ¿Quiénes fueron peores?  ¿Los soviéticos o los nazis? ¿Cómo se mide el horror? ¿En cifras? ¿Por la sistematización o por la indiferencia?

    Soviéticos y nazis perdieron la humanidad.

    Por completo.

   Hoy repaso las notas que hice durante mi lectura, aparece el exterminio masivo, la muerte de los niños, la melancolía y la sospecha.

    Y mucho más.

    Los escritos  de Grossman fueron confiscados por la KGB, cuando irrumpieron sorpresivamente en el departamento del escritor y éste le escribió directamente a Nikita Jrushchov :

Le pido que devuelva la libertad a mi libro, pido que mi libro se discuta con editores, no con los agentes de la KGB. ¿Qué sentido tiene que yo sea físicamente libre cuando el libro al que he dedicado mi vida es arrestado?… No renuncio a él… Pido libertad para mi libro.

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    Queridos lectores, la literatura es vida y memoria, la literatura es testigo y también, es historia. La literatura es un espejo.

    Y la vida familiar una caja de sorpresas que debemos conocer.

Ten una lectura propia. 

El doctor Zhivago y lo que sucede cuando terminas de leerlo

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    Nuevamente los chilenos estamos cupados en nuestros trabajos y estudios (creo que me entienden ¿no?, hemos dejado atrás la playa y las aventuras de las vacaciones), nos sentimos un poco más preparados para despedir el verano. Pero en mí sigue rondando una lectura que me acompañó durante mis vacaciones; algo se los había adelantando y hoy les contaré cómo fue leer El Doctor Zhivago.

    ¿Qué nos motiva a finalizar una lectura? ¿Por qué leí las más de 700 páginas? ¿Por su trama? ¿Sus descripciones y reflexiones? ¿O solo por el deber de terminarla? Sinceramente, la podría haber abandonado en la página 500, cuando me aburría infinitamente con los avatares de la Revolución Rusa (y también con los detalles  de la I Guerra Mundial), con esas interminables descripciones, eventos y desventuras de los protagonistas, además que poco entendía sobre los enredos entre los Rojos con los Blancos y los partisanos. Nunca llegué a comprender porqué Zhivago fue reclutado nuevamente, ni en qué momento ganaron unos y perdieron otros.

http://www.youtube.com/watch?v=R0ymHA9fl9Q

    Pero supuse que volvería a repuntar la historia. Y así fue. Mi libro de la editorial Galaxia Gutenberg está lleno de post it que fui usando para resaltar citas, frases, ideas o descripciones. En los últimos días me he dedicado a organizar esa información en un archivo con la ilusión de que algún día me sirva para algo.

    Esta obra de Boris Pasternak – que se publicó por primera vez en Italia en 1957-  la finalicé porque sabía que me encontraba ante una novela de las grandes, donde el amor, la guerra, la pobreza y la Revolución, están descritas con tal robustez que hoy, cien años más tarde, aún nos imaginemos las penurias y dilemas que enfrentaron los líderes de la Revolución y sus oponentes.

    Me gustan los escritores rusos, ya sea Anton Chejov con sus cuentos aparentemente sencillos, Lev Tolstoi con sus colosales descripciones, Vasili Grosman con su triste realidad, todos, todos ellos son capaces de delimitar lo más feroz y bello de los hombres y mujeres.  Algo común en estos escritores–obviamente incluyó a Boris Pasternak quien rechazó el Premio Nobel porque no quería ser expulsado de la Unión Soviética- es la presencia de la naturaleza. Ésta es un personaje más, el invierno es eterno, gélido y cuando se da paso a las primavera ella hace florecer no solo la risa, sino que también la ilusión y belleza. Los personajes se hunden en la nieve, se pierden y se sofocan en el calor por la incapacidad de vivir bajo el acecho del sol. Seres humanos que divagan, piensan y se cuestionan.

    Entonces, leer a un ruso, es leer sobre la profundidad misma del alma, es el desafío de conocer la amargura y las bajezas. Pensándolo bien, terminé El Doctor Zhivago porque si no lo hacía, hubiera sido como dejar pendiente una deuda con la Revolución, con sus desdichas y sus pasiones equivocadas.

     Por su falsa creencia de que la sociedad sería por fin una más justa y bella.

     Por el amor imposible.

    Pero sobre todo, una deuda con la literatura de las grandes ligas.

    Les digo, es un trabajo leer a un ruso, pero más difícil aún, es volver a la literatura contemporánea donde se evitan las grandes divagaciones, se abusa del punto seguido y de los relatos excesivamente cortos.

    Lo reitero: no hay como estos rusos.

Ten una lectura propia.

Nieve en Jerusalem

La noche ya cayó en Santiago y el calor nos da por fin un respiro.

Cuando ya despedimos este último lunes de febrero, les regalo estas bellas imágenes.

Nieve en Jerusalem  (presiona el enlace, ahí saldrá el vídeo).

 

Ten una lectura propia.

El pasado está en el presente, 70 años de la liberación de Auschwitz

70 años

    Ayer tuve el privilegio de asistir a la conmemoración de los 70 años de la liberación de Auschwitz Birkenau.

    Ayer, en Santiago de Chile, al frente de La Moneda y en el edificio del Ministerio de Relaciones Exteriores, tuve el honor de celebrar y recordar a los que se fueron, pero también a los que aún siguen con nosotros. Recuerdo también las entrevistas que realizamos en la Fundación Memoria Viva, lo que escuchamos, lo que descubrimos, lo que vimos en esos ojos tristes de los más de 100 sobrevivientes que entrevistamos, esa mirada hacia una infancia que fue agonizando paulatinamente, hasta que de pronto se quebró en  mil pedazos. Esos sobrevivientes debieron volver a vivir, porque estuvieron donde las palabras son inservibles.

     Ayer el mundo tuvo un Auschwitz.

    Fue una ceremonia sencilla, se encendieron seis velas, cada una representando a un millón de judíos muertos.

    Allí  estuve con varios sobrevivientes.

  Y escuché varios discursos, aún retumban las sabias palabras de don David Feuerstein, sobreviviente de esos campos y de mucho más: El pasado está en el presente.

Encendido Vela
Don David Feuerstein junto a María Angélica Puga, nieta de María Edwards,  la única chilena que ha sido condecorada como “Justa entre las Naciones” por Yad Vashem.

    ¿Qué piensan? ¿El odio gratuito lo escuchamos aún en los medios de comunicación? ¿Qué sucede hoy con el asesinato a inocentes? ¿El antisemitismo y las verdades absolutas han quedado atrás?

    O ¿Solo lo imaginamos?

    Ojalá fuera así. Ojalá solo fuera nuestra imaginación.

Ten una lectura propia.