Mi hijo y yo (en la búsqueda de Piececitos de niño)

   Hace unos días, tuve el privilegio de sentarme a estudiar poesía con mi hijo menor. El sol de esa tarde de domingo ya se ocultaba y el cansancio de mi hijo, crecía.  Digo un privilegio porque por fin, descubrí la magia en versos.

   Sabía que en su clase de lenguaje estaban trabajando con el género lírico (me cuesta la poesía, por lo tanto, ya era un desafío adentrarme en ese camino). 

   Mi hijo y yo. 

    Cogí la Antología de Gabriela Mistral que publicó la RAE hace poco y  elegí Piececitos de niños.

   Con mi hijo fuimos leyéndola, despacio, con ritmo, como si cantáramos una melodía antigua. Él, mi niño, se sorprendió, por fin comprendió lo que era la poesía, lo que los poetas hacen, eso de trabajar con palabras y sentimientos, eso que nos permite vernos. (Yo en ese preciso instante, pensé en esos hogares donde no hay ni siquiera un libro, también me imaginé que mi niño vería de otra forma a esos que viven con menos, mucho menos). 

  Al son de mi voz, sentí cómo mi hijo iba entendiendo el texto, se le fue abriendo un nuevo mundo (y a mí también).  

  Casi cumplía con mi sueño de ser profesora; en el aire flotaban nuevas sensaciones. 

 Le propuse que investigáramos en youtube y ahí encontramos este vídeo. (A pesar de que estaba agotado, fue capaz de seguir en el mundo poético por unos cuantos minutos). 

  Me despido esta noche, con la luna que nos cuida e imagino, que mañana, cuando recorra las calles de mi ciudad pensaré en esos piececitos de niño. Y ¿tú?

Ten una lectura propia.

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