¿Por qué los niños tienen que leer en vacaciones? Respuesta de una lectora furiosa

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    ¿A qué alude el título de esta entrada? A que realmente estoy furiosa. ¿Desde cuándo la lectura se convirtió en un deber? ¿Eso es lo que le estamos transmitiendo a los niños?

    Ya van a comenzar las vacaciones de invierno y una de mis hijas tiene que leer un libro durante estas dos semanas como parte del sistema “plan lector” que tiene el colegio al que asisten. Los títulos son súper disímiles y para todos los gustos, desde la historia de una niña diabética “Sin azúcar” hasta uno más tradicional como “Charlie y la fábrica de chocolate”. Ella está feliz y muy entusiasmada con el trabajo posterior que le implicará esta lectura (ya sea informe, presentación o control).

    Entonces ¿por qué estoy furiosa? Una mamá preguntó esta mañana por el grupo de whastsapp ¿por qué tienen que leer en vacaciones? Están agotados, necesitan descansar. Yo enmudecí y alguien contestó brillantemente: “Porque leer es un placer”.

    Y como estoy furiosa, hoy declaró algunos de los infinitos motivos de porqué debemos incentivar la lectura a los chicos y no tan chicos:

    Nos permite imaginar, estar en silencio, compartir sueños y sustos, conocer otras realidades desde un lugar seguro, los chicos se cuestionan no solo desde el texto sino que sus vidas, aprenden nuevas palabras, valores y antivalores. Y como me dijo una amiga, es la mejor forma de aprender ortografía. Es sin duda la mejor pantalla, ya sea de papel o la de la tableta, da lo mismo, hay que leer porque sin la lectura quedamos cercenados en nuestro mundo interior.

    ¿Sigo?

    Porque a partir de la lectura los niños pueden expresarse mejor, logran conversar sobre otros temas, se explota la lógica, se potencia la capacidad de introspección, de análisis, podrán  soportar así mejor las penas,  desilusiones y conflictos.

     Leer es una aventura  que nunca necesita vacaciones.

    Pero no quiero agobiarlos, ojalá ustedes siguieran con esta lista furiosa. Furiosa porque soy lectora voraz, porque escribo cuentos y pronto publicaré mi primera novela. Porque desde que soy chica mi mamá me enseñó que leer es lo mejor que nos puede pasar, me maravillé con las aventuras escritas por Enid Blyton y a los quince años con “Lo que el viento se llevó”, luego vendría “Ana Karenina” y hoy, leo a Raymond Carver y también los cuentos completos de Clarice Lispector.

    Y tú ¿qué lees?

Ten una lectura propia.

Murakami, correr y escribir

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    Les escribo esta tarde de viernes con una suerte de sopor. O algo parecido, me siento agradablemente cansada, tengo ganas de dejar fluir el tiempo y aprovechar estas horas de relajo (por fin es viernes, dicen algunos). Debe de ser porque hoy, por primera vez en mi vida, corrí 25 kilómetros. Partí cuando estaba oscuro (el famoso cambio de horario en Chile nos tiene viviendo al revés, cuando debería ser de día es de noche y las tardes invernales pretenden ser como las de primavera) y terminé el entrenamiento con el sol alumbrando el cerro Manquehue. Muchos me preguntan porqué me gusta este deporte y sinceramente me encanta, me siento libre, es un constante desafío a mi naturaleza de quedarme en casa leyendo, me obliga a ir más allá.

    Todo esto me recordó   en “De qué hablo cuando hablo de correr” de Haruki Murakami. Lo leí hace más de cinco años y es por lejos el libro más autobiográfico del escritor japonés. En ese entonces -al momento de leer la novela- recién comenzaba a escribir “Respirar bajo el agua”. Además unos meses antes me había integrado al Tym, un grupo de trote que se reúne religiosamente los lunes y miércoles en una plaza y los sábados en otro sector de Santiago (pero ese día yo no voy). Como les decía, correr y escribir se convirtieron en hechos centrales, dos actividades que requieren de una perseverancia extraordinaria. Porque queridos lectores, ambos te obligan a vivir bajo una disciplina aguda, donde debes dominar la mente y tolerar las decepciones. En De qué hablo cuando… Murakami nos cuenta los diferentes lugares donde ha ejercitado, cómo es su rutina (se levanta a las cinco de la mañana a correr y creo que antes de las ocho está sentado en su escritorio, algo que me encantaría emular), cuales son sus miedos y cómo le ha servido este deporte para su profesión y viceversa.

    Hace unos días un sobrino –muy querido por cierto, gran lector y estudiante de psicología- me preguntó qué pensaba mientras corría. Y mi respuesta sigue siendo la misma: pienso en cuánto me queda para el próximo kilómetro, en el ritmo que llevo y si soy afortunada,  aparecen ideas que me ayudan en la vida. A veces son simplemente cosas domésticas como por ejemplo qué cocinar, pero en otras, he logrado dar con la solución a un problema o bien, ocurrencias sobre la novela o un cuento.

Así de oscuro comencé mi entrenamiento de hoy. Con una maravillosa luna llena.
Hoy  comencé mi entrenamiento con una maravillosa luna llena. Eran las 7am.

    Me gusta correr bien temprano –no tanto como Murakami- pero por lo general a las 7 ya estoy en la pista y algunas de mis colegas trotadoras llegan a las 6.30. Y el entrenador nos vigila y alienta a cumplir con el programa. Casi nunca voy  con música porque prefiero que el silencio me envuelva, me gusta escuchar los pájaros, observar las hojas en el suelo, sorprenderme con el amanecer o bien, soportar el frío. Solo escucho música cuando voy en el kilómetro veinte. De verdad creo que correr me ha permitido desarrollarme hasta el límite; es un desafío eterno, cada vez que comienzo el entrenamiento pienso que no podré hacerlo y cada vez que finalizo, experimento felicidad.

    Murakami es muy claro en su libro considera que escribir novelas se parece a correr un maratón. Pero además es súper sincero al hablar del arte de escribir y de él en particular:

Los novelistas dotados de talento natural son capaces, sin hacer nada especial (o haciendo cualquier cosa) de escribir novelas con facilidad. Las frases les brotan como el agua mana a borbotones de un manantial, y así va surgiendo su obra. No necesitan esforzarse. Hay personas así. Pero por desgracia, yo no soy como ellas.

    Como ven, algo tengo en común con este gigante de la literatura japonesa: corremos y a los dos nos cuesta escribir. Solo eso, porque Murakami, queridos lectores es un tremendo escritor (aunque muchos lo encuentran demasiado oscuro y repetitivo).

PD: Hoy mientras corría se me acordé del libro de Murakami. 


Ten una lectura propia.