Una sobreviviente del Holocausto y sus 3 nombres: Paulina, Peska y Genoveva

Libro Paulina Bohorodzaner (Z.L)

    El miércoles asistí al lanzamiento del libro Gozo y Dolor. Son las memorias póstumas de Peska (Paulina) Tider, más conocida por mí como la señora Paulina. Ella fue una sobreviviente del Holocausto y entregó su testimonio a Memoria Viva en el 2010. Hace poco volví a ver esa entrevista y se me quedó marcado su  rostro, su mirada azul viendo ante ella el horror y la pérdida, pero sobre todo el silencio que nadie intentó rellenar con palabras necias. No crean que fue una entrevista larga, solo 16 minutos, pero en ese lapsus de tiempo transcurrieron muchas horas de vida y de dolores.

    Queridos lectores, imaginen tan solo que la señora Paulina tuvo tres nombres: Peska, Paulina y Genoveva Zawada.

    ¿Por qué tantos se pueden preguntar? El primero al nacer, el segundo cuando llegó a Chile tras la Guerra y Genoveva, el que la salvó de los nazis. Pues con esa nueva identidad sobrevivió, con esa nueva identidad pudo trabajar para una familia alemana que la acogió durante esos años. Con esa identidad vivió.

     Cuesta imaginar eso

  Cuesta imaginar que ella perdió a sus padres, pero que ellos, gracias a su inteligencia salvaron a los tres hijos.

    Cuesta imaginar a Wanda, la polaca que los ayudó a sobrevivir.

    Cuesta imaginar el miedo, el pánico y la bondad en medio del mal.

    En el lanzamiento, el hijo y los nietos hablaron sobre la señora Paulina, sobre cómo fue su vida y más que nada, en cómo sus acciones se orientaron para el bien. Este libro que tengo en mis manos, es mucho más que la memorias de la pérdida, porque aquí encuentro relatos de bondad, de ilusión y también de una juventud arrebatada. La mayoría de los sobrevivientes recuerdan vívidamente cuán rápido les arrancaron la inocencia y la alegría. Claro, muchos dicen que la recuperaron, pero sinceramente, la pérdida los acompaña por doquier. Sobre todo la pérdida de los que ya no están, de los que se fueron de manera indescriptible.

    Ella finaliza sus memorias con lo siguiente:

 

 Es tanto mi dolor por la pérdida de mis seres amados, es tan difícil  expresarlo en palabras, sólo el amor de mis nietos me anima a continuar viviendo y me devuelve en algo la felicidad perdida.

    En el dorso del libro aparece una foto familiar, da gusto. Doña Paulina logró reparar de alguna manera ese dolor y transformarlo en gozo. Eso, queridos amigos, es lo más bello de la historia.

Ten una lectura propia. 

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