Quiero de vuelta mi Santiago: sin esmog ni delincuencia

stgo

    Queridos amigos lectores, este fin de semana es largo en Chile y con eso, esperamos, que mejore la contaminación. Hemos tenido días muy complicados, a todos nos afecta, es como vivir en una nube gris que te envuelve por completo, es lo mismo que sumergirse en un mar contaminado.

    Esto me lleva a mi infancia, cuando Santiago era tan distinto. A los que nacieron en la década de los noventa les debe costar comprenderlo, pero para mí ha significado aceptar una metamorfosis maligna, una gran perdida. Sé que nuestra capital ha mostrado infinitos avances, sé que todos vivimos mejor, lo sé, pero de todas formas no puedo dejar de sentir esta rabia: que nos acostumbremos  a vivir en una cárcel.

      Una prisión no solo del esmog, sino que también de los delincuentes. Vivimos en el mundo al revés, ellos –los delincuentes, los narcotraficantes, los mecheros- andan libres y nosotros debemos recluirnos en casas con alarmas, con alambres de púas electrificadas, con susto de que nos roben la cartera o que nos asalten en la noche. De verdad, siento que no podemos acostumbrarnos a esta situación, ¿Queremos acaso convertirnos en México donde las personas andan en autos blindados? ¿O que importemos los secuestros express de Argentina? ¿Es acaso este el país que deseamos?

    He pensado en escribir un manifiesto y repartirlo por doquier. Me encantaría que las palabras tuvieran fuerza, que las cartas a los periódicos impactaran, que por fin, por fin recuperaremos la ciudad. Porque Santiago es linda, cada día más, pero con este ambiente, que nos afecta a todos; supongo que cualquiera que se siente vulnerado en sus derechos más básicos está igual de desencantado.

     Ojalá que pronto recuperemos nuestras casas, nuestros cafés y plazas. Espero de todo corazón, que las noches sean tranquilas y todas las personas de bien prevalezcan. Y que por fin el aire sea puro como el de los cuentos.

    O ¿es demasiado lo que estoy pidiendo?

Ten una lectura propia.

Una sobreviviente del Holocausto y sus 3 nombres: Paulina, Peska y Genoveva

Libro Paulina Bohorodzaner (Z.L)

    El miércoles asistí al lanzamiento del libro Gozo y Dolor. Son las memorias póstumas de Peska (Paulina) Tider, más conocida por mí como la señora Paulina. Ella fue una sobreviviente del Holocausto y entregó su testimonio a Memoria Viva en el 2010. Hace poco volví a ver esa entrevista y se me quedó marcado su  rostro, su mirada azul viendo ante ella el horror y la pérdida, pero sobre todo el silencio que nadie intentó rellenar con palabras necias. No crean que fue una entrevista larga, solo 16 minutos, pero en ese lapsus de tiempo transcurrieron muchas horas de vida y de dolores.

    Queridos lectores, imaginen tan solo que la señora Paulina tuvo tres nombres: Peska, Paulina y Genoveva Zawada.

    ¿Por qué tantos se pueden preguntar? El primero al nacer, el segundo cuando llegó a Chile tras la Guerra y Genoveva, el que la salvó de los nazis. Pues con esa nueva identidad sobrevivió, con esa nueva identidad pudo trabajar para una familia alemana que la acogió durante esos años. Con esa identidad vivió.

     Cuesta imaginar eso

  Cuesta imaginar que ella perdió a sus padres, pero que ellos, gracias a su inteligencia salvaron a los tres hijos.

    Cuesta imaginar a Wanda, la polaca que los ayudó a sobrevivir.

    Cuesta imaginar el miedo, el pánico y la bondad en medio del mal.

    En el lanzamiento, el hijo y los nietos hablaron sobre la señora Paulina, sobre cómo fue su vida y más que nada, en cómo sus acciones se orientaron para el bien. Este libro que tengo en mis manos, es mucho más que la memorias de la pérdida, porque aquí encuentro relatos de bondad, de ilusión y también de una juventud arrebatada. La mayoría de los sobrevivientes recuerdan vívidamente cuán rápido les arrancaron la inocencia y la alegría. Claro, muchos dicen que la recuperaron, pero sinceramente, la pérdida los acompaña por doquier. Sobre todo la pérdida de los que ya no están, de los que se fueron de manera indescriptible.

    Ella finaliza sus memorias con lo siguiente:

 

 Es tanto mi dolor por la pérdida de mis seres amados, es tan difícil  expresarlo en palabras, sólo el amor de mis nietos me anima a continuar viviendo y me devuelve en algo la felicidad perdida.

    En el dorso del libro aparece una foto familiar, da gusto. Doña Paulina logró reparar de alguna manera ese dolor y transformarlo en gozo. Eso, queridos amigos, es lo más bello de la historia.

Ten una lectura propia. 

Cuando cumples 40: “También esto pasará” de Milena Busquets  

 

   Maquetación 1

    En la librería Altamira del Drugstore de Providencia fue cuando vi También esto pasará de Milena Busquets. Gracias a algunas críticas literarias estaba enterada del libro y cuando lo tuve en mis manos me reproché: para qué una novela más, ¡tengo tantas por leer! Pero me imagino que a muchos de ustedes, queridos lectores les ha sucedido, esto de comprar libros con la ilusión de leerlos ya, o pronto, o algún día. Pero esta novela fue distinta, porque esa misma tarde sus palabras me agarraron con fuerza:

“Por alguna razón, nunca pensé que llegaría a los 40 años. A los veinte, me imaginaba con treinta, viviendo con el amor de mi vida y con unos cuantos hijos. Y con sesenta, haciendo tartas de manzana para mis nietos, yo, que no sé hacer ni un huevo frito, pero aprendería. Y con ochenta, como una vieja ruinosa, bebiendo whisky con mis amigas. Pero nunca me imaginé con cuarenta años, ni siquiera con cincuenta. Y sin embargo aquí estoy. En el funeral de mi madre y, encima con cuarenta años…”

    Y ahí pasó eso que es inusual, tan extraordinario, porque desde la primera línea supe que estaba ante un buen texto, ignoro cómo, ignoro porqué me sedujo así, ignoro porqué tan ferozmente.

    ¡Qué lucidez! Me refiero al ritmo, a la cadencia, a la forma de presentar la idea, de cómo la autora logra hacernos creer que de verdad ella no imaginó sus cuarta década, (cosa difícil pues las mujeres pensamos “en eso” desde que tenemos veinte; pasar esa barrera odiosa en que se supone que debes haber “logrado” algo, aunque sea como dice Blanca, cocinar un huevo frito). Pero dejando estas cuestiones de lado (me encantaría saber la opinión de mis lectores hombres ¿cuándo comenzaron a pensar en los cuarenta y tantos?), este es un libro solo para algunos, a los que realmente quieren o toleran la mente femenina. En serio. Tengo un amigo que se resiste a leer mujeres (no porque él sea machista, solo porque le cuesta identificarse con ese modo de escritura). Además el sexo está por doquier, algo que ha muchos puede molestar; la Busquets nos propone la intimidad como una pérdida y el sexo como un comodity. A pesar de ello, existen elementos tradicionales en la historia como lo son la familia, los hijos y los amigos. Nos encontramos ante una escritura femenina, porosa como se diría, es un constante ir y venir, tal cual somos nosotras.

    La trama es bien sencilla. Blanca, la protagonista –la asumimos como alter ego de la autora- está atravesando el duelo de su madre, quien acaba de morir. Blanca le habla a su madre muerta, a una mujer fuerte, que en la vida real fue la dueña de la editorial Tusquets, le cuenta sobre su vida, sobre cómo es vivir con el vacío de la ausencia de un ser amado, de alguien que te protegió y también te hirió. Porque aquí los personajes son complejos, a veces la madre se nos presenta llena de cualidades y en otras, como un demonio que castró a la hija.

    Queridos lectores, algunos de ustedes ya lo saben, en agosto por fin publicaré Respirar bajo el agua bajo el sello Cuarto Propio. Es mi opera prima, como dicen algunos y la protagonista, al igual que Blanca, se despide de su nana que acaba de morir. Respirar bajo el agua nos habla sobre la muerte y la perdida, sobre volver a flotar cuando parece que la pena te ahoga y también de un desvelo en una noche de luna.

Ten una lectura propia.

Mi unicornio azul, mi Charly.

Charly    Hace muchos días que vengo pensando en ustedes, queridos amigos de unalecturapropia. El ritmo de la vida, el ritmo de ir y venir, el ritmo de hacer y deshacer me ha dejado sin tiempo para escribirles. Se me ocurren tantos temas, cosas que pasan por mi mente, lecturas y cuestiones propias que van enriqueciendo el diario vivir.

    Pero hoy lloro por Charly.

    Nuestro querido Charly. Simplemente desapareció el sábado en la noche, cuando ya era noche profunda y  la luna era demasiado débil para socorrernos en su búsqueda.

    Él estaba con nosotros hace cinco años, lo recibimos un cálido marzo, cuando solo tenía dos meses de edad. Era tan regalón, lo que más le gustaba era que le hicieran cariño en el pelaje, se acostaba de espalda y podía pasar todo el día abusando de nosotros. Tal como me lo dijo una buena amiga, lo mejor de tener un perro, es que son los que con más ganas esperan tu regreso a casa. Totalmente cierto. Charly ansiosamente acechaba, casi temblaba al verme. Como él sabía que no podía ingresar a la casa, apoyaba su cabeza sobre el marco de la ventana y movía su cola.

   Pero Charly también nos hacía pasar rabias. Y muchas. A veces entraba a la habitación de mis hijos y sacaba un peluche, otras, en cambio, hacía sus necesidades sobre el puf.

    Cuando venían los pájaros, por su condición de perro cazador, salía rápidamente tras ellos. Nos dejaba impactados por su prestancia para ir raudo a apresarlos. Si daba con su presa, se la comía y después se enfermaba del estómago.

    Ayer, cuando lo buscaba por el vecindario, iba escuchando  Mi unicornio azul de Silvio Rodríguez. Jamás me había hecho tanto sentido esa canción.

    Un Charly se nos perdió ¿volverá?

    Se siente una desazón, una inquietud y una pena profunda.

    Ojalá lo encontremos.

    Los dejo con la canción de Silvio.

Ten una lectura propia.