#35 Entrevista a Fernando Iwasaki

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Hola, hola ¿cómo estás? Grabo este episodio número 35 y el primero del 2021, un caluroso jueves 7 de enero. Hoy tengo un capítulo muy especial con la entrevista a un tremendo escritor peruano (que hoy vive en España), Fernando Iwasaki. ¿Sabes lo que es entrevistar a alguien y darte cuenta que al frente tuyo tienes a una persona muy, muy inteligente y dulce? Ese es Fernando. La conversación la sostuvimos hace mucho, en noviembre pero decidí publicar o como se diga en lenguaje de podcast, hoy para inaugurar con buenas vibras el 2021.

Fernando Iwasaki se fue joven a España y armó una vida española muy alternativa, porque no vive en Madrid ni en Barcelona, sino que en su casa del campo a las afuera Sevilla, vive lejos de la ciudad, rodeado de naturaleza, con acceso limitado al agua potable y sin servicio de recogida de basura. Puede tener perros, hacer música e invitar amigos sin molestar a nadie. Si pudieras ver su estudio te quedarías absorto, porque no solo está tapizado de libros sino de recuerdos muy, muy lindos. Como por ejemplo, cuadros de su amigo e ilustrador Fernando Vicente del diario El País, otros de la peruana Denise Mulanovich, máquinas de escribir antiguas que nunca botó o de su papá, todo esto es su “museo invisible” los objetos importantes de su vida. Él ha publicado más de 12 libros de cuentos, 2 novelas, 9 ensayos, 7 crónicas, 3 antologías, 6 libros de historia y más. Un hombre extremadamente creativo y prolífico. Ojalá te des el tiempo de visitar su sitio en internet www.fernandoiwasaki.com porque su propuesta es genial y trabaja mucho en coordinación con su familia, sus hijas y su esposa.

Al finalizar la tertulia, en serio, es más que una entrevista, Fernando me contó que él regala mini libros a sus seres queridos. Es decir, va escribiendo textos especiales para sus familiares y amigos, porque cree que para eso uno escribe. Me recomendó a otro escritor que hace lo mismo y del cual yo también me maravillé, el mexicano Alberto Rui, acuérdate, siempre puedes leer la transcripción de este y todos los episodios en mi página web www.karencodner.com.

Recuento personal

Me sorprendió la respuesta que tuvo el último episodio del 2020, en el que hago una reflexión sobre lo que significó heredar los libros de mi mamá. Agradezco mucho los comentarios. Michele escribió directo a mi página web y me cuenta sobre el impacto que tuvo en ella “La soledad de los números primos” de Paolo Giordano, lo arrendó en una biblioteca y hoy lo quiere comprar “porque siento que quedó como parte de mí, entonces lo quiero en mi living”. Vicente Orellana comentó por Instagram: “una belleza de episodio. Escuchando. Gracias por compartir tus reflexiones, tu vida como lectora y escritora. Es una inspiración”.

Nicole, otra auditora, cuenta que lo escuchó mientras tomaba desayuno, “¡que hermosa tradición ha forjado tu familia! Encuentro maravilloso que esa chispa encendida por tu madre en ti aún siga encendida y que tú la estés traspasando a tus hijos también y de paso a tus alumnos. P.D: ánimo con el orden de los libros!” . Silvana Petrinovic me dijo algo que me llegó al corazón: “La heredé. En cada libro que prefirió dejó un poema de su pluma mágica. Ahí estamos las mujeres de mi vida, ahí está mamá, en ese único sitio en donde nacen y mueren las historias, en mi biblioteca.”

Otro comentario fue “mi mamá está viva, gracias a Dios” escribió Karina Olmedo, “pero me regaló (o heredé) su biblioteca. No es su biblioteca completa, los que quedan, irán llegando hasta completar toda mi maravillosa herencia. Es uno de mis mejores regalos de este año. Y si, gracias mamá que conoces muy bien a tu hija” y Alicia Garrido acierta cuando dice que “ese contener el aliento y el tacto al rozar con sus manos cada lomo de libros. Es un sentimiento ante semejante herencia. Si sumas todo lo afectivo del vínculo, en tu caso La ladrona de libros de Markus Zusak, dejó en claro en mí, lo que significa una biblioteca.”

Es la primera vez que recibo tantos comentarios por un episodio, creo que es el que más repercusiones activas ha tenido además del de Alejandro Zambra. Me costó abrirme, porque hablé más de mí de lo que acostumbro, por eso fue tan importante cuando mi papá me dijo que había sido hermoso lo que dije (aunque él lee la transcripción, todavía no logro que escuche el podcast).

¿Te acuerdas de que mencioné que pensaba buscar a alguien para ordenar la biblioteca? Y sí, así lo hice, es la mejor ayuda que he tenido en mi vida, porque le ofrecí el trabajo a mi tercera hija, Yael, que a sus dieciséis años tiene el don del orden, de ser sistemática. Ella va a trabajar con una amiga y auditora del podcast. Debo agregar que su amiga es bibliotecóloga, además de otros títulos académicos y personales, mi querida Judith Riquelme. La primera reunión la tuvimos ayer y en ella Judith le fue explicando a mi hija los criterios de orden y de cómo armar un excel en que se categoricen los libros. Yael no solo tendrá un gran trabajo durante enero, sino que le compartiré un poco de mí, tal cual opinó Nicole, la auditora enamorada de La soledad de los números primos.

Otro hito es que subí, más bien realicé dos trekkings, hace mucho que quería comenzar a explorar este nuevo ejercicio para combinarlo con el trote. Si recibes mi boletín ahí podrás ver un par de fotos subiendo cerros. Y si todavía no te suscribes, no esperes más porque ahí voy recomendando libros, series de televisión, actividades y muchas otras cosas.

Hace un par de días entrevisté a una señora de origen holandés que sobrevivió a la Segunda Guerra Mundial escondida junto a sus padres, su hermano y abuelo, además de vivir con identidad falsa. Ella tiene casi 93 años y te prometo que tiene una agilidad y viveza en su conversación impresionante, todo en ella es superlativo.

Ahora te invito a escuchar esta hermosa conversación con Fernando Iwasaki.

Fernando Iwasaki: “La crítica siempre es un regalo“

KC: Fernando ahora sí que podemos comenzar, por tercer vez el intento, pero ya nos metemos en este mundo de la conversación, lo vamos a pasar bien, muy bien esa es la idea. Entonces, yo quiero saber ¿qué te interrumpí antes que te tuvieras que conectar a este podcast «Celular. Un llamado a la creatividad»? ¿Qué estabas haciendo?

FI: Pues mira Karen, casi es una coincidencia muy literaria porque en Madrid se va celebrar una exposición por los 75 años de la revista Elle. Yo no vivo en Madrid, vivo en Sevilla, pero me han encargado la narrativa de las salas en las que se va a dividir esta exposición dedicada a diez tipos de mujeres, que la revista Elle entiende que son diez tipos de lectoras. Y llevo unos días eligiendo un personaje femenino de una obra de teatro y un personaje femenino de una novela escrita por una novelista española, porque mi idea es que estas mujeres, estos modelos de mujeres que van a estar en cada sala, estén representados por una mujer de una obra de teatro y una mujer de una novela.  Porque los personajes dramáticos tiene que crearlos una actriz distinta cada vez que se ponen en escena, y los personajes literarios los construimos cada lector en nuestra mente cuando leemos una novela. Entonces me interesa mucho esa unión entre un modelo universal, que es un personaje de teatro pero que cada actriz lo hace suyo, y un personaje literario creado por una escritora pero que cada lector lo construye a su manera. Entonces, yo estaba justo poniendo el punto final a ese texto, que en los minutos en que he tardado en poder encender este Ipad y conversar contigo, se lo he mandado a una de mis hijas para que lo lea, porque me gusta que mis hijas, mi esposa, en fin, lean las cosas que escribo y me digan lo que les parece antes de dar el toque final. 

KC: ¿Y te leen cada columna, cada ensayo? ¿O en este caso en particular?

FI: En este caso particular me interesaba mucho que lo leyera una de mis hijas que es actriz profesional.

KC: Ah, es la que aparece en tu website.

FI: Sí, es Paula. Pero en este momento, también, debería decir que mi hija María Fernanda suele leer la mayor parte de mis ensayos y mis libros, y por supuesto, mi esposa se lee absolutamente todo lo que escribo, ya sea de ficción o de colaboración periodística o ya sea cualquier texto que va tener lectores.

KC: Pero Fernando, hay una cosa que yo, en mi humilde posición de escritora minúscula chilena, uno se pone a investigar sobre ti ¿cómo te pueden seguir el ritmo estas maravillosas lectoras con todo lo prolifico que eres?

FI: Bueno, será porque son tres, entonces se van repartiendo. Pero en realidad, mi hija María Fernanda que es no solo filóloga, sino también actriz, pero que es alguien que está metida en la enseñanza universitaria, digamos, tiene un tipo de actividad que limita muchísimo con muchas cosas que hago. Ella lee bastante de las cosas que escribo. Si yo voy a dar una conferencia, me parece muy importante que ella la lea. Y mi hija Paula, sobre todo lee la mayor parte que yo escribo que están relacionadas con el arte con la creatividad.Y bueno, mi mujer lee todo lo que puede, que es cierto que muchas veces no puede pero porque también escribo muchos disparates que deben ser un tostón que no necesariamente la van a enriquecer si los lee.

Portada de Neguijón.

KC: Y en ese sentido Fernando, ¿cómo te tomas la crítica?

FI: A ver, hay dos tipos de críticas,  existe la crítica publicada y existe la crítica que te hacen las personas que te importan. No contemplo aquí, la crítica de las personas que no conozco, y por lo tanto, no puedo decir que no me importan. La crítica publicada es una crítica de la que más tarde o más temprano te terminas enterando. Y pienso que la crítica siempre es un regalo, que haya alguien que se ocupe de lo que tú escribes, que te dedique un tiempo y que al mismo tiempo, dedica un plus, que es el tiempo creativo de escribir algo sobre ti, sea bueno o sea malo, para mí es un regalo. Es decir, es alguien que te ha dedicado un tiempo de su vida. Otra cosa es que te tengas siempre que creer todo lo que lees, sea elogioso o sea negativo, a mí me parece que hay que guardar una distancia siempre, imprescindible, entre los comentarios buenos y malos que se publican en los medios de comunicación, y para mí los medios de comunicación son las revistas y los periódicos. Casi no contemplo lo que se publica en Internet, sobre todo porque yo no estoy en las redes sociales, y como no estoy en las redes sociales me considero exento de tener incluso que revisarlas, exonerado de tener que verlas, porque además si estuviera en las redes sociales, yo sería una especie de hongo, una persona extraña, porque tú no puedes estar en las redes sociales sin tener interacción con las personas que generosamente quieren seguirte y mantener contacto contigo. Entonces, para mí es mucho más honesto no estar porque si no estoy, no tengo ninguna obligación, ni ninguna responsabilidad. Entonces, si se publica algo en La Tercera, si se publica algo en El Mercurio, si se publica algo en un periódico español, El País, El ABC, yo leo, lo leo, me alegro, lo considero un regalo y el que sea negativo o positivo me parece secundario. Luego estan las críticas que te hacen las personas que tú quieres o respetas o admiras pero que conoces. Esas críticas me las tomo muy en serio, me las tomo muy en serio porque son las críticas que me enseñan a mí a ser autocrítico. Recuerdo muchas veces haber escrito algo, sea para la prensa o de ficción, y que si mi esposa lo leía y me decía: «este no eres tú o suenas falso, o no me importan que los lectores digan que te creen pero yo personalmente siento que esto es una especie de engaño.» Pues me lo tomo muy en serio y lo reescribo. Y creo que eso mismo me lo podría decir un gran amigo, me lo podría decir una de mis hijas, me lo podría decir alguien cuya opinión personal me interese. A mí si me leyera algo cualquier de mis amigos escritores chilenos conocidos queridos, escritores o escritoras, yo lo tomaría muy en cuenta.

KC: Fernando justamente quiero conversar más de lo chileno. Es que me interesa el tema por un motivo personal, justamente yo estoy terminando de escribir la segunda novela y tuve cuatro lectores, entre ellos mi marido, a Marco Antonio De la Parra, a Silvana Angelini y a Marcelo Simonetti. Y cada uno me hizo este regalo que es la crítica, que me encantó. Voy a citarte de todas maneras en algo porque la crítica es un regalo, me encantó esa frase.

FI: La crítica es un regalo, y además te digo una cosa más Karen, yo nacido en el Perú y me considero ese típico escritor hispanoamericano, latinoamericano que se siente afortunado por de pronto disfrutar de lectores de muchos sitios, y entonces, no me olvido de donde vengo y nuestros países es muy difícil tener de pronto un grupo de lectores que te estimulen, entonces para mí son un regalo, las críticas son un regalo.

Confiar en las críticas

KC: ¿Cómo confías en las críticas, Fernando? Porque pueden ser que tengas tres, cuatro lectores y te digan cosas completamente distintas. ¿Cómo puedes distinguir cual crítica, que son todas valiosas, recoger integrar y las otras desecharlas? 

FI: Pues mira, de la misma manera que mi esposa cuando lee algo que yo escribo que hay un personaje que es cónyuge del narrador, sabe que no es ella. Es decir, cuando tú lees una crítica de un libro tuyo, en el fondo, ese libro leído por otra persona es menos tuyo. Es decir, nuestros libros le pertenecen a nuestros lectores y nosotros en el fondo no tenemos derecho a pedirle explicaciones por lo que ellos están interpretando de nuestra lectura. Cuando tenemos la oportunidad, cómo van a tenerla las amables personas que escuchen este podcast de nuestra conversación, a lo mejor ellos sí van a tener un poquito más de cercanía con nosotros y se van a enterar de cosas que no tienen porque enterarse alguien que te ha leído sin saber quien eres y de dónde has salido. Entonces, pienso que ese es una escala progresiva, hay una graduación entre el lector y el autor a medida que existen lectores que se toman el fuerzo de saber algo más de ti, de saber cuáles son los libros que a ti te gustan, y que, por lo tanto, podrían haber influido en la obra que han leído, que intentan reconstruir el mundo que existe alrededor de tu obra, entonces, esos lectores son fantásticos. Existe el lector que te lee y que después se olvido que te leyó, probablemente tú no estuviste a la altura de sus expectativas pero eso es algo que a ti no te corresponde. Hay un articulo muy divertido, y al mismo tiempo, muy reflexivo de Chesterton sobre los pesados. Chesterton dice que los pesados tienen mala fama, pero en realidad los pesados no son culpables de que tu te aburras, el culpable de aburrirse es el que está al lado del pesado. El pesado es una persona, a lo mejor, que te quiere mucho, que se desvive por estar a tu lado y quiere entretenerte,  y tú eres el que se aburre pues la culpa es tuya, dice Chesterton. Y yo creo que esto es así también, tú escribes una novela y no puedes pretender que eso le guste a todo el mundo, en el fondo eres un pesado. Ahora, si alguien la lee y sintoniza contigo pues maravilloso, pero si se aburre, la culpa no es tuya ni es mía exactamente, es de él en relación a la novela nuestra, que está leyendo. 

KC: Que interesante Fernando. Yo, justamente, en estos breves minutos que llevamos juntos, tu en España, son las cinco de la tarde ¿no?

FI: No, aquí son un cuarto para las cuatro de la tarde.

KC: Ah, un cuarto para las cuatro. Vestido de invierno, me imagino que ya la temperatura bajo.

FI: Sí, aunque Sevilla no es tan fría y está lloviendo. 

KC: Y los auditores si estuvieran viendo lo que yo veo del estudio de Fernando, que me dan unas ganas de meterme a través de la pantalla y llegar ahí, me imagino que es su cuarto de trabajo, con un librero hermoso, unas máquinas de escribir en una estantería, resguardadas en vidrios, y allá atrás unos cuadritos que no sé que son. 

FI: Sí, a ver yo te cuento Karen. Yo estoy en este momento en mi biblioteca. Nosotros vivimos en el campo, en el año 97′ nos mudamos al campo, reconstruimos una casa de campo, de las afueras de Sevilla, en un pueblo de la provincia de Sevilla. No tengo vecinos, no tengo agua potable, y digamos, no dispongo nisiquiera de servicio municipal de recogida de basura, ni cosas por el estilo. Eso en el confinamiento ha sido extraordinario porque durante esta época en la que nadie puede salir, nosotros hemos disfrutado pues de nuestra casa en el campo con todas las ventajas que ofrece el campo. Vivir en el campo es más barato que vivir en la ciudad porque puedes hacer música, puedes invitar amigos, puedes hacer muchas cosas, tener perros y no molestas a nadie. Y al mismo tiempo, mis hijos han crecido aquí con una sensación de libertad inmensa, y para mí el campo es extraordinario.Entonces, donde estoy en este momento, era un antiguo establo, que por supuesto en el año 97′ no estaba listo, este lugar recién está listo desde el año 2013, porque en el año 2013 se casó mi hija mayor y decidimos hacer una pequeña celebración, muy pequeña con menos de treinta invitados porque el novio es un chico alemán y su familia venía de Berlín. O sea recién el 2013, este espacio existe como tal. Pero es que en realidad comprarse una casa como la que nos compramos, en ruinas y en el campo, es infinitamente más barato que comprarse un departamento en el centro de Sevilla, es que es el día y la noche, es el cincuenta por ciento más económico. Nosotros disfrutamos de esta vida en el campo. Luego los cuadritos que hay aquí a mi alrededor son cuadros de amigos, Fernando Vicente, el ilustrador del diario El País, es un gran amigo, es un artista que yo admiro, yo le he pedido que me haga las carátulas, las portadas de muchos libros míos, de hecho, te las voy ensañar, porque están allí al fondo, como puedes ver. Estos cuadros que están aquí son de una pintora peruana muy querida, amiga mía también, que se llama Denise Mulanovich. Y estas máquinas y computadoras portátiles, las laptops que ves en esa especie de vitrina, era la máquina de escribir de mi papá, máquinas de escribir que yo he usado en otras épocas y mis primeros laptops que nunca los boté, nunca los tiré porque aparte de contaminar, yo soy un poco cachibachero y romántico. Y aquí viene la siguiente explicación, yo creo que todas tenemos en nuestras casas un museo invisible, creo que todos atesoramos objetos que fueron de nuestros padres, que fueron importantes en nuestras vidas. Yo soy, además, de los que pone muñequitos delante de los libros en las estanterías porque a lo mejor, hace años, fueron juguetes míos o de mi mamá, y yo no me quiero deshacer de ellos. Ya me corresponde pasarle la franela y quitar las telarañas, pero ese es mi museo invisible. Y tú tienes un museo invisible y cada uno de los auditores que nos escucha tiene en su casa un museo invisible. A mí me gustaría pensar que él que haga una web con los museos invisibles que existen en las casas de muchas personas, estaría creando un lugar virtual muy interesante, y siento que esto es algo que me gusta compartir. Yo no tengo a lo mejor obras valiosas de pintores renombrados, pero tengo cosas que han hecho personas que yo quiero y admiro. 

Portada de “España, aparta de mi estos premios”.

KC: ¿Y en tu museo invisible cómo ordenas los libros? Porque hace un tiempo yo hice un programa de podcast sobre cómo ordenar los libros, que no hay regla, hay sugerencias, y me encantaría saber cómo los estás organizando. No sé si tienes un balance de cuántos ejemplares tienes en esta biblioteca.

FI: No, no sé el número de libros que tengo, siempre digo que me gustaría que no superen los doce mil porque cuando leí Veinte mil leguas de viaje submarino de Julio Verne, yo podría tener 10 años, una cosa así, o 11, en el Nautilus, el capitán Nemo llevó doce mil libros, que eran los libros que él consideraba que debían sobrevivir a ese desastre inminente que él pensaba que iba a ocurrir en la Tierra, y hoy da susto pensar que doce mil libros caben en un Ipad o un E-reader, y entonces, pues mejor, que existan los libros físicos. Ahora cómo ordeno yo los libros. Yo los libros los ordeno por afectos. Entonces como estoy en un espacio, que yo me vine también a vivir al campo para disfrutar del espacio, y el espacio para mí es tener libros, y mis amigos que quieren tener libros pero que viven en un departamento, cada cierto tiempo tienen que deshacerse de un número de libros para poder mantener el lugar habitable. Pues yo que siento que tengo el privilegio de disfrutar este espacio, los ordeno por afecto. Es decir, yo tengo una parte de mi biblioteca donde están lo que podríamos llamar, mis autores, Borges y los autores del boom, y cercanías, es decir, tengo los libros de Borges, tengo los libros de los seis autores importantes del boom: García Márquez, Vargas Llosa, Fuentes, Cortázar, Donoso y Cabrera Infante. Y los autores que considero que están en las cercanías del boom, donde está: Bryce, donde está  Ribeyro, donde está Jorge Edwards, donde está por ejemplo, Manuel Puig; a estos autores los tengo todos juntos en el mismo sitio, que te puedo decir que este que está aquí porque son autores con los que trabajo, entonces me los he leído a todos. Luego tengo otra estantería, que sería esta, que es la que yo llamo de mis clásicos, mis clásicos, que también me los he leído todos, serían Nabokov, Stendhal, Michel Montaigne,Tolstói, en fin mis clásicos. Luego tengo otra sección que es relato, entonces ya ahí de pronto entra el género, y los tengo divididos entre los autores de cuentos latinoamericanos y los autores de cuento españoles. Y quizás, ocupando un lugar más pequeño, autores de cuentos que no son de habla hispana. Luego tengo una sección donde están los autores españoles con quienes tengo yo una especial cercanía, y ahí pues están; Javier Cercas, o está Muñoz Molina, o está Eduardo Mendicutti, Felipe Benítez Reyes, Soledad Puértolas, Espido Freire, Marta Sanz. Luego al fondo hay una estantería de libros del Perú, escritores peruanos pero también los escritores peruano de mi tesis doctoral de literatura, que son autores peruanos más o menos olvidados. Pero donde también tengo autores contemporáneos que me interesan a mí del Perú y que son latinoamericanos y que yo admiro mucho, como por ejemplo, José Santos Gonzalez Vera, para mí Gonzalez Vera es un autor importantisimo y esencial, o Augusto D’Halmar por mencionar dos autores chilenos que tengo allá en esa estantería del fondo. Luego tengo, avanzando en está misma dirección, una estantería de escritores latinoamericanos amigos míos o de mi generación, donde está Alberto Fuguet, donde está Rafael Gumucio, Andrea Maturana, y luego pues está Edmundo Paz Soldán, o está Jorge Volpi, o está  Rodrigo Fresán, Samanta Schweblin, Alejandra Costamagna por citar a otra autora chilena, y avanzado en esta dirección otra vez volvemos a los géneros, están los libros de biografía, memoria, diarios. Luego tengo otra estantería con los autores de artículos filológicos o de artículos publicados originalmente en prensa y después recogidos en libros, diarios, libros de correspondencias, me encanta leer la correspondencia de los escritores.

KC: Sí tienes un libro de correspondencia de Tolstói ¿lo pones en cuál repisa, en cuál sector? ¿En libros de correspondencia o donde tienes a Tolstói? 

FI: No, donde están Tolstói, me parece que los libros de Tolstói aunque sean sus cartas tienen que estar juntos. Y nunca dejas de descubrir un libro nuevo, por ejemplo, uno de mis clásicos es Stefan Zweig, yo desconocía, yo ignoraba como Stefan Zweig había sido tan desleal con su primera mujer, yo no lo sabía y para mí descubrir esa correspondencia de Stefan Zweig con su primera mujer a la que le decía quédate en Viena protegiendo mis libros, mientras él se iba con su amante huyendo de la guerra, yo desconocía eso. No voy a decir que fue un decepción porque creo que ese tipo de operación mental no es la que me interesa hacer, pero en cualquier caso, fue un descubrimiento que se que me va afectar de alguna manera, todavía no sé como pero me va afectar.

KC: Fernando ¿Y cómo lo haces para el espacio, vas sacando libros que ya no ocupas, vas desechando, en el sentido que los puedes donar, no sé, o mantienes todo?

FI: Bueno, hay libros que simplemente cuando llegan a mis manos, sobre todo si son libros que yo no he pedido, y son libros que yo no he solicitado, y al mismo tiempo no me interesan, pues yo los regalo, o los dono a una biblioteca. Hoy está pasando una cosa terrible, que ya ni siquiera las bibliotecas te aceptan libros donados porque tienen el mismo problema de espacio del que estamos hablando, entonces es muy terrible ver que, a veces, los libros pueden acabar en un contenedor de basura. Y yo para eso prefiero no desprenderme de nada. Luego hay gente que te regala libros que tú no esperabas y encima son tan cariñosos que te ponen una dedicatoria, pues yo los conservo. Muchas veces en las librerías de viejo compró libros dedicados, porque me da pena que un libro dedicado tenga ese destino. Es un tema sobre el que además me siento muy involucrado porque compro mucho en librerías de viejo, muchísimo. En Chile, por ejemplo, me iba por está zona que hay en el centro, a una librería de viejo, de un librero de viejo chileno, que además es escritor y escribía obras de teatro. Y esa zona está llena pequeñas librerías de viejo que siempre tienen maravillas, maravillas sobre todo relacionadas con el Perú, con España y con Argentina. 

Sitio web, familia y Alzheimer

KC: Fernando, la verdad es que es fascinante conversar contigo, yo estoy como con los veinte sentidos del cuerpo, la cabeza, todo, no me quiero perder nada. Y me asombré con tu propuesta en tu sitio web, que tú mismo dijiste, veló, analizaló. Me asombré porque es bastante peculiar, bueno, como tú eres, sobre todo por la integración de intereses que es la literatura, los árboles, la familia. Creo que es una propuesta que se abre a tu mundo íntimo y a tu postura como ser humano y profesional. Me encantaría saber qué pensaste tú al crear este sitio web que es www.fernandoiwasaki.com.

FI: Pues mira, siendo muy sincero, dice el adagio del clásico que lo importante en esta vida es sembrar un árbol, tener un hijo y escribir un libro. Entonces, dando por sentado que todo el mundo esto lo sabe, como es lógico, pues en mí página en lugar de hacer una división que hable de manera grandilocuente y por lo tanto impostada de lo que uno ha hecho, si alguien lo quiere decir en otro sitio que lo diga pero lo que tú debes decir, lo que tú quieres compartir, en mi caso, pues, cuáles son los árboles que pueblan mi jardín, aunque sea el jardín de mi alma, cuáles son los libros que escrito porque es inevitable, lo dice el adagio, y quiénes son mis hijos, porque al fin y al cabo, eso es lo más importante, porque cuando yo he sentido que tengo un problema, cuando me he sentido angustiado, cuando he creído que he estado en una situación dramática, siempre he pensado: «¿mis hijos están bien? Sí, pues el resto no debería importarme»- Porque en realidad esto es real, para lo que nos escuchan y tienen hijos, quienes nos escuchan y son padres, saben que esto es cierto, que si tus hijos están bien, todo lo demás es secundario y si tus hijos estuviera mal eso sería lo prioritario. Entonces, ser padre debería llevarnos inexorablemente a está conclusión. Ahora yo he subido ya un nivel más, si fueran artes marciales ya sería cinturón negro, ya soy abuelo. Ser abuelo es subir un escalafón más en este nivel, y te puedo decir Karen, algún día tú lo descubrirás, cuando somos padres jóvenes, sabemos que daríamos la vida por nuestros hijos, lo sabemos pero la angustia de pensar que será de ellos sin nosotros, nos desasosegara. Cuando eres abuelo, descubres que darías la vida por tus nietos también pero la paz te inunda de una manera tan grande, tu sentido de que eso es lo correcto y que no te importa es un sentimiento tan fuerte, que yo creo que envejecer consiste en eso, en aceptar de una forma serena, los sacrificios que harías por las personas que más quieres. 

KC: ¿Y por qué no está tu señora? Si podemos saber el nombre de ella porque no lo he podio dar.

FI: Ah, pues ella se llama María de Los Angeles, Marle, que no está apenas vio que me conectaba salió despavorida porque ella es muy discreta no le gusta aparecer, a veces ni en las fotos. De hecho, en mi página web, a pedido suyo ella, será un árbol más y por supuesto, en la parte de los árboles, hay una foto donde aparece laurel de indias que todavía no escrito, ni he colocado la foto que quiero colocar entre otras cosas, porque también quiero que ellas las elija, quiere cuidar especialmente eso, y me parece bien. Tampoco he hecho el árbol de mi madre, mi madre vive todavía tiene Alzheimer, y siento que si yo ahora mismo escribiera sobre ella, no sería algo representativo. Mi madre tiene un Alzheimer ya muy avanzado, por lo tanto, yo estaría escribiendo sobre ella sabiendo que en mi cabeza tengo un recuerdo que al mismo tiempo convive con la imagen que yo tengo de ella como está en este momento. 

KC: Fernando, bueno el Alzheimer nos toca mucho eso.

FI: Nos toca, y no podemos, fijate, me gustaría decir porque si te roza de una manera especial comparto contigo algo que yo puse en práctica. Como yo no vivo en el Perú sino que voy de visita, y cuando voy de visita intento hablarle a mi madre a ver cómo reacciona, mis hermanos me dicen: “Fernando es inútil, ella ya no te va a contestar”. Bueno, cuando yo era un niño mi mamá me decía si tú te aprendes un poema largo de memoria, yo por cada verso te doy un sol. Entonces yo intentaba aprenderme los poemas más largos para tener más plata, entonces había un poema de Rubén Darío, que es el poema “Era un aire suave”que era larguísimo, y todavía me lo sé de memoria, y por supuesto, mi mamá para que yo me lo aprendiera, lo aprendía conmigo, entonces me senté al lado de mi mamá, mi mamá acaba de cumplir 85,  y empecé a recitar con ella: «Era un aire suave de pausado..» y ella de pronto me dijo: «giros» «Helada armonía rimaba sus …» y ella me dijo «vuelos» y así nos recitamos todo el poema, o sea mi mamá existía todavía en la poesía de Rubén Darío, quien era mi mamá estaba allí, solo había que ir a buscarla. Cuando mis hermanos decidieron que se vendiera la casa de mis papás, nadie quería los manuscritos de mi mamá; sus cuadernos, sus apuntes, sus papeles, yo me los traje todos, y por supuesto, me he dedicado hacer una exploración y clasificación porque mi mamá en ese sentido es un poco desordenada. Ahora, lo que fue terrible fue encontrarme con un cuaderno, donde ella sabiendo que estaba perdiendo la memoria hacía ejercicios, entonces ponía libros que tengo en la casa, entonces ponía en una columna el nombre del autor y en la otra el título de libro, yo me lo imagino que lo rellenaba de arriba para abajo, y ese ejercicio lo repitió muchas veces, hasta que me di cuenta que quedaban casilleros en blancos, y se olvidaba del autor o del título del libro. Entonces pasó a escribir otras páginas que decía “mis nietos son” y sus cumpleaños, entonces ponía el nombre de los nietos y luego la fecha del cumpleaños, así varias hojas hasta que empezó a olvidarse de los nombres de los nietos y de los cumpleaños. Somos siete hermanos, y de pronto mi mamá empezó a escribir “mis hijos son”, a poner los siete nombres, hasta que empezaron a desaparecer nombres. Yo tengo la página en la que mi nombre desapareció, porque vivo en España y es lógico que ella no me viera, pero hasta el final mi mamá recordaba a las hermanas que estaban más cerca de ella o a los hermanos que iban a verla todos los días. Y yo siento que las personas que sufren el Alzheimer, luchan, a veces de forma invisible, con la perdida de la memoria. Para mí tener ese cuaderno es el testimonio de la lucha de mi madre contra el olvido, y por eso tengo que conservarlo.

Portada de “Las palabras primas”.

KC: En términos literarios, ¿has pensado conversar con el Alzheimer?

FI: Sí, yo creo que el Alzheimer es como una especie de neblina que nos rodea y que va levantandosé, y que en algún momento nos envuelve pero la solidez de nuestros cuerpos sigue estando dentro de la neblina. Hay un poema de la premio novel polaca, Szymborska, que se titula “Vietnam”, es un poema sobre acogedor porque a la poeta se le ocurre que un soldado interroga a un mujer y le dice: “¿qué ha pasado? No sé. ¿dónde están los habitantes? No sé. ¿qué hace usted aquí? No sé”. A todo responde no sé, y de pronto le dice: “¿Y esos niños?, y ella dice son mis hijos”. Esa solidez de los hijos no la olvida nadie. A mi mamá cuando nosotros le preguntábamos cuántos hijos tienes, nosotros pensábamos que iba responder siete, pero nos sorprendió que respondiera contando a los que no llegaron a nacer. Mi madre perdió una bebé y perdió mellizos, y de pronto, mi madre dijo “diez”. Y nos dimos cuenta que a pesar del Alzheimer ella recordaba a los tres que no nacieron. Eso es algo sólido en medio de la niebla del Alzheimer. 

KC: Y tú mismo, ya eres un hombre adulto, ya eres abuelo, ¿cómo te vinculas con el temor, con esta neblina del Alzheimer? 

FI: Pues, me vinculo de una manera terrible, es decir, a mí me da mucho miedo también perder la memoria porque siento que lo que yo soy, es sobre todo, el conjunto de cosas que he aprendido, que he escrito, que disfruto. Entonces, yo he visto a mi tío, el hermano de mi mamá, también en la misma situación, ya falleció. Y yo no sé si esto se manifestará en alguno de mis hermanos, o en mi mismo, o en mis hijos, no lo sé. Pero, la verdad es que lo que me ocurra a mí, me duele cuando pienso que alguien tenga que hacerse cargo de mí, pero en cambio a mis hijos, la forma como yo intento persuadirle de que no se deshagan de todo la biblioteca, porque ellos pueden pensar, y yo lo encuentro justo y razonable, que cómo van hacer con todo esto, entonces casi prefiero que siguiendo una ley natural pues vaya a una librería de viejo y que otro haga lo que yo he hecho con tantos libros. Pero lo que hago para evitar que pase ese desenlace, es decirles: cuando yo leo un libro, yo subrayo y escribo en los margenes de los poemarios, de las obras de teatro, de las novelas, de los ensayos, para que cuando yo no esté, yo siga conversando con ustedes, y para que ustedes puedan decir: ¿Por qué papá subrayó o escribió esto? ¿Qué nos quiso decir? Y entonces, tendrás que seguir leyendo a lo mejor para averiguarlo. Escribo mucho a mano, guardo todos los cuadernos en los que escribo a mano, porque siento que lo que escribo a mano es único, y en cambio, lo que se ha publicado, en períodico, o en revista, o en libro, no pertenece como hemos estado hablando hace un momento. 

Rutinas de escritura

KC: Y esto que escribes a mano Fernando ¿cómo lo haces para recuperarlo? ¿cómo te acuerdas lo que escribiste a mano para volver a ocuparlo como material? ¿o simplemente lo dejas ahí? 

FI: No, lo que tengo escrito a mano, lo tengo, valga la redundancia, a la mano porque todos los cuadernos míos están, más o menos, ocupando una misma estantería. Y esos cuadernos para mí son un material de trabajo, y por lo tanto, cuando yo escribo un libro o un cuento, siempre utilizo un cuaderno primero para hacerme las preguntas sobre lo que voy a escribir, entonces, por cada novela o por cada libro hay un cuaderno que fue un germén, un punto de partida. Está escrito a mano y probablemente no tenga más valor que el afectivo, no me imagino a una universidad gringa comprando mis cuadernos.

KC: Yo sí, yo sí.

FI: ¿Qué compren tus cuadernos?

KC: Los tuyos, no los míos. Y dime una cosa ¿cómo lo haces también, tienes una memoria privilegiada, pero me imagino que cuando lees estás subrayando, eres un lector activo, cómo lo haces para organizar todas esas citas que de repente quieres incorporar o esa metaliteratura porque uno lee un libro, lo subraya o le pone las banderitas de colores pero después cómo sabes integrarlo, buscarlo? ¿cómo lo haces?

FI: Pienso que eso es algo, que en mi caso, solamente puede explicarse por la fascinación. Entonces a mí me ocurre muchas veces, que yo he leído algo que impresionó mucho, a lo mejor hice una marca o hice un subrayado, pero no hice ninguna anotación en un cuaderno, pero cuando leo otra cosa, se enciende la bombilla, viene la epifanía de lo que leíste, y lo busco y lo encuentro, y eso me produce un gran placer porque significa que todavía, y esto viene a ser mi lucha personal contra el alzheimer y lo que hemos estado hablado, yo intento esforzarme para hacer este tipo de operaciones constantemente. 

KC: Sí.

FI: Ahora, se me da muy bien con las letras, no me pongas a sumar, dividir y multiplicar, porque ya en eso…

KC: Yo, cuando investigue sobre tí, yo lo que veo es una especie de genio.

FI: No, por favor.

KC: O una genialidad.

FI: Los genios son otra cosa. 

KC: Veo un hombre, una persona, un ser humano con distintas habilidades que sobrepasan el común de los mortales, podríamos decir, que está sobre la media. 

FI: O a lo mejor, alguien que hace cosa muy diversas y que no va llegar hacer nunca el mejor en nada pero que, más o menos, queda suficiente en las otras. Así se definía Di Stéfano que no está mal. Di Stéfano decía: «yo nunca voy a ser el mejor futbolista porque no, pero intento ser más o menos bueno en todo». Di Stéfano no se comparaba con nadie. Y yo siento que eso, eso es muy real, es decir, yo siento que lo que te hace especial para los amigos, o para tu estudiantes, o para tus colegas, o para tus lectores, es que en algún momento seas capaz de rozarles el corazón. Suficiente. O que les hagas sonreír. Maravilloso. El resto no te concierne, o sea, a ti como autora no debería importarte. 

Trump, maternidad, paternidad

KC: Fernando, hoy día es un día muy especial, estamos conversando en este podcast, al día siguiente la finalización de elecciones en Estados Unidos. Tú escribiste sobre Trump justamente en el año 2016, no sé si lo recuerdas. 

FI: No, sé que escrito sobre Donald Trump muchas veces, y en principio, no recuerdo a que artículo estás en este momento…

KC: Te voy a decir de inmediato. En El País, en el Festival Internacional Cervantino 2016: «Trump debería reírse de sí mismo». En realidad. no es que tú lo que escribiste, sino que te citaron, fue una entrevista que tú diste en el diario El País. Y me gustaría saber qué haz reflexionado tú a partir de lo que estamos viviendo.

FI: Bueno, en realidad desde aquella respuesta que yo di en el 2016 hasta hoy, creo que probablemente cuando hice esa reflexión ni siquiera era presidente todavía de los Estados Unidos, probablemente era candidato, y además, nunca me pude haber imaginado que iba a gobernar, es decir, para mí era casi una evidencia física que iba gobernar Hilary Clinton, entonces ni en la pesadilla más lisérgica yo podía haberme imaginado que algún día iba a gobernar los Estados Unidos de América, un señor como Donald Trump. Además, me parece que en esa misma entrevista también me hicieron preguntas sobre Obama y en fin. Ahora estoy trasladándome a ese Festival Cervantino de Guanajuato. Pero mis opiniones en relación a Donald Trump desde entonces hasta ahora solo han empeorado. Creo que todos los populismo que reconocemos en personajes variopinto de la escena internacional, es decir, desde Maduro a Marine Le Pen, están presentes en una figura como la de Donald Trump, con la diferencia que gobierna el país, supuestamente, más poderoso de la Tierra y eso da una imagen de como está la Tierra en esté momento, porque muchas veces cuando tú lees que una sonda especial está a la búsqueda de vida inteligente en otros planetas, pues tú dices «¿y la nuestra cómo es?”. Me parece, y esta es mi opinión personal, así que solamente soy responsable de lo que estoy diciendo yo mismo, siento que él que gobierne un país como los Estados Unidos de América, con esas universidades, con esos intelectuales que han tenido, con está influencia que ejercen sobre el pensamiento en todo el mundo, es expresión de una decadencia, y es una decadencia que la podemos observar en los estamentos políticos de los países de todo el mundo. No sé como ves tú la evolución de la política en América Latína en general, o en Chile en particular. Pero por ejemplo, yo pienso en mi país, en el Perú. Prácticamente desde Alan García hasta el Presidente provisional, que actualmente gobierna, que acaba de ser, digamos, se ha autorizado que se vote su vacancia, todos presos o suicidados, o prófugos. Y estoy hablando en este caso solo del Perú, pero vivo en España y tampoco en España encuentro razones para sentir que la política es un ejercicio que atraiga a personas honradas y brillantes. Y miro por Europa y me encuentro un panorama muy similar en países como Italia o en países como Francia. Ahora, si debo decir, y aquí hay una posibilidad de esperanza, los países que hoy están gobernados por mujeres, Karen, son los países que no solamente mejor han sorteado los estragos de la pandemia, sino que además, son países que han disfrutado de una singular estabilidad. Comenzando por la señora Merkel en Alemania, siguiendo por estas jóvenes mujeres que gobiernan las democracias escandinavas, en Noruega, en Finlandia, en Suecia, y yendo hacia Nueva Zelanda. Es decir, yo encuentro que probablemente este momento de crisis que tenemos en el mundo, exprese también el desgaste de una forma de hacer política, que hasta ahora estaba monopolizada por el hombre en términos estrictamente de género. A mí me parece que las mujeres que siempre han sido las que sanan, las que cuidad, las que concilian, las que que quieren, las que se involucran, las que comprometen, las que se negocian, cuando gobiernan, están demostrando que son capaces de hacerlo mejor.

Portada de “Macondo boca arriba”.

KC: Pero las mujeres, estoy de acuerdo, pero las mujeres somos tan seres humanos como los hombres. Solamente que llevamos menos tiempo en el poder de primera línea. 

FI: Pero voy al poema de la Szymborska, «¿y estos niños quiénes son? Son mis hijos, «eso, a veces, por desgracia, un hombre ni siquiera lo admite.

KC: Ojala tus palabras sean ciertas hasta la eternidad, y el poder no nos corrompa, al igual como ha corrompido porque sería la solución a muchos problemas.

FI: Sin duda, pero fíjate, yo creo que tiene muy mala prensa en este momento la familia. A nivel mundial, y probablemente en los círculos intelectuales que nosotros nos movemos, la familia tiene mala prensa. Algunas de mis mejores amigas, y brillantes e inteligentes, extraordinarias, también tienen como característica el no querer ser madre, y es algo que lo vemos constantemente. Yo siento que la familia es una especie de, vamos a decirlo así, de reserva, de reserva moral. Porque cuando tú tienes una familia, yo siento que esa familia supone una “manera de estar en el mundo”, y ya seas un ciudadano de un país oriental, de un país africano, de América Latina o de Europa, cuando tienes una familia, tu manera de estar en el mundo es diferente. En quechua, que es un idioma que nos concierne en general a los latinoamericanos del países andinos, la palabra que define al pobre es huacha, y huacha se traduce en quechua como él que no tiene parientes, él que no tiene familia es un pobre. Y te digo algo que de alguna manera a ti te concierne, por ejemplo, cuando a mí me preguntan por mí relación con el Perú y con España, siempre digo que existe un sustantivo para definir la tierra de los padres que es la patria, pero no existe sustantivo que defina la tierra de los hijos, y ese sustantivo que no existe, por lo menos para mí, me permite nombrar a España.  Pero eso me ha llevado a preocuparme por otras lenguas, en el alemán existe un sustantivo para definir la tierra que tú has elegido para vivir que es el Das Land Pero en hebreo existe una palabra para definir a la mujer que a perdido al hijo. Nosotros en español o en nuestra lengua, tenemos huérfano, el niño que no tiene padres, pero la madre que ha perdido un hijo tiene una palabra en hebreo. Y mis amigos que viven en Israel, me dicen que también existe una palabra para esa tierra que tú construyes para tus hijos. Entonces, yo siento  que estos conceptos, que a lo mejor nosotros como hispanohablantes no los manejamos, deberíamos interesarnos por ellos, porque las cosas que están por nombrar, si nos empeñamos por nombrarlas, existirían. 

KC: Ante esta disyuntiva de la maternidad, es uno de mis temas, yo diría que es uno de los temas que me preocupa, estamos creando nuestro propio holocausto, estamos creando una sociedad, a mi parecer, más egoísta, más centrada en el uno, una, en la mujer como productora de una vida más individualista, y en el cual la familia, yo creo que es el órgano central para educarnos para ser mejores seres humanos, desgraciadamente creo que no existe nada mejor, y no va existir.

FI: No, en realidad es lo que te puede, de alguna manera, inmunizar contra la irresponsabilidad, irresponsabilidad, estupidez, hay irresponsabilidades que no son tan estúpidas, y hay estupideces que son por supuesto siempre irresponsable, pero creo que cuando tienes una familia, tu manera de estar en el mundo cambia, ya no piensas, o no deberías pensar solo en tí.

KC: ¿Y está discusión las has tenido con amigos tuyo que no han querido ser padres?

FI: Sí, muchas veces. Además es curioso, cada uno es libre de tomar sus decisiones, pero hay gente que no quiere tener de ninguna manera hijos, pero que al mismo tiempo en su vida sentimental o afectiva, si considera que cuantas más parejas tengas a lo largo de tu vida es mejor. Y a mí me parece que eso es muy respetable, y eso está bien, si es lo que tú has decido, luego son las mismas personas que encuentro que tienen un cierto temor a la vejez. Yo no sé, en esto los países latinoamericanos, nuestro precario Estado del bienestar quizás todavía protege sobre otras irresponsabilidades, pero en Europa hay gente que te dice, pues yo para que quiero tener hijos o para que quiero tener una pareja estable, si yo cuando me jubile exigiré que me den una plaza en una especie de residencia pública. Entonces, estamos ante una variante de la sociedad panóptica de Foucault. Yo al final lo que quiero es, como he sido un contribuyente o a lo mejor no, pero en fin, como vivo en un Estado del bienestar, pues también tengo derecho que el Estado se ocupe de mi vejez. 

KC: En este sentido, Fernando es interesante escucharte, porque eres bastante conservador podríamos decir en esta mirada.

FI: O a lo mejor, esto es lo más transgresor y revolucionario dada las actuales circunstancias. A mí jamás en la vida, por ejemplo, aquí en España hay mucha gente que pide subvenciones por tener muchos hijos y una familia numerosa, a mí me parece que si tienes una familia numerosa, eso no te da ningún derecho, si yo he tenido tres hijos, es porque yo he decido tenerlos y mi mujer. Pero eso no me convierte en mejor ciudadano que ese que no ha tenido ninguno y entonces en esto, no me considero, de ninguna manera conservador. Pienso que yo tengo que apechugar con mis propias decisiones y no necesito que el Estado intervenga en mi vida privada y familiar, hay gente que sí, que le parece que el Estado siempre tiene que intervenir. Yo por ejemplo, desde los años noventas, he defendido el matrimonio, la unión civil entre parejas homosexuales, y me he opuesto de una forma muy rotunda a los registros de las parejas de hecho, porque para mí el registro de las parejas de hecho, es un subterfugio de las parejas heterosexuales que no quieren cumplir con firmar palabras, pero que exigen todos los derechos que dan los papeles cuando se han firmado. Entonces, las parejas homosexuales son las que no tenían acceso a los beneficios de la legalidad, por ejemplo, para heredar una pensión, y desde ese punto de vista yo soy un partidario de las uniones, es más, soy partidario de que los hermanos se puedan unir civilmente, porque muchas hermanas solteras viven con sus hermano soltero, para todos los efectos han sido casi un cónyuge, los han atendidos, se han preocupado por ellos, les han lavado la ropa, se la han planchado, y de pronto el hermano fallece y no le puede dejar su pensión a su hermana, solamente por no haber tenido una vida sexual con ella, por qué tenemos que decirle al Estado cuál es nuestra sexualidad. Si yo quiero vivir con alguien y para todos los efectos si es un amigo o es un hermana, porque no puedo unir a esa persona. Yo en esto me considero mucho, que te diré, la palabra progresista tampoco me parece una palabra muy afortunada, pero yo me considero más transgresor en este aspecto. 

KC: Fernando, tenemos que ir cerrando, y estoy así cómo voy a procesar toda esta información. Me encantaría saber cómo fue tu experiencia con La ciudad y las palabras de la Pontificia Universidad Católica de Chile, este año, que fue digital obviamente por la pandemia, y se llamó «La ciudad de los escritores: Borges, Cortázar y Cabrera Infante» ¿Cómo fue la experiencia digital ?¿por qué elegiste este cruce de escritores? cuéntanos un poco por dónde fue esta propuesta.

FI: Bueno, lo primero que debo decir Karen, es que la incitativa de La ciudad y las palabras me parece una iniciativa maravillosa, me parece un esfuerzo ímprobo, extraordinario. Por ahí han pasado unos escritores tan importantes, que tú te sientes un privilegiado de haber formado parte de esa enumeración, y en mi caso, era la tercera vez que participaba en una actividad de La ciudad y las palabras solo que las dos anteriores estuve en Chile y me muero de ganas de volver porque tengo grandes amigos en Chile y disfruto muchísimo de la hospitalidad chilena. Entonces, ya que exista algo como La ciudad y las palabras es provechoso aunque no vuelvan a invitarme nunca más, entonces hay que apoyar esa iniciativa. Ahora, siento que yo quise hablar de tres autores que idolatro, que son  Borges, Cortázar y Cabrera Infente. por distintas razones. En una conferencia virtual es muy difícil transmitirle a las personas que te escuchen una sensación real, por lo tanto, quise compartir con las personas que ese día se inscribieron, una sensación que también fuera virtual y que ellos pudieran reconstruir. Y entonces, me apoyé en Benjamin, porque Benjamin tiene un libro donde plantea, pensando en París, un concepto que me parece maravilloso, que es el de la “constelación de ciudades”, que tú en realidad, cuando caminas por una ciudad, estás constantemente pensado que esa ciudad te remite a otras experiencias, a otros episodios de tu vida, a otras memorias, y que entonces, si a ti te gusta París, que era lo que él escribía, él no podía dejar de pensar en su infancia en Berlín, ni podía dejar de pensar en los años que fue feliz en Nápoles, entonces para él su constelación ideal de ciudad implicaba Berlín, implicaba París, implicaba Nápoles, y por supuesto, algunas ciudades más. Entonces, pensé, todos tenemos constelaciones de ciudades, en nuestra cabeza, ¿cuál era la de Borges? Bueno, está Buenos Aires, está Ginebra donde está enterrado en el cementario Plainpalais, pero también Londres. Es decir, para Borges Londres es el laberinto, Londres es una ciudad crucial, en cierta forma Sevilla, porque Borges vivió en Sevilla, mientras tenía unas vacaciones del bachillerato que estudiaba en Ginebra precisamente. Entonces la constelación de Borges era muy clara. Luego, Cortázar también supone otra constelación de ciudades, Buenos Aires, otra vez, París por supuesto, pero también Roma y de alguna manera Ginebra, porque, es curioso porque Cortázar, consigue un trabajo como traductor de Naciones Unidas en Ginebra, también Aurora Fernández, su mujer, y los dos decidieron renunciar porque no se imaginaban con un sueldo vitalicio trabajando y viviendo toda la vida en Ginebra, que aburrido, dos cronoprios, entonces decidieron a la aventura, y la aventura les deparó la traducción de los cuentos completos de Edgar Allan Poe, que les encargó la Universidad de Río Piedras, de San Juan de Puerto Rico, y se fueron a vivir a Roma a traducir. Entonces para Cortázar ahí tienes otra constelación. Y con Cabrera Infante lo mismo, La Habana, pero también Londres, y es curioso, pero está Sevilla, como una ciudad que también formaba parte de la constelación de Cabrera Infante. Y si en esa  charla con La ciudad y las palabras era capaz de hacerle ver, a cada uno de los asistentes, que todos podemos tener una constelación de ciudades, y que caminar por una supone caminar por todas ellas, y a la vez por nuestro pasado y por nuestra memoria, y por nuestras lecturas y por nuestras experiencias, entonces, lo que íbamos hacer en la cabeza, era casi un recorrido por hipervinculos de Internet. Entonces eso en una conversación como la que mantenemos en este momento gracias a la magia del zoom, pues me aprecia muy apropiado en el contexto deciclo de La ciudad y las palabras. Si yo hubiera hablado solamente de París o solamente de Sevilla, o solamente de Lima, habría precisado incluso un mapa y compartir imágenes, pero si yo era capaz de expresar este concepto de la ciudad constelación o de la constelación de ciudades, sabía que cada oyente iba a estar haciendo esa misma operación mental en su memoria, en su cabeza, en su imaginario, entonces no necesitaba compartir ningún tipo de mapa.

KC: Fernando, y a modo personal ¿cómo te ha afectado a ti la pandemia?

FI: A ver, han muerto amigos, han fallecido personas que a lo mejor, no conozco, no he conocido y los admiro, y por supuesto, hay mucha gente que está sufriendo y que lo está pasando muy mal. A todos no ha afectado la pandemia, a todos nos ha herido, y a todos no ha hecho daño. Mis dos hijos, que viven en Madrid, han pasado el Covid, por fortuna, ninguno de los dos ha desarrollado los síntomas, y tienen los anticuerpos, y eso no es algo malo en este momento. Pero debo decir, con la boca muy pequeña, que a mí la pandemia me ha permitido disfrutar de unos meses de vida muy intensa en mi casa del campo, con mi hija mayor tuvo que venirse embarazada de los Estados Unidos, con su marido, dio a luz en Sevilla, es decir, he sido abuelo durante la pandemia, y el tiempo que mi hija ha vivido con nosotros, después de haber estado casi diez años viviendo fuera de la casa familiar, pues lo he disfrutado de una manera muy especial. Entonces a pesar de que el Covid-19 ha sido y lo sigue siendo, una plaga que ha infligido un daño enorme al mundo, me considero afortunado porque el daño a nosotros no nos ha rozado en lo personal de una forma lacerante. 

KC: Hay algo que te gustaría agregar hoy, en esta conversación.

FI: Lo que me gustaría decir es que me muero de ganas de tener esta conversación en un bar de Lastarria tomándonos un carmenere chileno con un atún rojo de la Isla de Pascua, y que me gustaría un poncho mapuche, porque a yo en casa me gusta ponerme poncho. Si yo no me hubiera confundido con la hora, yo habría estado aquí sentado con mi poncho, no me gusta poner la calefacción, me gusta abrigarme con un poncho, y el poncho es una prenda fantástica que la tenemos los chilenos, los bolivianos, los peruanos y los ecuatorianos. Primero, porque no tienes que meter barriga, pues te pones el poncho ya nadie te ve por abajo, y es una cosa que te ahorra un esfuerzo muy grande. Segundo, pues porque los ponchos son sostenibles, a las ovejas, a las alpacas, las esquilan y por lo tanto, no estás haciendole daño a ninguna criatura, produces riqueza a los campesinos que se dedican a esto, y yo quiero tener un poncho mapuche. En algún momento de mis viajes a Chile, buscaré un poncho mapuche de pelo de crin de caballo.

KC: Espero poder conocerte con el poncho mapuche de crin de caballo en persona acá en Chile.

FI: Esto es impresionante porque el poncho de crin de cabello es impermeable.

KC: Ah.

FI: Puede llover y tú no te mojas, A mí no me gusta usar paraguas, prefiero usar un sombrero serrano andino, y luego me tengo que poner una gabardina, que es una prenda que si puede ser elegante, puede ser bonita, pero a mí me gusta ponerme un poncho, y el único poncho del mundo que puede ser impermeable, es el poncho mapuche chileno de pelo de crin de caballo.

KC: No tenía idea.

FI: Pues por favor, es una riqueza que tienen ustedes aparte de la miel de ulmo que es otra cosa maravillosa, y por supuesto el congrio, y los locos, Y no seguimos porque…

KC: Fernando, muchas muchas gracias. Para mí ha sido esto un regalo, un regalo de verdad un regalo haber tenido la oportunidad de entrevistar pero además de conocerte.


¿Qué te pareció? ¿Genial no? A mí me encantó. ¿Has leído a Fernando? Cuéntame, no te olvides que puedes dejar tu respuesta en mi sitio web www.karencodner.com o en mi Instagram y Facebook.

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