Sueños entre Zambra y Jackson

ROGER EN LA HUERTA

 

    Amigos, amigos, amigos, hace tanto que no les escribía. Ya estamos a mediados de enero, cuando el calor en Santiago se hace insoportable, pero por fin disminuyen  los autos y muchos se han ido fuera, al igual que yo que logré escaparme un fin de semana. Les escribo desde la playa, cuando el sol se escabulle entre medio de las nubes, mis ideas vuelan como los pelícanos que cruzan el horizonte. Aquí, cerca de Papudo, el sol está cansado de tanto brillar, parece que también necesita unas vacaciones. Pero su ausencia no ha sido  un impedimento para disfrutar de la naturaleza, de esa que nos obliga a ir a un ritmo pausado, a descubrir estrellas de mar entre medio de las rocas, en fin, respirar como si estuviéramos ante un mundo nuevo.

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ALGÚN LUGAR DE LA COSTA CHILENA, ENTRE PAPUDO Y ZAPALLAR

    Tengo tanto que contarles (conferencias, encuentros con escritores, lecturas). Pero como ya estoy en la playa prefiero comenzar por lo más reciente. Ayer fui a Expocachagua y descubrí a un nuevo artista, un  australiano que se dedica a crear obras de arte a partir de la chatarra. En el arte es muy fácil quedarse en las modas o las tendencias, evitando lo disruptivo (como dicen, siempre es más cómodo pensar dentro de la caja). Muchos de los que nos dedicamos al ámbito artístico nos cuesta innovar. A los lectores les gusta que la prosa fluya, sea ágil y con abundante aventura y amor. Justamente eso no sucede con Facsímil de Alejandro Zambra.

    Facsímil lo leí en una mañana de sábado y  agradecí su propuesta, tan fresca, que dejé de sentir los 32 grados en el cuerpo; transgresor (Zambra marca camino) ¿Quién no siente algún grado de angustia al recordar los famosos cuadernillos para preparar la Prueba de Aptitud Académica? ¿o la PSU de hoy? Pero el dilema del texto (de Zambra, digo) es que no existe la respuesta correcta, todas pueden serlo y ninguna también. Nos pone en situaciones límites, sientes un leve cosquilleo, dudas que el padre sea bueno, dudas que la dictadura tenga tantas posibilidades, dudas. Y en dudar, está el valor. Lo compré en la Ulises que está ubicada en la Biblioteca Nicanor Parra de la UDP tras escuchar la recomendación de mi amigo Marco Antonio de la Parra (ojo, hoy acaban de publicar una buena entrevista sobre su biblioteca en el sitio de La Fuente, vale la pena dedicarle unos minutos, es un gran lector).

    Volviendo a nuestro australiano, Aaron Jackson lean su declaración:

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    Algunos dicen que los grafitis no son arte (ya lo discutimos en una “entrada” anterior), o algunos consideran que Nicanor Parra no es más que una pose (¿entonces por qué le otorgaron el Premio Cervantes?)

    Sea Zambra, Jackson o un adolescente anónimo en su casa, el artista que abre senderos, merece un aplauso. Soñar nos permite construirnos y salir del la comodidad de la ruta previamente hecha por otros.

    Cuando mis hijos vieron la hojalata de Jackson (perros, vacas, un ratón y gallo Roger, como ven lo pusimos en la huerta, si quieren comprar un Roger visiten este sitio ), se quedaron varios minutos detenidos. Claramente no es una casualidad,  lo que más les divirtió de la feria fueron justamente esas figuras de materiales reciclados entre muchos negocios de ropa, platos y manteles.

    Estoy segura que se acordarán de estos animales por muchos años (y yo de Facsímil). IMG_2006

Ten una lectura propia.