#22 Entrevista a Marcelo Simonetti y su nueva novela

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Acá les dejo mi entrevista al escritor Marcelo Simonetti, quien acaba de publicar su novela «Dibujos de Hiroshima». Conversamos sobre sus autor@s de cabecera, su inspiración para este libro, sus abuelos, la construcción de sus personajes y mucho más: «Me gusta construir mundos y buscar cosas que me ayuden a despejar esta maraña que es la existencia humana…esta pandemia tiene que ver con la constatación de que somos una especie super vulnerable, y esa vulnerabilidad me parece que es interesante para poder mirarla». 

Hola, hola ¿Cómo estás? 

Grabo este episodio número 22 del podcast hoy jueves 16 de julio del 2020. Hoy es feriado en Chile y sin duda, algunos estamos expectantes ante la pregunta ¿se terminará la cuarentena obligatoria? Estoy perdiendo la cuenta, sé que son más de 100 días, sé que comenzamos antes del otoño y que ahora es pleno invierno, sé que hay días mejores.  Hoy vengo a alegrarte, a acompañarte en el viaje del COVID-19 porque siempre es bueno escuchar a otros que crean, escriben y nos deleitan. La entrevista a Marcelo Simonetti es mi regalo para ti. Él es un escritor  chileno de una trayectoria notable, con varios premios a cuestas pero sobre todo, capaz de tomar riesgos. No solo lanzó Dibujos de Hiroshima en plena cuarentena sino que se atrevió a escribir pura ficción y ¡de la buena!

Recuento personal

La semana pasada tuve la última sesión del taller literario con mis chicos jóvenes. Para hacerlo más divertido nos disfrazamos y jugamos a que cada uno asumía un personaje. No escribimos nada en papel, fue más bien una conversación en tono teatral. Si eres suscriptor a mi boletín semanal ahí compartí la foto con ellos. Y si aún no lo eres, te recomiendo sumarte porque es un espacio más íntimo donde comparto lecturas, experiencias y también ¡fotos! Es bien fácil, visita mi página web y ya.

Hasta hoy he leído 30 libros, mi meta en el 2020 -previo pandemia- era de 60. Ya no sé si lo pueda lograr, pero seguiré teniendo fe de que podré cumplirlo. En los últimos días he estado un poco con crisis, comencé a leer la biografía de María Antonieta de Stefan Zweig, también Al filo de la navaja de Somerset Maugham, La gordinflona de Guy de Mauppasant y Bendición de Kent Haruf. Aún es muy temprano para saber con cuál realmente me quedaré. 

Luego de mucho trabajo, de perseverar, de pelear con mi lado rebelde, con mis miedos logré terminar la revisión de la novela. Ahora solo estoy en los pequeños detalles. ¿Qué significa esto? Algo muy importante para mí, dársela a dos lectores confiables y esperar sus comentarios. 

Dibujos de Hiroshima de Marcelo Simonetti

¡Casi lo olvido! Ha sido un éxito el concurso con Dibujos de Hiroshima de Marcelo Simonetti. Muchos de ustedes están concursando. ¿En qué consiste? Puedes inscribirte como suscriptor en mi boletín bimensual y participan en el sorteo de un ejemplar. Y la buena noticia, es que te vamos a dejar el libro a tu casa. Otra cosa que me tiene muy contenta fueron los comentarios que me dieron con la entrevista a Virginia Demaría que sin duda es una marca en sí misma. 

Ahora los dejo con la entrevista a Marcelo Simonetti

ENTREVISTA A MARCELO SIMONETTI

KC: Hola Marcelo ¿Cómo estás?

MS: Muy bien Karen, ¿Qué tal? Mucho gusto

KC: Muchas gracias por tenerte aquí, hoy en este martes tan frío y precioso.

MS: Muy helado

KC: Muy helado. ¿Qué estabas haciendo? ¿Qué te interrumpí? 

Cartas de mamá de Julio Cortázar

MS: No, no me interrumpiste porque estaba esperando el llamado, pero antes de eso estaba revisando un cuento que vamos a leer con mis alumnos de taller, yo hago talleres de cuentos, y estaba revisando Cartas de mamá de Julio Cortázar.

KC: Ah que son buenísimos.

MS: Si, sí. Cortázar es una inspiración constante.

KC: ¿Y ése es como un autor tuyo de cabecera?

MS: Más que de cabecera, es uno de los autores que me sedujo y me ganó para el territorio de la lectura de libros. Yo no era bueno para leer cuando chico.

KC: Ya.

Rayuela de Julio Cortázar

MS: Y a partir de la lectura de algunos de sus cuentos, de Rayuela, encontré un mundo que me comenzó a gustar, el habitar, el habitar los libros es algo que descubrí con Cortázar. Desde esa línea me acompaña hasta el día de hoy, tengo muchos libros de Cortázar, las obras completas, novelas. 

KC: Marcelo y hablando sobre esto, sobre la lectura ¿Cómo nace está inquietud tuya por escribir? ¿De dónde proviene? Lo que quiero es que te conectes con ese estómago, la víscera de escribir.

MS: Sí. Yo creo que en general, los escritores antes que escritores somos lectores ¿no? Entramos por la lectura a la escritura y en ese plan, yendo bien hacia atrás, bien a la infancia, tengo el recuerdo de haber disfrutado, cuando aprendí a leer, de leer los letreros callejeros. Iba en el auto, no manejando a esa edad obviamente, sino que en el asiento detrás, mirando las calles en Valparaíso, leyendo cuanto letrero se me aparecía y ese ya fue un descubrimiento, el tema de la lectura a partir de lo que pasaba en la calle ¿no? Cuando uno es chico, digamos, ve el mundo de una manera, pero cuando descubre la lectura se te abren otros horizontes, eso fue lo primero. 

Revista Barrabases

Y de ahí en más yo diría que mi primer acercamiento más a leer historias propiamente tal, fue con una revista que había en esos tiempos y que creo que hoy día se sigue reeditando, era la revista Barrabases, que era una revista de un grupo de amigos que tenían un equipo de futbol, a mí me gustaba mucho el fútbol cuando chico, de hecho prefería correr detrás de una pelota, que abrir un libro, pero al encontrarme con estas historias de Barrabases me sedujeron, y ahí comencé, digamos, a desarrollar esa capacidad lectora, pero como te digo siempre fui un poco reacio al tema de concentrarme en la lectura. 

Hay un profesor que me planteó la idea de que abrir un libro era como entrar en un territorio desconocido, como una aventura por descubrir, como esos exploradores del siglo antepasado que entraban al continente africano sin saber lo que iban a encontrar, y esa imagen, esa idea, contribuyo también a que fuera dejando la pelota más de lado y abrazara los libros. Ese fue un poco el comienzo.

KC: Ha existido la tensión veo, entre la pelota, el futbol y este lado tan personal tuyo y único ¿no?

MS: Sí, yo diría que sí, o sea hasta cierto momento eso se mantuvo. Hoy día esas dos cosas conviven más que bien, en realidad, la pelota ha quedado más guardada dentro del baúl de los recuerdos que otra cosa, ya estoy concentrado y metido en el tema de la lectura de los libros, que es algo que me gusta. 

Hay una frase que también te quería mencionar de Borges, que también ayudó a encantarme más con la lectura, él dice que hay dos tipos de lectores, lectores que leen para evadirse de la realidad que les toca vivir, los lectores que encontramos en la playa en el verano, abriendo un libro. Y hay otros lectores, y eso es lo que me interesó, que leen para buscar el mundo al que pertenecen y eso me voló la cabeza, esa definición, cómo era eso de leer para encontrar el mundo al que uno pertenece. Y claro tenía razón.

KC: ¿Tú escribes para encontrar el mundo, tú escribes para eso?

MS: No, no sé si para encontrar el mundo, pero a mí me gusta construir mundos, y a partir de esa construcción de mundo, poder ir entendiendo algunas cosas, que como ciudadano a pie no entiendo del todo. Mis libros más allá que cuenten una historia determinada, también son una suerte de búsqueda. Mis personajes, de hecho, buscan, siempre están buscando cosas, y detrás de esa búsqueda yo también estoy, como autor y como individuo, buscando cosas que me ayuden a despejar esta maraña que es la existencia humana, que uno no tiene muy claro para que vino a este mundo, y creo que la escritura me ayuda en alguna medida, no encontrar certezas, ni respuestas demasiado clarificadoras, pero si por lo menos a poder ver con más claridad el pequeño mundo que me rodea.

KC: ¿Cuál es tu primer recuerdo de haber dicho… tomar conciencia de esto que me estás hablando de poder entenderte a través de la escritura? ¿A qué edad, en qué momento te lo planteas, “yo Marcelo Simonetti, esto es hacia dónde voy”? ¿O fue un tropiezo, digamos, un descubrimiento?

MS: No, no fue un tropiezo yo diría que tampoco hay un hito marcado así de manera enfática, pero por ejemplo, la primera vez que recuerdo haber escrito y teniendo conciencia de que lo que estaba escribiendo era una historia, fue cuando yo estaba en octavo básico, yo estudiaba en Valparaíso en un colegio que se llama Seminario San Rafael, y se organizó un concurso con motivo del mes del mar, en Valparaíso obviamente se celebra mucho el mes de mar en mayo. Y la profesora de lenguaje que teníamos organizó un concurso de cuentos, nos explicaron en qué consistía, y escribí ahí una historia, bien ñoña en todo caso, que eran dos peces que se iban de vacaciones en el verano, esa era la historia, y lo pase bien escribiéndola, y el cuento le gusto al jurado, de hecho me dieron el primer premio, y ahí sentí que había algo que me ayudo a sintonizar también con los otros, algo que yo hacía bien y que el resto también valoraba de la misma manera. Y a partir de ahí comencé, o se instaló en mí este bichito escritura. Y ya después entre a estudiar periodismo, donde el tema del escribir era parte del cotidiano, y entre a un taller de cuento, el taller de Jaime Collyer, que de alguna manera también encausó este ímpetu creativo y este deseo de contar historias.

KC: ¿Y cómo ha sido tu vínculo entre el periodismo y la escritura? 

MS: Ha sido, yo diría, he bebido mucho del periodismo para escribir mis novelas o mis cuentos. Creo que el periodismo te da un oficio, el hecho de escribir a diario, escribir contra el tiempo. Yo partí escribiendo en la sección de Deportes de «El Mercurio», estuve largo tiempo ahí, y teníamos que reportear una mañana y entregar una nota a las cuatro de la tarde, entonces te obligaba hacer rápido y eficiente con las palabras. Y ese ritmo creo que me ayudó mucho para lo que fue, a posteriori, la escritura de historia, la escritura de ficción. 

Me gusta ese cruce que hay entre narrar la realidad y narrar la ficción, hay un par de novelas donde hago eso, y hay cuentos donde también me gusta hacer esa mezcla. Y como los astros siempre se alinean ¿no? he terminado haciendo un curso en la universidad que se llama “Narración de No Ficción” donde a partir de las herramientas que nos entrega la literatura, escribimos historias de no ficción.

KC: Claro, un poco como Truman Capote ¿no?

Hiroshima de John Hersey

MS: Sí claro, o John Hersey que escribió Hiroshima.

KC: Y en estos momentos que hacemos esta entrevista, supongo que gozaste el día de lluvia ayer ¿o no?

MS: Sí, me gusta la lluvia.

KC: En época de pandemia, de vivir algo que para los escritores no es difícil, que para muchos sí, es como volver al útero materno, estar de nuevo resguardados, pero en algo más colectivo.

¿Cómo te ha influido en tu escritura, en tu proceso creativo estos meses? Sobre todo, en Chile a partir de octubre del año pasado que ya vivimos convulsionados y no hemos tenido ni siquiera un pequeño recreo.

MS: Claro. Mira tal como tú dices, los escritores acostumbramos a encerrarnos para escribir, volvemos a la caverna para concentrarnos en nuestras historias y poder escribir tratando de que el ruido de la ciudad, o el ruido del mundo no nos afecte tanto, concentrarnos en nuestras historias, y en ese sentido, no ha sido tan complicado, es más, por ahí, ha sido entre comillas beneficioso, como concentrarme en algunas tareas pendientes, algunas historias que estaba desarrollando. Pero claro la situación de pandemia específicamente, quizás más que el tema del estallido social, ha generado una serie de preguntas respecto del futuro del planeta, del futuro de los libros también, la industria editorial se ha visto afectada, y probablemente cuando salgamos de esta, quizás los circuitos del mundo editorial van a ser distintos, pero quizás sobre todo lo que más me ha quedado de este encierro, de esta pandemia, tiene que ver con la constatación de que somos una especie super vulnerable, y esa vulnerabilidad me parece que es interesante para poder mirarla, y a partir de ahí poder encontrar, como te decía antes, buscar dentro de esa vulnerabilidad y poder entender un poquito más el sentido de la existencia. A mí la escritura en general, yo la ocupo como una herramienta para tratar de indagar en esas preguntas que están ahí siempre, y que tienen que ver con la existencia humana o con el sentido de la existencia humana. Entonces esta pandemia, este encierro, lo que estamos viviendo, el sufrimiento de mucha gente también me ha hecho preguntarme un poco hacia dónde vamos, qué estamos haciendo, qué podemos hacer. Yo me imagino que después de esto, debiéramos salir convertidos en otra cosa.

KC: Sí. Y en términos personales ¿cómo lo ves esto? 

MS: Ah, en términos personales no lo sé, como te digo, yo siempre me hago mucha pregunta y la respuesta no siempre llega y estoy en proceso de buscar esas respuestas. Pero siento que términos personales, creo que hay una necesidad, desde mí y desde de gente que me rodea o del círculo más inmediato, de comprometerse más con el mundo ¿no? No vivir tan egoístamente, no vivir, digamos, sin pensar en el otro, creo que ese es un tema que debiera cambiar.

KC: Pero comprometerse más en el mundo, que tu piensas dentro de tus posibilidades, ¿Por dónde ves ese compromiso personal tuyo?

MS: Bueno, en lo inmediato, yo siempre siento que el cauce de salida a todas estas preguntas y a todas estás problemáticas tienen que ver con, o mejor dicho, se vacían a través de la escritura, creo que es importante que los escritores de alguna manera, y los artistas en general, retomen un compromiso que existía antes que quedo un poco de lado, donde los escritores eran actores importantes dentro de la sociedad a la hora de poder plasmar sus ideas, establecer miradas y opiniones respecto a lo que está pasando. Desde esa perspectiva yo, desde mi posición, podría involucrarme más o podría participar en cosas más pequeñas. Ser más consientes desde el tema del reciclaje, a una comida más sana, preocuparse más por el mundo, por el entorno. No estoy levantado la bandera ecológica acá, pero son cosas que quizás por sentido común deberían importarnos más después de salir de esta pandemia. 

KC: Y cuando hablas de tener un rol más activo como escritor ¿Eso se vincula con una posición más activa dentro de los medios de comunicación o no vuelves a los medios de comunicación?

MS: O sea los medios de comunicación, no es que haya salido necesariamente por propia voluntad, o sea que diga “me harté de los medios de comunicación y voy a dedicarme a otra cosa”. Ha sido igual un proceso bien gradual, en donde el periodista queda un poquito más relegado y el escritor, estos dos personajes que conviven en mí, ha tomado más protagonismo, de hecho estoy escribiendo harto, más allá de la novela Dibujos de Hiroshima, estoy también escribiendo otras cosas, desarrollando proyectos infantiles, que es algo que me gusta mucho también. Pero los medios, en la medida que se pueda, me interesaría volver a escribir, lo que pasa es que…

KC: ¿Siempre escrito o puede ser también en radio o televisión, digital, columnas?

MS: Bueno con un amigo, Álvaro Fajardo, tenemos un proyecto que se llama “Leolij” que está centrado en lo que es la literatura infantil y juvenil. Y es un proyecto que armamos bien a pulso, y que sacamos cerca de cuatro capítulos, y que subimos a un canal de YouTube. Y que obviamente fruto de la pandemia se quedó paralizado, entonces es un proyecto que esperamos retomar una vez que esto termine. Y que tiene que ver con fomento lector y con medios, medios digitales en este caso. 

Pero claro los medios en alguna medida también son mi lugar natural, digamos, por el hecho de haber ejercido la profesión de periodista largo tiempo y de manera activa, lo veo igual como un espacio que me es natural, que me es habitable, con cierta familiaridad.

KC: Marcelo, yo estoy tratando… es imposible resumir tu carrera literaria como decir: «Marcelo Simonetti se ha enfocado en la búsqueda de las respuestas existenciales en narrativa más enfocada hacia adultos» Aquí tú tienes un abanico de publicaciones, que de verdad, para los que escuchan hoy día este episodio, es impactante, y has nombrado varias veces el tema de la literatura infantil y juvenil, y también está lo de los adultos 

¿Cómo mezclas, convives con todas estas narrativas que son tan distintas, y a la vez la novela, y el cuento, cronista? O sea, eres un escritor muy flexible me da la sensación, que se te da fácil cualquier género ¿o no?

MS: No sé si fácil, pero soy muy curioso en ese sentido, me gusta explorar distintos formatos de escritura. De un tiempo a esta parte también he hecho algunas cosas para teatro, de hecho, fui finalista de la última muestra de dramaturgia nacional, con una obra que también toca el tema de Japón, o de Hiroshima más específicamente. 

Me gusta saltar de un proyecto a otro, no son las mismas reglas para todo, cuando uno escribe para niños operan otras lógicas que dentro de la escritura o narrativa para adultos, pero son viajes que me gusta hacer y me interesa hacer. 

Hace algún tiempo, del 2012 o 2011, yo no escribía para niños, ni para jóvenes, en realidad no me interesaba mucho esa narrativa, o desdoblarme hacia ese territorio, y una vez me encontré, yo hacía clases en la Finis Terrae y me encontré con Marco Antonio de la Parra, que era la director de la Escuela de Literatura donde yo hacía clases, y me comentó del concurso “Barco de Vapor” me dijo: “Oye por qué no escribes algo, se ha declarado desierto los últimos años, hay cinco millones de pesos de premio” y además me dijo: “te voy a regalar la historia, escribe algo sobre el míster, un entrenador de fútbol que dirige un equipo” y me quedó dando vueltas eso, y si bien no tome la idea de De la Parra al dedillo, escribí la historia de un niño de trece años que le gustaba mucho el fútbol y que, a lo largo de la novela, iba a tener que lidiar con ser campeón del torneo en el que participa, conoce el amor por primera vez y además, va tener que aceptar al novio de su madre que llega a la casa, en definitiva, a lo largo de la novela, debía convertirse en hombre. Y esa novela, me significó a mí, viajar al niño que fui, lo que a los cuarenta y tantos años en ese entonces, fue algo increíble, volver a mirar el mundo con los ojos del niño que había sido me pareció una experiencia super interesante, y ahí quede enganchado con la literatura infantil, de hecho tomé un taller con la María José Ferrada, gran escritora infantil y que publicó no hace mucho, un par de años, una novela para adultos que se llama Kramp, que la recomiendo. Me enganché con la literatura infantil y siento que cada vez que escribo para niños viajo un poco a la infancia o despierto al niño que, aunque parezca insólito, todavía pervive dentro de mí, y es algo que me gusta mucho.

Kramp de María José Ferrada

KC: ¿Y tú vives en Santiago o en Valparaíso?

MS: No, en Santiago, soy de Valparaíso.

KC: Pero tu narrativa transcurre mucho en el puerto.

MS: Sí, bueno de hecho en Dibujos de Hiroshima, la primera parte ocurre en Valparaíso, tengo un cariño especial por la ciudad, ahí están buena parte de mis afectos, la memoria emocional siempre remite a la vida ahí en los cerros, cerca del mar.

KC: ¿Qué rol ves en ser tallerista y ser profesor universitario? ¿Cómo son dos aristas de una misma ocupación, de un mismo oficio, enseñar, pero en ambientes tan disimiles? Y también sobre tanta discusión que se da, sobre si se puede efectivamente formar alumnos en la universidad para escriban o también si los talleres sirven para algo, como Lydia Davis que dice que no sirven para nada.

MS: Bueno, yo creo que los, a ver primero, creo que es importante que nosotros seamos generosos con nuestros conocimientos, y hablo de artistas o profesionales de cualquier índole, poder compartir con el otro esos conocimientos que uno puede haber adquirido o las experiencias que ha tenido porque es una forma también de que haya un desarrollo cultural, es una forma también que otros hagan o desarrollen sus talentos. 

Me gusta mucho el compartir las experiencias, los aprendizajes, los conocimientos, quizás también porque he tenido profesores que hicieron lo mismo en su momento. El mismo Jaime Coyller era, bueno es todavía, muy generoso de compartir lo que él sabía con sus alumnos. 

Y además los talleres, en particular, sirven para poder confrontar lo que hacemos con un grupo de personas que está en la misma búsqueda que uno, gente que está interesada en el escribir, que se han hecho preguntas respecto a la escritura, y en la revisión o los comentarios de los textos que uno escribe obviamente hay aprendizajes que son interesantes, uno comienza a ver las cosas desde otra perspectiva y creo que en eso el taller es super importante. Obviamente, hay ciertos requisitos que un alumno de un taller de cuentos debería tener para poder llevar esos aprendizajes, incorporarlos y tener progreso en el tema escritura, si estás en un taller a contrapelo, que no te gusta, probablemente el desarrollo o la potencialidad que tiene tu escritura no se va a desarrollar, o no va a estallar. Importa también mucho el trabajo que tú le dediques a la escritura, la inspiración para mí no existe, no es que tú te sientes y ya voy a esperar que llegue la inspiración para poder escribir. Alguien decía esto de que la inspiración llega cuando estás trabajando, y trabajando, y trabajando. Yo creo en el trabajo más que en la inspiración. Por ahí trabajando harto, hay momentos de cierta lucidez que en otras circunstancias no aparecerían y claro hay textos que uno escribe, y al leerlos tiempo después dice: “Pucha, y en qué momento escribí esto, cómo se me ocurrió esto” como así también dices “Qué mugre esta basura, en qué momento la escribí”. 

KC: ¿Cómo es tu rutina de escritor?

MS: Yo no soy tan metódico, no soy un escritor profesional en el sentido que pueda dedicarme ocho horas diarias a escribir una novela, tengo que hacer otras cosas igual, pero cuando entro en un proyecto en particular, ese proyecto me absorbe, me absorbe mentalmente, trato de escribir harto cuando estoy metido en un proyecto de novela o en un libro de cuentos. Pero soy un poco irregular en términos de tener unos horarios establecidos para hacerlo, porque como te decía, igual tengo otras cosas que hacer. Pero lo que sí hago es tratar siempre de andar con la historia metida en la cabeza, hacer lo que decía Hemingway que era “el trabajo de hamaca”, yo no tengo hamaca, bueno tenía una, y no estoy en Cuba como Hemingway cuando escribió esos libros, pero me gusta eso de llevarme la historia puesta, tenerla en la cabeza porque en el momento menos impensado, viajando en metro, cuando se podía, o a lo mejor viendo una película, se te ocurre la solución o se te ocurre la forma de perfilar a ese personaje que había estado trabado al momento de la escritura. Entonces ese “trabajo de hamaca” de estar pensando constantemente en esa historia, es algo que me ha resultado muy útil. 

Y lo otro que también me gusta mucho, que bueno ya te la mencioné en alguna medida, es que cuando estoy escribiendo una novela, me gusta entrar en la novela como quien va a la casa de unos amigos a los que quiere y a los que conoce. En mi condición de lector me gusta habitar los libros que leo, pero también cuando escribo, lo decía Cortázar también, cuento como uno más de los personajes que circulan en la historia, y esa perspectiva me hace muy placentero el hecho de escribir, como que siento la necesidad de ver a mis personajes y de ponerme entremedio de ellos y comenzar a escribir la historia, los extraño cuando no los tengo cerca.

KC: ¿Y eres un escritor rápido?  ¿Cuánto demoras en promedio en escribir un libro de cuentos o una novela?

MS: Es relativo porque depende también de las complejidades que presente esa novela o ese libro de cuentos. Por ejemplo, el libro que te mencionaba que me sugirió De la Parra, que fue mi primera novela infantil o juvenil, que se llama Tito, lo escribí muy rápido, porque quizás una de las cosas que más nos cuesta a los escritores es dar con la voz que va contar la historia, la voz y el tono, y aquella vez, hice este ejercicio de volver a ser el niño que fui y creo que me encontré con cierta facilidad con esa voz y con ese tono. Y esa novela, si bien tiene menos complejidades que otras, igual salió rápido, yo creo  que la termine en escribir, no sé, cuatro meses, cinco meses, fue muy rápido, pero hay otros trabajos que me han tomado más tiempo, Hiroshima por ejemplo, implicó un trabajo de investigación bien arduo o de inmersión en el mundo japonés, y ese libro yo diría que comencé a escribirlo el 2016, y lo terminé de escribir a principios del año pasado, el 2019, entonces son…

Dibujos de Hiroshima de Marcelo Simonetti

KC: Hablemos ahora de Dibujos de Hiroshima, que acá lo tengo, que me lo mandaste de regalo, y no sabes la sensación que te manden algo de regalo sobre todo en esta época, fue espectacular, me encanto leerlo. Es un libro con una propuesta muy fresca, muy distinta a lo que veníamos viendo en la narrativa chilena, aunque se están abriendo muchos los temas, las obsesiones. 

¿Tú has estado en Japón? ¿Cuál es tu vínculo con Japón? ¿Sabes japonés? ¿Cómo escribes? Son tantas mis preguntas en ese sentido, pero básicamente cuéntame un poco sobre Marcelo y Japón.

MS: Mira, está obsesión por Japón, por decirlo de alguna manera, me ha dado varios frutos, ya te los voy a enumerar, parte, yo diría, por un impulso externo, el año 2015 – 2014, Ediciones B decide hacer una antología de cuentos para conmemorar el fin de la Segunda Guerra Mundial, se cumplían 70 años el 2015, y convocaron a un grupo de escritores Jaime Coyller, Sergio Gómez, Patricio Jara, me convocaron a mí también. Y viendo que escribía recordé una imagen o una situación que viví de niño, tenía ocho años más o menos, estaba viendo una enciclopedia y de pronto apareció el hongo atómico, y me quedé como seducido por la forma del hongo, por esa omnipotencia que había detrás de esa figura, y cuando comencé a leer que había bajo ese hongo, lo que había pasado en Hiroshima, esa situación me impacto mucho, me costaba procesarla y creo que quedó alojado ahí en el inconsciente y se despertó un poco con este pedido de la escritura de un cuento. Entonces tomé el tema de la bomba, el tema del hongo y escribí un cuento que contaba la experiencia de unos niños que dibujan el hongo atómico diez años antes de que la bomba cayera.

KC: Profetas

MS: ¿Cómo?

KC: Profetas.

El Fín del Mundo

MS: Sí, profetas, en alguna medida sí, profetas. Y a partir de ahí, de la escritura de ese cuento, me quedo dando vuelta el tema, siempre sentí una vez que entregué el cuento y el libro hizo su viaje,

el libro de cuentos que se llamó El fin del mundo, siempre sentí que había algo más en esa historia que no había contado. Y yo creo mucho en la bidireccionalidad del proceso creativo, que uno incide sobre la historia pero que la historia también incide sobre uno, y hay que estar atento para escuchar aquello que la historia tiene para decirnos. Y en ese ejercicio comenzó a aparecer la historia de este japonés que emigró cuando niño a Valparaíso, apareció el nieto de él, aparecieron cartas y se fue configurando la novela. Pero en términos, respondiendo a tu pregunta, mi ligación con el Japón está anclado a esta imagen que vi del hongo atómico cuando era un niño y que fruto de la escritura del cuento empezó ampliarse, comencé a leer autores japoneses, y cuando decidí escribir la novela también leí mucho más y me encantó la prosa japonesa, la forma que tienen de narrar el mundo, las pausas, las descripciones, como te decía antes, ha dado varios frutos porque está, bueno el cuento inicialmente, está esta novela, escribí está obra de teatro que es finalista de esta muestra de dramaturgia, que se llama Nakamoto. Hiroshima / Santiago.  y ahora último, para cerrar el ciclo porque si no ya se van a comenzar a rasgar mis ojos, escribí una novelita infantil que toma la historia de un experimento o una iniciativa mejor dicho que consiste en que semillas de los árboles sobrevivientes de Hiroshima son llevadas a distintas partes del mundo, y a Chile entiendo fue el primer país al que llegaron estas semillas, que fueron planteadas en Valdivia allá por el 2012-2013, y hoy día son árboles que están creciendo. Tomé esa anécdota para escribir una historia para niños que se llama Árboles de Hiroshima.

KC: Marcelo dime, cuando yo estaba inmersa en Dibujos de Hiroshima e hice un trabajo que no quise saber cuál era tu vínculo con Japón, me metí en la historia suponiendo yo como lectora, que este escritor o tenía pasado japonés, sabía japonés, había vivido en Japón, y nada de eso se cumple, todos mis supuestos al empezar a investigar para este capítulo 21 o conversar contigo, se anulan, y es muy interesante saber cómo un escritor se enfrenta a narrar desde un país hacia un otro, que ese país es otro, desconocido culturalmente y emocionalmente o sea ¿Cómo haces ese proceso creativo y esa tensión de saber si lo estoy haciendo bien o no, las inseguridades que van?

Flores de Verano de Tamiki Hara

MS: Sí claro. Bueno esas inseguridades persisten incluso luego que la obra ha sido terminada, pero lo que te explicaba antes, y que tiene que ver con esta pregunta que haces, es que es un trabajo de inmersión importante, primero para entender un poco que había pasado en Hiroshima, hay una novela que a mí me gusta mucho aunque es muy cruda, se llama Flores de Verano de Tamiki Hara, donde se detalla lo que pasó en Hiroshima ese día, y es terrible porque es la descripción del infierno básicamente. Está, bueno, el libro de John Hersey, del norteamericano que se llama Hiroshima, él entrevista a seis sobrevivientes de la bomba, y cuenta lo que hicieron antes, durante y después de la bomba. Está Lluvia negra también, que es otra novela. Todos esos libros me ayudaron a comprender la magnitud de la tragedia, y hay imágenes que se me colaron y que a partir de que entraron en mi cabeza luego fueron vaciadas en la novela que escribí. Pero luego también leí muchos autores que no hablaban sobre la bomba, si no que eran narradores japoneses contemporáneos, y a partir de ahí también, fui entrando como en una especie de tono, o descubriendo la forma y el tono en que quería contar la novela, entonces esas lecturas me sirvieron mucho.

Y, por otro lado, como yo no conocía Hiroshima, investigué mucho respecto de la ciudad incluso descargue una aplicación para celular que tenía el mapa de Hiroshima y tenía una serie de banderitas donde había historias respecto de lo que era la ciudad, de la historia de la ciudad también. Y ahí apareció Sankichi Tögue, que no conocía, el poeta, apareció también esta otra chica que tienen un monumento en el Memorial de la Paz, que quiso salvarse construyendo mil grullas, porque hay una tradición en Japón que dice que, si tú construyes manualmente mil grullas, el deseo que pides se te va a cumplir. Bueno ella enfermó de leucemia, hizo este ejercicio de las mil grullas, y son mil trescientas grullas o más, pero lamentablemente igual murió, y en función de eso se le levanta un monumento ahí en el parque Memorias de la Paz. Bueno, fui conociendo pequeñas historias dentro de la ciudad que también hicieron que el territorio de Hiroshima fuera un territorio, muy entre comillas, más familiar para mí, aunque no lo haya conocido presencialmente.

KC: ¿Cómo es la elección de los nombres? Porque vemos a Yasu, Yasuki, Weinakata, Akiko podría seguir nombrando ¿Cómo eliges los nombres de los personajes?

MS: Bueno en este caso puntual, un poco en función de la sonoridad, igual busqué, revisé distintos nombres y en función de como me había imaginado los personajes, porque traté de elegir nombres que hicieran algo de sentido. Pero básicamente me gustaba como sonaban, trataba de ver esos nombres dentro del texto y por ahí había algunos que no encajaban, y creo que estos que elegí entraban de manera natural a lo que yo quería escribir.

KC: En una entrevista que apareció justamente, antes de ayer en el Artes y Letras de “El Mercurio”, en la Revista de Libros, tú hablas de que se trata de la memoria, de la relación con tus abuelos que no fue muy prodiga, cito «en encuentros, ni conversaciones, fue muy parecida a la de Yasuhiro con su abuelo». Pero yo creo que, para mi gusto como lectora, es una novela más sobre los sueños y las pasiones, sobre la búsqueda del amor, quizás que justamente en la figura de este nieto que busca, que tiene que en el viajar a otro lado del mundo para descubrirse a él como persona, y su vínculo con los otros, que también puede ser otra lectura.

MS: Sí, claro.

KC: Es una historia de amor también. 

MS: Sí, bueno como en toda historia a mí interesa mucho que los personajes cambien, que haya un arco dramático.

KC: La progresión…

MS: Claro, que los personajes que entraron a la historia no sean los mismos que aquellos que salen de ella ¿no? Y obviamente la relación de Yasuhiro con Akiko es importante dentro de la historia, de alguna manera son personajes espejos ¿no? Los dos han perdido a su abuelo, los dos se interesan por lo que pasa en un territorio tan ajeno al de ellos, el protagonista de la historia preocupado de lo qué pasa en Japón y en Hiroshima en particular, y Akiko preocupada de lo qué pasa en Chile, y en Valparaíso en particular ¿no? Entonces me interesaba ese encuentro de estos personajes, de estos dos personajes espejos, a partir de una relación que es de conocimiento, por un lado, pero también es una relación de amor entre ellos. Creo que dentro de varias búsquedas que hay en la novela, la búsqueda del amor es una de las búsquedas importantes, un eje importante dentro de la historia. Pero para poder amar, en el caso de la historia, es importante que Yasuhiro, sepa quién es, de dónde viene, qué le paso a su abuelo, en alguna medida. Y ahí hay, diría yo, dos búsquedas que están emparentadas, la búsqueda del amor y también la búsqueda de ese misterio que el abuelo no logró desentrañar del todo. 

KC: La novela nombra a ciertos elementos contemporáneos, sale Netflix, se mandan correos, pero no aparece WhatsApp, y ahí me perdí.

MS: Ah, claro

KC: En términos temporales digamos. ¿En qué momento estamos narrando?

¿En qué momento está narrando el autor?

MS: Sí, lo que pasa es que, dentro de la novela, y eso fue a propósito para evitar algunas complejidades, el autor decide viajar sin su celular o no tenerlo activado, porque quiere desconectarse del mundo para buscar más tranquilo, de hecho, tiene una novia en Chile, Alejandra, y él prefiere, digamos, controlar esas comunicaciones, con sus padres también, y no estar conectado vía WhatsApp, que es tan intrusivo por lo demás, el WhatsApp. Claro si hubiera tenido WhatsApp y se hubiera ido con su celular activo probablemente, cosa que no hubiera podido desarrollar, es una forma de tratar de zanjar ciertas cosas.

KC: Eso es interesante, los procesos creativos cómo los escritores nos vamos armando un mundo, de cierta forma que nos acomode también en pos de la narrativa y lo que queremos lograr. Porque efectivamente narrar hoy en día, con todos los avances tecnológicos es más complicado, en temas de inmediatez, la progresión dramática se va perdiendo entonces tienes que quitar esos elementos.

MS: Sí, o atentan contra la verosimilitud, alguien decía que, con los medios actuales, escribir novelas de suspenso era muy difícil porque el teléfono nos decía, distintas herramientas tecnológicas que permitirían desenmascarar ciertas situaciones que en una novela de suspenso escrita hace cincuenta años funciona perfectamente. 

Distancia de Rescate de Samanta Schweblin

KC: Mira yo me acabo de leer este de Samanta Schweblin, Distancia de rescate (muestra el libro) ¿Lo leíste?

MS: No lo he leído, pero he leído sus libros de cuentos y me encanta.

KC: Y justamente veo en esa tensión, ignoro en la época que pasa, pero es una época moderna, y no tenemos el WhatsApp en ese relato, y la tensión no sería igual con un WhatsApp. Entonces, quizás por el momento, nosotros como escritores para poder lidiar con eso, o nos vamos a tener que escribir sobre épocas distintas, o no sé cómo lo vamos a solucionar, es un proceso. 

María José Ferrada y Patricio Jara, aquí en la contra tapa, dicen cosas muy lindas, y me gustaría que me digas, qué significa para ti esto que dice Patricio Jara: «Marcelo Simonetti ha vuelto» ¿qué significa eso?

MS: Bueno, Patricio es muy generoso en su juicio. Yo creo que tiene que ver con el hecho de que desde hacía más de diez años que no escribía una novela, o sea una novela para adultos, tampoco es que haya escrito muchas antes, había escrito solo dos, yo creo que tiene que ver con eso. Había publicado igual un libro de cuentos que a lo mejor no tuvo la suficiente difusión, gano un premio importante.

KC: El disco de Newton.

MS: El disco de Newton, exacto.

KC: Yo lo comenté en el blog y son maravillosos cuentos. Para los que no están escuchando, vayan cómprenlo, en e-book o en papel, pero lean El disco de Newton.

El disco de Newton de Marcelo Simonetti

MS: Muchas gracias, muchas gracias. Yo creo que tiene que ver con eso, el regreso a la novela para adultos, es a lo que se refiere Patricio, y me imagino que, en virtud a lo que escribió me imagino que el libro le gusto así que… pero es bueno que tus pares te lean, y que digan esas cosas de uno, porque este oficio de la escritura es tan solitario y está tan lleno de incertidumbres que uno no sabe si está haciendo lo que debe hacer o no. Uno escribe una historia, lleno de ganas, seducido por lo que uno cuenta, pero cuando terminas de escribirla no sabes si en realidad al resto de la gente les va a interesar o no, de pronto estos comentarios o los premios también son instancias que te permiten tener ciertas certezas respecto de lo que estás haciendo, y se lo agradezco.  

KC: Hay algo que me quedo dando vuelta cuando estábamos hablando sobre Dibujos de Hiroshima, ¿Tuviste lectores japoneses?

MS: No, no he tenido lectores japoneses. No, lo que hice sí, no es exactamente lo mismo, yo te mencionaba está obra que ganó la muestra de dramaturgia que se llama Nakamoto. Hiroshima / Santiago  y esa obra sí se la llegue a leer a una traductora, porque la obra tiene algunos textos que solo se dicen en japonés sin traducción, entonces necesitaba traducir algunas cosas y le mande la obra en cuestión a una amiga, y ella leyó la obra, que tiene algunos cruce con la novela. Le gusto lo que había ahí, pero la novela propiamente tal, no he sabido de lectores japoneses, aun cuando en Instagram hay un grupo de japoneses que subió una imagen de la novela y la compartió, así que me imagino que va a tener lectores japoneses que me van a poder alegar por alguna luz respecto a lo que ahí. 

KC: Pero cuándo vamos a tener a Marcelo Simonetti en Hiroshima, con la foto para Instagram ¿Cuándo?

MS: Pronto, pronto esperemos que se acabe esta pandemia, y vamos derecho a Hiroshima

KC: ¿Ya tienes los pasajes? 

MS: No, es un sueño en realidad, me gustaría mucho conocer Japón, me encantaría.

KC: ¿Y aprender japonés?

MS: También. Estuve en una clase de japonés por curiosidad más que nada, y aunque suene increíble pero aparentemente es más fácil que aprender otro idioma, es más simple la estructura del japonés, aunque no te lo creas. 

KC: ¿Tus sueños por dónde van de aquí a diez años, Marcelo? ¿Cómo te proyectas?

MS: Bueno, yo me imagino que seguiré escribiendo, me gusta el ejercicio de la escritura, insisto, me gusta habitar el oficio, no me imagino haciendo otra cosa de aquí a diez años. Quizás lo que me encantaría es despejar un poco más las actividades o las cosas que hago, y concentrarme solo en la escritura de libros, o de historias más que nada, porque el teatro es algo que también me seduce, entonces, me imagino escribiendo. Siempre escribiendo.

KC: ¿Y qué libros estás leyendo ahora? En el último día de junio en que estamos haciendo la entrevista.

Castillos de Cartón de Almudena Grandes

MS: Acabo de terminar de releer una novela de Almudena Grandes, que se llama Castillos de Cartón, porque doy un taller de narrativa española contemporánea, entonces ese lo releí, era parte de lo que vamos a comentar esta semana, pero además leí una novela de Selva Almada, que se llama El viento que arrasa y que es la historia de un predicador y su hija que viajan por la pampa, el vehículo queda en pana, y buscan ayuda en un taller de un personaje que es un ateo fundamentalista, y ese encuentro en la pampa de estos dos personajes que además tienen sus respectivos hijos, yo no había leído a Selva Almada, y me encanto como cuenta la historia, la simpleza, son esas historias que no tienen muchos elementos, que uno prácticamente podría colgarla y ver la historia al trasluz, y me encantó, una escritura simple, seductora, una novela que no es muy larga y que funciona muy muy bien. 

Estoy leyendo también un libro de Liliana Heker, que es una cuentista y novelista argentina, pero que además ha sido tallerista de grandes escritores entre ellos: Pablo Ramos, la misma Samanta Schweblin, era alumna de Liliana Heker. Y ella tiene un libro donde repasa lo que han sido sus clases, o el aprendizaje que ha tenido como tallerista, se llama La trastienda de la escritura y es muy interesante. Estoy en eso, eso básicamente, y me compré que lo tengo por acá (busca unos libros). 

La trastienda de la escritura de Liliana Heker

KC: ¡Muestra, muestra por favor!

Una música futura de María José Navia

MS: Este, Una música futura, que es de María José Navia (muestra libro). 

KC: Sí, que también la entrevisté a la María José.

Lugar de María José Navia

MS: Sí, bueno yo tengo una pequeña editorial que se llama “Ediciones de la Lumbre”, nosotros publicamos un libro de cuentos de María José que se llama Lugar. Me parece que es una escritora muy interesante, con una prosa muy segura, que trabaja en función de esta tesis de que los buenos cuentos son aquellos que cuentan sin contar, sus cuentos necesitan de un lector activo que co-construya la historia que la autora nos propone.

KC: Cómplice.

Sara de Maivo Suárez

MS: Sí, claro. Este es otro que es de Maivo Suárez, Sara que no lo he empezado a leer (lo muestra). 

KC: Ha tenido muy buena crítica ese libro.

Umami de Laia Jufresa

MS: Sí, exactamente. Y otro de Laia Jufresa que se llama Umami, los tengo ahí para comenzar a leerlos.

KC: ¿Qué tienes de Faulkner atrás?

MS: Ah, son los cuentos completos

KC: ¿En qué edición?

MS: La edición de Alfaguara.   

KC: Ya, perfecto. 

MS: De hecho, tengo acá, bueno Faulkner, me encantan estos, tener la obra de un autor acá es maravilloso. Isak Dinesen, otra autora que me gusta mucho.

KC: Sabes que la estoy leyendo, pero es que no lo vas a creer.

MS: ¿En serio?

KC: Estoy leyendo el de África de ella.

MS: Ah, pero ¿cuál? ¿cómo se llama? Hojas sobre la hierba ¿no?

KC: No puede saltarse el nombre. Es Lejos de África

MS: Además que narra de una manera tan natural como si estuviera conversando contigo, y como que lo literario no se observa y por lo mismo es más literario, a mí me encanta. 

Y el otro que tengo acá es de, que a mí me gusta mucho, Onetti, también la obra completa de Onetti, o sea los cuentos completos de Onetti. Maravilloso.

KC: ¿Cuáles son tus autores de cabecera? si tú dirías: “yo a estos autores voy y los consulto, veo sus descripciones, el perfilar sus personajes” ¿Cuáles son esos?

MS: Yo diría, fui criado más en la narrativa Latinoamericana, y desde esa lógica, por ejemplo, Julio Cortázar es un escritor al que vuelvo recurrentemente. En esa misma línea, porque está conectado a la narrativa latinoamericana, Antonio Muñoz Molina, el español, de hecho, él siempre dice que cuando termina el franquismo, y el comienza a escribir, necesitaba agarrarse de alguna tradición y la tradición española, precisamente porque estaba vinculada al franquismo, a él le resultaba distante, y él abraza lo que es la narrativa Latinoamericana. De hecho, acá, en este los cuentos completos (muestra cuentos completos de Onetti) quien hace el prólogo es precisamente Antonio Muñoz Molina. 

Otro que me gusta mucho, y no tiene nada que ver con lo anterior, es Raymond Carver, los cuentos de Carver me gustan, además comencé a leer a Carver casi al mismo tiempo que a Chéjov, y ellos trabajan una cuentística que no tiene nada que ver con la cuentística clásica en el sentido de que no hay finales sorpresivo, la historia no está contada completa, es necesario que el lector participe de esos cuentos, construyendo los vacíos que hay en ella, y me encanta, o sea me hicieron descubrir otra forma de contar cuentos ¿no? que yo la tenía ahí un poco alejada. De hecho, cuando los leí por primera vez dije “Pucha, ¿y cuál es la gracia de esto?” porque leí esperando ese final sorpresivo que no aparece nunca, entonces tuve que cambiar el switch y cambiar el modo de lectura. 

Leviatán de Philip Hoare

Y por último estoy leyendo este otro que se llama, que es un ensayo, Leviatán o la ballena (muestra el libro) que es un ensayo maravilloso respecto de la ballena, que es de Philip Hoare, que gana el Pulitzer, no perdón, el premio de la BBC, Samuel Johnson, el mejor libro de no ficción, y es un ensayo maravilloso respecto de la ballena. Yo llegué a el porque estoy iniciando una novela donde la imagen de un hombre que ve una ballena blanca es significativa dentro del relato y comencé a leer cosas de ballenas, y me encontré con este ensayo que es maravilloso, o sea toma Moby Dick, da cuenta de estudios y conductas y comportamiento respecto a los cetáceos. Es bien alucinante, ese mundo que nos propone Hoare.

KC: Marcelo, para ir cerrando este encuentro, esta conversación en el podcast “Celular, un llamado a la creatividad” ¿Dónde das talleres? ¿con qué frecuencia? a la gente que le gustaría ser alumno o alumna tuya ¿cuáles son los requisitos?

MS: Sí, mira en realidad estoy haciendo estos talleres, tengo dos talleres particulares que hago los días lunes y los días jueves, y además hago un taller en Vitamayor que es los días miércoles, y quien quiera tener, digamos, tener información puede escribir a mi correo que es marcelosimonettiu@gmail.com y ahí les puedo dar más información, pero en el fondo son talleres de full escritura, en donde el aprendizaje viene por la vía de los comentarios o del análisis que podamos hacer de los cuentos que los alumnos leen, y además todas las semanas doy a leer un cuento en particular que a mí me parezca que es un cuento maestro, y a partir del análisis vamos rescatando cosas que nos puedan servir para la escritura propia, tomadas precisamente de esos cuentos, que han sido o que han pasado a ser de esos cuentos célebres, cuentos maestros.

KC: Hay algo que te gustaría agregar en esta conversación.

MS: No, o sea bueno, solamente decir que la novela Dibujos de Hiroshima, es una novela con la que tengo un sentimiento fuerte. Tú mencionabas algo de mis abuelos porque esa historia la escribí al alero del recuerdo de mis abuelos, yo con ellos no tuve una relación tan fluida, ellos eran personajes un poco ermitaños, algo huraños, entonces no tuvimos todas las conversaciones que debimos haber tenido, todos los encuentros que debimos haber sostenido, y algo de eso está en esta novela sobre Hiroshima. Mis abuelos no son japoneses pero esas ausencias, o esas lagunas que tuvimos en nuestra relación, de alguna manera están recuperadas a lo largo de la escritura de Dibujos de Hiroshima, así que solo eso, Karen. Y muchas gracias por la invitación, lo pase muy bien, un gusto y un honor estar en tu espacio.

KC: Muchas gracias, muy interesante. Tienes una tremenda carrera como escritor, con un corpus muy grande y distinto y se agradece este trabajo de ficción que nos lleva a hacernos preguntas básicas que a veces no tenemos tiempo los lectores para detenernos. Y salir un poco del ombligo chileno y viajar hacia tierras lejanas, eso se agradece mucho hoy. Marcelo, espero que nos veamos algún día en persona nos tomemos un café y sigamos hablando de libros, creación narrativa, y todo lo que nos trae el mundo de la imaginación. Muchas gracias. Cuídate mucho.

MS: No muchas gracias a ti. Que estés muy bien

KC: Tú también, chao chao.

Cierre

¿Se dan cuenta lo que es el oficio de escritor? Marcelo es muy claro: solo el trabajo permite mejorar. Es notable como conjuga su distintos intereses y sus publicaciones tan diversas, desde escribir para un público joven hasta uno adulto como nosotros. 

Ya estoy pensando en agosto lo que parece bastante loco, pero bueno, la programación es una clave para ser efectivo y exitoso. En el próximo podcast voy a conversar sobre creatividad y libros de literatura infantil. 

¿Cuál libro te marcó de chico? Ojalá me lo cuentes, ya sea en la transcripción de esta entrevista en mi página web www.karencodner.com o me escribas un correo a  karen@karencodner.com. 

¡Cuídate!

Chaooooo

Lee. Escribe. C

Libros Mencionados

Dibujos de Hiroshima de Marcelo Simonetti

El disco de Newton de Marcelo Simonetti

El Fín del Mundo, Cuentos Chilenos de la Segunda  Guerra Mundial

María Antonieta de Stefan Zweig

Al filo de la navaja de Somerset Maugham 

La gordinflona de Guy de Mauppasant

Bendición de Kent Haruf

Cartas de mamá de Julio Cortázar

Rayuela de Julio Cortázar

Revista Barrabases

Hiroshima de John Hersey

Kramp de María José Ferrada

Flores de Verano de Tamiki Hara

Lluvia negra de Masuji Ibuse

Distancia de Rescate de Samanta Schweblin

Castillos de Cartón de Almudena Grandes

La trastienda de la escritura de Liliana Heker

Una música futura de María José Navia

Lugar de María José Navia

Sara de Maivo Suárez

Umami de Laia Jufresa

Lejos de África de Karen Blixen

Autores Mencionados

Sankichi Tögue

Juan Carlos Onetti

Jaime Coyller 

Sergio Gómez

Patricio Jara

Links

Editorial Planeta

Dibujos de Hiroshima

Marcelo Simionetti